Sensación de pérdida de democracia

Mis sensaciones en este momento. Pérdida de democracia.

En el día de reflexión de unas nuevas elecciones generales me apetece hacer un repaso crítico a las últimas actividades y situaciones que se están produciendo y en las que me veo involucrado. Sobre todo en relación a la sensación de retroceso democrático que estoy viviendo como consecuencia del control que observo que los grupos económicos ejercen sobre la prensa a la que financian por distintos medios. Ni siquiera en tiempos de Franco en los que tuve sensaciones incluso de riesgo físico por discrepar del régimen estuve tan agobiado como en las circunstancia actuales en las que hasta en los partidos políticos que se dicen democráticos observo un retroceso de la libertad de expresión. Para colmo, la ya célebre crisis tiene una fuerte componente de pérdida democrática por cuanto son las entidades del entorno económico y sus manejos de distinto tipo las que están dando lugar a esta situación que muchos no entendemos bien (¿alguien había oído hablar antes de ahora de “primas de riesgo”, de agencias de calificación (siempre extranjeras) y de otros conceptos que casi nadie entiende?).

 

En lo personal lo que más me preocupa es la pérdida de capacidad de intervención –incluso de opinión- en todo lo que pasa a nuestro alrededor, desde que tu economía personal te puede poner en situaciones de desahucio como consecuencia de la manipulación de los mercados y de los gobiernos (con unos dirigentes sorprendentemente inútiles) hasta que no te publican un artículo en la prensa porque “alguien” (de los que discrepan de tus opiniones en energía, por ejemplo) te ha vetado en ese medio (en casi todos los importantes), pasando porque ya no sabes bien a quien votar en unas elecciones (en eso me salvo, porque yo si lo tengo más o menos claro; pero entiendo que hay muchas personas a las que les pasa).

Y, ¿qué puede hacer una persona como yo ante una situación como esta?

Lo primero, escribirlo, como estoy haciendo en este momento. Lo segundo, difundirlo como voy a hacer enseguida, gracias a la nueva cultura de las llamadas “redes sociales”, en definitiva, gracias a internet. No tengo ni idea de a cuantas personas llegará ni si servirá para algo pero, al menos, me quito de encima (aunque sea momentáneamente) la pesadumbre que me entra cuando tomo conciencia de la situación.

En lo concreto solo voy a referirme a una manifestación de esto a lo que me estoy refiriendo:

Se trata la “guerra” en la que estoy empeñado desde hace mucho tiempo y en la que, cuando me sentía ignorado o se reían de mi,  no pasaba nada; pero, ahora, cuando vemos que nos combaten, entiendo (de acuerdo con Ghandi) que estamos venciendo.

Se trata del ya imprescindible cambio del sistema energético que vengo pidiendo desde hace ya más de treinta años y que se va produciendo muy poco a poco aunque –como pasa con todos los procesos históricos- con una aceleración claramente constante pero baja.  Pues bien, en esta fase del proceso las grandes empresas energéticas, culpables claras de la situación actual, por sus errores de planificación y su avaricia, se “sienten” agredidos solo porque vislumbran que el proceso es imparable; y en eso tienen razón. Lo que es inaceptable en un país democrático como el nuestro es que traten de silenciarnos utilizando su poder económico que han conseguido con el dinero de todos. Habrá que hacer algo para evitar que sigan abusando de su poder y usurpando la soberanía que, de acuerdo con nuestra Constitución, corresponde al conjunto de los ciudadanos. He podido constatar ayer mismo que el poder judicial y una parte importante de la teoría judicial actual no solo no tiene previsto hacer nada para evitarlo sino que es claramente coincidente con estas prácticas. Necesitamos ya un control judicial democrático.

Mi frustración se ha visto recientemente paliada por una periodista que ha sido capaz de contradecir la línea editorial de su medio y ha publicado una tribuna en su periódico con nuestros planteamientos. Por el lado contrario el periodista que representa –a mi juicio- la postura más abyecta de sumisión a esos poderes económicos fácticos “pone el dedo en la llaga”  diciéndonos que conoce nuestros argumentos y que los comparte y que “seguramente los lectores de xxxx agradecen que haya tribunas con vuestros comentarios aunque, a juzgar por las ventas de xxxx, cada vez deben ser menos lectores”. No se puede hacer mejor diagnóstico de la situación actual que denuncio con todas mis capacidades democráticas.

En fin, queridos amigos, que la lucha por la democracia no ha terminó con la muerte de Franco.

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