Sobre la cumbre del clima de Paris, inaugurada el 30 de noviembre de 2015

Me parece un momento adecuado para hacer algunos comentarios a propósito del cambio climático que hace poco era puesto en discusión por algunos “expertos de todo”, incluido el Sr. Presidente del Gobierno actual y su primo (colega mío por cierto en la Universidad de Sevilla).

Supongo que hoy no dirá lo que dijo entonces cuando puso en duda la existencia del cambio climático con palabras que deberían avergonzarle intelectualmente:

“Si nadie garantiza ni qué tiempo hará mañana en Sevilla ¿Cómo van a decir lo que va a pasar dentro de 300 años?”, manifestó el líder del PP en la SER el pasado 22/10/2007

Vayamos al grano. Primero voy a dar mi explicación sencilla del cambio climático y luego haré algunos comentarios sobre mi relación con el mismo.

Cambio climático, obviamente, es la forma de decir que estamos inmersos en una modificación del clima, independientemente de cual sea la razón. Del clima, que no de la meteorología del día a día. Se trata del largo plazo.

Hay quien dice que a lo largo de la existencia del planeta ha habido en algunas épocas pasadas otros cambios del clima; y, sin duda, así es, como está bien documentado. El problema principal de este que estamos viviendo es la velocidad con la que se está produciendo, consecuencia sobre todo de la modificación de la composición de la atmósfera en cuanto a gases de efecto invernadero que explicaré someramente enseguida.

Se llama “efecto invernadero” al proceso por el cual un sistema modifica selectivamente los intercambios de radiación con su entorno. Ese efecto lo producen muchas sustancias, en concreto todas las parcialmente transparentes, vidrios, plásticos, etc. En esos casos el fenómeno se puede explicar de manera muy simple.

Concretándola a un vidrio: La radiación solar (de onda corta, 0,2 a 3 micras) que incide sobre cualquier vidrio transparente lo atraviesa casi en el 100 %; es decir que casi toda la radiación solar que llega a un vidrio (de una ventana, por ejemplo) pasa al otro lado (por eso el vidrio “se ve” transparente).

Por el contrario, la radiación infrarroja (onda larga, de 10 a 14 micras) no atraviesa el vidrio; es decir la radiación infrarroja que llega a un vidrio es reflejada en su casi totalidad. En el caso concreto de una ventana, por ejemplo, la radiación solar entra en gran parte en la habitación y se absorbe en los muebles, las paredes, etc.; como consecuencia, estos elementos del interior de la habitación recogen esa radiación y se calientan. Esos elementos calientes emiten radiación infrarroja que se distribuye por toda la habitación, pero no puede salir de la misma toda vez que el vidrio de las ventanas, ya que es opaco a esas radiaciones. La consecuencia obvia es el calentamiento global del interior de la habitación y si la temperatura a la que se llega es inaceptable para nuestro confort térmico no queda más remedio que bajarla en base a equipos de refrigeración con el correspondiente consumo de energía que, a su vez, procede de alguna central eléctrica (de carbón, de gas natural, nuclear, solar, eólica, etc.) y, en muchos casos, produciendo gases de efecto invernadero y ahora veremos que importancia tiene ese hecho en el cambio climático.

Vayamos ya al efecto invernadero de la atmósfera. Es similar al que produce el vidrio aunque un poco más complejo.

En general, los gases que componen la atmósfera absorben, difunden y transmiten las radiaciones que les llegan, tanto la solar de onda corta como la infrarroja de onda larga. Pero tanto una como otra tienen comportamiento diferente dependiendo de la composición de la atmósfera.

De manera muy simplificada se puede decir que la atmósfera deja pasar la radiación solar en un porcentaje de aproximadamente el 50 % y no deja pasar (hacia afuera) la radiación infrarroja en su casi totalidad. Como consecuencia el intercambio de radiación a través de la atmósfera es selectivo en función de la composición de esta produciéndose un auténtico “efecto invernadero” que hace que el planeta en su conjunto mantenga una temperatura media que podemos cifrar en la actualidad en 15 ºC (288 K) y que si no hubiera atmósfera estaríamos en – 18 ºC. Lo malo es que el balance entrada salida que los expertos del clima (IPCC) llaman “forzamiento radiativo” cifraban en el año 2005 en 1,6 W/m2 (frente a los 1367 W/m2 que llegan procedentes del Sol) y que en el 2011 ha sido referenciado como de 2,3 W/m2 . Ese es el verdadero indicador del cambio climático porque explicita numéricamente la causa fundamental que no solo no ha descendido en los últimos años sino que ha aumentando a razón de 0,12 W/m2 cada año. Es la clave y los que negocian en París deberían tenerlo muy en cuenta.

Una vez claro lo esencial –el aumento sistemático del forzamiento radiativo- me parece conveniente hacer algunas consideraciones sobre las razones de fondo por las que esto ocurre.

Ya no duda nadie de que es el ser humano a través del sistema energético del que nos hemos dotado el principal causante del problema. Pero no todos los seres humanos contribuimos de la misma manera. De hecho, si medimos la intervención por las emisiones de gases de efecto invernadero medidas en cantidad de CO2 equivalente[1] por persona, resulta lo que todos pensamos:

Un estadounidense medio emite a la atmósfera 16,18 tCO2/año mientras que un africano (de Nigeria, Zambia o Senegal por poner ejemplos concretos) emiten del orden de 0,1 tCO2/año (menos que lo que emiten por el solo hecho de existir como animales (0,4 tCO2/año)). Como curiosidad, el sistema energético que tenemos los españoles da lugar a 5 tCO2 por persona; es decir que no somos los peores pero también contribuimos lo nuestro, que no es poco, frente a la media mundial de 4,52 tCO2 por persona al año. Por eso es muy injusto hablar de emisiones como un todo; hay que discriminar dejando claro quien emite más y quien menos.

Por el lado de las consecuencias si se puede decir que todos somos iguales ya que las catástrofes ambientales que se están produciendo y las que vienen van a afectar a todos, sin distinciones aunque, obviamente, a  unos les afectarán más y a otros menos.

Pero lo que quiero matizar algo más es cómo y porqué se producen las emisiones de gases de efecto invernadero y como se podrían evitar (mitigación) a fin de ir disminuyendo el ya citado forzamiento radiativo que debería ser el objetivo básico y absolutamente prioritario del conjunto de la humanidad.

Lo primero es entender cómo se producen los gases de efecto invernadero y en qué proporción. En el año 2010, el total fue de 49 GtCO2 equivalentes; desde 1975,  hasta el 2010 fue de 2000 GtCO2 equivalentes aproximadamente.

El más importante de todos es, sin duda, el dióxido de carbono; sobre todo por la cantidad que se emite por parte del sistema energético y la industria (32 Gt). El origen, como todo el mundo imagina, son las combustiones de sustancias que contienen carbono en su composición, incluidos los alimentos que utilizamos los animales para nuestra subsistencia. En concreto, un ser humano emite del orden de 1 kg de CO2 al día. Pero lo verdaderamente importante son las combustiones del carbón mineral que se emplea en las centrales termoeléctricas y en algunas industrias; a razón de 1 kg de CO2 por kWh producido. Por supuesto también producen mucho CO2 las combustiones de gasóleo y gasolina en los automóviles en cantidades entre 150 y 200 gramos por km recorrido lo cual supone que cada vez que utilizamos nuestro coche estamos emitiendo grandes cantidades de CO2. A pesar de su nombre –gas natural- este combustible fósil también emite CO2 cuando se emplea en una central eléctrica o en una cocina o un calentador de gas. Es verdad que en cantidades inferiores al carbón o a la gasolina pero ni mucho menos despreciables.

La otra sustancia gaseosa que da lugar al efecto invernadero de la atmósfera, de forma muy importante, es el metano (CH4) que es el principal componente del gas natural. En este caso la cantidad total es inferior al CO2 pero su “poder” de efecto invernadero es muy superior; de hecho 21 veces superior por lo que su efecto en el calentamiento global es muy significativo (7,84 GtCO2equivalentes) y no hay que olvidarlo. De ahí que las redes de suministro de gas natural y todo su proceso deberían ser muy controlados. Lamentablemente no es así y, probablemente, por su simpático nombre –natural- y su símbolo –una bonita mariposa- nos “cae” mejor que el carbón o el gasóleo tan negro uno y tan pringoso el otro. Pero, en definitiva, es tan pernicioso como los otros dos.

Por el otro lado, el de la disminución de CO2, me parece muy importante recordar algo que sabemos desde la escuela primaria. Las plantas son seres vivos que consumen CO2 y agua para producir hidratos de carbono con el carbono que extraen del CO2 y el hidrógeno que obtienen del agua; gracias a la fotosíntesis. Es obvio, por tanto, que la otra forma muy efectiva de mitigación es la proliferación de plantas. Yo diría que hasta recuperar el estado en que el ser humano se encontró el planeta que tenía el doble de bosques que ahora mismo. Así pues, está claro lo que hay que hacer:

EMITIR MENOS Y CAPTAR MAS

Es bien sencillo. Solo hay que hacerlo y ahí es donde está el problema: que hay seres humanos con mucho poder pero que el asunto no les interesa demasiado suponiendo, -erróneamente- que a ellos no les va a afectar porque tienen mucho dinero y/o mucho poder. Que no se equivoquen, nos va a afectar a todos, incluyendo los hijos y nietos de esos que se creen tan poderosos. Siempre que veo la foto de algunos de estos prebostes de la industria y de las energías contaminantes no puedo evitar acordarme de algunos animales que cuando se ven perdidos se suicidan. En este caso es peor porque ellos no se creen perdidos.

¿Cómo se hace lo que hay que hacer?

Lo de plantar árboles es bien sencillo y no vale la pena explicitarlo. Cualquier persona normal lo entiende. Y los que tienen la responsabilidad de gobernar saben bien qué hay que hacer.

En cuanto a lo de emitir menos hay que explicarlo un poco más, aunque tampoco es muy difícil: La solución es cambiar el sistema energético con las siguientes medidas, sencillas de explicar y algunas de ellas más difícil de hacer realidad por el egoísmo y la avaricia de algunos:

  1. Convencimiento de todos de que es perfectamente posible un sistema energético con un mínimo de emisiones netas de gases de efecto invernadero.
  2. Cada cual en su casa, en su empresa, en su coche, en su administración puede hacer mucho para disminuir sustancialmente las emisiones de GEI.
  3. Cada cual, en su casa, etc. puede ir sustituyendo la caldera de gasóleo, gas o cualquier otro combustible fósil por energía solar y/o biomasa.
  4. Cada cual en su casa, etc. puede generar electricidad con módulos fotovoltaicos, generadores eólicos, calderas de biomasa de cogeneración, etc.
  5. Cada cual puede tener un coche que contamine menos que el actual. En particular ya existen coches eléctricos y coches híbridos. Obviamente la electricidad que utilizan esos coches debe proceder de energías renovables en su mayor parte. No es difícil.
  6. Cada cual (todos) deberían calentar el agua con instalaciones solares térmicas y el complemento auxiliar para cuando no hay sol puede hacerse con una caldera de biomasa. Lo peor es calentar el agua con resistencias eléctricas.
  7. Las autoridades del sistema energético, tanto a nivel estatal como autonómico, deben favorecer (de verdad) que los usuarios puedan hacer eso que se dice más arriba.
  8. Las autoridades del sistema energético deben obligar a las compañías eléctricas y de combustibles a cumplir sus obligaciones con los usuarios sin “hacer trampas en el solitario (para ellas es un solitario)” como acaba de descubrir la CNMV que hace Iberdrola. Algo que muchos sospechábamos hace tiempo.
  9. Las empresas deben ir modificando sus formas de generar las energías intermedias (electricidad y combustibles) hacia formas con menos gases de efecto invernadero.
  10. Hay que cambiar el sistema de sanciones y beneficios de las energías imponiendo impuestos fuertes a los que producen GEIs y facilitando rebajas de impuestos a los que disminuyen las cantidades de GEI. Por ejemplo, impuestos a los que queman carbón y rebaja de impuestos a los que usan renovables y a los que plantan árboles.

 

Mi relación con el cambio climático

Allá por el año 1975 (un año después de leer mi tesis doctoral) tuve que ocuparme de impartir la asignatura de Termodinámica en la Escuela Superior de Ingenieros de la Universidad Politécnica de Valencia y todo lo que eso llevaba consigo desde el punto de vista de la investigación a la que dedicaría el resto de mi vida académica. Por aquellos tiempos estaban muy en candelero los temas energéticos como consecuencia de la guerra árabe israelí y el consiguiente embargo del petróleo árabe para el mundo occidental. Pero, como consecuencia, también empezaba a hablarse de las consecuencias ambientales del uso masivo de los combustibles fósiles.

Pues bien, yo estaba en un mar de dudas de si dedicarme a los temas ambientales o a la energía. Ganó esta última tendencia como ya es bien sabido, sobre todo porque la asignatura que tenía que impartir, la Termodinámica, es, en definitiva, la ciencia de la energía. Pero la opción que tomé, el estudio y el mejor conocimiento de los temas energéticos, me llevó de manera natural al impulso de un cambio de sistema energético hacia las energías renovables y, como consecuencia natural, a un modelo energético menos emisor de gases de efecto invernadero. Con el tiempo, aquel primer impulso me ha llevado a relacionarme –aunque de forma indirecta- con los temas de cambio climático y con los científicos que se dedican expresamente al tema.

Para colmo cuando Cristina Narbona fue ministra de Medio Ambiente me nombró representante del Ministerio en el Consejo Nacional del Clima, situación en la que sigo a pesar de los cambios en la titularidad del Ministerio. Por cierto, no me siento muy satisfecho de mi pertenencia al citado Consejo. Más que nada porque no han hecho mucho caso de mis “consejos”, ni con ministros o ministras del PSOE ni del PP. Mi conclusión es que esos órganos no son otra cosa que meras coberturas mediáticas.

Pues bien, en mi “campaña casi manía” de proponer e impulsar con mis pobres fuerzas un cambio del sistema energético y, como es natural, también me impliqué en la investigación y la docencia de las energías renovables, sobre todo en el ámbito de las transformaciones térmicas, como corresponde a una disciplina como la Termodinámica. Empezamos, allá por finales de la década de los setenta, por los temas relacionados con la radiación solar y su transformación en energía térmica (tanto calor como frío) y por ahí he seguido aunque, ya en Sevilla, me impliqué también en actividades “sociales” (creación de asociaciones, influencia en los políticos de turno, una alcaldía de pueblo, etc.) pero siempre sin dejar de buscar las mejores soluciones para el cambio de sistema energético.

No creo haber contribuido sustancialmente, pero tengo la impresión de que algún granito de arena sí que he puesto y me siento razonablemente satisfecho, por lo menos del ánimo y el esfuerzo que he puesto en ello, aunque los “encantadores” hayan frustrado el éxito (paráfrasis de un párrafo de nuestro ínclito Miguel de Cervantes). Es obvio que a nivel mundial no se ha avanzado mucho en el cambio de modelo energético pero también es cierto que en algunos lugares del mundo y con algunas tecnologías el avance es significativo. En concreto, en España y en Europa se ha avanzado bastante, sobre todo en el sistema eléctrico. Hasta el punto de que algunos de los que se dedican a vender kWh fuente de GEI y de residuos radiactivos ven a las renovables como enemigas de su negocio y las combaten que, como decía Gandhi -por otro asunto- es señal de que vamos ganando.

En fin, que ahí sigo, dando la lata y aunque no consiga mucho por lo menos tranquilizo mi conciencia y seguramente moriré pensando que he hecho lo que debía en beneficio de las generaciones futuras. Y también con la impresión de que queda mucho por hacer. Claro que eso tampoco está tan mal porque de esa manera nuestros sucesores no se aburrirán.

Para terminar quiero dejar claro un mensaje a los que negocian en París el futuro del clima del planeta Tierra:

Preocupándose tanto de los intereses inmediatos de sus países pueden conseguir que dentro de no mucho tiempo no haya países por los que preocuparse. Así pues, sean algo más inteligentes para decidir lo que es obvio y fundamental para todos los seres humanos (incluidos ellos mismos) que podamos seguir existiendo:

 DISMINUIR LAS EMISIONES DE GASES DE EFECTO INVERNADERO Y AUMENTAR LA CAPTACION A TRAVÉS DE LAS PLANTAS

[1] Efecto invernadero normalizado al correspondiente a la molécula de CO2

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