La fotovoltaica en Andalucia

El Sr. Francisco José Cansino me ha pedido, por Facebook, que les ilustre sobre la energía solar. Ya tengo mucho escrito sobre el asunto desde que en 1975 empecé a ocuparme del temas. No voy ahora a reproducir nada de aquello pero si creo conveniente decir -imaginando lo que piensa el Sr. Cansino- que valdría la pena escribir y destacar la importancia de Andalucía en el desarrollo de la energías renovables. Ahora me voy a ceñir a la tecnología solar fotovoltaica y a sus connotaciones para los andaluces; dejando la historia y las anécdotas para otro día.

Todo el mundo sabe que la tecnología fotovoltaica permite generar electricidad directamente desde la radiación solar en unos dispositivos llamados módulos (o paneles) fabricados aprovechando propiedades microscópicas de ciertos materiales (sobre todo silicio) tratadas electrónicamente. En fin que los módulo fotovoltaicos de una instalación de 1 kW de potencia, en Andalucía generan aproximadamente 1600 kWh en un año; ocupa del orden de 6 metros cuadrados y cuesta del orden de 300 euros. Cuestión aparte es que una instalación necesita otros elementos para funcionar. En el caso de una aplicación doméstica, una instalación de 1,5 kW puede costarle al usuario del orden de 3000 euros.

¿Cuánto tiempo necesita un usuario “normal” para amortizar esa instalación de 1,5 kW? Si hace una gestión correcta de su instalación entre 5 y 6 años se ha ahorrado los 3000 euros que le costó si consigue la subvención que da la administración autonómica; si no tiene la subvención tarda algo más. Evidentemente a partir de ese momento todo lo que produce su instalación son ahorros sin mayores complicaciones. También es obvio que la casuística es muy amplia tanto en potencia como en todas las demás circunstancias. Por eso, el asunto debe ser consultado y contrastado con empresas y expertos más o menos cualificados teniendo mucho cuidado con los abusos que hay bastantes.

Otro aspecto de la cuestión son las grandes instalaciones, en las que la diversidad es muy grande, en muchos sentidos. Simplificando mucho voy a tratar de ilustrar el asunto -como me pide el Sr. Cansino- sin entrar en muchos matices.

La generación de electricidad con energías renovables se ha convertido en un magnífico negocio. Hasta el punto de que en el año 2019 se invirtieron 300 mil millones de dólares en las tecnologías renovables por 99 que se destinaron a las convencionales (nuclear, carbón y gas natural). Pues bien, una parte importante de esas inversiones fueron a plantas fotovoltaicas de grandes dimensiones que, obviamente, suponen un buen negocio para los inversores. Así pues y dado que la radiación solar en Andalucía es importante (2000 kWh por cada metro cuadrado de suelo al año) la demanda de suelo andaluz para hacer plantas fotovoltaicas es muy fuerte y, al día de hoy, los propietarios del suelo suelen alquilarlo a razón de 1500 a 2000 euros la hectárea al año.

Pero también hay un buen mercado para instalaciones intermedias; es decir, mayores que las domésticas y menores que las grandes. A mi, personalmente, me gustan mucho estas instalaciones medianas destinadas a pequeñas industrias, hoteles, hospitales, edificios de oficinas, etc. A título de curiosidad doy datos de una de esas instalaciones medianas. En concreto una de 50 kW puede costar del orden de 50000 euros.

Pero, para mi gusto, es en el ámbito rural donde son más útiles las instalaciones fotovoltaicas. Adonde no llega la red eléctrica general, con una instalación bien diseñada se pueden tener las mismas comodidades que en la ciudad. Y no digamos para bombeo o para abrevar el ganado.

Saltando a otras aplicaciones de la energía solar la gran asignatura pendiente son las instalaciones de agua caliente sanitaria que no han tenido el desarrollo que sería lógico, dadas las condiciones de nuestra tierra.

Lo más importante desde el punto de vista social es la gran cantidad de puestos de trabajo que se generan con estas instalaciones en pequeñas y medianas empresas distribuidas por todo el territorio.

En definitiva que Andalucía y la energía solar están aliadas desde hace mucho tiempo y, de cara al futuro, las instalaciones solares son una fuente de ingresos importante para muchos andaluces.

LA ELECTRICIDAD CON ENERGÍAS RENOVABLES EN EXTREMADURA

Parece que hay un poco de revuelo con las instalaciones fotovoltaicas de gran tamaño en Extremadura. Vamos a ver si aclaramos algo el panorama.

Lo primero que hay que dejar claro es que a nivel mundial el 80 % del sistema energético está abastecido por combustibles fósiles. Insisto, el 80 % y las energías renovables “modernas” (eólica, solar, biomasa e hidráulica) tan solo son el 10 %. A nadie se le oculta, a estas alturas del partido, que el principal problema que tiene la humanidad es el cambio climático que es imparable como consecuencia de la cantidad de gases de efecto invernadero (CO2, CH4, N2O y otros) que los seres humanos hemos vertido a la atmósfera en los últimos 250 años; unos más (USA, Inglaterra, Alemania, Francia, etc.) que otros.

Que la solución es dejar de quemar combustibles fósiles lo entiende cualquiera pero, lamentablemente, no se hace nada efectivo para que eso sea una realidad. La sustitución de esas fuentes energéticas perniciosas para el futuro de los seres vivos en el planeta por energías renovables es también muy claro. Pero no solo para generar electricidad, también energía térmica. Por el momento eso sigue siendo una quimera a pesar del fuerte avance de los últimos años; crecimientos de casi todas ellas en el orden del 50 % anual. Pero hay que tener presente que son porcentajes muy altos pero a partir de valores iniciales muy bajos.

En conclusión, a día de hoy, todo lo que sea generar electricidad y energía térmica a partir de energías renovables está muy bien. Pero siendo muy conscientes de la realidad de lo lejos que estamos de cambiar sustancialmente el sistema energético en el sentido ya imprescindible de sustituir los combustibles fósiles por energías renovables.

Cuestión aparte es que en Extremadura o en España podamos contribuir de manera eficaz a solucionar el problema. La “pelota” está en el tejado de otros (Estados Unidos, China, India, etc.) más que nada por su tamaño, en un caso por el consumo individual irresponsable desde hace mucho tiempo y en otros por el gran número de individuos de esos países que quieren salir del subdesarrollo para lo cual aumentan su consumo energético sin preocuparse demasiado del problema que han causado otros en el pasado.

Pues bien, ahora resulta que las grandes empresas energéticas de España están muy interesadas en las energías renovables cuando en un pasado reciente fueron sus principales enemigos. ¿Por qué será? ¿Es que –de pronto- se han vuelto ecologistas? Evidentemente es una cuestión de estrategia económica. ¿Eso quiere decir que haya que oponerse? Personalmente opino que no aunque hay que matizar y es lo que haré seguidamente. La fuente –el sol y el viento- no son propiedad de nadie; por tanto, la pueden usar todos los que quieran y puedan. El suelo es propiedad de sus dueños y, en algún caso (propiedad pública; sobre todo en los pueblos), de todos. Esos dueños han utilizado esos terrenos para sembrar, apacentar ganado o lo que han estimado oportuno y que les haya dado mayores beneficios. El condicionante ambiental de todo tipo no ha sido tenido muy en cuenta pero ahora da la impresión de que lo más importante son animales y plantas de las que nadie se ha preocupado con anterioridad y ahora va a resultar que los extremeños y españoles vamos a ser los salvadores de la naturaleza del mundo cuando otros se la han cargado con todo el desparpajo del mundo y, además, pretenden dar lecciones de ecologismo; cinismo le llamo yo a eso.

Claro que hay que procurar que no disminuya la biodiversidad en todos los sentidos, preservando a las especies en peligro de extinción o vulnerables; clasificación poco rigurosa que hacen algunas veces fundamentalistas que no tienen ni la formación ni el conocimiento suficiente para hacer esas clasificaciones inapelables. Pero en el asunto que nos ocupa –el sistema energético- eso hay que hacerlo sabiendo bien las circunstancias que nos rodean y las consecuencias de carácter global de nuestras decisiones. Cuando un determinado grupo ecologista impide la construcción de un parque eólico o de una central fotovoltaica debería pensar que la electricidad generada en ese parque eólico o en esa central solar sustituye a electricidad generada por una central de carbón, nuclear o de gas natural y que el impacto visual o de otro tipo que causan no tiene comparación con los gases de efecto invernadero o los residuos radiactivos que emiten y dejan en nuestro entorno. Así pues, salvo que los seres humanos actuales estemos dispuestos a no utilizar la electricidad o la energía térmica, tenemos que elegir entre unas formas u otras de producir esas energías intermedias que hacen más fácil y cómoda nuestra existencia.

En definitiva que a nivel general –al menos para mí- las cosas están claras.

Cuestión aparte es ver el asunto desde los intereses de Extremadura y de los extremeños teniendo en cuenta todas nuestras circunstancias; una de ellas es que somos la comunidad autónoma española a la cola de la renta per cápita de España y una de las últimas de Europa.

Por lo que se refiere a la electricidad, en Extremadura se genera más con energías renovables que la que se consume. No digamos si sumáramos Almaraz que merece otros comentarios que ya he hecho en otras ocasiones. Ahora voy a las renovables.

Para que no haya confusiones quiero dejar claro que llevo defendiendo el cambio del sistema energético hacia las energías renovables desde el año 1975 (hace más de 45 años) y vengo predicando el modelo por el que abogo desde entonces, tanto en mis clases en la universidad como en la multitud de conferencias que he impartido por todo el mundo. Así pues, no tengo la más mínima duda de que el sistema del futuro debería ser “distribuido, descentralizado, con energías renovables y utilizado por los consumidores con mesura y eficiencia”.

En ese esquema la radiación solar debe ser transformada en instalaciones próximas al consumidor y, por tanto, de un tamaño ajustado a sus necesidades. A título de ejemplo muy concreto, en una vivienda lo más simple es una instalación solar de agua caliente de 4 m2 de captadores solares térmicos, con un depósito acumulador de 300 litros y, en lo tocante a electricidad con una instalación fotovoltaica de aproximadamente 1 kW de potencia (6 m2 de módulos fotovoltaicos) puede generar el 50 % del total de la electricidad que consume una familia media.

Evidentemente en centros de consumo de mayor tamaño (grupos de viviendas, comercios pequeños y medianos, grandes superficies, industrias, etc.) esos números serían diferentes pero siempre dentro de un orden de magnitud asequible a los propietarios de esas actividades.

También es evidente que el sistema general, tanto de electricidad como de energía térmica, seguirá funcionando como hasta ahora durante algún tiempo por lo que hay que alimentarlo con esas formas energéticas obtenidas en instalaciones de mayor tamaño y, no tengo la menor duda de que si se van sustituyendo las grandes instalaciones de carbón, gas natural o nuclear por instalaciones solares (fotovoltaicas y térmicas), eólicas, hidráulicas o de biomasa pues mejor para todos.

Cuestión delicada es el dinero. Pero también voy a dar mi opinión; ¡ya puestos!

En el caso de las instalaciones domésticas y de pequeños comercios, el beneficio es para el propietario por lo que se ahorra de pagar a las grandes empresas del sector. Aparte de eso en España se sigue apoyando con subvenciones a este tipo de instalaciones con lo cual la amortización está asegurada en un periodo de tiempo muy prudencial con la ventaja de que la durabilidad de la instalación –siempre por encima de 25 años que es lo que garantizan los fabricantes de los equipos- es un buen negocio.

En instalaciones medianas –en las pequeñas también- hay empresas que financian las mismas en muy buenas condiciones.

Yendo ya a las grandes instalaciones –como las que están levantando el revuelo al que me refería al principio- es evidente que las empresas del sector las realizan para seguir ganando dinero. Por lo menos a mí no me molesta que otros ganen dinero aunque no lo gane yo pero lo cierto es que se deberían controlar esas ganancias y que pagaran los impuestos que correspondan y las administraciones deberían vigilar que no abusen de los propietarios de los terrenos. En fin que fuera un sistema controlado por los poderes públicos garantizando también -¡cómo no!- que no se ponga en riesgo la biodiversidad y el sostenimiento del entorno. Eso sí, sin tantos “rollos” de algunos fundamentalistas ambientales que están siempre dando la tabarra con cuestiones que no son tan importantes como ellos dicen. El aspecto que más me enfada es cuando acuden al consabido “impacto visual”; como si las instalaciones convencionales que nos han traído a la situación de riesgo ambiental extremo en el que estamos no tuvieran impacto visual, además de los otros.

Lo que “choca” un poco –al menos a mí- es que esas empresas han realizado en el pasado todas las instalaciones contaminantes que les ha dado la gana y nadie ha dicho nada y ahora, cuando quieren hacer unas instalaciones que no contaminan y que benefician al sistema ambiental general, se “rasgan las vestiduras” muchos de los que dicen defender el medio ambiente.

En fin, lo dejo ahí dejando claro que es un momento de gran interés para los extremeños que pueden convertir la generación de electricidad y de energía térmica con energías renovables en un buen negocio personal y colectivo; la legislación actual lo permite y lo apoya.

A pesar de todos los pesares (parón a las renovables de un determinado gobierno pasado), España sigue siendo la campeona mundial en centrales termosolares con 2300 MW de los 5500 MW que hay funcionando en el mundo.

Para que quede clara la situación adjunto una gráfica de la organización REN21 que lo deja nítido.

Como puede observarse en la gráfica en España no se realizan instalaciones desde 2015 como consecuencia de una determinada acción del gobierno español de aquellos momentos. Pero no quiero entrar en muchos detalles por lo que me voy a limitar a recordar que España llegó a esa situación de liderazgo mundial gracias al trabajo de los centros de investigación, los técnicos y los científicos y las empresas apoyados por los gobiernos de aquellos años. No más comentarios. Por otra parte las personas relacionadas con el sector conocen bien los hechos.

Voy al día de hoy.

Es evidente que la fotovoltaica ha ganado el mercado de la electricidad solar, tanto en grandes instalaciones como en pequeñas. La termosolar tiene su sitio en el sistema eléctrico del futuro; sobre todo por su capacidad de incorporar almacenamiento e hibridación con lo cual es una electricidad gestionable. Y eso es necesario si queremos prescindir totalmente o en buena parte de los combustibles fósiles. Algunos países lo han entendido así y siguen construyendo centrales termosolares que, por cierto, son realizadas en todo o en parte por empresas españolas. De hecho la empresa líder mundial en la fabricación de los elementos (espejos y absorbedores) de las centrales termosolares es una empresa española.

Pero yo quiero llegar a un aspecto colateral de las termosolares. Se trata de que el sistema energético de cualquier país utiliza, además de electricidad, mayores cantidades aún de energía térmica a diferentes temperaturas, desde el agua caliente para la ducha y otros servicios, hasta cocinar alimentos pasando por los procesos térmicos en industrias de diversa naturaleza.

Pues bien, la energía solar puede aportar esa energía térmica sustituyendo a los combustibles fósiles (gasóleo, gas natural, propano, butano) con el consiguiente ahorro de emisiones de gases de efecto invernadero.

Me parece tan evidente que no debería ser necesario recordarlo.

¿Cuál es el problema? En realidad son varios pero voy a ceñirme a los más evidentes (refiriéndome a las industrias de todo tipo):

  • El más importante de todos, en la práctica. El dinero. Cuando un empresario se plantea sustituir sus calderas de gasóleo o de gas natural por una instalación solar térmica de baja o media temperatura lógicamente hace sus cuentas y si le sale rentable a un plazo razonable acomete la inversión y, si no, no lo hace. ¿De qué depende que le salga bien o, al menos, regular? Evidentemente del combustible con el que compare y del precio de este, en el corto, en el medio y en el largo plazo. A día de hoy, el principal obstáculo son los precios tan bajos que tiene el gas natural, consecuencia a su vez de multitud de factores que ni conozco ni sobre los que no quiero elucubrar como hacen muchos. Eso lleva a un análisis riguroso y, al mismo tiempo, flexible para concretar los apoyos institucionales a este tipo de instalaciones de energías renovables para sustituir a los combustibles fósiles.
  • La mentalidad de los propios empresarios. Por supuesto no voy a meter a todos en el mismo saco. Estoy acostumbrado a ver a algunos que se tiran a una piscina sin agua y a otros que ni con un salvavidas se tiran al agua. Hay de todo –como en la viña del Señor-, que dicen los creyentes. Por tanto me parece fundamental una buena labor de formación e información hacia esos sectores empresariales.
  • Finalmente, las administraciones. Las hay muy a favor y las hay contrarias. Por las razones que sean, no voy a entrar en diatribas. Lo que si he comprobado en mis muchos años de estar en esos sectores económicos desde distintos puestos (profesor, investigador, gestor de empresas privadas y públicas, asociaciones profesionales, etc,) es que en las administraciones –en contra de lo que muchos piensan y dicen- no siempre “mandan” los políticos de turno que, en general, son favorables a estas nuevas tecnologías; probablemente porque “venden” bien; en cualquier caso siempre me he tropezado con muchos de ellos a favor. Lo peor son los técnicos –con todas las excepciones que se quieran que también las he vivido- que muchas veces son más papistas que el Papa. Los que más coraje me dan son los fundamentalistas del medio ambiente que se escudan en el gran “impacto visual” cuando no en un animal en vías de extinción o una planta vulnerable. En realidad es que muchos de ellos son personas con muy poca formación científica que se adjudican el derecho de interpretar leyes que les facilitan la labor obstaculizadora al desarrollo de las energías renovables; también conozco casos de todo lo contrario. Me acuerdo de uno en particular, verdadera excepción en lo positivo.

En fin que hay que potenciar el uso de la energía solar térmica de baja temperatura y de media para sustituir a los combustibles fósiles de los que se sigue abusando y, como consecuencia, aumentando los gases de efecto invernadero de la atmósfera. Y, por supuesto, reiniciar el proceso de instalaciones termosolares para generación de electricidad. Eso si, yo les pondría como condición que tuvieran almacenamiento y/o hibridación con biomasa.

Bueno, para terminar, dejar claro que este gobierno parece que está por la labor de tomar el camino razonable. Pero, para ser sincero, no me fio ni un pelo no por su falta de voluntad sino por las dificultades que el exceso de legislación y burocracia le pone en el camino.

 

SITUACION DE LAS TECNOLOGIAS TERMOSOLARES EN ESPAÑA

LA CRISIS DEL CORONA VIRUS, EL CAMBIO CLIMATICO Y LAS VACAS

Me ha divertido encontrar en Facebook unos comentarios a propósito de la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio climático y enseguida me ha venido a la mente la polvareda que se formó por un informe del IPCC apoyado en un informe de la FAO según el cual –eso transmitieron algunos y algunas- dejar de comer carne de vaca iba a solucionar el problema del cambio climático.

Otra vez me toca intentar aclarar un poco las cosas y esta vez resulta hasta divertido.

Dicen que la NASA ha dicho que las emisiones de gases de efecto invernadero han disminuido un 20 % aunque no está claro en qué periodo de tiempo. Eso si, parece ser –yo no he leído el comunicado oficial- que especifican que han disminuido en 100 millones de toneladas de CO2 equivalente. Al poner “millones de toneladas” da la impresión de que es mucho. Conviene relativizar y, de camino, repito lo fundamental. Las emisiones actuales son del orden de 40000 (cuarenta mil) millones de toneladas al año que, en valor medio diario serían 109 millones de toneladas con lo cual esa disminución de 100 millones sería extraordinario. No sé por qué no me lo creo. Si fuera en un mes puede parecer razonable (100 frente a 3333 no está mal; un 3 %). Lo del 20 % me parece una exageración. Por otro lado, no nos hagamos falsas expectativas pues lo que importa son las 3700 mil millones de toneladas de CO2 que hay en la atmósfera consecuencia de la quema de combustibles fósiles en los países más industrializados desde hace más de 200 años. Eso es muy difícil de disminuir; si acaso, no dejar que siga aumentando.

De todas maneras, está bien y demuestra fehacientemente que se pueden disminuir las emisiones. En este caso, como consecuencia de una crisis sanitaria que ha obligado a reducir drásticamente los desplazamientos en vehículos de combustión interna y, por tanto, las emisiones de estos. También se habrá reducido el consumo de electricidad generada mayoritariamente en todo el mundo con carbón y otros combustibles fósiles y, también, la quema directa de combustibles fósiles en calderas, etc.

La reflexión de fondo ya la hacen otros y otras pero queda claro que se puede. ¿Por qué no lo hacemos? Sobre todo si se tiene en cuenta que el cambio climático es aún más grave y sobre todo más duradero que la epidemia del corona virus. Quien lo sabe lo que podemos hacer los seres humanos si nos asustamos de verdad; como en este caso.

Pero en el título de este breve comentario he incluido a las vacas. ¿A qué viene eso? Sencillo. Supongo que las vacas no han hecho cuarentena, es decir, han seguido como si tal cosa, a lo suyo, es decir a sus ventosidades de metano que, según algunos son las principales responsables del cambio climático. En serio, es difícil comprobar el efecto de las vacas sin reducir su número drásticamente; por ejemplo, a la mitad y ver qué repercusión tiene en las emisiones y en la cantidad de gases de efecto invernadero que hay en la atmósfera. Me parece que ese “experimento” no vamos a poder hacerlo sin contar con los dueños de las vacas.

Salud y suerte a todos.

MITIGACION Y ADAPTACION

Un debate de ayer por la tarde con una querida y admirada amiga me incita a escribir estas líneas aunque de manera muy simple sobre la mitigación del cambio climático y la adaptación al mismo.

Primero dejar claro algo sencillo y elemental: el cambio climático lo originan la gran cantidad de gases de efecto invernadero que los seres humanos venimos vertiendo a la atmósfera. La cantidad acumulada es tan grande (415 ppm (partes por millón) = 3300 GtCO2) que se ha hecho imposible reducirla, hagamos lo que hagamos. Lo peor es que esa cantidad sigue creciendo día a día como los organismos encargados de medirla nos dicen continuamente. Y no parece que haya voluntad de reducirla de manera sustancial. Ante ese hecho contundente e indiscutible lo único realista que podemos hacer es adaptarnos a la consecuencias catastróficas que se nos vienen encima.

Por eso es necesario tener claro lo que significa mitigación (frenar el proceso) y adaptación (asumir las consecuencias y actuar).

Ilustraré la diferencia entre esos dos conceptos con dos ejemplos sencillos siendo consciente de que una explicación y un estudio en detalle es muy complejo y no está a mi alcance en estos momentos.

Veamos. Mitigar el cambio climático es reducir los gases de efecto invernadero que hay en la atmósfera. Se puede hacer de dos maneras: disminuyendo las emisiones de las que somos responsables los seres humanos o bien aumentando las absorciones de esos gases por los sistemas que pueden hacerlo que no son otros que las plantas.

Ejemplo. En mi casa tengo una instalación fotovoltaica de 7,5 kW de potencia pico que, desde que la puse en funcionamiento en octubre de 2008 ha vertido a la red eléctrica general aproximadamente 143 MWh. Evidentemente esa electricidad ha sustituido a las que se hubieran tenido que generar con combustibles fósiles (carbón y gas natural sobre todo) por lo que se ha evitado la emisión de aproximadamente 67 toneladas de CO2. Pues bien eso es mitigación.

No hace falta decir que esa sustitución de una electricidad (la de mi instalación) por la del sistema eléctrico general generada en parte con combustibles fósiles es consecuencia de que la electricidad que se consume es exactamente igual a la que genera; en realidad es menor porque hay pérdidas en el transporte y distribución. En definitiva que no se puede almacenar por lo que cuando entra una cantidad en el sistema no entra otra.

Por supuesto hay muchas otras formas y posibilidades de mitigar.

Adaptación. Es prepararnos para lo que se nos viene encima como consecuencia del cambio climático.

Ejemplo. Podemos adaptar nuestras viviendas para las olas de calor que ya sufrimos y que irán en aumento. ¿Cómo lo hago yo en mi casa? En concreto con un edificio diseñado y construido con criterios bioclimáticos con lo que en mi casa se mantiene una temperatura agradable en su interior sin necesidad de equipos de aire acondicionado que, lógicamente, no tengo. Si aumenta la temperatura fuera puedo reforzar las medidas que impiden que entre la radiación solar en la vivienda. Por supuesto hay más medidas pero, en aras de la simplicidad de la explicación, no las enumero.

¿Qué medidas de adaptación pueden tomar muchos ciudadanos? La que seguramente se impondrá para el caso de las olas de calor: instalar equipos de aire acondicionado y ponerlos en funcionamiento “a tope” cuando arrecie el calor.

Es evidente que esos equipos de aire acondicionado aumentaran el consumo de electricidad en esas viviendas y que ese consumo de electricidad aumentará las emisiones de gases de efecto invernadero del sistema eléctrico. Pero lo que no cabe duda es que es una medida de adaptación. Lo he puesto como un caso práctico no muy ejemplar pero para que se entienda lo que es adaptación al cambio climático. Cuestión aparte es que yo lo recomiende o no, pero cuando la necesidad aprieta, se hace lo que sea.

El fondo del debate, mitigación o adaptación, es un poco falaz porque no se trata de una cosa o la otra sino –esa era y es mi postura- de que las medidas de mitigación que podemos tomar los andaluces –por ejemplo- apenas tienen trascendencia en la necesaria disminución de gases de efecto invernadero y a los números me remito: Las emisiones de todos los españoles en la actualidad suponen un 0,73 % de las emisiones anuales de todos los seres humanos.

Eso no quiere decir que esté en contra de la mitigación y con el ejemplo que he puesto creo que se entiende que contribuyo a la mitigación de manera concreta y efectiva; aunque mínima.

Por el contrario las medidas de adaptación se van a hacer imprescindibles si queremos mantener una calidad de vida correcta. En otro sentido las medidas de adaptación las podemos hacer todos y repercuten inmediatamente en nosotros mismos pero también pueden y deben hacerlas las autoridades municipales en las ciudades en las que gobiernan y repercuten en la calidad de vida de todos los habitantes de esas ciudades. Y los gobiernos de todos los niveles tomando las medidas adecuadas a cada una de la circunstancias que se ven venir.

Evidentemente apuesto por tomar medidas de adaptación que me parecen necesarias pero también por contribuir en lo que podamos a la mitigación aun siendo conscientes de su poca repercusión práctica en relación con la magnitud del problema.

Para terminar estas notas dejar claro que los máximos responsables del cambio climático son los países industrializados que están emitiendo gases de efecto invernadero a la atmósfera desde hace más de 200 años. El que más ha emitido es Estados Unidos, seguido de Inglaterra, Alemania, Francia, etc. Ellos son los verdaderos responsables de la situación actual. España ocupa el puesto número 20 en ese lamentable ranking.

En la actualidad son China, la India y Estados Unidos los países que más GEI emiten; los dos primeros con la lógica expectativa de mejorar sus condiciones económicas en relación con los demás países desarrollados. Cuestión aparte es que hay que convencerlos para que lo hagan de otra manera. Como curiosidad decir que China es el número uno en todas las renovables, excepto en termosolar en la que el primer puesto sigue ocupándolo España; aunque por poco tiempo, me temo.

Emergencia climática en Sevilla

En Sevilla no hay emergencias climáticas muy graves todavía. Pero las habrá.

Sobre todo por lo que respeta a la subida de la temperatura ambiente y las correspondientes olas de calor.

La subida del nivel del mar también afectará a Sevilla aunque no tanto como en Huelva, Cádiz y otras zonas de la costa andaluza.

Ese hecho influirá en la gravedad de posibles inundaciones. Los datos que especifican los organismos internacionales que se ocupan de medir estas variables lo dejan claro.

Si hay quien no se lo cree es porque no sabe algo elemental: en asuntos ambientales hay mucha desinformación producida por un exceso de opiniones y elucubraciones que ocultan la realidad; lamentablemente muchas personas dan credibilidad a estas informaciones falsas o poco documentadas. Pero también hay hechos medidos contundentes y fiables, que dejan claras algunas cosas:

  • La temperatura media del planeta ha subido 1 ºC en el último siglo. Evidentemente hay que saber interpretar lo que eso significa y su repercusión en lugares concretos como puede ser Sevilla y su entorno.
  • El nivel medio del mar ha subido 20 cm en el último siglo. Eso también hay que interpretarlo y saber cómo afecta a zonas determinadas.
  • Las sequias han aumentado. Eso no afecta a la ciudad como tal pero si al ámbito rural del conjunto de la comunidad andaluza.
  • Hay más inundaciones. Según las estadísticas de que dispongo a Sevilla le va tocando alguna vez en poco tiempo aunque es muy difícil prever su intensidad. No me gusta ser agorero pero todavía recuerdo la del Tamarguillo.
  • Muchos animales ya se ven afectados. El caso de las abejas es uno de ellos paradigmático. Pero no son los únicos.

 

Adaptarse a todas estas circunstancias es lo más inteligente que se puede hacer frente a lo que el cambio climático nos depara en los próximos años.

Porque detener esa modificación del clima ya no es posible, las afecciones a la atmósfera persisten por unos 200 años. Desde entonces que se puede no empeorar y trabajar para mitigar los efectos de cara a los próximos siglos.

La llamada mitigación solo es posible si los 7500 millones de seres humanos son afectados de disminuir la cantidad de gases de efecto invernadero que hay en la atmósfera; para lograrlo de manera efectiva hay que poner de acuerdo a muchas grandes empresas y los gobiernos que las apoyan. A día de hoy en la atmósfera tenemos del orden de 3600 Gt equivalentes de CO 2 consecuencia principalmente de las actividades industriales de los seres humanos en los últimos 250 años.

Los andaluces y los españoles somos poco importantes en esa tarea y imprescindible de dejar de mandar esos gases a la atmósfera. Realmente emitimos poca cantidad de gases de efecto invernadero en términos específicos. Eso no quiere decir que no tengamos tareas que hacer en ese aspecto. Cada cual debe poner su “granito de arena” y, sobre todo, colaborar para lo que hay que hacer de manera efectiva se haga en todo el mundo. Unas pinceladas al respecto, sin entrar en muchos detalles que, por otra parte, ya tengo escritos en muchas otras ocasiones. Ahora me limitaré a lo más evidente que se puede hacer:

  • Limitar el uso de vehículos, motores y dispositivos que queman combustibles fósiles. No es complicado. Sin pretender llegar a la salida total se puede hacer bastante a nivel individual. Cualquier persona medianamente inteligente sabe lo que tiene que hacer.
  • Emplear al máximo posible las energías renovables para generar electricidad y calor. Ya se está produciendo sobre todo en la electricidad a partir de la mejora de las condiciones del autoconsumo. Lamentablemente el calentamiento con energía solar no se desarrolla con suficiente intensidad.
  • Plantar el mayor número posible de árboles, y cuidar de los actuales, impidiendo el exterminio de zonas verdes por el avance de los proyectos urbanísticos.

Pero en este artículo me voy a centrar en lo que me parece más importante y más urgente: la adaptación , concretándolo para Sevilla y en los dos asuntos que me parecen de mayor impacto negativo, aunque hay muchos más:

1.- Las Olas de calor.

Cualquier sevillano sabe perfectamente que en los meses de verano en la ciudad de Sevilla se alcanzan temperaturas muy elevadas. Cuando esas temperaturas por encima de las “normales” tienen tres días o más se le llama “ola de calor”. Los efectos sobre los seres humanos y otros animales son imprevisibles pero es evidente que se producirá muertes y otras consecuencias negativas para la salud de las personas.

Según la AEMET (Agencia Estatal de Meteorología), una ola de calorías es “un episodio de al menos tres días consecutivos en que, como mínimo, el 10% de las estaciones de medida consideradas registran valores máximos por encima del porcentaje del 95% de su serie de temperaturas máximas diarias de los meses de julio y agosto del período 1971 – 2000 “.

Con esa definición la propia AEMET ha definido una “temperatura umbral” para cada una de las 137 estaciones de medida en España que han utilizado en su estudio “Olas de calor en España desde 1975”. Para Sevilla esa temperatura umbral es de 41,2 ºC. En la práctica eso significa que, para Sevilla, una ola de caloría produce cuando la temperatura máxima de tres días seguidos está por encima de 41,2 ºC.

Las olas de calor más importantes en España han sido las siguientes:

El año 1991 tuvo 4 olas de calor con un total de 23 días. Una ola de calor muy significativa fue en 2003 con 16 días seguidos y se produjo millas de muertos en Europa. Finalmente, 2015 fue la más larga de todas con 26 días seguidos, del 22 de junio al 27 de julio de 2015.

En la gráfica se ve claro cuando se han producido olas de calor en España. De los últimos tiempos el 1991, el 2003 y el 2015 son los más destacados como se ha comentado antes.

En las olas de calor también es importante considerar las temperaturas mínimas que se producen por la noche que son muy elevadas dan lugar a trastornos de salud específicos.

La temperatura máxima de Sevilla, el 10 de agosto de 2012 fue de 45,9 ºC en el aeropuerto (por supuesto en el centro de Sevilla sería superior).

¿Por qué se producen las olas de calor ? Obviamente porque la radiación solar que llega a un lugar determinado está muy por encima de la radiación infrarroja que esa zona emite hacia el exterior dando lugar a un desequilibrio energético que aumenta la temperatura localmente. Y eso es lo que está ocurriendo en los últimos tiempos de manera muy acentuada como consecuencia del cambio climático.

Por supuesto, si las condiciones micro climáticas son propicias, esas olas de calor son más profundas (muchos días con temperaturas muy altas) e intensas (temperaturas muy por encima de la temperatura umbral correspondiente). Las condiciones micro climáticas negativas van desde poca vegetación y suelos de alta absorción (calles, carreteras y avenidas) con pavimentos muy oscuros (alquitrán por ejemplo), terrenos muy secos y desarbolados, etc.

La pregunta clave: ¿está preparada Sevilla para minimizar los efectos de las olas de calor?

Sinceramente creo que no. A pesar de que los sevillanos, en general, están adaptados para soportar altas temperaturas, cuando llega una ola de calor fuerte los edificios no reúnen las condiciones adecuadas y las personas tienen que recurrir a medios artificiales para tener niveles de confort térmico aceptable. El uso de esos medios (equipos de aire acondicionado) dan lugar a un aumento de emisiones de gases de efecto invernadero.

Ya se sabe aquella anécdota de que Isabel la Católica pasaba los veranos en Sevilla y los inviernos en Burgos. La explicación elemental es que el palacio en el que vivía la reina estaba acondicionado para soportar las altas temperaturas del verano. Por supuesto en Burgos la reina vivía en castillos con buenas y abundantes chimeneas para contrarrestar el frio del invierno.

Pero lo de ahora no tiene que ver con esos tiempos.

¿Qué se puede hacer?

Creo que vale la pena remontarnos a la Expo 92 y al acondicionamiento del recinto en el que tuve una intervención significativa que ya ha sido contactada en otras ocasiones. Aquellas experiencias nos dan bastantes pistas sobre lo que buscan que hacer. No voy a extenderme solo incorporo una imagen significativa de los que se refiere en aquella ocasión.

Imagen termográfica obtenida desde un helicóptero el día 4 de julio de 1992 a las 5 de la tarde.

Se puede observar que la temperatura media en el recuadro de la izquierda (recinto de la Expo) era de 32,3 ºC, mientras que en el recuadro de la derecha (ciudad de Sevilla) era de 35,8 ºC; es decir, 3,5 ºC superior en la ciudad que en el recinto en el cual se había actuado micro climáticamente como muchos lectores recordaran (árboles y pérgolas, micronizadores, tratamiento global de la climatización de los pabellones, etc.).

Así pues, sabemos lo que hay que hacer. Solo falta hacerlo .

 

2.- Las inundaciones.

La ciudad de Sevilla ha sufrido varias inundaciones consecuencia de “avenidas” (aumento del caudal) del río Guadalquivir a lo largo de su historia. Hay estudios detallados sobre las repercusiones de estas inundaciones. Una, la llamada “del Tamarguillo”, la vida en primera persona recién llegada a Sevilla para hacer aquí mis estudios universitarios y comprobada las consecuencias catastróficas de una de esas inundaciones.

Imagen que encontré en internet de una escena de cuando el desbordamiento del Tamarguillo en noviembre de 1961. La imagen me trae recuerdos de esos momentos porque estuve por el barrio de San Julián montado en un bote, remando, como el de la imagen repartiendo comida y realizando otros menesteres necesarios.

Pues bien esas inundaciones son consecuencia –sobre todo- de “tormentas” en el curso del río Guadalquivir y de sus afluentes; es decir, en la cuenca hidrográfica. La frecuencia de esas inundaciones es del orden de 50 años. Por eso cabe esperar que sobre los años 2010 a 2020 se produce alguna vez.

La pregunta clave sigue siendo la misma que era más allá del año 1917 y después de 1961, ¿Sevilla está preparada para controlar esas inundaciones y reducir los daños? No sé con total seguridad pero sospecho que no.

¿Cuál será la repercusión del cambio climático ante estos fenómenos catastróficos?

En primer lugar, la probabilidad de grandes lluvias concentradas en poco tiempo es mayor por la siguiente razón que cualquiera puede entender: el aumento de la temperatura media de las aguas en el planeta Tierra del lugar, obviamente, un aumento de la evaporación y, por tanto, un aumento del vapor de agua en la atmósfera y, por lo tanto, un aumento de la posibilidad de lluvias en períodos cortos.

En segundo lugar y no menos importante, el aumento del nivel del mar afecta al aumento del nivel del agua del río Guadalquivir en la ciudad de Sevilla.

¿Qué podemos hacer para minimizar los posibles efectos de estos dos fenómenos (lluvias torrenciales y aumento del nivel del Guadalquivir) sobre la ciudad de Sevilla (y sus alrededores, no nos olvidemos)?

Parece evidente que requieren controlar el nivel del Guadalquivir y requieren que realicen los llamados “tanques de tormentas”. Por supuesto y dada la existencia de la Corta del Guadalquivir, sería fundamental mejorar y ampliar las defensas de la ciudad (y de otras aledañas). No sabría decir cómo pero hay expertos que son seguros que si lo saben. Habría que preguntar a ellos.

Como conclusión me parece obvio que tardaría en tomar el asunto serio y empezar cuanto antes a razonar sobre las medidas que van a ser necesarias y, como consecuencia irán a tomar las medidas más urgentes.

Puntualizaciones sobre el hidrógeno

Queridos amigos, ante las opiniones dispares que leo en las redes sobre el hidrógeno me he permitido recabar alguna información que pongo a disposición de todos.

Pero antes unos comentarios previos.

Eso de que el hidrógeno es el elemento más abundante del universo está bien pero lo cierto es que siempre está ligado a otro elemento, oxígeno en el agua, carbón en el metano y en otros hidrocarburos y en los carbohidratos, etc. Así pues lo primero que hay que saber es que para disponer de hidrógeno hay que realizar un proceso químico para separarlo de los otros elementos con los que se encuentra formando una determinada molécula. Unas veces eso es fácil y otras menos y, en todos los casos, se necesita energía para conseguirlo y siempre el otro componente quedará libre.

Producir hidrógeno a partir del agua es estupendo puesto que el “residuo” es oxígeno y eso siempre viene bien. Una forma evidente de hacerlo es utilizando electricidad procedente de energías renovables con todos los beneficios que eso comporta. Al día de hoy eso tiene mucho sentido incluso económico toda vez que los módulos fotovoltaicos son sumamente baratos y la electricidad generada se puede aplicar directamente al electrolizador ya que los módulos fotovoltaicos generan la electricidad en corriente continua, como la necesita el electrolizador.

A día de hoy producir hidrógeno es un buen negocio y muchas empresas se dedican a ello con éxito. Estoy convencido de que cara al futuro será mejor aún. Sobre todo en el ámbito energético porque es una forma de almacenamiento muy buena y esa es una de las claves para el futuro.

La industria del hidrógeno es muy importante con 55 millones de toneladas de generación al año que se emplean sobre todo en la industria química. Por cierto que España es el tercer país productor de hidrógeno del mundo. Justo después de Estados Unidos y Korea.

  • De esas 55 Mt el 96 % se obtiene a partir de combustibles fósiles, sobre todo del gas natural (48 %). Solo el 4 % se obtiene por electrolisis del agua.
  • En la obtención a partir de combustibles fósiles el residuo termina siendo dióxido de carbono por lo que contribuye al aumento de gases de efecto invernadero de la atmósfera.
  • Si el futuro energético pasa por utilizar el hidrógeno como vector y almacenamiento energético hay que estudiar la forma de obtenerlo. Es evidente que –como hemos dicho antes- lo mejor sería la electrolisis del agua y, mejor aún, si la electricidad necesaria se obtiene a partir de energías renovables.
  • Pero la realidad actual es la que es. Para los que se escandalizan de todo, un dato aproximado que he calculado hoy mismo: las cantidades de CO2 del sistema de obtención de hidrógeno actual, insisto en que para utilización en la industria química es del orden de 290 Mt que, en relación con las emisiones del sistema energético total (34,1 Gt) significa solo un 0,8 %.
  • Aun en el caso de que una parte importante del sector del hidrógeno se obtuviera a partir de combustibles fósiles vemos que la influencia sobre el cambio climático no sería demasiado importante.
  • Es evidente que si pretendemos que el sector de automóviles mundial se alimente energéticamente de hidrógeno habrá que tener presente que no todo el hidrógeno necesario va a ser absolutamente limpio, es decir, conseguido por electrolisis del agua empleando energías renovables como fuente principal de electricidad.
  • En el caso de que todos los automóviles del mundo se alimentaran con hidrógeno obtenido a partir de combustibles fósiles su repercusión en las emisiones sería de 62 gCO2/km frente a 78 gCO2/km de los vehículos eléctricos con baterías y a 141 y 158 gCO2/km de los vehículos de combustión interna de gasolina y de gasóleo, respectivamente. Los primeros datos provienen de la Comisión Europea y los de la gasolina y el gasóleo del IDAE suponiéndoles un consumo de 6 litros/100 km

Mi intuición me dice que los grandes productores de hidrógeno van a seguir empeñados en obtenerlo a partir del gas natural, de otros hidrocarburos y del carbón. Siendo así el problema es eliminar el CO2 que, inevitablemente, y más pronto o más tarde, se va a producir. Ya se ve que en cantidades menores que quemando directamente esos combustibles fósiles.

Conclusión final de estos breves comentarios sobre el hidrógeno como motor de los vehículos de transporte es que sería estupendo que una parte significativa de la movilidad se consiguiera a partir del hidrógeno. Porque, a pesar de todo e independientemente de la forma de obtenerlo supondría una disminución importante de las emisiones de CO2.

Para mí, es obvio que el ideal en cuanto a la movilidad es el empleo de vehículos eléctricos –no solo coches- alimentados con hidrógeno obtenido por electrolisis del agua empleando electricidad de origen renovable. Y eso no tiene porqué ser extraño si pensamos en electrolizadores distribuidos de pequeño y mediano tamaño instalados en nuestras casa y en el sector servicios, alimentados por electricidad renovable (fotovoltaica sobre todo). En ese caso las emisiones serían nulas.

Ya no se puede esperar más

 

Los seres humanos actuales no podemos esperar más tiempo sin tomar una decisión drástica en defensa de la especie humana y de otros seres vivos. El conjunto de la humanidad no puede consentir que los intereses de unos cuantos por poderosos que sean pongan en riesgo el futuro de la especie. Algo hay que hacer. No sé qué pero siempre he pensado que el primer paso imprescindible es que la mayoría de los seres humanos sean conscientes del problema.

Aunque lo he intentado muchas veces tengo la impresión de que no consigo explicarlo suficientemente bien. Lo intentaré una vez más.

El clima es consecuencia de los intercambios energéticos entre el Sol, la Tierra y el universo. Por supuesto el cambio climático no es otra cosa que una modificación de esos intercambios.

El Sol nos hace llegar radiación de onda corta (entre 0,2 y 3 micras aproximadamente) en cantidades del orden de 1367 W/m2. La Tierra emite radiación de onda larga (infrarroja) hacia el exterior. La atmósfera hace de filtro selectivo; es decir deja pasar parte de la radiación de onda corta y de onda larga en función de los componentes atmosféricos de cada momento. Esa selectividad da lugar a lo que llamamos efecto invernadero y el resultado es que el equilibrio en temperatura de la Tierra sea variable pero siempre en el entorno de 15 ºC; por ahora esa modificación ha sido de 1 ºC en el pasado siglo XX. Si no hubiera efecto invernadero porque no hubiera atmósfera la temperatura de la Tierra sería del orden de 18 ºC bajo cero.

Pues bien, a lo largo de los últimos 800000 años la composición de la atmósfera se ha mantenido aproximadamente constante (entre 200 y 300 ppm (partes por millón en volumen)) y, por tanto, la temperatura de equilibrio también se ha mantenido más o menos constante.

¿Cuál es el problema? Sencillo. A partir de la era industrial (año 1750) los seres humanos hemos vertido a la atmósfera determinados gases (CO2 sobre todo) en tan grandes cantidades que se ha modificado la composición de la atmósfera de tal manera que la alteración del efecto invernadero ha alejado demasiado el equilibrio que la naturaleza mantenía. En concreto y simplificando mucho, antes de 1750 el contenido de CO2 de la atmósfera era de 280 ppm (partes por millón en volumen) y ahora (2019) es del orden de 410 ppm. Los demás gases de efecto invernadero (GEI) también han aumentado pero su participación en el efecto invernadero no es demasiado importante comparado con la correspondiente al CO2.

Así pues, y digan lo que digan unos y otros el problema principal es el exceso de quema de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) desde hace más de 250 años.

Cuestión aparte es que ahora hay quienes se fijan en las emisiones de los otros gases de efecto invernadero (metano, óxidos de nitrógeno, etc.) y, en efecto, está bien controlar esas emisiones pero la desproporción es tan grande entre las 3200 Gt de dióxido de carbono que existen actualmente en la atmósfera consecuencia de las emisiones del pasado y las de los otros gases (1852 ppmm de metano y 330 ppmm de N2O) que evaluadas en CO2 equivalente resultan 447 Gt equivalentes en CO2 entre los dos que no tiene sentido tanta insistencia en las emisiones de los demás gases diferentes del CO2 frente al problema fundamental de no emitir más CO2 y tratar de absorber todo el que se pueda; circunstancia esa que solo pueden hacer de manera efectiva las plantas. Repito, 447 (12,3 %) frente a 3200 (87,7 %). Eso es lo que hay y ese es el verdadero problema; no lo que se emite cada día, sino lo que ya hay acumulado y, lo peor, lo que se sigue acumulando día a día sin ponerle freno.

Hay que dejarse ya de tantas zarandajas y poner las cosas en su sitio. Hay que dejar de quemar combustibles fósiles y plantar más árboles. Todo lo demás es confundir a todo el mundo y distraer la atención de lo fundamental. La inconsciencia e incapacidad de unos (gobernantes) y la avaricia de otros (fabricantes de vehículos de combustión interna y productores de electricidad a partir de carbón y gas natural) está llevando a los seres vivos del planeta a un “callejón sin salida”.

Por otro lado está el papel del principal gas de efecto invernadero que no es otro que el vapor de agua. Su presencia en la atmósfera tiene aspectos positivos y negativos pero sobre la base de que –por ahora- la cantidad que hay en la atmósfera es la que ha habido siempre y es la propia naturaleza (lluvia y evaporación) quien lo controla.

Por dejarlo claro, las cantidades de gases de efecto invernadero actualmente existentes en la atmósfera (3647 GtCO2) son la causa inmediata del cambio climático. Las que se añaden cada año son de otro orden de magnitud (16,4 GtCO2/año de CO2 y de entre 5 y 10 ppmm de metano equivalentes a 1 a 2 GtCO2 equivalentes); es decir, en total no más allá de 18 GtCO2; eso sí aumentando cada año ante la inacción de los seres humanos.

Y otra conclusión también elemental: la naturaleza equilibra sobradamente las emisiones naturales aunque en algún año puedan ser superiores a las de otros, tanto las emisiones como las absorciones. De hecho, en los últimos años las absorciones de CO2 de la vegetación y de los océanos fueron del orden de 20 GtCO2 frente a las emisiones del uso de los suelos del orden de 5,5 GtCO2. Todo lo anterior es referido al dióxido de carbono; cuestión aparte es el metano y el óxido de nitrógeno aunque no cambia lo esencial. Es evidente que la naturaleza lo que no puede contrarrestar son las emisiones procedentes de la quema de combustibles fósiles del orden de 35 GtCO2 cada año.

Así pues si queremos frenar las consecuencias catastróficas del cambio climático no hay otra medida verdaderamente efectiva que dejar de quemar combustibles fósiles. Lo peor es que aunque empecemos ahora y con todo el énfasis posible (dejar de quemar totalmente combustibles fósiles desde mañana mismo) y plantar árboles hasta recuperar los que había en la prehistoria (el doble de los actuales), el proceso seguirá porque el CO2 permanece en la atmósfera del orden de 200 años.

Siento ser tan rotundo pero eso es lo que me dice la información de que dispongo procedente de organismos internacionales de alta fiabilidad (IPCC, NOAA, GCP, CDIAC, etc.).

Termino deseando que el 2020 que acaba de empezar suponga un principio verdaderamente eficaz en la mitigación del cambio climático.    

ANTE LOS FRACASOS DE LAS CUMBRES MUNDIALES DEL CLIMA

Una vez constatado que las reuniones mundiales del clima no sirven para nada verdaderamente efectivo, al menos yo, como ser humano individual quiero hacer unas observaciones, aunque solo sirvan para dejar mi conciencia tranquila de que he dicho lo que pienso. Es cierto que lo vengo haciendo desde hace muchos años (más de 40), pero este momento me parece especial por mi edad (76 años) y por mi situación profesional de profesor jubilado de energía.

Vamos allá:

  1. El cambio climático es un hecho que no se puede ocultar por más tiempo. Se concreta en el aumento global de la temperatura media del planeta en aproximadamente 1 ºC; aunque en sitios concretos sea mayor y en otros menor. Es un hecho constatado y medido por muchas instituciones nacionales e internacionales.
  2. El nivel del mar ha subido del orden de 20 cm. Hecho también medido y comprobado por las mismas organizaciones que lo han hecho con la temperatura.
  3. Incremento de otros fenómenos (sequias, inundaciones, fusión de los hielos, etc.)
  4. La causa principal es bien conocida: el aumento de los gases llamados GEI (gases de efecto invernadero) que los seres humanos venimos lanzando sistemáticamente a la atmósfera. La curva que acompaño, llamada de Keeling en honor del científico que empezó a medir en la Antártida y en Mauna Loa (Hawai) ilustra sobradamente como la cantidad del principal de esos gases, el dióxido de carbono (CO2) no para de crecer año tras año y día tras día.

Los dientes de sierra Los “dientes de sierra” de la curva en rojo da una pista de algo que podríamos hacer todos los seres humanos. La parte descendente se corresponde con la absorción de ese gas por parte de las plantas al aprovecharlo para la fotosíntesis que es la fuente de la vida en el planeta. Es obvio, por tanto, que si plantamos más árboles podremos absorber más CO2 aunque frente al aumento que producen las emisiones de las centrales térmicas de carbón y gas natural y los tubos de escape de los vehículos de combustión interna no es suficiente.

Lo que importa destacar es la tendencia (línea negra) del valor medio de las cantidades que persisten en la atmósfera. Lamentablemente esa tendencia de aumento no solo no se modifica a la baja sino que sigue aumentando. A pesar de todas las cumbres de cambio climático que han sido en todo el mundo.

Ese es el origen principal del problema y mientras eso no se cambie realmente no hay solución.

  1. ¿Qué podemos hacer los seres humanos normales, como yo y como todos los demás?

Es claro. Actuar en defensa propia y obligar a los que no acaban de actuar para que esa curva deje de crecer.

  1. ¿Cómo habría que hacerlo?

En primer lugar tomando conciencia de nuestra capacidad individual para obligar a los desaprensivos que no actúan.

Daré algunas sugerencias por si alguien quiere seguirlas:

  1. No consumir electricidad que haya sido producida con combustibles fósiles. En España eso ya es posible porque hay empresas comercializadoras que solo venden electricidad producida con energías renovables que no generan gases de efecto invernadero.
  2. Generar toda o parte de la electricidad de nuestras casas y negocios con energías renovables. En España eso ya es posible en todo o en parte.
  3. En cuanto a los combustibles de uso directo (gasolina, gasóleo, butano, propano, gas natural) disminuir su consumo al máximo. Se que no es fácil dado el sistema que tenemos. Pero siempre se puede hacer algo: utilizar coches de bajas o nulas emisiones frente a los de altas emisiones; calentar el agua con instalaciones solares térmicas, utilizar biomasa en la calefacción en vez de gasóleo o gas natural; acondicionar bioclimáticamente nuestros edificios. Y otras medidas que a todos se nos ocurren si pensamos en no emitir gases de efecto invernadero.
  1. Colectivamente es más complicado pero siempre se puede hacer algo. Veamos:
    1. La mayor parte de los GEI actualmente presentes en la atmósfera han sido emitidos desde hace más de 200 años por los países más industrializados siendo el campeón en esa tarea Estados Unidos. Lo peor es que siguen siendo los que más emiten. La única medida que podemos tomar a nivel individual es dejar de comprar productos provenientes de esos países. Dejándoles claro siempre que sea posible la razón por la cual no les compramos.
    2. En estos tiempos hay países emergentes que se han constituido en los principales emisores de GEI. China y la India sobre todo y aunque se puede entender que quieran mejorar su competitividad cuando otros lo han hecho antes, hay que exigirles que cambien sus economías a situaciones menos contaminantes. Máxime cuando ya existen tecnologías capaces de sustituir a las actuales mayoritarias. En concreto, China es el país del mundo con mayor cantidad de energías renovables y la India va siguiendo sus pasos. Evidentemente la medida que podemos tomar cada uno de nosotros es la misma de antes: dejar de comprar sus productos. Se que no es fácil por la invasión comercial que sufrimos, sobre todo de China. Pero tenemos que defender el futuro de todos los seres vivos del planeta, incluido el nuestro y el de nuestros descendientes.
    3. Obligar a nuestros gobiernos a tomar medidas verdaderamente eficaces. En España, cerrar urgentemente las centrales térmicas de carbón y de gas natural y facilitar las instalaciones de energías renovables y la sustitución de vehículos de combustión interna por vehículos eléctricos.
  2. Por supuesto, con todo eso, caso de que los hiciéramos todos o muchos seres humanos, no vamos a parar el proceso, solo lo frenaríamos cambiando la tendencia de la curva de Keeling. Pero algo hay que hacer, no podemos cruzarnos de brazos ante este problema tan grave para todos.

A propósito de los movimientos “populares” contra el cambio climático

Carta abierta a cualquiera de estos jóvenes que se están manifestando estos días

Veréis, en mi juventud participé muy activamente en determinados movimientos juveniles –y menos juveniles- contra una dictadura que teníamos entonces en nuestro país. Con eso quiero decirte que me gusta mucho lo que estáis haciendo y me “caen” muy bien los adolescentes y jóvenes que se están manifestando a propósito de que hay que ponerle solución a este disparate del cambio climático.

Lo que pasa es que ya soy mayor y nunca me gustó hacerme trampas en el solitario. Resulta que los datos fiables son tozudos y me llevan irremediablemente a una conclusión simple: no es realista pensar que se pueda frenar o mitigar el cambio climático a corto plazo (el CO2 permanece en la atmósfera del orden de 200 años, y son dos siglos más o menos los que se llevan emitiendo estos gases). Desde luego, que el asunto requiere soluciones drásticas, pero sin perder la visión general con datos razonablemente fiables.

Creo sinceramente que lo único positivo que se puede hacer a corto plazo es preocuparse intensamente por la adaptación en todos los sentidos; sobre todo en nuestro país que será más afectado que otros y que, a pesar de todo, la influencia de las emisiones españolas no es muy significativa (un 0,73 %). Sin dejar de lado por eso la presión social y la contestación como la que se está produciendo que aplaudo por supuesto pero siendo conscientes de la realidad. Nos guste o no.

Es lamentable, triste y muy poco romántico pero así es. Voy a explicarme con los números que es cómo mejor puedo y debo hacerlo.

Empecemos por lo fundamental siendo conscientes de que el asunto es muy complejo y no es simple explicarlo en unas cuantas líneas.

Lo más importante es saber qué cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) hay en la atmósfera y cómo han llegado allí.

 Cantidad de GEI en la Atmósfera.

Según los datos que aportan la gran cantidad de organizaciones de prestigio que se ocupan del asunto (IPCC, NOAA, GCP, varias universidades de todo el mundo, etc.) parece ser que hay más de 3200 Gt de CO2 (el más importante de todos los Gases de Efecto Invernadero) = 410 ppm (partes por millón), 1852 ppmm (partes por mil millones) de NH4 (el que le sigue en importancia), 330 ppmm de N2O, y otras cantidades inferiores de otros gases.

Nunca en la historia de la Tierra (por ahora conocida) hubo en la atmósfera estas cantidades de GEI, que más que duplican las que se mantenían en siglos y milenios pasados. En esta gráfica se muestra la evolución desde la Edad del Hielo (185 ppm).

Esas cantidades modifican fuertemente la composición natural de la atmósfera y esos gases son los responsables de la modificación del efecto invernadero, origen del cambio climático que está ocurriendo en el planeta Tierra en el que vivimos los seres humanos y otros muchos seres vivos.

Figura 1. Evolución de los principales gases de efecto invernadero en la atmósfera. En la gráfica las concentraciones de esos gases se dan en ppm (partes por millón en volumen) para el CO2, en ppb (partes por mil millones) en el NH4 y el N2O que tienen su traducción a Gt de CO2 equivalente. Las escalas ocultan la verdadera proporción; en el eje de la derecha (líneas naranja y roja) son partes por mil millones mientras que en la de la izquierda (verde) son partes por millón.

Pues bien, esos gases han sido emitidos mayoritariamente a la atmósfera desde hace más de 200 años (era industrial) por los habitantes de muchos países, aunque por unos más que por otros.

En concreto, Estados Unidos es el campeón indiscutible, seguido del Reino Unido, la Unión Europea (Alemania, Francia, etc.) Rusia, India, Japón, Canadá, China, etc. Esto conviene no olvidarlo porque ahora solo se escribe y se habla de las emisiones de los últimos años en los que el orden por países es diferente y se pretende criminalizar a países (China e India) que quieren salir de sus respectivas situaciones de atraso económico para lo cual necesitan energía y, cómo es lógico, no se privan de buscar las fuentes que les resultan más adecuadas para sus fines.

Es obvio que si tienen carbón (principal fuente de dióxido de carbono cuando se quema) echan mano de él y dicen, con razón, que antes lo han hecho otros. Que sería bueno que estos países –y todos- disminuyeran sus emisiones, por supuesto y, de hecho, China es el campeón mundial en energías renovables pero no por eso dejan de generar electricidad con carbón y siguen aumentando el número de vehículos de combustión interna; al mismo tiempo que encabezan la fabricación mundial de vehículos eléctricos, solución en parte del problema.

Cómo han llegado los GEI a la Atmósfera

¿Cómo se producen esos GEI y en qué cantidades? Ahora muestro los datos de las emisiones anuales y su origen. Son los datos más fiables del momento actual procedentes de CDIAC (Carbon Dioxide Information Analisys Center, del Departamento de Energía de Estados Unidos) (gráfica 2 relativa al CO2).

Figura 2. Esquema de los intercambios de dióxido de carbono entre la tierra, los océanos y la atmósfera terrestre.  

La gráfica muestra de dónde proceden, las cantidades, la absorción por los sumideros (mar y vegetación). De ahí se puede conocer la cantidad global anual que sube definitivamente a la atmósfera. Expliquemos un poco los datos:

  • Emisiones de la quema de los combustibles fósiles y la fabricación de cemento, 34,1 GtCO2 = 4,38 ppm/año
  • Emisiones por cambios de uso del suelo (deforestación, incendios, etc.), 3,5 GtCO2 = 0,45 ppm/año
  • Absorciones por los sumideros, 21,2 GtCO2= 2,73 ppm/año:
    • Los suelos (fotosíntesis sobre todo), 11,5 GtCO2 = 1,48 ppm/año
    • Océanos y mares, 9,7 GtCO2 = 1,25 ppm/año

Cantidad que se queda en la atmósfera, 16,4 GtCO2 = 2,1 ppm (partes por millón en volumen)/año.

En porcentajes, del total de las emisiones, el 82 % procede de la quema de combustibles fósiles en centrales eléctricas de carbón y de gas natural, así como en vehículos de combustión interna.

Volviendo al total de las emisiones, 37,6 GtCO2 menos lo absorbido en los sumideros, 21,2 GtCO2, es lo que se queda en la atmósfera, 16,4 GtCO2 que es lo que aumenta año a año el contenido de CO2 a efectos del cambio climático; eso es lo que realmente importa. A la atmósfera sube un 45 % del 100 % emitido, el resto (55 %) lo absorben la tierra y el mar.

Como dato que conviene recordar, las emisiones “naturales” de los suelos, 3,5 GtCO2/año  queda sobradamente compensado por las absorciones de los propios suelos (sobre todo la vegetación) y los océanos, en total 21,2 GtCO2. Lo verdaderamente importante son los 34,1 GtCO2 que producen los combustibles fósiles al quemarse.

De este resultado hay que retener que tanto la vegetación como los mares tienen bastante capacidad de mitigación por lo que hay una conclusión parcial evidente: hay que plantar muchos árboles. De hecho, si cada ser humano plantara un árbol cada año se podrían absorber del orden de 300 MtCO2/año sobre lo que ya absorben los que existen actualmente.

El segundo GEI en importancia, el Metano (CH4):

Algunas fuentes informativas presentan al metano como fundamental para combatir el cambio climático y, sin duda, es importante; aunque no tanto como se dice. Por dos razones:

  • Es el segundo gas en importancia, con un 6,4 % consecuencia de la cantidad que hay en la atmósfera (360 Gt de CO2 equivalente) después del dióxido de carbono.
  • Su efecto no es muy importante pero el tiempo de permanencia en la atmósfera es muy inferior al del CO2 por lo que si se deja de emitir puede reducirse su participación. Por otro lado es un gas que se elimina por reacciones químicas con otros componentes.

Figura 3. Balance del metano. Fuente: Global Carbono Project y Fundation BNP

En la figura se esquematizan los intercambios de metano con la atmósfera:

  • Emisiones, 558 MtCH4 procedentes de distintas fuentes (humedales, agricultura y residuos, extracción y manejos de combustibles fósiles y otras fuentes naturales). En GtCO2 equivalentes, 13,95 cada año.
  • Absorciones, 548 MtCH4, equivalentes a 13,7 GtCO2 al año
  • Neto a la atmósfera, 10 MtCH4 equivalentes a 250 MtCO2 = 0,25 GtCO2 = 0,032 ppm.

Hay que hacer especial mención en este caso que el metano sufre determinadas reacciones químicas en la propia atmósfera con lo cual el metano libre que queda es tan poco como lo citado. Es evidente que las 10 MtCH4 son muy poco significativas frente a los 16,4 GtCO2 que hemos referenciado antes (con la misma fuente de datos) para el CO2.

Conclusion

En resumen y, simplificando mucho porque el tema es muy complejo, la modificación del efecto invernadero de la atmósfera es consecuencia en un alto porcentaje del dióxido de carbono acumulado en estos últimos 200 años y en el que se sigue acumulando año tras año y día tras día sin que los seres humanos le pongamos freno de manera efectiva que no es otra que dejando de quemar combustibles fósiles.

Figura 4. Subvenciones a las energías convencionales (combustibles fósiles) (año 2017)

Para ponerle solución al problema habría que empezar por suprimir las subvenciones que todavía se dan a los combustibles fósiles en muchos países del mundo, en unos más y en otros menos pero en casi todos. En la figura aparecen señalados y los que están en blanco es porque no hay datos o no quieren darlos.

Pero la decisión que iniciaría un proceso de mitigación eficaz sería la prohibición paulatina o definitiva de la quema de combustibles fósiles, tanto en las centrales termoeléctricas y en calderas de todo tipo como en vehículos de combustión interna.

Es evidente que eso no va a ocurrir “de la noche a la mañana”. No será fácil sustituir los 3773 Mtep de carbón, los 4477 Mtep de petróleo o los 3163 Mtep de gas natural. Las energías renovables solo llegaron en el año 2017 a 1932 Mtep (14,5 % del total).

Pero también es evidente que en algún momento y “alguien” tiene que empezar a exigirlo porque nos va el futuro en ello.

Sería la única manera de frenar la continua tendencia de aumento de gases de efecto invernadero como muestra la célebre curva de Keeling que reproduzco en la figura 5. Cambiar la pendiente de esa curva es lo fundamental.

Todo lo demás “suena” a maniobras de distracción de lo fundamental: cerrar las centrales de carbón y de gas natural y reducir drásticamente los vehículos de combustión interna

También tengo claro que hay otras actividades de los seres humanos que afectan al cambio climático pero los datos nos dicen que son de menor importancia que las citadas. Y que habría que dedicarle esfuerzo por parte de todos los seres humanos a resolver los problemas de violencia, de injusticias, de guerras, y de otras muchas causas de infelicidad para muchos seres humanos.

Valeriano Ruiz Hernández