LA CRISIS DEL CORONA VIRUS, EL CAMBIO CLIMATICO Y LAS VACAS

Me ha divertido encontrar en Facebook unos comentarios a propósito de la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio climático y enseguida me ha venido a la mente la polvareda que se formó por un informe del IPCC apoyado en un informe de la FAO según el cual –eso transmitieron algunos y algunas- dejar de comer carne de vaca iba a solucionar el problema del cambio climático.

Otra vez me toca intentar aclarar un poco las cosas y esta vez resulta hasta divertido.

Dicen que la NASA ha dicho que las emisiones de gases de efecto invernadero han disminuido un 20 % aunque no está claro en qué periodo de tiempo. Eso si, parece ser –yo no he leído el comunicado oficial- que especifican que han disminuido en 100 millones de toneladas de CO2 equivalente. Al poner “millones de toneladas” da la impresión de que es mucho. Conviene relativizar y, de camino, repito lo fundamental. Las emisiones actuales son del orden de 40000 (cuarenta mil) millones de toneladas al año que, en valor medio diario serían 109 millones de toneladas con lo cual esa disminución de 100 millones sería extraordinario. No sé por qué no me lo creo. Si fuera en un mes puede parecer razonable (100 frente a 3333 no está mal; un 3 %). Lo del 20 % me parece una exageración. Por otro lado, no nos hagamos falsas expectativas pues lo que importa son las 3700 mil millones de toneladas de CO2 que hay en la atmósfera consecuencia de la quema de combustibles fósiles en los países más industrializados desde hace más de 200 años. Eso es muy difícil de disminuir; si acaso, no dejar que siga aumentando.

De todas maneras, está bien y demuestra fehacientemente que se pueden disminuir las emisiones. En este caso, como consecuencia de una crisis sanitaria que ha obligado a reducir drásticamente los desplazamientos en vehículos de combustión interna y, por tanto, las emisiones de estos. También se habrá reducido el consumo de electricidad generada mayoritariamente en todo el mundo con carbón y otros combustibles fósiles y, también, la quema directa de combustibles fósiles en calderas, etc.

La reflexión de fondo ya la hacen otros y otras pero queda claro que se puede. ¿Por qué no lo hacemos? Sobre todo si se tiene en cuenta que el cambio climático es aún más grave y sobre todo más duradero que la epidemia del corona virus. Quien lo sabe lo que podemos hacer los seres humanos si nos asustamos de verdad; como en este caso.

Pero en el título de este breve comentario he incluido a las vacas. ¿A qué viene eso? Sencillo. Supongo que las vacas no han hecho cuarentena, es decir, han seguido como si tal cosa, a lo suyo, es decir a sus ventosidades de metano que, según algunos son las principales responsables del cambio climático. En serio, es difícil comprobar el efecto de las vacas sin reducir su número drásticamente; por ejemplo, a la mitad y ver qué repercusión tiene en las emisiones y en la cantidad de gases de efecto invernadero que hay en la atmósfera. Me parece que ese “experimento” no vamos a poder hacerlo sin contar con los dueños de las vacas.

Salud y suerte a todos.

MITIGACION Y ADAPTACION

Un debate de ayer por la tarde con una querida y admirada amiga me incita a escribir estas líneas aunque de manera muy simple sobre la mitigación del cambio climático y la adaptación al mismo.

Primero dejar claro algo sencillo y elemental: el cambio climático lo originan la gran cantidad de gases de efecto invernadero que los seres humanos venimos vertiendo a la atmósfera. La cantidad acumulada es tan grande (415 ppm (partes por millón) = 3300 GtCO2) que se ha hecho imposible reducirla, hagamos lo que hagamos. Lo peor es que esa cantidad sigue creciendo día a día como los organismos encargados de medirla nos dicen continuamente. Y no parece que haya voluntad de reducirla de manera sustancial. Ante ese hecho contundente e indiscutible lo único realista que podemos hacer es adaptarnos a la consecuencias catastróficas que se nos vienen encima.

Por eso es necesario tener claro lo que significa mitigación (frenar el proceso) y adaptación (asumir las consecuencias y actuar).

Ilustraré la diferencia entre esos dos conceptos con dos ejemplos sencillos siendo consciente de que una explicación y un estudio en detalle es muy complejo y no está a mi alcance en estos momentos.

Veamos. Mitigar el cambio climático es reducir los gases de efecto invernadero que hay en la atmósfera. Se puede hacer de dos maneras: disminuyendo las emisiones de las que somos responsables los seres humanos o bien aumentando las absorciones de esos gases por los sistemas que pueden hacerlo que no son otros que las plantas.

Ejemplo. En mi casa tengo una instalación fotovoltaica de 7,5 kW de potencia pico que, desde que la puse en funcionamiento en octubre de 2008 ha vertido a la red eléctrica general aproximadamente 143 MWh. Evidentemente esa electricidad ha sustituido a las que se hubieran tenido que generar con combustibles fósiles (carbón y gas natural sobre todo) por lo que se ha evitado la emisión de aproximadamente 67 toneladas de CO2. Pues bien eso es mitigación.

No hace falta decir que esa sustitución de una electricidad (la de mi instalación) por la del sistema eléctrico general generada en parte con combustibles fósiles es consecuencia de que la electricidad que se consume es exactamente igual a la que genera; en realidad es menor porque hay pérdidas en el transporte y distribución. En definitiva que no se puede almacenar por lo que cuando entra una cantidad en el sistema no entra otra.

Por supuesto hay muchas otras formas y posibilidades de mitigar.

Adaptación. Es prepararnos para lo que se nos viene encima como consecuencia del cambio climático.

Ejemplo. Podemos adaptar nuestras viviendas para las olas de calor que ya sufrimos y que irán en aumento. ¿Cómo lo hago yo en mi casa? En concreto con un edificio diseñado y construido con criterios bioclimáticos con lo que en mi casa se mantiene una temperatura agradable en su interior sin necesidad de equipos de aire acondicionado que, lógicamente, no tengo. Si aumenta la temperatura fuera puedo reforzar las medidas que impiden que entre la radiación solar en la vivienda. Por supuesto hay más medidas pero, en aras de la simplicidad de la explicación, no las enumero.

¿Qué medidas de adaptación pueden tomar muchos ciudadanos? La que seguramente se impondrá para el caso de las olas de calor: instalar equipos de aire acondicionado y ponerlos en funcionamiento “a tope” cuando arrecie el calor.

Es evidente que esos equipos de aire acondicionado aumentaran el consumo de electricidad en esas viviendas y que ese consumo de electricidad aumentará las emisiones de gases de efecto invernadero del sistema eléctrico. Pero lo que no cabe duda es que es una medida de adaptación. Lo he puesto como un caso práctico no muy ejemplar pero para que se entienda lo que es adaptación al cambio climático. Cuestión aparte es que yo lo recomiende o no, pero cuando la necesidad aprieta, se hace lo que sea.

El fondo del debate, mitigación o adaptación, es un poco falaz porque no se trata de una cosa o la otra sino –esa era y es mi postura- de que las medidas de mitigación que podemos tomar los andaluces –por ejemplo- apenas tienen trascendencia en la necesaria disminución de gases de efecto invernadero y a los números me remito: Las emisiones de todos los españoles en la actualidad suponen un 0,73 % de las emisiones anuales de todos los seres humanos.

Eso no quiere decir que esté en contra de la mitigación y con el ejemplo que he puesto creo que se entiende que contribuyo a la mitigación de manera concreta y efectiva; aunque mínima.

Por el contrario las medidas de adaptación se van a hacer imprescindibles si queremos mantener una calidad de vida correcta. En otro sentido las medidas de adaptación las podemos hacer todos y repercuten inmediatamente en nosotros mismos pero también pueden y deben hacerlas las autoridades municipales en las ciudades en las que gobiernan y repercuten en la calidad de vida de todos los habitantes de esas ciudades. Y los gobiernos de todos los niveles tomando las medidas adecuadas a cada una de la circunstancias que se ven venir.

Evidentemente apuesto por tomar medidas de adaptación que me parecen necesarias pero también por contribuir en lo que podamos a la mitigación aun siendo conscientes de su poca repercusión práctica en relación con la magnitud del problema.

Para terminar estas notas dejar claro que los máximos responsables del cambio climático son los países industrializados que están emitiendo gases de efecto invernadero a la atmósfera desde hace más de 200 años. El que más ha emitido es Estados Unidos, seguido de Inglaterra, Alemania, Francia, etc. Ellos son los verdaderos responsables de la situación actual. España ocupa el puesto número 20 en ese lamentable ranking.

En la actualidad son China, la India y Estados Unidos los países que más GEI emiten; los dos primeros con la lógica expectativa de mejorar sus condiciones económicas en relación con los demás países desarrollados. Cuestión aparte es que hay que convencerlos para que lo hagan de otra manera. Como curiosidad decir que China es el número uno en todas las renovables, excepto en termosolar en la que el primer puesto sigue ocupándolo España; aunque por poco tiempo, me temo.

Emergencia climática en Sevilla

En Sevilla no hay emergencias climáticas muy graves todavía. Pero las habrá.

Sobre todo por lo que respeta a la subida de la temperatura ambiente y las correspondientes olas de calor.

La subida del nivel del mar también afectará a Sevilla aunque no tanto como en Huelva, Cádiz y otras zonas de la costa andaluza.

Ese hecho influirá en la gravedad de posibles inundaciones. Los datos que especifican los organismos internacionales que se ocupan de medir estas variables lo dejan claro.

Si hay quien no se lo cree es porque no sabe algo elemental: en asuntos ambientales hay mucha desinformación producida por un exceso de opiniones y elucubraciones que ocultan la realidad; lamentablemente muchas personas dan credibilidad a estas informaciones falsas o poco documentadas. Pero también hay hechos medidos contundentes y fiables, que dejan claras algunas cosas:

  • La temperatura media del planeta ha subido 1 ºC en el último siglo. Evidentemente hay que saber interpretar lo que eso significa y su repercusión en lugares concretos como puede ser Sevilla y su entorno.
  • El nivel medio del mar ha subido 20 cm en el último siglo. Eso también hay que interpretarlo y saber cómo afecta a zonas determinadas.
  • Las sequias han aumentado. Eso no afecta a la ciudad como tal pero si al ámbito rural del conjunto de la comunidad andaluza.
  • Hay más inundaciones. Según las estadísticas de que dispongo a Sevilla le va tocando alguna vez en poco tiempo aunque es muy difícil prever su intensidad. No me gusta ser agorero pero todavía recuerdo la del Tamarguillo.
  • Muchos animales ya se ven afectados. El caso de las abejas es uno de ellos paradigmático. Pero no son los únicos.

 

Adaptarse a todas estas circunstancias es lo más inteligente que se puede hacer frente a lo que el cambio climático nos depara en los próximos años.

Porque detener esa modificación del clima ya no es posible, las afecciones a la atmósfera persisten por unos 200 años. Desde entonces que se puede no empeorar y trabajar para mitigar los efectos de cara a los próximos siglos.

La llamada mitigación solo es posible si los 7500 millones de seres humanos son afectados de disminuir la cantidad de gases de efecto invernadero que hay en la atmósfera; para lograrlo de manera efectiva hay que poner de acuerdo a muchas grandes empresas y los gobiernos que las apoyan. A día de hoy en la atmósfera tenemos del orden de 3600 Gt equivalentes de CO 2 consecuencia principalmente de las actividades industriales de los seres humanos en los últimos 250 años.

Los andaluces y los españoles somos poco importantes en esa tarea y imprescindible de dejar de mandar esos gases a la atmósfera. Realmente emitimos poca cantidad de gases de efecto invernadero en términos específicos. Eso no quiere decir que no tengamos tareas que hacer en ese aspecto. Cada cual debe poner su “granito de arena” y, sobre todo, colaborar para lo que hay que hacer de manera efectiva se haga en todo el mundo. Unas pinceladas al respecto, sin entrar en muchos detalles que, por otra parte, ya tengo escritos en muchas otras ocasiones. Ahora me limitaré a lo más evidente que se puede hacer:

  • Limitar el uso de vehículos, motores y dispositivos que queman combustibles fósiles. No es complicado. Sin pretender llegar a la salida total se puede hacer bastante a nivel individual. Cualquier persona medianamente inteligente sabe lo que tiene que hacer.
  • Emplear al máximo posible las energías renovables para generar electricidad y calor. Ya se está produciendo sobre todo en la electricidad a partir de la mejora de las condiciones del autoconsumo. Lamentablemente el calentamiento con energía solar no se desarrolla con suficiente intensidad.
  • Plantar el mayor número posible de árboles, y cuidar de los actuales, impidiendo el exterminio de zonas verdes por el avance de los proyectos urbanísticos.

Pero en este artículo me voy a centrar en lo que me parece más importante y más urgente: la adaptación , concretándolo para Sevilla y en los dos asuntos que me parecen de mayor impacto negativo, aunque hay muchos más:

1.- Las Olas de calor.

Cualquier sevillano sabe perfectamente que en los meses de verano en la ciudad de Sevilla se alcanzan temperaturas muy elevadas. Cuando esas temperaturas por encima de las “normales” tienen tres días o más se le llama “ola de calor”. Los efectos sobre los seres humanos y otros animales son imprevisibles pero es evidente que se producirá muertes y otras consecuencias negativas para la salud de las personas.

Según la AEMET (Agencia Estatal de Meteorología), una ola de calorías es “un episodio de al menos tres días consecutivos en que, como mínimo, el 10% de las estaciones de medida consideradas registran valores máximos por encima del porcentaje del 95% de su serie de temperaturas máximas diarias de los meses de julio y agosto del período 1971 – 2000 “.

Con esa definición la propia AEMET ha definido una “temperatura umbral” para cada una de las 137 estaciones de medida en España que han utilizado en su estudio “Olas de calor en España desde 1975”. Para Sevilla esa temperatura umbral es de 41,2 ºC. En la práctica eso significa que, para Sevilla, una ola de caloría produce cuando la temperatura máxima de tres días seguidos está por encima de 41,2 ºC.

Las olas de calor más importantes en España han sido las siguientes:

El año 1991 tuvo 4 olas de calor con un total de 23 días. Una ola de calor muy significativa fue en 2003 con 16 días seguidos y se produjo millas de muertos en Europa. Finalmente, 2015 fue la más larga de todas con 26 días seguidos, del 22 de junio al 27 de julio de 2015.

En la gráfica se ve claro cuando se han producido olas de calor en España. De los últimos tiempos el 1991, el 2003 y el 2015 son los más destacados como se ha comentado antes.

En las olas de calor también es importante considerar las temperaturas mínimas que se producen por la noche que son muy elevadas dan lugar a trastornos de salud específicos.

La temperatura máxima de Sevilla, el 10 de agosto de 2012 fue de 45,9 ºC en el aeropuerto (por supuesto en el centro de Sevilla sería superior).

¿Por qué se producen las olas de calor ? Obviamente porque la radiación solar que llega a un lugar determinado está muy por encima de la radiación infrarroja que esa zona emite hacia el exterior dando lugar a un desequilibrio energético que aumenta la temperatura localmente. Y eso es lo que está ocurriendo en los últimos tiempos de manera muy acentuada como consecuencia del cambio climático.

Por supuesto, si las condiciones micro climáticas son propicias, esas olas de calor son más profundas (muchos días con temperaturas muy altas) e intensas (temperaturas muy por encima de la temperatura umbral correspondiente). Las condiciones micro climáticas negativas van desde poca vegetación y suelos de alta absorción (calles, carreteras y avenidas) con pavimentos muy oscuros (alquitrán por ejemplo), terrenos muy secos y desarbolados, etc.

La pregunta clave: ¿está preparada Sevilla para minimizar los efectos de las olas de calor?

Sinceramente creo que no. A pesar de que los sevillanos, en general, están adaptados para soportar altas temperaturas, cuando llega una ola de calor fuerte los edificios no reúnen las condiciones adecuadas y las personas tienen que recurrir a medios artificiales para tener niveles de confort térmico aceptable. El uso de esos medios (equipos de aire acondicionado) dan lugar a un aumento de emisiones de gases de efecto invernadero.

Ya se sabe aquella anécdota de que Isabel la Católica pasaba los veranos en Sevilla y los inviernos en Burgos. La explicación elemental es que el palacio en el que vivía la reina estaba acondicionado para soportar las altas temperaturas del verano. Por supuesto en Burgos la reina vivía en castillos con buenas y abundantes chimeneas para contrarrestar el frio del invierno.

Pero lo de ahora no tiene que ver con esos tiempos.

¿Qué se puede hacer?

Creo que vale la pena remontarnos a la Expo 92 y al acondicionamiento del recinto en el que tuve una intervención significativa que ya ha sido contactada en otras ocasiones. Aquellas experiencias nos dan bastantes pistas sobre lo que buscan que hacer. No voy a extenderme solo incorporo una imagen significativa de los que se refiere en aquella ocasión.

Imagen termográfica obtenida desde un helicóptero el día 4 de julio de 1992 a las 5 de la tarde.

Se puede observar que la temperatura media en el recuadro de la izquierda (recinto de la Expo) era de 32,3 ºC, mientras que en el recuadro de la derecha (ciudad de Sevilla) era de 35,8 ºC; es decir, 3,5 ºC superior en la ciudad que en el recinto en el cual se había actuado micro climáticamente como muchos lectores recordaran (árboles y pérgolas, micronizadores, tratamiento global de la climatización de los pabellones, etc.).

Así pues, sabemos lo que hay que hacer. Solo falta hacerlo .

 

2.- Las inundaciones.

La ciudad de Sevilla ha sufrido varias inundaciones consecuencia de “avenidas” (aumento del caudal) del río Guadalquivir a lo largo de su historia. Hay estudios detallados sobre las repercusiones de estas inundaciones. Una, la llamada “del Tamarguillo”, la vida en primera persona recién llegada a Sevilla para hacer aquí mis estudios universitarios y comprobada las consecuencias catastróficas de una de esas inundaciones.

Imagen que encontré en internet de una escena de cuando el desbordamiento del Tamarguillo en noviembre de 1961. La imagen me trae recuerdos de esos momentos porque estuve por el barrio de San Julián montado en un bote, remando, como el de la imagen repartiendo comida y realizando otros menesteres necesarios.

Pues bien esas inundaciones son consecuencia –sobre todo- de “tormentas” en el curso del río Guadalquivir y de sus afluentes; es decir, en la cuenca hidrográfica. La frecuencia de esas inundaciones es del orden de 50 años. Por eso cabe esperar que sobre los años 2010 a 2020 se produce alguna vez.

La pregunta clave sigue siendo la misma que era más allá del año 1917 y después de 1961, ¿Sevilla está preparada para controlar esas inundaciones y reducir los daños? No sé con total seguridad pero sospecho que no.

¿Cuál será la repercusión del cambio climático ante estos fenómenos catastróficos?

En primer lugar, la probabilidad de grandes lluvias concentradas en poco tiempo es mayor por la siguiente razón que cualquiera puede entender: el aumento de la temperatura media de las aguas en el planeta Tierra del lugar, obviamente, un aumento de la evaporación y, por tanto, un aumento del vapor de agua en la atmósfera y, por lo tanto, un aumento de la posibilidad de lluvias en períodos cortos.

En segundo lugar y no menos importante, el aumento del nivel del mar afecta al aumento del nivel del agua del río Guadalquivir en la ciudad de Sevilla.

¿Qué podemos hacer para minimizar los posibles efectos de estos dos fenómenos (lluvias torrenciales y aumento del nivel del Guadalquivir) sobre la ciudad de Sevilla (y sus alrededores, no nos olvidemos)?

Parece evidente que requieren controlar el nivel del Guadalquivir y requieren que realicen los llamados “tanques de tormentas”. Por supuesto y dada la existencia de la Corta del Guadalquivir, sería fundamental mejorar y ampliar las defensas de la ciudad (y de otras aledañas). No sabría decir cómo pero hay expertos que son seguros que si lo saben. Habría que preguntar a ellos.

Como conclusión me parece obvio que tardaría en tomar el asunto serio y empezar cuanto antes a razonar sobre las medidas que van a ser necesarias y, como consecuencia irán a tomar las medidas más urgentes.

Puntualizaciones sobre el hidrógeno

Queridos amigos, ante las opiniones dispares que leo en las redes sobre el hidrógeno me he permitido recabar alguna información que pongo a disposición de todos.

Pero antes unos comentarios previos.

Eso de que el hidrógeno es el elemento más abundante del universo está bien pero lo cierto es que siempre está ligado a otro elemento, oxígeno en el agua, carbón en el metano y en otros hidrocarburos y en los carbohidratos, etc. Así pues lo primero que hay que saber es que para disponer de hidrógeno hay que realizar un proceso químico para separarlo de los otros elementos con los que se encuentra formando una determinada molécula. Unas veces eso es fácil y otras menos y, en todos los casos, se necesita energía para conseguirlo y siempre el otro componente quedará libre.

Producir hidrógeno a partir del agua es estupendo puesto que el “residuo” es oxígeno y eso siempre viene bien. Una forma evidente de hacerlo es utilizando electricidad procedente de energías renovables con todos los beneficios que eso comporta. Al día de hoy eso tiene mucho sentido incluso económico toda vez que los módulos fotovoltaicos son sumamente baratos y la electricidad generada se puede aplicar directamente al electrolizador ya que los módulos fotovoltaicos generan la electricidad en corriente continua, como la necesita el electrolizador.

A día de hoy producir hidrógeno es un buen negocio y muchas empresas se dedican a ello con éxito. Estoy convencido de que cara al futuro será mejor aún. Sobre todo en el ámbito energético porque es una forma de almacenamiento muy buena y esa es una de las claves para el futuro.

La industria del hidrógeno es muy importante con 55 millones de toneladas de generación al año que se emplean sobre todo en la industria química. Por cierto que España es el tercer país productor de hidrógeno del mundo. Justo después de Estados Unidos y Korea.

  • De esas 55 Mt el 96 % se obtiene a partir de combustibles fósiles, sobre todo del gas natural (48 %). Solo el 4 % se obtiene por electrolisis del agua.
  • En la obtención a partir de combustibles fósiles el residuo termina siendo dióxido de carbono por lo que contribuye al aumento de gases de efecto invernadero de la atmósfera.
  • Si el futuro energético pasa por utilizar el hidrógeno como vector y almacenamiento energético hay que estudiar la forma de obtenerlo. Es evidente que –como hemos dicho antes- lo mejor sería la electrolisis del agua y, mejor aún, si la electricidad necesaria se obtiene a partir de energías renovables.
  • Pero la realidad actual es la que es. Para los que se escandalizan de todo, un dato aproximado que he calculado hoy mismo: las cantidades de CO2 del sistema de obtención de hidrógeno actual, insisto en que para utilización en la industria química es del orden de 290 Mt que, en relación con las emisiones del sistema energético total (34,1 Gt) significa solo un 0,8 %.
  • Aun en el caso de que una parte importante del sector del hidrógeno se obtuviera a partir de combustibles fósiles vemos que la influencia sobre el cambio climático no sería demasiado importante.
  • Es evidente que si pretendemos que el sector de automóviles mundial se alimente energéticamente de hidrógeno habrá que tener presente que no todo el hidrógeno necesario va a ser absolutamente limpio, es decir, conseguido por electrolisis del agua empleando energías renovables como fuente principal de electricidad.
  • En el caso de que todos los automóviles del mundo se alimentaran con hidrógeno obtenido a partir de combustibles fósiles su repercusión en las emisiones sería de 62 gCO2/km frente a 78 gCO2/km de los vehículos eléctricos con baterías y a 141 y 158 gCO2/km de los vehículos de combustión interna de gasolina y de gasóleo, respectivamente. Los primeros datos provienen de la Comisión Europea y los de la gasolina y el gasóleo del IDAE suponiéndoles un consumo de 6 litros/100 km

Mi intuición me dice que los grandes productores de hidrógeno van a seguir empeñados en obtenerlo a partir del gas natural, de otros hidrocarburos y del carbón. Siendo así el problema es eliminar el CO2 que, inevitablemente, y más pronto o más tarde, se va a producir. Ya se ve que en cantidades menores que quemando directamente esos combustibles fósiles.

Conclusión final de estos breves comentarios sobre el hidrógeno como motor de los vehículos de transporte es que sería estupendo que una parte significativa de la movilidad se consiguiera a partir del hidrógeno. Porque, a pesar de todo e independientemente de la forma de obtenerlo supondría una disminución importante de las emisiones de CO2.

Para mí, es obvio que el ideal en cuanto a la movilidad es el empleo de vehículos eléctricos –no solo coches- alimentados con hidrógeno obtenido por electrolisis del agua empleando electricidad de origen renovable. Y eso no tiene porqué ser extraño si pensamos en electrolizadores distribuidos de pequeño y mediano tamaño instalados en nuestras casa y en el sector servicios, alimentados por electricidad renovable (fotovoltaica sobre todo). En ese caso las emisiones serían nulas.

Ya no se puede esperar más

 

Los seres humanos actuales no podemos esperar más tiempo sin tomar una decisión drástica en defensa de la especie humana y de otros seres vivos. El conjunto de la humanidad no puede consentir que los intereses de unos cuantos por poderosos que sean pongan en riesgo el futuro de la especie. Algo hay que hacer. No sé qué pero siempre he pensado que el primer paso imprescindible es que la mayoría de los seres humanos sean conscientes del problema.

Aunque lo he intentado muchas veces tengo la impresión de que no consigo explicarlo suficientemente bien. Lo intentaré una vez más.

El clima es consecuencia de los intercambios energéticos entre el Sol, la Tierra y el universo. Por supuesto el cambio climático no es otra cosa que una modificación de esos intercambios.

El Sol nos hace llegar radiación de onda corta (entre 0,2 y 3 micras aproximadamente) en cantidades del orden de 1367 W/m2. La Tierra emite radiación de onda larga (infrarroja) hacia el exterior. La atmósfera hace de filtro selectivo; es decir deja pasar parte de la radiación de onda corta y de onda larga en función de los componentes atmosféricos de cada momento. Esa selectividad da lugar a lo que llamamos efecto invernadero y el resultado es que el equilibrio en temperatura de la Tierra sea variable pero siempre en el entorno de 15 ºC; por ahora esa modificación ha sido de 1 ºC en el pasado siglo XX. Si no hubiera efecto invernadero porque no hubiera atmósfera la temperatura de la Tierra sería del orden de 18 ºC bajo cero.

Pues bien, a lo largo de los últimos 800000 años la composición de la atmósfera se ha mantenido aproximadamente constante (entre 200 y 300 ppm (partes por millón en volumen)) y, por tanto, la temperatura de equilibrio también se ha mantenido más o menos constante.

¿Cuál es el problema? Sencillo. A partir de la era industrial (año 1750) los seres humanos hemos vertido a la atmósfera determinados gases (CO2 sobre todo) en tan grandes cantidades que se ha modificado la composición de la atmósfera de tal manera que la alteración del efecto invernadero ha alejado demasiado el equilibrio que la naturaleza mantenía. En concreto y simplificando mucho, antes de 1750 el contenido de CO2 de la atmósfera era de 280 ppm (partes por millón en volumen) y ahora (2019) es del orden de 410 ppm. Los demás gases de efecto invernadero (GEI) también han aumentado pero su participación en el efecto invernadero no es demasiado importante comparado con la correspondiente al CO2.

Así pues, y digan lo que digan unos y otros el problema principal es el exceso de quema de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) desde hace más de 250 años.

Cuestión aparte es que ahora hay quienes se fijan en las emisiones de los otros gases de efecto invernadero (metano, óxidos de nitrógeno, etc.) y, en efecto, está bien controlar esas emisiones pero la desproporción es tan grande entre las 3200 Gt de dióxido de carbono que existen actualmente en la atmósfera consecuencia de las emisiones del pasado y las de los otros gases (1852 ppmm de metano y 330 ppmm de N2O) que evaluadas en CO2 equivalente resultan 447 Gt equivalentes en CO2 entre los dos que no tiene sentido tanta insistencia en las emisiones de los demás gases diferentes del CO2 frente al problema fundamental de no emitir más CO2 y tratar de absorber todo el que se pueda; circunstancia esa que solo pueden hacer de manera efectiva las plantas. Repito, 447 (12,3 %) frente a 3200 (87,7 %). Eso es lo que hay y ese es el verdadero problema; no lo que se emite cada día, sino lo que ya hay acumulado y, lo peor, lo que se sigue acumulando día a día sin ponerle freno.

Hay que dejarse ya de tantas zarandajas y poner las cosas en su sitio. Hay que dejar de quemar combustibles fósiles y plantar más árboles. Todo lo demás es confundir a todo el mundo y distraer la atención de lo fundamental. La inconsciencia e incapacidad de unos (gobernantes) y la avaricia de otros (fabricantes de vehículos de combustión interna y productores de electricidad a partir de carbón y gas natural) está llevando a los seres vivos del planeta a un “callejón sin salida”.

Por otro lado está el papel del principal gas de efecto invernadero que no es otro que el vapor de agua. Su presencia en la atmósfera tiene aspectos positivos y negativos pero sobre la base de que –por ahora- la cantidad que hay en la atmósfera es la que ha habido siempre y es la propia naturaleza (lluvia y evaporación) quien lo controla.

Por dejarlo claro, las cantidades de gases de efecto invernadero actualmente existentes en la atmósfera (3647 GtCO2) son la causa inmediata del cambio climático. Las que se añaden cada año son de otro orden de magnitud (16,4 GtCO2/año de CO2 y de entre 5 y 10 ppmm de metano equivalentes a 1 a 2 GtCO2 equivalentes); es decir, en total no más allá de 18 GtCO2; eso sí aumentando cada año ante la inacción de los seres humanos.

Y otra conclusión también elemental: la naturaleza equilibra sobradamente las emisiones naturales aunque en algún año puedan ser superiores a las de otros, tanto las emisiones como las absorciones. De hecho, en los últimos años las absorciones de CO2 de la vegetación y de los océanos fueron del orden de 20 GtCO2 frente a las emisiones del uso de los suelos del orden de 5,5 GtCO2. Todo lo anterior es referido al dióxido de carbono; cuestión aparte es el metano y el óxido de nitrógeno aunque no cambia lo esencial. Es evidente que la naturaleza lo que no puede contrarrestar son las emisiones procedentes de la quema de combustibles fósiles del orden de 35 GtCO2 cada año.

Así pues si queremos frenar las consecuencias catastróficas del cambio climático no hay otra medida verdaderamente efectiva que dejar de quemar combustibles fósiles. Lo peor es que aunque empecemos ahora y con todo el énfasis posible (dejar de quemar totalmente combustibles fósiles desde mañana mismo) y plantar árboles hasta recuperar los que había en la prehistoria (el doble de los actuales), el proceso seguirá porque el CO2 permanece en la atmósfera del orden de 200 años.

Siento ser tan rotundo pero eso es lo que me dice la información de que dispongo procedente de organismos internacionales de alta fiabilidad (IPCC, NOAA, GCP, CDIAC, etc.).

Termino deseando que el 2020 que acaba de empezar suponga un principio verdaderamente eficaz en la mitigación del cambio climático.    

ANTE LOS FRACASOS DE LAS CUMBRES MUNDIALES DEL CLIMA

Una vez constatado que las reuniones mundiales del clima no sirven para nada verdaderamente efectivo, al menos yo, como ser humano individual quiero hacer unas observaciones, aunque solo sirvan para dejar mi conciencia tranquila de que he dicho lo que pienso. Es cierto que lo vengo haciendo desde hace muchos años (más de 40), pero este momento me parece especial por mi edad (76 años) y por mi situación profesional de profesor jubilado de energía.

Vamos allá:

  1. El cambio climático es un hecho que no se puede ocultar por más tiempo. Se concreta en el aumento global de la temperatura media del planeta en aproximadamente 1 ºC; aunque en sitios concretos sea mayor y en otros menor. Es un hecho constatado y medido por muchas instituciones nacionales e internacionales.
  2. El nivel del mar ha subido del orden de 20 cm. Hecho también medido y comprobado por las mismas organizaciones que lo han hecho con la temperatura.
  3. Incremento de otros fenómenos (sequias, inundaciones, fusión de los hielos, etc.)
  4. La causa principal es bien conocida: el aumento de los gases llamados GEI (gases de efecto invernadero) que los seres humanos venimos lanzando sistemáticamente a la atmósfera. La curva que acompaño, llamada de Keeling en honor del científico que empezó a medir en la Antártida y en Mauna Loa (Hawai) ilustra sobradamente como la cantidad del principal de esos gases, el dióxido de carbono (CO2) no para de crecer año tras año y día tras día.

Los dientes de sierra Los “dientes de sierra” de la curva en rojo da una pista de algo que podríamos hacer todos los seres humanos. La parte descendente se corresponde con la absorción de ese gas por parte de las plantas al aprovecharlo para la fotosíntesis que es la fuente de la vida en el planeta. Es obvio, por tanto, que si plantamos más árboles podremos absorber más CO2 aunque frente al aumento que producen las emisiones de las centrales térmicas de carbón y gas natural y los tubos de escape de los vehículos de combustión interna no es suficiente.

Lo que importa destacar es la tendencia (línea negra) del valor medio de las cantidades que persisten en la atmósfera. Lamentablemente esa tendencia de aumento no solo no se modifica a la baja sino que sigue aumentando. A pesar de todas las cumbres de cambio climático que han sido en todo el mundo.

Ese es el origen principal del problema y mientras eso no se cambie realmente no hay solución.

  1. ¿Qué podemos hacer los seres humanos normales, como yo y como todos los demás?

Es claro. Actuar en defensa propia y obligar a los que no acaban de actuar para que esa curva deje de crecer.

  1. ¿Cómo habría que hacerlo?

En primer lugar tomando conciencia de nuestra capacidad individual para obligar a los desaprensivos que no actúan.

Daré algunas sugerencias por si alguien quiere seguirlas:

  1. No consumir electricidad que haya sido producida con combustibles fósiles. En España eso ya es posible porque hay empresas comercializadoras que solo venden electricidad producida con energías renovables que no generan gases de efecto invernadero.
  2. Generar toda o parte de la electricidad de nuestras casas y negocios con energías renovables. En España eso ya es posible en todo o en parte.
  3. En cuanto a los combustibles de uso directo (gasolina, gasóleo, butano, propano, gas natural) disminuir su consumo al máximo. Se que no es fácil dado el sistema que tenemos. Pero siempre se puede hacer algo: utilizar coches de bajas o nulas emisiones frente a los de altas emisiones; calentar el agua con instalaciones solares térmicas, utilizar biomasa en la calefacción en vez de gasóleo o gas natural; acondicionar bioclimáticamente nuestros edificios. Y otras medidas que a todos se nos ocurren si pensamos en no emitir gases de efecto invernadero.
  1. Colectivamente es más complicado pero siempre se puede hacer algo. Veamos:
    1. La mayor parte de los GEI actualmente presentes en la atmósfera han sido emitidos desde hace más de 200 años por los países más industrializados siendo el campeón en esa tarea Estados Unidos. Lo peor es que siguen siendo los que más emiten. La única medida que podemos tomar a nivel individual es dejar de comprar productos provenientes de esos países. Dejándoles claro siempre que sea posible la razón por la cual no les compramos.
    2. En estos tiempos hay países emergentes que se han constituido en los principales emisores de GEI. China y la India sobre todo y aunque se puede entender que quieran mejorar su competitividad cuando otros lo han hecho antes, hay que exigirles que cambien sus economías a situaciones menos contaminantes. Máxime cuando ya existen tecnologías capaces de sustituir a las actuales mayoritarias. En concreto, China es el país del mundo con mayor cantidad de energías renovables y la India va siguiendo sus pasos. Evidentemente la medida que podemos tomar cada uno de nosotros es la misma de antes: dejar de comprar sus productos. Se que no es fácil por la invasión comercial que sufrimos, sobre todo de China. Pero tenemos que defender el futuro de todos los seres vivos del planeta, incluido el nuestro y el de nuestros descendientes.
    3. Obligar a nuestros gobiernos a tomar medidas verdaderamente eficaces. En España, cerrar urgentemente las centrales térmicas de carbón y de gas natural y facilitar las instalaciones de energías renovables y la sustitución de vehículos de combustión interna por vehículos eléctricos.
  2. Por supuesto, con todo eso, caso de que los hiciéramos todos o muchos seres humanos, no vamos a parar el proceso, solo lo frenaríamos cambiando la tendencia de la curva de Keeling. Pero algo hay que hacer, no podemos cruzarnos de brazos ante este problema tan grave para todos.

A propósito de los movimientos “populares” contra el cambio climático

Carta abierta a cualquiera de estos jóvenes que se están manifestando estos días

Veréis, en mi juventud participé muy activamente en determinados movimientos juveniles –y menos juveniles- contra una dictadura que teníamos entonces en nuestro país. Con eso quiero decirte que me gusta mucho lo que estáis haciendo y me “caen” muy bien los adolescentes y jóvenes que se están manifestando a propósito de que hay que ponerle solución a este disparate del cambio climático.

Lo que pasa es que ya soy mayor y nunca me gustó hacerme trampas en el solitario. Resulta que los datos fiables son tozudos y me llevan irremediablemente a una conclusión simple: no es realista pensar que se pueda frenar o mitigar el cambio climático a corto plazo (el CO2 permanece en la atmósfera del orden de 200 años, y son dos siglos más o menos los que se llevan emitiendo estos gases). Desde luego, que el asunto requiere soluciones drásticas, pero sin perder la visión general con datos razonablemente fiables.

Creo sinceramente que lo único positivo que se puede hacer a corto plazo es preocuparse intensamente por la adaptación en todos los sentidos; sobre todo en nuestro país que será más afectado que otros y que, a pesar de todo, la influencia de las emisiones españolas no es muy significativa (un 0,73 %). Sin dejar de lado por eso la presión social y la contestación como la que se está produciendo que aplaudo por supuesto pero siendo conscientes de la realidad. Nos guste o no.

Es lamentable, triste y muy poco romántico pero así es. Voy a explicarme con los números que es cómo mejor puedo y debo hacerlo.

Empecemos por lo fundamental siendo conscientes de que el asunto es muy complejo y no es simple explicarlo en unas cuantas líneas.

Lo más importante es saber qué cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) hay en la atmósfera y cómo han llegado allí.

 Cantidad de GEI en la Atmósfera.

Según los datos que aportan la gran cantidad de organizaciones de prestigio que se ocupan del asunto (IPCC, NOAA, GCP, varias universidades de todo el mundo, etc.) parece ser que hay más de 3200 Gt de CO2 (el más importante de todos los Gases de Efecto Invernadero) = 410 ppm (partes por millón), 1852 ppmm (partes por mil millones) de NH4 (el que le sigue en importancia), 330 ppmm de N2O, y otras cantidades inferiores de otros gases.

Nunca en la historia de la Tierra (por ahora conocida) hubo en la atmósfera estas cantidades de GEI, que más que duplican las que se mantenían en siglos y milenios pasados. En esta gráfica se muestra la evolución desde la Edad del Hielo (185 ppm).

Esas cantidades modifican fuertemente la composición natural de la atmósfera y esos gases son los responsables de la modificación del efecto invernadero, origen del cambio climático que está ocurriendo en el planeta Tierra en el que vivimos los seres humanos y otros muchos seres vivos.

Figura 1. Evolución de los principales gases de efecto invernadero en la atmósfera. En la gráfica las concentraciones de esos gases se dan en ppm (partes por millón en volumen) para el CO2, en ppb (partes por mil millones) en el NH4 y el N2O que tienen su traducción a Gt de CO2 equivalente. Las escalas ocultan la verdadera proporción; en el eje de la derecha (líneas naranja y roja) son partes por mil millones mientras que en la de la izquierda (verde) son partes por millón.

Pues bien, esos gases han sido emitidos mayoritariamente a la atmósfera desde hace más de 200 años (era industrial) por los habitantes de muchos países, aunque por unos más que por otros.

En concreto, Estados Unidos es el campeón indiscutible, seguido del Reino Unido, la Unión Europea (Alemania, Francia, etc.) Rusia, India, Japón, Canadá, China, etc. Esto conviene no olvidarlo porque ahora solo se escribe y se habla de las emisiones de los últimos años en los que el orden por países es diferente y se pretende criminalizar a países (China e India) que quieren salir de sus respectivas situaciones de atraso económico para lo cual necesitan energía y, cómo es lógico, no se privan de buscar las fuentes que les resultan más adecuadas para sus fines.

Es obvio que si tienen carbón (principal fuente de dióxido de carbono cuando se quema) echan mano de él y dicen, con razón, que antes lo han hecho otros. Que sería bueno que estos países –y todos- disminuyeran sus emisiones, por supuesto y, de hecho, China es el campeón mundial en energías renovables pero no por eso dejan de generar electricidad con carbón y siguen aumentando el número de vehículos de combustión interna; al mismo tiempo que encabezan la fabricación mundial de vehículos eléctricos, solución en parte del problema.

Cómo han llegado los GEI a la Atmósfera

¿Cómo se producen esos GEI y en qué cantidades? Ahora muestro los datos de las emisiones anuales y su origen. Son los datos más fiables del momento actual procedentes de CDIAC (Carbon Dioxide Information Analisys Center, del Departamento de Energía de Estados Unidos) (gráfica 2 relativa al CO2).

Figura 2. Esquema de los intercambios de dióxido de carbono entre la tierra, los océanos y la atmósfera terrestre.  

La gráfica muestra de dónde proceden, las cantidades, la absorción por los sumideros (mar y vegetación). De ahí se puede conocer la cantidad global anual que sube definitivamente a la atmósfera. Expliquemos un poco los datos:

  • Emisiones de la quema de los combustibles fósiles y la fabricación de cemento, 34,1 GtCO2 = 4,38 ppm/año
  • Emisiones por cambios de uso del suelo (deforestación, incendios, etc.), 3,5 GtCO2 = 0,45 ppm/año
  • Absorciones por los sumideros, 21,2 GtCO2= 2,73 ppm/año:
    • Los suelos (fotosíntesis sobre todo), 11,5 GtCO2 = 1,48 ppm/año
    • Océanos y mares, 9,7 GtCO2 = 1,25 ppm/año

Cantidad que se queda en la atmósfera, 16,4 GtCO2 = 2,1 ppm (partes por millón en volumen)/año.

En porcentajes, del total de las emisiones, el 82 % procede de la quema de combustibles fósiles en centrales eléctricas de carbón y de gas natural, así como en vehículos de combustión interna.

Volviendo al total de las emisiones, 37,6 GtCO2 menos lo absorbido en los sumideros, 21,2 GtCO2, es lo que se queda en la atmósfera, 16,4 GtCO2 que es lo que aumenta año a año el contenido de CO2 a efectos del cambio climático; eso es lo que realmente importa. A la atmósfera sube un 45 % del 100 % emitido, el resto (55 %) lo absorben la tierra y el mar.

Como dato que conviene recordar, las emisiones “naturales” de los suelos, 3,5 GtCO2/año  queda sobradamente compensado por las absorciones de los propios suelos (sobre todo la vegetación) y los océanos, en total 21,2 GtCO2. Lo verdaderamente importante son los 34,1 GtCO2 que producen los combustibles fósiles al quemarse.

De este resultado hay que retener que tanto la vegetación como los mares tienen bastante capacidad de mitigación por lo que hay una conclusión parcial evidente: hay que plantar muchos árboles. De hecho, si cada ser humano plantara un árbol cada año se podrían absorber del orden de 300 MtCO2/año sobre lo que ya absorben los que existen actualmente.

El segundo GEI en importancia, el Metano (CH4):

Algunas fuentes informativas presentan al metano como fundamental para combatir el cambio climático y, sin duda, es importante; aunque no tanto como se dice. Por dos razones:

  • Es el segundo gas en importancia, con un 6,4 % consecuencia de la cantidad que hay en la atmósfera (360 Gt de CO2 equivalente) después del dióxido de carbono.
  • Su efecto no es muy importante pero el tiempo de permanencia en la atmósfera es muy inferior al del CO2 por lo que si se deja de emitir puede reducirse su participación. Por otro lado es un gas que se elimina por reacciones químicas con otros componentes.

Figura 3. Balance del metano. Fuente: Global Carbono Project y Fundation BNP

En la figura se esquematizan los intercambios de metano con la atmósfera:

  • Emisiones, 558 MtCH4 procedentes de distintas fuentes (humedales, agricultura y residuos, extracción y manejos de combustibles fósiles y otras fuentes naturales). En GtCO2 equivalentes, 13,95 cada año.
  • Absorciones, 548 MtCH4, equivalentes a 13,7 GtCO2 al año
  • Neto a la atmósfera, 10 MtCH4 equivalentes a 250 MtCO2 = 0,25 GtCO2 = 0,032 ppm.

Hay que hacer especial mención en este caso que el metano sufre determinadas reacciones químicas en la propia atmósfera con lo cual el metano libre que queda es tan poco como lo citado. Es evidente que las 10 MtCH4 son muy poco significativas frente a los 16,4 GtCO2 que hemos referenciado antes (con la misma fuente de datos) para el CO2.

Conclusion

En resumen y, simplificando mucho porque el tema es muy complejo, la modificación del efecto invernadero de la atmósfera es consecuencia en un alto porcentaje del dióxido de carbono acumulado en estos últimos 200 años y en el que se sigue acumulando año tras año y día tras día sin que los seres humanos le pongamos freno de manera efectiva que no es otra que dejando de quemar combustibles fósiles.

Figura 4. Subvenciones a las energías convencionales (combustibles fósiles) (año 2017)

Para ponerle solución al problema habría que empezar por suprimir las subvenciones que todavía se dan a los combustibles fósiles en muchos países del mundo, en unos más y en otros menos pero en casi todos. En la figura aparecen señalados y los que están en blanco es porque no hay datos o no quieren darlos.

Pero la decisión que iniciaría un proceso de mitigación eficaz sería la prohibición paulatina o definitiva de la quema de combustibles fósiles, tanto en las centrales termoeléctricas y en calderas de todo tipo como en vehículos de combustión interna.

Es evidente que eso no va a ocurrir “de la noche a la mañana”. No será fácil sustituir los 3773 Mtep de carbón, los 4477 Mtep de petróleo o los 3163 Mtep de gas natural. Las energías renovables solo llegaron en el año 2017 a 1932 Mtep (14,5 % del total).

Pero también es evidente que en algún momento y “alguien” tiene que empezar a exigirlo porque nos va el futuro en ello.

Sería la única manera de frenar la continua tendencia de aumento de gases de efecto invernadero como muestra la célebre curva de Keeling que reproduzco en la figura 5. Cambiar la pendiente de esa curva es lo fundamental.

Todo lo demás “suena” a maniobras de distracción de lo fundamental: cerrar las centrales de carbón y de gas natural y reducir drásticamente los vehículos de combustión interna

También tengo claro que hay otras actividades de los seres humanos que afectan al cambio climático pero los datos nos dicen que son de menor importancia que las citadas. Y que habría que dedicarle esfuerzo por parte de todos los seres humanos a resolver los problemas de violencia, de injusticias, de guerras, y de otras muchas causas de infelicidad para muchos seres humanos.

Valeriano Ruiz Hernández

 

El Sr. Sánchez Galán, premio nacional de Innovación por su aportación a las energías renovables

Hace unos días salió en casi toda la prensa nacional esta noticia que me ha dejado “turulato”.

Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, recibe el Premio de Innovación.

Pero lo que me incita a comentar esa noticia es un comentario que hace uno de esos periódicos:

“Asimismo, (el jurado) ha valorado la capacidad del empresario “para liderar la transición energética en España, siendo pionero en la implementación de energías renovables y sabiendo posicionar la industria eléctrica española entre las más competitivas y punteras del mundo”.

Como contestación a esa afirmación transcribo un escrito que hice allá por el año 2013 a propósito de una sentencia en la que se condenaba a Iberdrola a pagar las costas de un juicio consecuencia de una demanda que nos pusieron al Secretario General y a mí mismo como Presidente de Protermosolar y que, lógicamente, perdieron. También adjunto un recorte de prensa de aquellos tiempos que deja claro hasta qué punto el Sr. Sánchez Galán era “pionero en la implementación de energías renovables”.

Comentario adicional mío: las grandes empresas de la energía (eléctricas y de combustibles) nunca se han interesado por las energías renovables; más bien han actuado en su contra siempre que han podido, a las claras o influyendo en el gobierno respectivo para que las frenara. El que ahora a este señor lo pongan como adalid causa auténtico bochorno y estupefacción. No se quienes han estado en el jurado pero me gustaría saberlo para entenderlo.

Eso es lo que hay en nuestro país.

Lo dicho. Lo que sigue lo escribí el año 2013 en plena euforia porque el gobierno del PP legislaba activamente en contra de las renovables.

LA JUSTICIA DESESTIMA LA DEMANDA DE IBERDROLA CONTRA PROTERMOSOLAR

Por Valeriano Ruiz Hernández, Catedrático de Termodinámica de la Universidad de Sevilla

Supongo a muchas personas informadas –gracias sobre todo al alarde informativo que ha hecho Iberdrola a través de su presidente- de la inquina que esta gran empresa eléctrica tiene a la termosolar. Nuestra versión de las razones la hemos dado ya varias veces pero, en definitiva, los hechos son claros: una ofensiva desproporcionada e injustificada contra unas tecnologías en las que España, con mucho esfuerzo de muchas personas e instituciones durante mucho tiempo, ha logrado el liderazgo mundial.

El sector no ha contestado con la contundencia que correspondía a esos ataques y el mensaje de esos “enemigos” ha calado en la opinión pública y, sobre todo, en el Gobierno, dando lugar a los grandes perjuicios que el Ejecutivo está infligiendo a las empresas termosolares. En el caso concreto de Iberdrola, el asunto ha tenido algunas repercusiones concretas: esta empresa fue expulsada de la asociación en una votación de su junta directiva sin ningún voto en contra y, probablemente como respuesta, Protermosolar fue demandada en los tribunales “para la protección al derecho fundamental al honor habida cuenta de las declaraciones que dice vertidas por la entidad demandada (Protermosolar)” (textual de la sentencia correspondiente). El resultado de dicha demanda ha sido la desestimación por parte del juzgado de instrucción nº 1 de Bilbao, cuya titular ha dictado el siguiente fallo:

“DESESTIMAR la demanda formulada por el procurador (…) en nombre y representación de IBERDROLA contra ASOCIACION ESPAÑOLA PARA LA PROMOCION DE LA INDUSTRIA TERMOSOLAR con imposición de costas a la demandante”.

El pretexto para la demanda fue una rueda de prensa que dimos en Madrid el secretario general y yo mismo, como presidente de la asociación que era por entonces. Como se recoge en la sentencia, en ningún momento de la rueda de prensa se atentó contra el honor de nadie, salvo que se entienda como tal el defenderse de los ataques sistemáticos del presidente de Iberdrola y, desde luego, hicimos uso de nuestra libertad de expresión.

Bueno, pues todo claro y rotundo. Pero el asunto me da el pretexto para glosar el tema. Máxime cuando, según la sentencia, yo soy “un profesor de termodinámica” que acompañaba al secretario general de Protermosolar en la rueda de prensa que da origen a la demanda y no se hace referencia a que, en aquel momento, era el presidente de la asociación y en nombre de tal intervine en ella y no como profesor de termodinámica. Por otro lado, y dado que ya no soy presidente de la asociación,  tengo mayor libertad de expresar mis opiniones personales sin comprometer al sector, ya de por sí bastante castigado sin mi intervención.

Me parece un momento adecuado para intentar dejar claro lo fundamental.

Las centrales termosolares son una consecuencia de un proceso de investigación que se inició allá por el 1977 en todo el mundo, con un destacado papel de nuestro país en lo que ahora es la Plataforma Solar de Almería. Después de conseguir demostrar experimentalmente la idoneidad de estas tecnologías para la obtención de electricidad a partir de la radiación solar –allá por el 1983- todo han sido dificultades injustificadas, guiadas por la ignorancia y la falta de visión de futuro de los gobiernos y de las grandes empresas. Cuando al fin se produce el despegue en España (Febrero de 2007, con la PS 10) como consecuencia de que se despejan todas las pegas (ya las he explicado otras veces, alguna rocambolesca en el Congreso de los Diputados y de la mano de una diputada del PP), se inicia un camino de extraordinario éxito para nuestras empresas del sector, que han demostrado su capacidad tecnológica y la decisión de sus dirigentes de asumir los riesgos que iniciativas de este tipo comportan.

Me parece necesario dejar en evidencia –una vez más- que este despegue se produce a partir de la ley 54/97, que consolida el llamado régimen especial, donde se encuentran incluidas las tecnologías renovables  y la cogeneración. Fue el primer gobierno del PP el que se apuntó un buen tanto político (al que dicho partido parece haber renunciado),  aunque éste ha quedado muy empañado por otros aspectos de aquella ley, que son los que han dado lugar al disparate que ahora mismo es el sistema eléctrico español y, en particular, al llamado déficit de tarifa. Me refiero –muchos ya lo han adivinado- al procedimiento de valoración de la electricidad que se vende en el sistema a los 27 millones de “clientes”, el llamado “pool”, que permite que el kWh de las grandes centrales hidroeléctricas superamortizadas y utilizando un agua que es de todos se pague a veinte veces más de lo que cuesta producirlo. Algo parecido ocurre con las nucleares. Dan lugar a los llamados “windfall profit” (beneficios caídos del cielo), que supusieron, sólo entre 2006 y 2010, 18739 millones de euros que recibieron de más las grandes empresas eléctricas[1].

Lo explica muy bien la CNE (Comisión Nacional de la Energía) en su “Informe complementario a la propuesta de revisión de la tarifa eléctrica a partir del 1 de julio de 2008”:

“PRECIOS Y COSTES DE LA GENERACIÓN DE ELECTRICIDAD

“La principal responsabilidad de esta brecha entre precios y costes del mix energético recae en la generación de las centrales nucleares e hidroeléctricas cuyos costes son ajenos a los precios de los combustibles fósiles y a los costes de las emisiones de CO2 y que se benefician, sin embargo, de los altos precios de los mercados que sólo alcanzan a revelar los costes marginales térmicos (Fuel-Oil, Gas Natural y Carbón.””

Pues bien, ese procedimiento sigue vigente y es el auténtico origen del llamado “déficit de tarifa”, que la mala legislación posterior sólo ha hecho aumentar,  achacando todo él a las primas a las energías renovables que, por cierto, también fueron establecidas y santificadas por gobiernos del PP (RD 2818/98, RD 436/04) y que los gobiernos intermedios del PSOE no supieron, no pudieron o no quisieron modificar; más bien, acentuaron el disparate (RD 661/07 y sucesivos). Lo que a mí me parece inadmisible es que gobiernos que han puesto en marcha mecanismos de valoración económica de diverso tipo para las tecnologías eléctricas luego cambien la legislación conculcando la seguridad jurídica que debe ser la base de la economía de un país.

Lo mínimo que se les puede pedir es que reconozcan sus errores y rectifiquen cambiando a fondo la ley que dio lugar al desaguisado. Pero ya se ve que eso es muy difícil, por no decir imposible, con los responsables políticos que en los últimos tiempos rigen los destinos de nuestro país. Entre otras cosas, porque luego son recompensados por las empresas dándoles puestos en sus consejos de administración o como asesores bien pagados. Desde luego, el daño ya está hecho y será casi imposible deshacer el entuerto y que las aguas vuelvan a su cauce. Con el freno a las tecnologías renovables, nuestro país perderá el tren de la modernidad tecnológica para una vez que estábamos en el puesto de cabeza. Por más vueltas que le doy al asunto no encuentro solución, aunque espero que los españoles encontremos salida, la cual no puede ser otra que cambiar a los gobernantes y el modelo en el que nos hemos metido, consciente o inconscientemente.

En realidad sí tengo algunas ideas para cambiar la situación, pero parecerían demasiado radicales para expresarlas aquí y ahora.

 

Sevilla, 3 de mayo de 2013

 

Que este señor merece un premio nacional de innovación no lo pongo en duda. El jurado sabrá cuáles son sus méritos.

Pero que digan que se merece el premio con el argumento de ser “pionero en la implementación de energías renovables” no puedo pasarlo por alto sin decir algo. Ahí están sus declaraciones en prensa de aquellos tiempos. No dejaba pasa día ni ocasión para manifestarse en contra.

Por nuestro lado, el de Protermosolar, el mensaje era algo diferente.

[1] Es decir, 3747,8 de media al año. No me parece necesario decir que con esa cantidad, año a año, el gran problema del déficit de tarifa ya estaría resuelto y las renovables podrían seguir su marcha.

 

Frenar el cambio climático: ¿Vacas o coches?

El reducir al 50 por ciento el consumo de combustible en los coches y de energía en las viviendas es 25 veces más eficiente que la reducción, en el mismo porcentaje, de la ingesta de carne y leche.

Hace tiempo que tengo claro el tema del cambio climático y, en particular, lo que hay que hacer para frenarlo.

Para mí –como para otras muchas personas- está claro que el aumento de Gases de Efecto Invernadero (GEI) es el origen del Cambio Climático. También está demostrado que la mayor cantidad de ese incremento de GEI en la atmósfera proviene de la quema de combustibles fósiles en el sistema energético mundial. Por otro lado, las plantas en el suelo terrestre y la capacidad de absorción de los océanos permiten reducir esos GEI.

Es evidente, por tanto, que para frenar el cambio climático hay que reducir drásticamente las combustiones de sustancias con carbono en su composición (combustibles fósiles), aumentar las extensiones de bosques y demás plantas verdes en el suelo terrestre y facilitar la absorción del CO2 en los océanos.

Frente a esto que es tan claro y rotundo, el IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático) ha sacado -a principios de este mes de agosto- un documento “el cambio climático y la Tierra” que está originando una gran confusión dando a entender que en pro de esta causa hay que reducir el consumo de carne de vaca, leche y huevos.

La sorpresa que me han causado tales afirmaciones, me ha llevado a meterme de nuevo en el asunto, y he encontrado tal lío de cifras y tal falta de concreción en ese informe y en los datos que proporciona el IPCC y la FAO, que he tenido que recurrir además a las informaciones que proporciona el Ministerio español de transición ecológica para hacerme una idea clara y contundente a escala nacional.

Atasco carreteraVacas noticia

Teniendo en cuenta la dificultad de abarcar el asunto a nivel mundial, me voy a centrar en España y en los españoles. Me propongo además, para todo aquel que quiera contribuir desde su acción particular, decirles lo que pueden hacer ellos por sí mismos, sin tener en cuenta a nadie, nada más que a su propio criterio.

Eso sí, siendo consciente de que nuestra cuota de responsabilidad (la de los españoles) no es de las más altas ni que lo que hagamos va a resolver el problema global. Pero, por lo menos, creo que es bueno que tengamos una idea de lo que se puede hacer. Pero no a nivel general ni teórico sino con acciones y resultados concretos que contribuyan a frenar el Cambio Climático, para mí el problema más grave que tiene la humanidad.

 Situación en España

Según las estadísticas del Ministerio español de Transición Ecológica las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI en adelante) en España, se reparten, por sectores de la manera siguiente:

  • Energía (transporte y generación de electricidad y calor), 252,413 MtCO2
  • Industria, 27,284 MtCO2
  • Total agricultura, 39,544 MtCO2
    • Fermentación entérica, 17,194 MtCO2
    • Manejo del estiércol, 9,179 MtCO2
    • Manejo del suelo, 12,175 MtCO2
  • Residuos, 13,6 MtCO2
  • TOTAL BRUTO, 332,842 MtCO2
  • Absorciones por uso y cambios de uso del suelo (LULUCF), -37,743 MtCO2
  • TOTAL NETO (bruto menos absorciones), 295,1 MtCO2

De esos datos, es evidente que todo lo que implica transformaciones de energía supone unas emisiones conjuntas muy elevadas (85,5 % de las emisiones netas); si le añadimos las emisiones achacables a la industria, llegamos al 94,7 % de las emisiones netas. Me parece que ese es el resultado más importante de todos y en el que voy a centrar las actuaciones que tendríamos que hacer los españoles si queremos contribuir a la reducción de emisiones.

Un aspecto adicional destacable de los datos anteriores es que la agricultura y la ganadería son responsables solo del 13,4 % de las emisiones netas (con 39,544 MtCO2). El informe del IPCC se centra –a nivel mundial- en ese 13,4 % de las emisiones netas que no son despreciables pero ya veremos que se compensan en este sector primario con las absorciones por los bosques, árboles frutales y demás vegetación.

En efecto, por el lado de las absorciones, las 37,743 MtCO2 que se producen por parte de la vegetación en España (LULUCF en la nomenclatura del IPCC) (12,8 % de las emisiones netas) tampoco podemos despreciarlas y, en sentido positivo, es la otra parte de la acción en la que deberíamos poner más énfasis.

En definitiva, la gran responsabilidad de las emisiones de GEI en España es del sector energético (electricidad y combustibles) y de la industria y la disminución de las mismas se realiza gracias a los bosques y demás vegetación.

La respuesta general a la pregunta qué podemos hacer de ¿qué puedo hacer yo?, es evidente:

  • Disminuir las emisiones del sector energético y de la industria. Todo lo demás es distraer la intención de lo fundamental. En concreto las emisiones por fermentación entérica de los rumiantes solo representan el 5,8 % de las emisiones netas por lo que las actuaciones en esos sectores, aun no siendo despreciables, tienen una capacidad muy reducida de mitigación.
  • Aumentar la cantidad de árboles y de toda la vegetación. “Lo” de plantar un árbol cobra aquí mucho sentido. En concreto, si cada español plantara un árbol reduciremos las emisiones en aproximadamente 1,877 MtCO2 al año cuando alcanzaran su tamaño adulto (10 años). No está mal. Un 6,4 % de las emisiones netas actuales. Valdría la pena.

Como nota curiosa para muchos, en España tenemos del orden de 7000 millones de árboles (IFN3; Inventario Forestal Nacional) y según expertos del INIA (Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria) acumulan al día de hoy 3.310 MtCO2, 10 veces más que las emisiones anuales de toda España. Es un auténtico tesoro ambiental que tenemos los españoles y con poco esfuerzo nos podemos hacer idea del grave problema que suponen los incendios forestales dilapidando ese tesoro.

El informe “El cambio climático y la tierra” del IPCC hace un análisis muy detallado de las interacciones entre las actividades del ser humano y el cambio climático y quiero destacar una frase que me parece especialmente significativa del comunicado de prensa correspondiente: “La tierra es un recurso decisivo, según un informe del IPCC se encuentra sujeta a la presión del ser humano y del cambio climático, pero es parte de la solución”. Yo hubiera empezado diciendo que es el origen del problema, especialmente debido a las actividades humanas al margen de la naturaleza. De hecho coincido sustancialmente con el trasfondo del informe que trata del uso del suelo y destaca que si el sector agrario no destruyera los bosques (incendios intencionados y otras actividades igualmente destructivas) estaría más equilibrado. Tengo un ejemplo claro en las dehesas de mi tierra, Extremadura, que dan lugar a un sistema equilibrado desde todos los puntos de vista.molino2003 018 (1)

Por el contrario es el  sector terciario, (industria, transporte, servicios) el que provoca las distorsiones más importantes. Lo malo es que no se le pone freno a estas actividades, más bien se acentúan.

Aspectos concretos

Si queremos entrar en propuestas concretas de nivel individual es evidente que primero hay que tener claro que un español medio no puede intervenir directamente en todos estos sectores (energía, industria, agricultura) pero si puede hacerlo indirectamente en muchos de ellos. Por eso, una vez conocido lo global voy a entrar ahora en aquella parte de las emisiones de las cuales somos responsables directos, sobre todo en nuestras viviendas y en nuestros vehículos de transporte personal.

Tomando datos del Instituto para Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE) un español medio tiene los siguientes consumos de energía en su hogar:

  • Electricidad: 3487 kWh/año = 3 tep al año.

Total en toda España, 60,188 TWh = 5,159 Mtep; aproximadamente el sector doméstico supone el 20 % de toda la electricidad que se utiliza en España.

Emisiones de GEI de esa electricidad, 15,047 MtCO2 (a razón de 250 gCO2/kWh; dato de REE 2018).

Dado que en España hay 17199630 hogares (IDAE) un hogar medio da lugar a la emisión de 874,4 kgCO2/año por su utilización de la electricidad.

  • Combustibles fósiles, directamente utilizados en el hogar.
    • Carbón, muy poco, 15 ktep. A razón de 4,23 tCO2/tep = 63,425 ktCO2 En realidad el carbón se utiliza mayoritariamente en la generación de electricidad; luego es en ese sector en el que se contabiliza en su mayor parte.
    • GLP (butano y propano), 1032 ktep x 2,72 tCO2/tep = 2807,04 ktCO2
    • Gasóleo, 2216 ktep y 3,06 tCO2/tep = 6780,96 ktCO2
    • Gas natural, 2260 ktep x 2,34 tCO2/tep = 5288,4 ktCO2

Total combustibles, 5523 ktep; emisiones, 14,940 MtCO2/año en el total de España

Por hogar, 868,86 kgCO2/año 

Es curioso que dan prácticamente las mismas cantidades de emisiones el apartado de electricidad y el de combustibles.

Azotea Tambre 2 01

En total, las emisiones de CO2 equivalente por hogar español, son 1743,26 kgCO2 que sumadas a los 996 kgCO2 que emiten sus habitantes (2,7288) al respirar (1 kgCO2 al día) resultan 2739,26 kgCO2 cada año.

El total de los españoles respondemos, por tanto, directamente en nuestros hogares, de 47,114 MtCO2 (16 % de todas las emisiones netas de nuestro país).

Claro que a esto habría que sumar las emisiones correspondientes a la comida y bebida (incluida el agua), a la ropa, a la eliminación de los residuos de todo tipo, al lavado de la ropa y de la vajilla (detergente y agua porque la electricidad y los combustibles ya están contabilizados). Si tengo algo de tiempo voy a ver si soy capaz de calcular alguno de estos componentes.

Veamos ahora el vehículo de transporte personal (automóvil).

Según el IDAE, los 24 millones (24074151 el año 2018 según la DGT) de turismos que hay en circulación en España consumen 5092 kt de gasolina (2,9 tCO2/tep) al año que dan lugar a 14,791 MtCO2 y 23559 kt de gasóleo (3,06  tCO2/tep) originando 72,09 MtCO2 en ese mismo año con lo cual los turismos españoles emiten del orden de 86,882 MtCO2 (29,44 % de las emisiones netas totales). Si contabilizáramos las motos, los autobuses, los trenes, etc. tendríamos una mayor aproximación pero mi objetivo en este modesto artículo se refiere solo a los turismos.

Si divido por el número de españoles (46934632 millones; datos INE de 1 de enero de 2019) resulta que entre el consumo de energía en los hogares y los automóviles personales, los casi 47 millones de españoles somos responsables directos de 134 MtCO2 cada año (45,4 % de las emisiones netas).

En lo concreto, y con esos datos ¿qué puede hacer un español medio para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero?

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Es evidente con los datos anteriores:

  • Los automóviles son responsables de casi un 30 % de las emisiones por lo que está claro que es en ese sector donde hay que poner el mayor énfasis. No es fácil disminuir el número de vehículos (del orden de 24 millones) pero ya se vislumbra (se habla y escribe mucho) del cambio a vehículos eléctricos y no solo coches tal como los entendemos ahora mismo. Yo observo el auge de la bicicleta que me parece la mejor solución en ciudades y también la irrupción de patinetes, bicicletas y motos eléctricos que supondrían una importante solución; sobre todos si se cargan con electricidad procedente de fuentes energéticas renovables.
  • En el ámbito del hogar, ya se ve por los datos anteriores que la electricidad supone un poco más de la mitad de las emisiones debidas al consumo de energía por lo que habría empezar por ahí y también aquí hay una buena expectativa con el fomento del autoconsumo fotovoltaico que podría reducir a la mitad el consumo de electricidad del sistema eléctrico general y, por tanto, las emisiones. Es obvio que el aumento de la eficiencia del consumo ayudaría.
  • Por el lado de los combustibles los datos nos dicen que el gasóleo y el gas natural son los principales responsables de las emisiones y del consumo. Dado que en ambos casos se utilizan mucho para calefacción la solución es sencilla: sustituir esos combustibles por biomasa y, mejor aún, por energía solar térmica de media y baja temperatura en hibridación con biomasa. O por fotovoltaica y bomba de calor reversible.

No me gusta hacer adivinanzas pero sigo siendo optimista y mi intuición me dice que en España iremos por ahí y, en poco tiempo, podremos conseguir una disminución significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero.

La ganadería y la agricultura. (13,4 % de las emisiones netas)

Analicemos ahora la importancia de la agricultura y la ganadería en las emisiones de gases de efecto invernadero. Especialmente la ganadería que es el sector en el que la FAO y el reciente informe del IPCC parece que ponen el énfasis para la reducción de las emisiones.

Comparemos después esas emisiones con las producidas directamente por los seres humanos de las que somos responsables y veamos hasta qué punto dejar de comer carne, leche y huevos puede ayudar a resolver el problema del cambio climático.

Sobre todo me ocupo del ganado rumiante (vacas, ovejas y cabras) que en España, en el año 2016 eran algo más de 25 millones de cabezas en total que emitieron (según el inventario del ministerio de Transición Ecológica) 17,195 MtCO2 el año 2017; es decir que cada cabeza de ganado sin especificar especie es responsable de emitir 0,673 tCO2 al año.

vacas y fotovoltaica

Empecemos por las vacas. Emisión de metano por la llamada fermentación entérica de las vacas, sobre 110 kgCH4/cabeza.año equivalentes a 2310 kg de CO2 equivalente/cabeza.año. Dato también extraído del informe del ministerio ya citado.

En 2017 había 6254485 cabezas de ganado vacuno cuyas emisiones totales serían de 688 kt de CH4 = 14448 ktCO2 =14,448 MtCO2 al año; un 4,9 % de las emisiones netas en España.

Con este resultado ya tenemos un primer indicio de que reducir el número de vacas no va a ser una solución al problema. Solo respirando los españoles emitimos más (somos más seres humanos en España que vacas). En concreto, 17,131 MtCO2.

Veamos ahora en lo concreto la carne y la leche (los huevos los dejo para otra ocasión). Todos los datos están extraídos del “informe de inventario nacional de gases de efecto invernadero” del Ministerio de Transición Ecológica.

Vacas de carne. En el año 2017 se sacrificaron 2376882 de reses que produjeron 637737 toneladas de carne; es decir, cada vaca produce, por término medio, 268,3 kg de carne y emite 2,310 tCO2. Por tanto, cada kg de carne de vaca es responsable de 12,9 kgCO2 si aceptamos que los terneros y terneras se sacrifican cuando tienen entre 1 y 2 años (he puesto en el cálculo 1,5 años).

En España, el consumo, sin embargo, fue de mucho menos, 246377 toneladas (5,6 kg/persona.año). Con el cálculo anterior cada español medio es responsable de 72,3 kgCO2 al año por el hecho de comer carne de ternera. En definitiva, si reducimos al 50 % el consumo de carne de vacuno, reducimos 36,15 kgCO2 por persona y 1,7 MtCO2 la totalidad de los españoles. Retengamos ese dato, suficientemente esclarecedor.

En relación con las vacas tenemos dos tipos de resultados: las emisiones de todo el ganado vacuno que hay en España (14,448 MtCO2) y el correspondiente a la carne que ingerimos los españoles 3,4 MtCO2.

Vamos ahora con la leche.

Vacas lecheras estabuladas en el año 2017, 839729 reses. Esas vacas han producido 1,94 MtCO2 (incluidas en las 14,448 MtCO2 que dimos antes para el conjunto de las vacas españolas). Leche producida, 7117742 toneladas/año

Así pues cada vaca produce en valor medio 8476 kg de leche al año.

Consumo de leche en los hogares, 268423 toneladas/año. Por tanto, la leche que consumimos los españoles es la equivalente a 31668 vacas que han emitido 73 ktCO2. Así pues, cada kg de leche es responsable de 0,273 kgCO2.

Si pensamos que el resto de la leche va a la fabricación de productos lácteos (queso, yogur, etc.) podemos aceptar que todo ese sector es responsable de la emisión de 1,936 MtCO2 (0,65 % de las emisiones netas). No he tenido en cuenta que también se exporta al extranjero una parte importante de la leche de las vacas españolas.

La primera conclusión parcial es que reducir el consumo de leche no va a afectar gran cosa a la reducción de emisiones. Es totalmente irrelevante, se diga lo que se diga. Si como antes admitimos reducir en un 50 % la ingesta de leche y de productos lácteos, evitaríamos la emisión de 0,968 MtCO2 al año.

Otros rumiantes (ovejas y cabras).

Ovejas, en el año 2016, 15962890 cabezas de las cuales 2224465 fueron destinadas a la producción de leche, 546 millones de litros.

Las cabras eran en 2016, 3088040 que dieron 507 millones de litros de leche.

En carne, las ovejas (corderos) produjeron 117054 toneladas de carne y las cabras 9842 toneladas.

Tengo hechos los números correspondientes pero no son importantes y por eso no los pongo para no hacer esto demasiado pesado.

Si sumamos todo, resulta lo siguiente:

Carne y leche, 5,34 MtCO2/año, cantidad incluida en el total de 14,448 MtCO2 que dábamos para el conjunto del ganado vacuno que tenemos en España.

Si reducimos al 50 % el consumo de carne y de leche las emisiones que podríamos evitar serían de 2,668 MtCO2. Habrá quien piense que es mucho pero debemos compararlo con lo que reduciríamos  con las 67 MtCO2 si rebajamos al 50 % el consumo de energía en nuestros hogares y el consumo de combustibles de nuestros coches. El reducir al 50 % el consumo de los coches y en las viviendas es 25 veces más eficiente que reducir en un 50 % la ingesta de carne y leche.

No digamos el CO2 que podríamos absorber si cada español planta un árbol (1,877 MtCO2 cada año a partir del décimo después de plantado).

Quiero terminar dejando claro que me parece muy bien que haya personas que no quieran comer carne, leche y huevos y, por supuesto, los vegetarianos. Creo que son opciones personales dignas del mayor respeto. Pero también me parece necesario aclarar las repercusiones que esas decisiones pueden tener sobre el cambio climático. No quiero entrar en debates de fondo relacionados con el asunto. Solo he pretendido dejar claros algunos detalles en el caso de España.

Dibujo