COMENTARIOS SOBRE LA DIMISIÓN DEL MINISTRO FRANCÉS DE TRANSICIÓN ECOLÓGICA, NICHOLAS HULOT.

Se dice en la prensa que “el ministro estrella renuncia ante la falta de avances en el medio ambiente”. No me extraña que sea verdad. Lo peor es que visto desde España eso mismo puede pasar con nuestra ministra equivalente (más o menos), mi buena amiga Teresa Ribera.

¿Cuál es el problema de fondo? Evidentemente no estoy en posesión de ninguna verdad por lo que solo daré mi opinión, seguramente discutible.

Creo que está muy bien que un presidente como el Sr. Macron o, en su día nuestro Rodriguez Zapatero y ahora Pedro Sánchez encarguen de los temas ambientales a personas como el Sr. Hulot, Cristina Narbona o Teresa Ribera que se toman en serio los temas ambientales y que son conscientes de la necesidad (urgencia muchas veces) de tomar medidas eficaces en algunos asuntos que afectan al presente y, sobre todo, al futuro de nuestro entorno natural.

Lo malo es que suele cumplirse aquello de que “no es lo mismo predicar que dar trigo” y estos ministros con su mejor intención y ganas se tropiezan con multitud de frenos –cuando no paradas en seco- por parte de fuerzas sociales y económicas que pueden más que ellos. Ante situaciones concretas estas personas tienen dos opciones: dimitir denunciando –más o menos- las dificultades que encuentran para hacer lo que creen que es necesario o bien aguantar el “tirón” y hacer lo que puedan que siempre es mejor que no hacer nada.

Pero es lamentable que tenga que ser así. Siempre tratamos de simplificar las explicaciones y –lo que es peor- tergiversar las realidades y manipular las informaciones; casi es lo mismo una cosa que otra. Con eso se confunde a los ciudadanos y se les quita su auténtica libertad de participar democráticamente en las decisiones globales. Lo peor de todo –es mi manía de los últimos tiempos- es que con la maraña de desinformaciones sobre los temas ambientales no se avanza en lo que de verdad importa que no es otra cosa que la toma de conciencia de todos los seres humanos frente a problemas tan graves y casi irreversibles que tenemos como es el cambio climático o el exceso del uso de plásticos que ya está amenazando con asfixiarnos. Como curiosidad comprobar que en los dos casos que he citado en el fondo está el mal uso de una materia prima –el petróleo- que es el objeto de deseo de muchos países y de muchas compañías multinacionales. En fin, que es muy difícil –por no decir imposible- que un ministro, de Francia o de cualquier país, pueda parar o como mínimo frenar el abuso que se hace de ese tremendo elemento de contaminación de todo el planeta. Para resolver esos problemas hace falta algo más que la acción de un ministro o ministra concienciado. Ya se ve.

Pero no quiero terminar sin hacer referencia a un caso de simplificación, tergiversación, manipulación o como quieran llamarle que protagonizó uno de nuestros más ilustres responsables políticos españoles de los últimos tiempos. Me refiero a la afirmación que en su día hizo nuestro ínclito ex presidente del gobierno, D. Felipe González a propósito de las centrales nucleares en España. Según parece, en un momento dado en el que salieron voces en España en contra de las nucleares, el presidente del gobierno -14 años- de aquel momento, nuestro ilustre Felipe, dijo algo así como que los españoles éramos muy hipócritas porque no queríamos las centrales nucleares y sin embargo la electricidad que utilizábamos venía de las centrales nucleares francesas. Esta afirmación siempre me escandalizó, sobre todo porque venía de una persona que tenía la obligación de saber que eso no era verdad. Con eso creó una opinión a favor de las nucleares que ha condicionado el futuro del sistema energético español y propició determinadas actitudes en la opinión pública que persisten hasta hoy.

Por concretar, el Sr. González, como presidente del gobierno de España entre 1982 y 1996 debería saber –web de Red Eléctrica de España y también la del ministerio- que los intercambios de electricidad de España con Francia no son consecuencia de que nos guste más o menos la electricidad de origen nuclear ni siquiera de la capacidad de generar electricidad en un país o en el otro. Son objeto del mercado puro y duro; es decir, de cuanto le cuesta esa electricidad a una empresa determinada para sacarle más o menos beneficios. Por eso intercambiamos electricidad con Francia, con Portugal y con Marruecos. Y no porque no podamos generar la electricidad que necesitamos. De hecho, en España puede generarse el doble de la electricidad que necesitamos porque nuestro sistema eléctrico está muy sobredimensionado. Precisamente entre 1992 y 1996 España exportó electricidad a sus vecinos. En cualquier caso en cantidades poco significativas para nuestro sistema. Del orden de 5 TWh (máximo exportado) frente a 30 TWh que es el número “gordo” del sistema eléctrico español; (262 TWh en 2017). D. Felipe González creó, con su declaración  una confusión en la opinión pública española que persiste hasta el día de hoy; muchos españoles siguen pensando que España consume electricidad de las centrales nucleares francesas, aunque no sea verdad.

Termino dejando clara mi posición, en este tema general del gobierno de las cuestiones ambientales. De optimista compulsivo que soy he terminado con un pesimismo existencial. Los seres humanos vamos caminando a marchas forzadas hacia la destrucción de la vida en el planeta Tierra, incluidos nosotros mismos, obviamente. Y ya se ve que ningún ministro o ministra puede hacer nada –o casi- para evitarlo. Lamentable y triste pero cierto.

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