MIGRACIONES EN EL COMIENZO DE 2019

En el comienzo de este nuevo año 2019 y con la cabeza puesta en la cantidad de migrantes que han muerto en el 2018 no puedo por menos que volver a reflexionar sobre el tema. Me parece que ya he escrito algo. Incluso he hecho una propuesta que no ha tenido mucho éxito. Nada de lo escrito lo he puesto en mi blog y ahora voy a corregir ese fallo.

Lo primero que escribí sobre el tema fue en el solsticio de verano de 2018. Lo segundo lo escribí un mes después y lo envié a algunos amigos que han mejorado sustancialmente la propuesta. He puesto en mi blog lo que escribí entonces como idea inicial y no incluyo las contribuciones de mis amigos. Lamentablemente no he conseguido nada concreto por lo cual vuelvo sobre el tema aunque tampoco sirva para nada. Pero, al menos, me siento bien conmigo mismo escribiéndolo y poniéndolo en mi blog que –entre otras cosas- para eso lo tengo.

Bueno, sigo con el tema. Ya se sabe mi lema que viene de lejos: “cuando un tonto coge una vereda, se acaba la vereda y sigue el tonto”. Obviamente, el tonto soy yo. Pero no me importa.

Repito el argumento principal de la propuesta. Los países europeos (y sus habitantes) se han beneficiado –y siguen haciéndolo- de manera escandalosa de los recursos de muchos países de Africa, de Asia, de Oceanía y de América y, gracias a eso, ahora tienen la posición de privilegio y de abuso socioeconómico en el mundo. Cierto es que les está saliendo “un grano” con China pero eso no cambia la injusticia del tema; aunque el hecho debería hacernos reflexionar.

Pues bien, al margen de muchos otros matices de importancia, cuando ciudadanos de esos países quieren venir a esta Europa rica y opulenta les negamos la entrada y dejamos morir a muchos de esos seres humanos en el camino. Y cuando llegan con grandes dificultades les ponemos muchos problemas que hacen que la mejora de su nivel de vida que esperaban encontrar no la hallan y malviven en los suburbios de las grandes ciudades siendo siempre sospechosos de todo lo malo que ya teníamos nosotros por fallos de nuestras “democracias”.

Ante esa injusta situación sigo insistiendo en que tenemos que darle solución a esta auténtica catástrofe humana.

Como, por otro lado está la despoblación de muchas zonas de nuestros países y, lo que es peor, el descenso de la población activa en los ámbitos rurales y en el conjunto de los países respectivos, me parece que ha llegado el momento de que las autoridades europeas tomen una decisión coherente y pongan en práctica un programa de adaptación de esos seres humanos a la sociedad de nuestros países.

Eso sin renunciar a lo que me parece mejor y más justo: mejorar las condiciones de vida en sus países de origen, obligando –sí, obligando- a que se impongan regímenes verdaderamente democráticos y justos en sus entornos naturales.

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