Los Indecisos

En un artículo anterior a este, “Harto de tanta demagogia”, escribía, al final del mismo, lo siguiente:

“Si el resultado es el mismo o parecido los votantes también tendrán su parte de responsabilidad. Y no vale echarle la culpa –como hacemos casi siempre- a los demás, incluidos los políticos”.

Naturalmente me refería a las elecciones del pasado 26 de junio y dado que, en efecto, el resultado ha sido parecido, me apetece hacer unas consideraciones en el mismo sentido que lo hacía en el citado artículo anterior.

Me parece poco sensato echar la culpas de todo a “los demás” sean estos quienes sean, políticos, médicos o policías locales. Y además, como en este caso, remacharlo continuamente como hacen los medios de comunicación –insisto, de comunicación- y los tertulianos al uso, auténticos “sabelotodo” que, normalmente, no asumen ni sus limitaciones de conocimiento ni sus errores de apreciación. Sigo esperando que alguno reconozca que, como los medios demoscópicos, se han equivocado –y mucho- en sus apreciaciones en las últimas elecciones. Tampoco estaría de más que reconocieran que con sus comentarios en los medios de comunicación influyen en las decisiones de los votantes y no siempre para bien. “Lo” del sorpaso ha sido de nota (suspenso, claro).

Pero entremos ya en el asunto.

Verán, muchos coinciden en que los políticos que tenemos en este momento en primera línea (Rajoy, Sánchez, Rivera, Iglesias, Soraya, Susana, Errejón, etc.) no están a la altura de las circunstancias. No soy lo suficientemente experto en el tema para estar de acuerdo o en desacuerdo aunque tengo mi propia opinión e incluso experiencia con alguno de ellos. En general pienso que no son ni mejores ni peores que otros anteriores que nos han gobernado o estado en la oposición.

Pero lo que quiero destacar es otra cosa.

Quiero reflexionar sobre los votantes (o no; es decir, los abstencionistas) y su papel y responsabilidad en la situación actual.

En general, los militantes de los partidos, tanto de los antiguos como de los nuevos lo tienen claro y votan a los representantes de sus partidos sin importarles nada, incluido el que amparen o hayan amparado (“Luis, nada es fácil, pero hacemos lo que podemos. Ánimo”) a delincuentes declarados y, en algunos casos, condenados en firme por la Justicia; vamos que han estado o están en la cárcel. O que hayan actuado (al margen de cómo se haya sabido) de manera claramente antidemocrática y dictatorial empleando los medios del Estado para sus propios fines partidistas (ministro del Interior actual). Eso sin entrar en matices; que los hay, muchos y significativos. No es lo mismo robar y malversar que un error administrativo aunque para confundir se le llama con una misma palabra a todo, “corrupción” con lo cual lo más grave queda un poco diluido en el “totum revolutum”. Tampoco se tiene en cuenta que cuando hay un corrupto, hay un corruptor y eso también es importante para entender lo que está pasando.

Nada de cuanto antedigo les libera de su responsabilidad en el resultado de las elecciones. Más bien, los hace más responsables y, en algunos casos, culpables. Me refiero a los militantes de los partidos.

En fin, que esos votantes no cuentan para el argumento que quiero sostener ahora en este artículo. Quiero referirme expresamente a los llamados “indecisos”. Supongamos que la palabra indeciso responde a lo que dice la RAE (en la segunda acepción): “Perplejo, irresoluto, que tiene dificultad para decidirse”.

Pues bien, esa persona que, supongamos, “tiene dificultad para decidirse” (parece ser que nada menos que un 32,4 % -según las irrefutables encuestas, unos días antes del 26 de junio) tiene también una gran responsabilidad cuando ¡al fin! se decide y va a votar.

No debo olvidar que, desde el punto de vista que aquí trato, el porcentaje de indecisos que he citado es el que dijeron las encuestas que había y, por supuesto, puede ser tan erróneo como los demás que daban todas ellas y, -divertido- coincidentes con lo cual eran infalibles, según los politólogos y demás especies demagógicas de los medios de comunicación. ¡Buenos científicos serían dando por exacto lo que solo son conjeturas! Es curioso observar cómo no se disculpan ante la opinión pública que les mantiene. Por decencia profesional deberían hacerlo individual y colectivamente, pero, que yo sepa, no lo han hecho y supongo que no lo harán. Es que son infalibles aunque se demuestre su error.

Los indecisos, ¿a quien han votado y porqué?¿cómo han decidido?¿qué influencias han pesado más en su decisión? ¿qué han tenido en cuenta a la hora de decidirse?

Contestar con fiabilidad a estas preguntas creo que hubiera sido de gran interés para todos los partidos y que en función de las respuestas que se ha dado cada uno, habrán montado su campaña y los debates correspondientes. Supongo que lo habrán pensado y que unos han acertado y otros no. Daré un repaso a cada uno de ellos, elucubrando, claro está.

Da igual el orden y referido el análisis solo a los cuatro partidos que han tenido mayor número de escaños.

Ciudadanos. Su líder (y supongo que su equipo más inmediato) puede que hayan pensado y así lo han transmitido insistentemente que ellos están “limpios” de corrupción y que son coherentes en sus propuestas de “centro” y que su equidistancia de los extremos les va a primar en la decisión de los indecisos. Parece que no ha sido del todo así. Por tanto, harían bien –para una próxima ocasión; cuando la haya- que tengan en cuenta que hay otros factores que influyen más que su propia convicción de honestidad y “limpieza”.

Unidos Podemos. Según parece, es una “coalición electoral conformada por Podemos, Izquierda Unida, Equo y otras formaciones de izquierdas” que se han presentado juntos, supongo que para evitar los efectos perversos de la llamada “Ley D’Hont” de asignación de escaños a partir de los votos correspondientes que tanto ha perjudicado en el pasado las expectativas electorales de IU, por ejemplo. Supongo que eso les entusiasmaba a los firmantes de la coalición y estaban tan seguros del resultado que ya daban por cierto conseguir el célebre “sorpaso” respecto al PSOE. Ahora le llaman, chistosamente, “tortaso”.

Parece ser que se han equivocado. A lo mejor porque esos extraordinarios profesionales de la política (según ellos mismos, claro) no han tenido en cuenta otras circunstancias que terminan pesando más en la decisión de los indecisos que sus propias teorías políticas.

¿Qué pienso yo que les ha pasado? Contesto con la ventaja de saber lo que dicen ellos. Según yo, no se han dado cuenta de que esa zona político –la de la izquierda, según todos ellos, más izquierda que ninguna- es algo muy dividido y que, con la mejor intención, cada uno es un mundo político en sí mismo y no se dejan manipular fácilmente. Esencialmente, cada cual es el “amo” de su rinconcito de la izquierda y lo antepone a todo. Ni mucho menos es igual un antiguo militante del partido comunista que un renegado de Greenpeace (Equo) o cualquier otro “descontento de todo” de los muchos que hay. Con razón o con menos razón pero así es la cosa. Si unimos a eso que, “aunque se vista de seda, la mona, mona se queda” despiertan miedo y desconfianza en muchos españoles y, claro, los contrarios (sobre todo el PP) que lo sabe muy bien, ha sabido despertar ese miedo “a la izquierda radical”. Por supuesto, al núcleo político de la coalición (Podemos) no le ayuda mucho el apoyo que han recibido (y no se si siguen recibiendo) del régimen de Venezuela.

En fin, que no han sabido captar a los indecisos y en vez de sumar –como ellos pensaban, con razón, en teoría- han restado y no han conseguido sus objetivos.

PSOE. A este partido lo conozco un poco mejor por lo que mi análisis puede ser más ajustado a la realidad. Vaya por delante que lo que voy a escribir ahora ya lo he dicho antes en bastantes ocasiones, en distintos foros. En primer lugar creo que, desde Felipe González (28º congreso), el PSOE, en aras de una mayor eficiencia electoral continuada, ha dejado atrás muchas de sus señas de identidad tradicionales. Y se ha convertido –cada vez un poco más- en una especie de “rueda de transmisión” del liberalismo económico al que hemos llegado y que asfixia a una gran mayoría de la sociedad española; a otros los beneficia, claro. Sin entrar en más matices, el PSOE ha dejado mucho espacio político a su izquierda y una gran cantidad de militantes antiguos se han despegado de él. Lógicamente, muchos nuevos militantes han acudido a sustituirlos mirando “al panal de rica miel” que era para ellos el partido que repartía cargos entre gente más o menos humilde y con la aspiración lógica de vivir mejor. Naturalmente, muchos de esos militantes no tienen los convencimientos de izquierda que son necesarios y están produciendo muchas ineficiencias en todo el partido y en las instituciones en las que gobierna.

¿Qué han hecho mal en esta ocasión coyuntural? En mi opinión, lo más importante ha sido la sensación de desunión y división interna a la cual han contribuido todos y que sigue. El PSOE tiene que arreglar ese asunto, con toda la democracia interna y los debates abiertos que sean oportunos pero defendiendo todos el resultado al que se llegue en las reuniones de los órganos de dirección correspondientes. Y en las agrupaciones locales.

Lo segundo en importancia es la vuelta a los orígenes y la recuperación de la ideología perdida y, de camino, a los militantes perdidos.

En cualquier caso, el PSOE tiene que reflexionar de manera abierta y buscar sus señas de identidad, mirando a la izquierda y no tanto al centro o al centro derecha.

 

  1. Desde el punto de vista de marketing electoral ha sido, sin duda, el que mejor lo ha hecho; de ahí los resultados razonables que han obtenido que, aunque no son suficientes para gobernar, le dan bastante ventaja. Es claro que tiene buenos asesores. Han sabido aprovechar el miedo a la izquierda “radical” de Unidos Podemos, y ha marcado las distancias con Ciudadanos y PSOE.

Lo mejor que han sabido hacer ha sido mantenerse “como un buzo bajo el agua” en lo tocante a la corrupción y resulta sorprendente que haya captado votos de esos indecisos en esta coyuntura tan escandalosa con muchos de sus líderes implicados en casos de corrupción auténtica; es decir, que se han llevado dinero de la gestión institucional e incluso que se han financiado –como partido- irregularmente (casos Bárcenas, Gurtel, Púnica y otros que ni siquiera se los nombres). No puedo entender a indecisos que se han decidido a votarlos a pesar de todo esto. Solo el miedo cerval a una izquierda radical que, hipotéticamente, iba a llevarnos al caos, lo puede justificar. Sinceramente, ha sido una obra de maestros de la manipulación mediática. Pero, bueno, así es la vida real. Desde luego, aquella estupidez de que “el pueblo nunca se equivoca” no se puede sostener en estas circunstancias.

De cara al futuro, creo que deben pensar que esta situación no se puede perpetuar y tienen que aprovechar la coyuntura para seguir gobernando. Por dos razones fundamentales:

Si siguen gobernando pueden seguir manejando muchos hilos de la justicia y de los medios de comunicación para tapar en lo posible los casos flagrantes de corrupción y evitar como puedan los nuevos casos que van a seguir saliendo. Me parece admirable e increíble la habilidad que tienen para soslayar estas circunstancias adversas.

Por eso, en esta coyuntura y, a pesar de lo que han ofendido a los demás partidos, no les queda más remedio que ceder en muchos aspectos fundamentales (reforma educativa, laboral, energética, seguridad ciudadana, etc.) que deberían haberles hecho perder las elecciones pero que si persisten en ellas ninguno de los otros partidos aceptaran sus propuestas de gobierno. Por tanto, no les queda más remedio que “bajarse los pantalones” y ceder en muchos de sus planteamientos pasados; aun a costa de perder apoyos por su derecha. Con el peligro, claro está, de que les salga un “grano” por ese lado. Eso sería definitivo.

Además de los “indecisos” tenemos los que no van a votar. Los que se abstienen. Sinceramente no los entiendo y me parecen los más irresponsables. Aunque ellos crean que, dada la situación política (de los partidos), está más que justificado no votar. Cuando alguien –como yo- que llegué a pensar que no participaría nunca en su vida en unas elecciones libres, observa a estos jovencitos que están todo el día quejándose y no hacen nada para cambiar las cosas y se permiten no votar, me dan ganas de proponer alguna medida de pérdida de alguno de los beneficios que les proporciona el sistema democrático actual, para los que no van a votar. A lo mejor lo que falta es un poco de “educación para la ciudadanía” para que estos chicos y chicas se sitúen históricamente y valoren lo que tienen.

Para terminar, me divierte pensar en una hipótesis que me parece sugerente:

¿Qué hubiera pasado si ese 32,4 % de indecisos se hubieran organizado (por ejemplo a través de las redes sociales) y hubieran configurado una candidatura –podría llamarse así, INDECISOS- que se hubiera presentado a las elecciones? Por supuesto habría cambiado radicalmente el resultado final.

Sin entrar en demasiadas elucubraciones hasta podrían haber ganado y tener la opción de formar gobierno. Si hubiera terceras elecciones habría que planteárselo y podríamos despejar las incógnitas actuales.

¡Ahí queda eso!

 

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