Valor y precio. De la electricidad

El tema lo he comentado muchas veces pero dada la insistencia de muchos en decir que la electricidad es cara creo que conviene hacer algunas puntualizaciones.

Veamos primero el valor.

Quiero empezar dejando claro, de una vez por todas, que la electricidad es una forma energética de muy alta calidad (la mejor) pero que tiene algunos pequeños inconvenientes que se van solucionando poco a poco y de muy diversas maneras. No se pueden simplificar demasiado estas cuestiones por lo que lo explicaré en otro lugar. Ahora sólo quiero destacar para qué sirve un kilovatio hora (kWh; multiplicado por hora, no dividido).

Pues bien, un kWh de electricidad sirve –por ejemplo- para accionar el motor de un ascensor que suba 76 veces a una persona de 80 kg hasta el cuerpo de campanas (60,45 metros) de la Giralda. Y eso cuesta a un usuario normal del orden de 20 céntimos de euro. Creo que sobran los comentarios. La electricidad sirve para muchas más cosas: dar luz, accionar un equipo de aire acondicionado para producir calor o frío, que funcione un frigorífico, una lavadora, un lavavajillas, el televisor, el ordenador y un largo etcétera que todos conocemos. Eso es el valor.

Veamos ahora el precio.

En España, según todo el mundo, es muy caro. Ya he dicho que del orden de 20 céntimos de euro el kWh. Eso ¿es mucho o poco? Para el que paga siempre es mucho; para el que cobra es probable que  le parezca poco. Quizás influya en la apreciación el hecho de que quien paga siempre es uno solo y los que cobran son varios: el que transporta, procesa y vende la materia prima, el que genera la electricidad, el que la transporta, el que la distribuye, el que la comercializa, el que la gestiona, el estado que cobra los impuestos; en fin muchos agentes y muy diversos.

Cuestión aparte es que el precio final sea justo. De la misma manera que un kilo de tomates no le cuesta al comprador final ni lo que vale ni lo que le ha costado al agricultor producirlo. Algo parecido pasa con los combustibles. En el caso de la electricidad es relativamente similar. Para entenderlo bien empecemos por describir –someramente, claro- cómo se forma el precio que paga el usuario.

Primero ¿cuánto cuesta generar ese kWh de electricidad? Por supuesto, depende de la forma energética y la tecnología que empleemos para ello. Si es con una gran central hidroeléctrica, del orden de 0,3 céntimos de euro el kWh; si es con una central nuclear, del orden de 1,8 c€/kWh (hay que pagar el combustible nuclear); si es con una instalación fotovoltaica, prácticamente cero, lo mismo que si procede de un parque eólico. Tratar el asunto en toda su complejidad no es nada fácil pero para que se entienda el sentido de lo que quiero decir, reproduzco un párrafo de un informe de la CNE (Comisión Nacional de la Energía) del año 2008:

“… la apertura de una importante brecha entre los precios que determina el mercado para la generación de la electricidad y los costes de generar esa misma electricidad.”

En los dos casos que he citado he supuesto que las instalaciones correspondientes están ya amortizadas, circunstancia que ocurre de manera muy diferente en cada caso. Pero no entro de momento en los detalles. Si la central eléctrica se alimenta con carbón o con gas natural el coste del kWh es muy superior (6,893 céntimos de euro el ciclo combinado con gas natural, 5,816 c€ las de carbón) como consecuencia sobre todo de que hay que pagar el combustible al precio que esté en el mercado. Aparte del mayor coste hay que tener en cuenta el nivel de contaminación que producen y que hay que pagar aparte (15,38 €/tCO2  en julio de 2018).

En el fondo eso que he comentado no es lo más importante en el precio que tiene que pagar el consumidor. Lamentablemente, en el sistema eléctrico español cada kWh que entra en el sistema se paga a la empresa que lo produce el precio del más caro, aproximadamente 6 céntimos de euro, que es el generado en una central de gas natural.

En todos esos números no podemos olvidarnos del que he dado como referencia: los aproximadamente 20 céntimos de euro que le cuesta al usuario. Es decir el kWh entra en el mercado a 6 céntimos y llega al consumidor a 20.

¿Por qué ocurre eso? Hay razones más o menos justificadas y otras que no lo son tanto.

Este aberrante sistema de valoración es obvio que habría que cambiarlo aproximándonos al sistema anterior a la ley 54/97 que introdujo el primer gobierno de Aznar. Aquel sistema anterior a esa ley del sector eléctrico se llamaba “marco legal estable”, según el cual era el Gobierno el que fijaba el precio del kWh pagando a cada productor lo que se establecía que le costaba producirlo amén de un beneficio razonable y teniendo en cuenta también la amortización de las inversiones.

El sistema de valoración actual es el que permite los llamados “windfall profit” o beneficios “caídos del cielo” que suponen del orden de 3800 millones de euros cada año para las nucleares y las grandes hidroeléctricas (18739 millones de euros entre 2006 y 2010 según la CNE). De nuevo la CNE, en el mismo informe citado antes,  dice a este propósito:

Es obvio que si no hubiera esos beneficios ilógicos no habría el llamado déficit de tarifa. De hecho, la CNE en su referido informe de 2008 dice textualmente en sus conclusiones:

“Esta diferencia o margen entre ingresos y costes se distribuye de manera desigual, correspondiendo la mayor parte (entre 550 y 110 millones de euros) a las tecnologías nuclear e hidroeléctrica”.

“Se señala que el monto de todas las primas del régimen especial supondrá, en el mismo 3er trimestre de 2008, 600 millones de euros, cifra muy inferior a la diferencia estimada entre precios y costes de la generación del régimen ordinario”. Es evidente lo que vengo diciendo hace mucho tiempo: que la responsabilidad del déficit de tarifa no son las primas del régimen especial sino los sobrebeneficios de la nuclear y las grandes hidroeléctricas.

Pero vamos a lo que es más importante para el precio final de la electricidad, los llamados peajes (en realidad peajes de acceso más otros pagos regulados), que incluyen muchas cosas. Aunque sin entrar en demasiados detalles, esos “costes” del sistema se trasladan al recibo y suponen del orden del 50 % del total de la factura. En el año 2017 supusieron 17.967.980 millones de euros que, si los dividimos por los 29.060.973 consumidores de baja y alta tensión, supone que los pagamos a razón de 618,285 euros de media al año por esos conceptos.

Los peajes de acceso están regulados por el Gobierno y en la factura que pagamos los consumidores están incluidos en los términos de potencia y en los de energía, por lo cual no nos damos cuenta muy bien de qué son y cuánto significan. Voy a intentar aclarar algo, siendo muy consciente de lo difícil que es por la opacidad del sistema (a pesar del esfuerzo de la CNMC), que es lo primero que habría que resolver aunque me temo que eso va a ser muy difícil de conseguir.

Bueno, vamos al “grano” (todos los datos se han obtenido de los informes correspondientes de la CNMC):

  • El transporte. Que la electricidad generada en una central normalmente alejada de los centros de consumo hay que hacerla llegar al consumidor es una obviedad. ¿Cuánto cuesta eso? En el año 2017 se pagaron por ese concepto 1735 millones de euros y no varía mucho con los años.

Pero yo me pregunto: ¿es que las líneas y demás instalaciones de transporte no se amortizan nunca? Me suena a cuento chino para mantener a REE, entidad que, por otra parte, está muy bien y hace un trabajo imprescindible. Creo, sin embargo, que una comisión de expertos independientes debería revisar periódicamente las cuentas y hacernos saber de manera clara cuándo se amortizan esas inversiones.

  • La distribución. ¿Que las redes que hacen que la electricidad llegue finalmente a mi casa tiene un valor y su mantenimiento un coste? Es evidente. Pero habría que preguntarse ¿de quién son esas redes?¿quién las ha pagado? ¿las empresas que tienen hoy día la propiedad? Por favor. ¿A quién no le suena eso de “la acometida”?¿quién las pagaba”. Las instalaciones se hacen en buena parte a cargo de los usuarios y la empresa distribuidora es la que se apunta la propiedad. La verdad es que me parece uno de los mayores “tongos” del sistema y que también debería revisarse. Al día de hoy el sistema de distribución debería ser propiedad del Estado porque, de hecho, lo hemos pagado entre todos; y si no en este momento, habría que hacer unas previsiones claras. Ese coste debería reducirse casi a cero. Sin embargo, en 2017 por ese concepto pagamos 5158 millones de euros; y así desde hace muchos años.
  • Retribución específica RECORE (REnovables, COgeneración, REsiduos). 6987 millones de euros en 2017 Este apartado incluye las “primas” a la generación con energías renovables (5610,553 millones de euros), con residuos y por cogeneración. Parece necesario que se diga que ese sistema lo estableció el primer gobierno de Aznar con el RD 2818/98 y lo acentuó con el RD 436/04, y no lo hizo un gobierno de Rodriguez Zapatero como habitualmente todo el mundo repite de manera automática aunque no sea verdad. Este asunto de las primas merece comentarios más detallados que ya he hecho en otras ocasiones. Por el momento sólo me quedo en la cantidad, por otra parte variable de un año a otro, puesto que depende de muchas circunstancias. Hay que decir que las instalaciones de renovables ya no reciben primas del sistema desde el año 2012 y que el Reino de España está recibiendo sentencias de los laudos internacionales por el mal gobierno que ha hecho de las primas por los que tiene que pagar cantidades importantes que –supongo- pagaremos los consumidores.

Tampoco está de más decir que si esa cantidad que se paga por el sistema para compensar sus beneficios ambientales entraran en el coste de generación los números finales se entenderían algo mejor.

  • El tema del déficit también requiere un comentario más detallado. Por el momento me conformo con dar la cantidad, 2838 millones de euros en 2017. Y un breve recordatorio “histórico”. Este célebre déficit es, en realidad, un aplazamiento sistemático de una “deuda” de los consumidores con el sistema eléctrico que implantó el superministro de Economía de aquellos tiempos (año de elecciones, 2000) para no repercutir en la factura de la electricidad la subida de los costes de aquel momento, consecuencia del aumento de precios de los combustibles fósiles que alimentaban las centrales eléctricas de forma mayoritaria. En definitiva, esa cantidad (2838 millones de euros) es lo que los consumidores pagamos en 2017 para ir absorbiendo esa deuda que nos endosó el señor Rato.
  • Retribución específica a sistemas no peninsulares (740,632 millones de euros en 2017) es la cantidad que pagamos los consumidores “peninsulares” porque la electricidad que ellos utilizan cuesta más cara que la de la península. En realidad es algo que nunca he entendido. Ya sé que es porque en las islas se genera una parte importante de la electricidad con grupos electrógenos alimentados con gasóleo y fuel. Pero lo que no entiendo es que teniendo recursos solares y eólicos en cantidades importantes no los utilicen. De la geotermia (la de verdad, en Lanzarote, por ejemplo) mejor no hablar. También infrautilizada.
  • Servicio de interrumpibilidad. Son las cantidades que se pagan a ciertas empresas grandes consumidoras por admitir que no se les suministre electricidad en determinados momentos como consecuencia de desajustes del sistema. Personalmente me parece absurdo puesto que el sistema eléctrico español está muy sobredimensionado y no entiendo que pueda pasar lo que se dice. Pienso que son subvenciones encubiertas a esas empresas.
  • Pagos por capacidad. 686,7 M€. Son pagos con los que se compensa a ciertas tecnologías (ciclos combinados sobre todo; pero no sólo) por tener disponibilidad de generar en momentos determinados en los que fallan otras formas de generación. Se justifica por la aleatoriedad de algunas renovables (eólica y fotovoltaica; la termosolar tiene cierta capacidad de almacenamiento, por lo que contribuye a la gestionabilidad del sistema).
  • Retribución del operador del mercado (OMIE) y del operador del sistema (REE). Son cantidades de otro orden de magnitud y que están claramente justificadas.

LOS IMPUESTOS

A la suma del coste de la electricidad que entra en el sistema y a los peajes de acceso hay que sumar los impuestos, que no son poca cosa. De hecho, el llamado “impuesto a la electricidad” es el 5,11 %, y a la suma de todo se le aplica el IVA que, en estos tiempos, es el 21 %. En total, en el año 2017 fueron 8390 millones de euros.

RESUMEN y CONCLUSIONES

El resumen evidente es que el sistema eléctrico es bastante complejo pero su gestión lo es mucho más. Pero, sobre todo, es muy opaco y confuso.

Pero hay un aspecto que destaca. Se dice que el sistema está liberalizado y que favorece la competitividad, como viene exigiendo la Unión Europea. Pues bien, los números dicen otra cosa: en números redondos, el coste de generar la electricidad es una cosa aunque no sabemos con seguridad cuánto es; lo que esa electricidad cuesta a los consumidores es otra (39258 millones de euros en 2017); los peajes de acceso son 17968 millones de euros y los impuestos, 8390 millones; la diferencia, 12900 millones de euros, es el valor de la electricidad en el mercado; lo que cuesta producirla es un misterio; todos los números corresponden a datos de 2017 aunque muchos de los cálculos los he hecho con información de otros años; eso sí, todos obtenidos de la CNMC. Creo que se ha entendido que el gobierno controla directamente los dos últimos apartados (peajes e impuestos) e indirectamente el primero. Por tanto, es una falacia decir que el sistema está liberalizado, ya que la parte “regulada” (es decir, controlada directamente por el gobierno) es algo más de un 70 %.

Las conclusiones son muy sencillas:

  • Si el gobierno quiere puede reducir sustancialmente el precio de la electricidad. Es fácil y a cualquiera se le ocurre.
  • Es imprescindible ya un estudio en profundidad de costes y gastos del sistema para fijar un precio razonable que también tenga en cuenta el valor del producto.
  • Hay que pagar todos los gastos, una vez conocidos y certificados por un comité de expertos independientes de las empresas implicadas. Y hay que cargar esos gastos en el recibo pero puede hacerse recuperando en parte el concepto de servicio público que siempre tuvo la electricidad para evitar situaciones como las de pobreza energética y otras similares. Por supuesto las grandes empresas que tanto se benefician del sistema deben pagar lo que cuesta la electricidad que utilizan con un sobre cargo para compensar el servicio público que hay que atender desde el Estado.
  • Así pues, está claro que:

LA ELECTRICIDAD ES DEMASIADO CARA EN RELACIÓN CON LO QUE CUESTA PRODUCIRLA PERO ES MUY BARATA EN RELACIÓN CON EL SERVICIO QUE NOS PRESTA.

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EGOISMO Y MEZQUINDAD (II)

He decidido seguir escribiendo sobre el asunto que, hoy por hoy, creo que ha llegado a unos límites muy elevados de urgencia social y humana.

Así pues, sigo con mis comentarios empezando por resaltar el que me parece más escandaloso: el cinismo de las autoridades europeas que me parece que no representan el sentir de la mayoría de los europeos; desde luego no el mío. Supongo que a muchos europeos, que han recibido –y siguen recibiendo- buenos beneficios, a nivel personal y colectivo, gracias a las materias primas que vienen de Africa debe darles vergüenza que no se sea más generosos con las personas que ahora están viniendo de allí, huyendo de su situación sin futuro a pesar de los grandes recursos de que disponen en sus países de origen.

Parece que las autoridades europeas está planeando el “recibir” a los emigrantes en grandes instalaciones de recepción (en realidad serán auténticos campos de concentración) para filtrar allí a los que pueden entrar en Europa y a los que no. Eso es parecido a lo que podrían –y deberían- hacer en sus países con las personas y empresas europeas que quieran ir a hacer negocios a los países africanos. Por supuesto esas auténticas cárceles –aunque sean transitorias- no estarán en suelo europeo. ¿Dónde entonces? ¿en suelo africano?, ¿en Túnez, Marruecos, Argelia, Libia, etc.? Pues, ya puestos a negociar ese tipo de instalaciones en esos países se me ocurre que podrían negociar otras cuestiones. Como ejemplo se me ocurren algunas que relaciono a continuación:

  • Poner en marcha en los países de origen de los refugiados programas de promoción de empleo y asistencia social que mejoren la calidad de vida de muchas personas de esos lugares. Evidentemente hay que empezar por las zonas de donde proceden los migrantes mayoritarios y también hay que tener muy en cuenta a los gobernantes del lugar para que no se queden con los fondos y lleguen a donde de verdad tienen que llegar.
  • Hacer convenios con los gobiernos respectivos para conseguir una auténtica democratización. Es obvio que eso no se consigue de un día para otro pero en algún momento hay que empezar. Pienso en una especie de “Plan Marshall” para Africa desde la Unión europea. Ya se que –como siempre- muchos dirán que ese plan es también necesario en muchos países europeos. Yo creo que una cosa no quita la otra. También creo que los países que deben poner más en esos planes deben ser los que más beneficios han sacado de Africa.
  • A los refugiados que ya están en Europa hay que ofrecerles condiciones de vida digna con trabajos no degradantes como, de hecho, está ocurriendo en muchos sitios (por no decir en la mayoría). Creo que no es difícil. En el anterior artículo cité lo de recuperar zonas y pueblos que se están quedando despoblados. Seguro que a muchas personas se les ocurrirán soluciones mejores que la que he propuesto.
  • Para contrarrestar las barbaridades de Trump y de Hungría yo propondría una ley que obligue a reunir a los hijos con sus padres y castigar a los que menosprecien y traten mal a los refugiados.
  • Luchar –con la ayuda de las autoridades de los países de origen- contra las mafias de tratas de personas. Pero hacerlo de verdad, creyéndoselo y poniendo los medios para hacerlo realidad.

 

Bueno, por hoy ya vale.

EGOISMO Y MEZQUINDAD DE LOS PAÍSES RICOS EN RELACION CON LAS MIGRACIONES

La situación de desprecio a los valores de solidaridad con los seres humanos más desgraciados que está viviendo en los últimos tiempos me incita a escribir lo que sigue. Desde una visión parcial (la mía) y un desconocimiento profesional del tema; pero abrumado por la mezquindad de los países ricos del planeta.

Creo que la primera reflexión que hay que hacerse es averiguar y saber cómo se han hecho ricos los países ricos. En el caso concreto al que, específicamente, voy a hacer referencia, Europa frente a países africanos, el asunto me parece escandaloso. ¿Cuántas materias primas de alto valor han sacado -seguramente siguen sacando- Bélgica, Holanda, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y también España del continente africano? ¿Cuánto dinero vale lo que han sacado? ¿Compensaría las limosnas que le estamos racaneando a los pobres africanos que exponen su vida para buscar otra mejor en nuestro continente opulento? Para mí que no habría que hacerse esas preguntas. Bastaría con tener algo de corazón y sentido humanitario para atender a estas personas que nos miran con tanta admiración como esperanza de que les ayudemos a vivir mejor. Aunque también deberíamos preguntarnos algo más. ¿Qué futuro tienen sociedades como las nuestras con tan bajas tasas de natalidad? ¿Por qué se están abandonando pueblos enteros en el interior de la península ibérica? Y supongo que pasará algo parecido en otros países europeos. ¿Cómo no se les ocurre a nuestros gobiernos ofrecer a estas personas que se ocupen de recuperar esos pueblos y zonas agrícolas abandonadas? ¿No sería mejor que dejarlos medio abandonados en nuestras opulentas ciudades malviviendo y sintiendo que se han equivocado viniendo aquí?

En fin, que estoy abrumado por tanta miseria humana colectiva de países egoístas y con un grado de humanismo tan bajo que roza lo peor de la raza humana.

Pero lo que me saca de quicio es “lo” de Estados Unidos –el país más rico del mundo- separando a los hijos de los padres en un acto tan inhumano que debería incluirse en los delitos de genocidio. ¿Cómo un ser humano –el tan denostado Trump- tiene tan duro el corazón que le quita sus hijos a esos padres desesperados? Supongo que esos padres se rebelarán ante esa situación y si pudieran harían lo que fuera con tal de recuperar a sus hijos. Sinceramente, no puedo situarme en su pellejo y en su alma.

En fin que –para compensar- pienso en otros seres humanos que se agrupan de asociaciones humanitarias y ONGs para paliar un poco todo este desastre humano. Pero me temo –como se está viendo- que son una gota de agua en un océano de miseria y mezquindad.

Solo veo una solución. Aunque, lamentablemente, no sea a corto plazo: que los seres humanos de esos países que dejan morir –física y moralmente- a tantos seres humanos dejen de votar a esos líderes que son capaces de semejante atrocidad.

Bueno, la verdad, que empecé a escribir esto porque no puedo más con tanta vergüenza como ser humano y me siento despreciable por no hacer nada para evitar este desastre.

A vueltas con la publicidad engañosa

El pasado viernes, 23 de febrero en el diario ABC se incluía un suplemento que titulaban “GLP Y GNC, Una alternativa limpia y barata” y como subtítulo “el gas licuado y el gas comprimido, opciones ecológicas, económicas y prácticas al coche eléctrico, al diésel y a la gasolina”.

Cualquiera que lea el titular y el subtítulo, ambos tan rotundos piensa que va a encontrar una buena alternativa a los coches actuales, tanto de diésel como de gasolina, más limpia y más barata. Incluso mejor que el coche eléctrico.

Al margen de la falsedad relativa del título y el subtítulo, como luego explicaré, cuando se entra en el suplemento resulta que de las 17 páginas solo dos se dedican al tema que se publicita. El resto es pura publicidad de coches convencionales. Para colmo en las dos páginas que dedican al tema, uno de los artículos, firmado por un doctor en Química que titula “propiedades del GLP y del GNC” que lo termina diciendo que el GNC tiene un poder calorífico de 50.200 kcal/kg y que el del GLP es 46.000 kcal/kg. Por supuesto se trata de una errata, lamentablemente muy habitual cuando en los periódicos sale algún dato en temas energéticos. En realidad, a un lector normal le da igual el número porque no tiene elemento de comparación. Creo que vale la pena aclarar algo en ese sentido. Al día de hoy, con tanto información en internet es fácil saber que la madera tiene un poder calorífico de aproximadamente 5000 kcal/kg, es decir que un kilogramo de madera da lugar a 5000 kcal. Por otro lado los combustibles fósiles (petróleo, gas natural) tienen un poder calorífico del orden de 10000 kcal/kg (el gas natural algo más) y el carbón mineral más energético tiene un poder calorífico de 7000 kcal/kg. La unidad oficial para todos estos valores es el kilojulio (kJ) que se corresponde con la kilocaloría de acuerdo con la siguiente relación, 1 kcal = 4,2 kJ. Así pues la errata antes citada es que la unidad eran kJ/kg en vez de kcal/kg.

Dicho eso que no tiene mayor importancia hago referencia a otro detalle que tampoco es demasiado significativo: licuado y comprimido vienen a ser lo mismo, tanto en un caso como en el otro la sustancia (gases licuados del petróleo y gas natural comprimido) son gases a presión y temperatura ambiente pero que tienen un al desplazarnosalmacenen deberían ser muy grandes y, por tanto, muy costosos. Para licuar un gas hay que comprimirlo hasta la presión a la cual la sustancia llega al estado líquido en el que el volumen específico es lo suficientemente bajo para que el depósito tenga el tamaño manejable al que estamos acostumbrados (pensemos en la bombona de butano). En  fin, que licuado y comprimido vienen a significar lo mismo, alta presión y estado líquido.

Pero lo que me ha llevado a escribir esto es lo de “alternativa limpia y barata”. Un artículo en esas dos hojas deja claro lo de barata. Según el autor con un coche con GLP se ahorra 30 euros cada 1000 km y le cuesta 1314 euros más. Sin comentarios.

Pero el colmo y es la razón de fondo para escribir esto es lo de “limpia”. Esto si que hay que aclararlo de una vez por todas. Cierto es que al quemar gas natural o gas licuado del petróleo se producen menos gases de efecto invernadero que si quemamos gasolina o gasóleo. Y no digamos que carbón. Por lo cual es cierto que esos vehículos son más limpios que los de gasolina o de gasóleo. Pero de ahí a decir que es una alternativa limpia hay mucho que discutir. En realidad nada de lo que hacen los seres humanos para desplazarse es limpio, ni siquiera si lo hacemos a pie, en bicicleta o a caballo puesto que los seres humanos y los animales emitimos CO2 por el solo hecho de existir. Cuestión aparte es el coche eléctrico. Al margen de que sus elementos de construcción y las baterías sobre todo incorporan elementos contaminantes la electricidad que alimenta las baterías si se obtiene de la red eléctrica general también ha sido obtenida con emisiones de gases de efecto invernadero, excepto si la instalación es de energías renovables, sea solar, eólica, hidráulica e incluso biomasa.

Así pues y en conclusión no es nada claro que un coche de GLP o de GNC sea “una alternativa limpia y barata”.

Las naranjas amargas de Sevilla

Las naranjas amargas de Sevilla.

Estoy viendo estos días (mediados del mes de enero de 2018) las calles de Sevilla (y de los pueblos de alrededor, incluido Mairena del Aljarafe) con grandes cantidades de naranjas en el suelo, machacadas por los coches y los peatones que circulan por ellas.

Me produce un gran escándalo ver que no se recogen porque pienso que esas naranjas tienen, además de valor económico, valor energético que se está dilapidando. Y, la verdad, no entiendo por qué. Supongo que es porque alguien que otros años las recogía y las comercializaba ya no lo hace por razones que desconozco. Pero entiendo que son un bien público y que los responsables de ese bien deberían ocuparse de recogerlas y sacarles el máximo beneficio económico y social (algunos puestos de trabajo dará el recogerlas; digo yo). Todavía recuerdo de mi época de alcalde de Mairena (1987-1991) que días antes de las navidades Pepe “el municipal” (el policía local más antiguo y querido de Mairena, D. José Olivar) me decía: “¿recogemos las naranjas?, porque si no los muchachos se las tiran unos a otros en las fiestas y ponen perdidas las calles”. Obviamente, él se ocupaba de todo y se aprovechaban aquellas naranjas, supongo yo que –al final- para hacer las célebres mermeladas de naranja amarga, no se si en Inglaterra o en otro sitio. Lo cierto y verdad es que no estaban por el suelo y se les sacaba un beneficio, incluido el económico.

Supongo que esas naranjas tienen bastantes aprovechamientos, incluido el citado de las mermeladas pero también como residuo energético que podría ser bien empleado.

Solo falta que alguien se preocupe y ocupe del asunto como hacía en Mairena mi recordado y querido Pepe.

Referéndum en Cataluña y libertad

Uno de los temas sobre el que tengo ganas de escribir hace un tiempo y me he resistido hasta ahora es el “tema catalán”.

Antes de entrar formalmente en él quiero hacer una serie de disquisiciones que también me vienen rondando por la cabeza y que tienen alguna relación con el asunto concreto e inmediato.

Sobre todo quiero hacer algunos comentarios sobre algo que me parece capital para los seres humanos: su libertad individual y colectiva.

No soy filósofo ni nada que se le parezca por lo que solo tengo sobre el tema las nociones e intuiciones de un ser humano que me creo normal aunque con formación específica solo de científico de base.

Primero, dos anécdotas al respecto.

Hace ya bastantes años (tiempos del franquismo profundo), estudiando Física Nuclear en Toulouse (Francia), un compañero (por cierto medio catalán, medio argentino) y yo fuimos a la sede de los anarquistas españoles en aquella ciudad (el Ateneo español) y nos atendió su presidente formal, un señor mayor (como yo ahora, más o menos) y, además de ofrecernos la biblioteca que era muy sugerente para nosotros en aquel tiempo nos dijo estas palabras (solo recuerdo el sentido, no la literalidad):

“No os hago ningún discurso político, solo os digo que defendáis siempre vuestra libertad”. Aquellas palabras me impresionaron hasta el punto que las recuerdo más de cincuenta años más tarde.

Cuando en vez de una persona se trata de un colectivo el asunto se complica conceptualmente un poco más. Pero, básicamente es lo mismo, la libertad de unos “choca” con la libertad de otros. Muchos catalanes tienen la libertad de constituir un nuevo estado independiente de España (y seguramente también de Europa) pero si hay más catalanes que quieren ejercer su libertad de no separarse de España, ¿qué libertad gana? ¿la del que va por acera tranquilamente o la del que se sube por la acera con su coche?

Y ¿cómo se sabe cuántos catalanes hay en un lado y en el otro? cualquier persona sensata dirá: preguntándoselo. Es obvio. Pero ¿cómo se les pregunta? y ¿quién decide si se les pregunta? Y ¿por qué a los catalanes y no a otros (extremeños por ejemplo que tienen muchas más razones para estar descontentos del estado España?)

Dejemos ese aspecto de la cuestión y pensemos que “alguien” ha decidido que hay que hacerle la pregunta a los catalanes, aunque haya muchos catalanes que no quieran que se les pregunte. ¿Cómo se les pregunta? ¿en un referéndum? Parece que es lo lógico porque para eso están los referéndums, para preguntarle cosas a los componentes de un colectivo. Pues bien, preguntemos a los catalanes y hagamos ese referéndum. Sinceramente creo que es bastante lógico aunque no lo comparta del todo. No del todo porque no creo que todos los catalanes quieran que se les pregunte lo sencillo y claro: ¿quieren separarse de España?

Si se llegara a esa conclusión lo que es evidente es que ese referéndum tendría que hacerse con todas las garantías de limpieza, transparencia, seguridad jurídica y previa una campaña en la que todos tuvieran las mismas oportunidades de defender su postura por el si o por el no.

Lamentablemente creo que lo que se ha hecho el pasado 1 de octubre no ha sido eso. Pero también creo que, más pronto que tarde habría que hacerlo. Quien haya tenido la culpa de que no se hiciera correctamente no me importa demasiado; lo definitivo es que se haga con todas las garantías para los catalanes.

Cierto es que, al día siguiente yo querría que se hiciera otro igual o parecido en Extremadura (o en Andalucía, Castilla la Mancha, etc.). Por la sencilla razón de que tenemos el mismo derecho a manifestar nuestra opinión que los catalanes.

El coche eléctrico. Primera aproximación

  • Introducción

 

Se veía venir y lo sorprendente es que no haya aparecido antes. Me refiero a la guerra entre las eléctricas y las petroleras ante la introducción masiva que se ve llegar del coche eléctrico, sea este con baterías o con pila de combustible.

Por un lado, a las empresas eléctricas le viene muy en varios sentidos pero, sobre todo en uno: con la “llegada” del coche eléctrico pueden compensar la pérdida de ventas de electricidad que la modificación paulatina del sistema eléctrico les está generando ante la incorporación de las energías renovables distribuidas. Por el otro, el de las petroleras, es evidente que la entrada masiva del coche eléctrico disminuye sus ventas de manera muy fuerte. Hay un tercer sector en litigio, el de los fabricantes de vehículos motorizados; pero estos ya se vienen preparando y, en el fondo, solo representa un cambio en las fábricas de la mayor parte de los elementos del vehículo, sobre todo el motor. Pero supongo que se adaptarán, con mayor o menor dificultad pero lo conseguirán. De hecho todos los grandes fabricantes de automóviles ya venden coches eléctricos de baterías y de pila de combustible aunque de estos últimos en España todavía hay muy pocos; pero también llegarán.

Por el lado de las eléctricas ya están introduciendo campañas de promoción del coche eléctrico y apoyando la necesaria infraestructura de carga y refuerzo de las líneas eléctricas imprescindibles. Las petroleras, por el contrario, se están poniendo –como era de esperar- a la defensiva, difundiendo en los medios de comunicación –incluidas las redes sociales- la idea de que el coche eléctrico no representa ventajas de ningún tipo y que el sistema eléctrico no tiene capacidad para alimentar a todos los vehículos del parque español si se sustituyen todos los convencionales por eléctricos. Enseguida demostraremos que esto último no tiene fundamento; con los datos actuales del sistema eléctrico español.

Me parece que no me queda más remedio que intervenir dando mi versión del asunto, aunque todavía de manera muy somera e inicial. Como siempre, apoyándome en datos oficiales y/o experimentales.

Ahora se trata de un análisis sencillo y con sentido práctico.

  • Comparación energética y ambiental entre un coche eléctrico y uno convencional

 

¿Qué es mejor, más económico y mejor ambientalmente? ¿el coche convencional o el eléctrico? ¿Tantas ventajas tiene este último que justifica el cambio?

El asunto me recuerda la fábula de los galgos y los podencos. Ya saben el final, “los que por cuestiones de poco momento dejan lo que importa, llévense el ejemplo”. Lo que importa y es el problema principal es el que debe mandar y decidir en este asunto. Me refiero, claro está a la vida en el planeta Tierra que está ya en riesgo como consecuencia del cambio climático que está originado por el aumento continuo de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera consecuencia a su vez de las combustiones en los más de mil millones de vehículos automóviles que ahora mismo circulan en el mundo. Cierto es que el coche eléctrico en su concepción actual no las reduce a cero como algunos dicen pero lo que es indudable es que las disminuyen considerablemente.

Por otro lado y mirando el sentido económico del asunto, el posible usuario se preguntará cuanto le cuesta uno y otro y a cuanto le salen los 100 km que, parece ser es la medida básica de recorrido de los automóviles.

Vamos ya con unos primeros datos, aunque sean de carácter general.

Consumo de energía

Coche de gasolina de referencia en el parque español, para el que suponemos –con el IDAE- un consumo de 6 l/100 km = 5,07 kg/100 km equivalentes en energía a 61,8 kWh/100 km.

Datos reales de un coche eléctrico concreto (de mi hijo), similar en tamaño al de gasolina antes citado, circulando dos años (2015 y 2016):

km recorridos, 17000 en 2015 y 11000 en el 2016.

Consumo de electricidad de la red, 2720 kWh (2015) y 1771 (2016); luego, consumo específico, 16 kWh/100 km y 16,1 kWh/100 km respectivamente. Me quedo con el dato de los 16 kWh/100 km que vamos a comparar con los del vehículo de gasolina.

Todo el mundo pensará que es mucho mejor el eléctrico pero realmente no es del todo así porque los 16 kWh de electricidad equivalen en combustible a aproximadamente 48 kWh que no están tan lejos de los 61,8 del vehículo convencional. Hay que ser conscientes que para generar una determinada cantidad de electricidad en cualquier central termoeléctrica se necesitan 3 unidades de combustible (16×3 = 48). Cierto es que el vehículo eléctrico tiene algo más de rendimiento termodinámico que el de combustión interna pero no mucho y eso no justificaría suficientementenel cambio. También es cierto que en el sistema eléctrico español actual solo algo más de la mitad de la electricidad se obtiene en centrales termoeléctricas (nucleares, de carbón y de gas natural); el resto se obtiene en centrales eólicas, fotovoltaicas, termosolares, de biomasa e hidráulicas que no son térmicas (excepto las termosolares) y que no producen gases de efecto invernadero.

Contaminación

Emisiones de CO2 del vehículo de gasolina 14,4 kgCO2/100 km;

Emisiones de CO2 de la electricidad de la red (datos del año 2016; fuente REE), 3,89 kgCO2/100 km. Aquí sí que la diferencia es clara y rotunda, el coche eléctrico (3,89 kgCO2/100 km) es responsable de emisiones en casi la cuarta parte que el correspondiente de gasolina. No digamos que el de gasóleo. Por supuesto, si el vehículo eléctrico se hubiera cargado en una instalación fotovoltaica las emisiones hubieran sido nulas.

Por otro lado hay que considerar las emisiones de óxidos de nitrógeno (precursor del ozono troposférico impulsor de varias enfermedades) concentrados en las ciudades mientras que la electricidad incluso la de la red genera menos óxidos de nitrógeno y en lugares dispersos y –en el sistema actual- lejos de las ciudades.

En definitiva el coche eléctrico es muy interesante para mejorar las condiciones ambientales, tanto en las ciudades como de manera general, que es el punto clave sobre el que estamos argumentando.

Coste

Gasolina, (1,249 €/l) = 7,494 €/100 km.

Electricidad, incluido todo el consumo del coche eléctrico, tomada de la red, 317,35 € (2015) y 244,97 € (2016); es decir, 1,872 €/100 km y 2,23 €/100 km. Tomo como referencia un valor medio de los dos años, es decir, 2 €/100 km

En cuanto al coste por 100 km, por tanto, también está muy claro, con el vehículo eléctrico cuesta casi la cuarta parte que el de gasolina para recorrer los 100 km de referencia.

Pero conviene aclarar algo en cuanto al coste de la electricidad. El dato que he dado es cargando el vehículo por la noche, o sea acogiéndonos al tramo P2 de la factura de la electricidad. Si no hubiéramos tenido esa precaución nos hubiera costado algo más; en concreto, 2,46 €/100 km. Claro que si hubiéramos cargado las baterías con una instalación fotovoltaica no nos hubiera costado nada.

Comparación para el recorrido en un año

Si tomamos como recorrido medio de un automóvil español los 12000 km/año que dice el IDAE los datos del apartado anterior solo hay que multiplicarlos por 120. Daremos el resultado para concretar un poco las ideas.

El turismo medio que he considerado consumiría al año 7416 kWh en forma de carburante de origen fósil. El vehículo eléctrico equivalente consumiría 1920 kWh/año.

En cuanto a contaminación, el coche de gasolina hubiera emitido en el propio vehículo 1728 kgCO2 y el eléctrico hubiera sido responsable si se alimenta de la red general actual, de 466,8 kgCO2 y cero si se carga con una instalación fotovoltaica (o eólica, hidráulica, termosolar o de biomasa).

El coste anual del carburante del coche de gasolina le hubiera costado al usuario 899 euros para recorrer esos 12000 km, frente a los 240 con el coche eléctrico; y si hubiera cargado desde una instalación fotovoltaica le hubiera costado 0 €. Parece conveniente aclarar que lo que cuesta cero euros en una instalación fotovoltaica es el combustible (la radiación solar) pero es obvio que esa instalación ha tenido un coste; las otras, tanto convencionales como de energías renovables, también.

¡Ah!, se me olvidaba, la autonomía del coche eléctrico que siempre se pone como una “pega” del coche eléctrico. En el que hemos utilizado como referencia es de 400 km que considero más que suficiente para los desplazamientos más habituales al día de hoy. Pero es que el coche eléctrico alimentado por una pila de combustible de hidrógeno tiene una autonomía superior a los 700 km, aunque es cierto que, al día de hoy es más caro que el de baterías.

En cuanto a la comparación económica hay que considerar más factores que el mero coste del combustible y de la electricidad. Es cierto pero para aclararlo todo con suficiente detalle se requiere un estudio más pormenorizado que este. Hay mucho que matizar: Subvenciones, comprar baterías o alquilarlas, pagar por las emisiones o no, etc.

De igual manera para establecer con mayor precisión el aspecto ambiental de la comparación habría que hacer un estudio de ciclo de vida en ambos casos. No cabe duda, en ese sentido, que las baterías –hoy por hoy- son un hándicap importante en contra del vehículo eléctrico; pero al margen de que hay que hacer el estudio con mayor detalle también hay que pensar que el vehículo eléctrico puede ser alimentado con electricidad producida en una pila de combustible en vez de con baterías. Incluso en ese caso, los aspectos ambientales no son nulos.

 

  • Datos globales. Capacidad de España de generar la electricidad de los coches eléctricos

 

Al margen de que se puede hacer un análisis todo lo detallado que se quiera con la aproximación inicial que hago aquí queda evidente que se podrían sustituir –de la noche a la mañana- todos los turismos convencionales por los correspondientes eléctricos sin hacer ningún cambio en el sistema eléctrico.

Número de turismos según la DGT, 22876247 entre los propulsados por gasolina y los alimentados por gasóleo.

Veamos ahora el sistema eléctrico español del año 2016. Con datos de REE, las centrales eléctricas españolas generaron 262161 GWh.

Con esos datos y dividiendo por el consumo anual por vehículo que he utilizado antes (1920 kWh) queda evidente que el sistema eléctrico español podría haber abastecido a 136,5 millones de vehículos eléctricos como el que he tomado de referencia recorriendo los 12000 km anuales a que me vengo refiriendo. Dado que el número de turismos en España es algo menos de 23 millones es obvio que el sistema eléctrico español puede abastecer a todos los vehículos eléctricos que se quiera sin que se resienta por eso el sistema eléctrico. Pero si, además, consideramos que todas las centrales eléctricas españolas podrían haber generado más del doble de lo realmente generado; es decir, más de 524000 GWh es fácil concluir que no hay que aumentar el parque eléctrico español para ir sustituyendo los vehículos actuales por los correspondientes eléctricos. Es más, la paulatina sustitución a vehículos eléctricos mejoraría sustancialmente el funcionamiento del sistema eléctrico toda vez que las baterías de esos vehículos pueden ser empleadas para almacenar energía del sistema cuando sobra generación y cederla de manera ordenada en forma de energía de desplazamiento de los vehículos eléctricos.

Pero hay algo más que voy a ilustrar con datos de mi casa, en Mairena del Aljarafe (Sevilla). La instalación fotovoltaica que tengo en mis terrazas -7,5 kWp (60 m2)- generó de abril de 2010 a abril de 2011, 12996 kWh que con el dato obtenido anteriormente de un vehículo eléctrico concreto, de 1920 kWh de consumo en un recorrido de 12000 km, resulta que mi instalación solar podía haber alimentado a más de 6 coches (6,53 para ser exactos). En este caso es claro que sin emisión de gases de efecto invernadero y a coste nulo; en realidad no es nulo puesto que esa electricidad se está vertiendo a la red general y me la pagan y es evidente que si utilizo una parte para cargar mi vehículo eléctrico esa cantidad menos que vendo a la red.

  • Análisis de ciclo de vida de uno y otro. Problemáticas

 

Conocer con precisión las interacciones ambientales de cualquier proceso o de un dispositivo (en este caso vehículos de transporte) exige un llamado “análisis de ciclo de vida” que, dependiendo del proceso o del dispositivo lleva consigo un estudio complejo y de bastante dificultad si se quiere hacer bien. En el caso que nos ocupa tiene una complejidad especial puesto que no se trata solo de “seguir la pista” a los materiales de los que están construidos los vehículos sino también hacer el análisis de los carburantes y de la electricidad en un periodo de tiempo determinado que, normalmente, debe coincidir con la vida que se le asigne a cada uno. Por supuesto, también hay que analizar qué se hace con el vehículo cuando este termina en un desguace o similar.

  • Más que comentar

En mi opinión en dos direcciones, por lo que respecta al coche eléctrico:

  • La procedencia de la electricidad que se emplee.
  • La forma de almacenamiento de energía. Baterias o hidrógeno.

La evolución de esos dos asuntos tecnológicos decidirán el futuro de estos vehículos.

Uno de los problemas importantes de los vehículos eléctricos es el almacenamiento de energía. Si se hace en acumuladores electroquímicos (vulgares baterías) al día de hoy son pesadas, costosas y con un alto nivel de contaminación. Sin duda la investigación permitirá avanzar en la resolución de esos problemas.

Pero hay otra alternativa que consiste en lo siguiente:

Un coche eléctrico alimentado con la electricidad producida en una pila de combustible. Esta pila puede ser de varios tipos pero la que está en el mercado mundial es la de hidrógeno. Así pues y simplificando mucho la explicación, se almacena hidrógeno en unos depósitos (como los de gasolina o gasóleo pero un poco más complicados) que aguantan presiones del orden de 700 bar; ese hidrógeno se combina en la pila de combustible con oxígeno (del aire ambiente por ejemplo), resulta agua, calor y electricidad. Esa electricidad es la que acciona el motor que mueve el vehículo.

La clave del asunto, desde el punto de vista ambiental es cómo se obtiene el hidrógeno. Puede obtenerse de la electrolisis del agua empleando electricidad de origen renovable o no. Si es de origen renovable es evidente que se trataría de un vehículo de emisiones cero.

Pero si el proceso de obtención del hidrógeno implica la utilización de un combustible fósil (gas natural por ejemplo, hoy por hoy mayoritario) y la electricidad que se emplea es de origen fósil también, es evidente que el vehículo resultante puede ser igual de contaminante que los actuales de carburantes de origen fósil.

 

  • Resumen y conclusión.

Ya se observa que la problemática de los vehículos eléctricos tiene complicaciones y bastante complejidad pero es evidente que se está en el principio de un cambio sustancial en los vehículos de transporte en la dirección clara de sustitución de los alimentados por carburantes de origen fósil por vehículos eléctricos, con baterías o con pilas de combustible.

Cualquiera puede entender que no se van a sustituir todos los coches convencionales por eléctricos de un día para otro, sino que se trataría de un proceso con aumentos paulatinos de la sustitución de unos vehículos por otros. La velocidad del cambio no la sé predecir pero una conclusión clara es que el sistema eléctrico español está más que dimensionado para atender esa posible demanda.

En todo caso, y resumo, me parece que quedan claras las ventajas del vehículo eléctrico por lo que estoy convencido de que terminará imponiéndose.

¡España está que arde!

¡ESPAÑOLES!

Nuestro país está ardiendo y no parece preocuparle a nadie. El gobierno, los diputados y demás representantes de la sociedad se van de vacaciones sin importarles gran cosa. Lo peor no son las consecuencias inmediatas de pérdida de biomasa (energía que tenemos que comprar fuera) o de emisiones de gases de efecto invernadero (por las que tenemos que pagar) que estaban bien retenidos por el carbono almacenado en esas plantas. Lo más grave es que perdemos riqueza auténtica en sus múltiples formas (paisaje, comida de animales, recursos naturales, etc.). Y, por lo visto, nadie se preocupa suficientemente bien; al margen de las salidas en prensa siempre catastrofistas e insustanciales.

Ha llegado el momento de que los españoles tomemos conciencia del problema que nos afecta a todos, como colectivo. Es evidente que a unos más que a otros. Hoy he recorrido unos kilómetros por mi tierra (Extremadura suroeste), con dehesas de encinas a un lado y otro de la carretera y no podía evitar el pensamiento obvio de que un incendio podría arrasar esa belleza y lo que implica de sentimientos de pertenencia anímica para todos nosotros (y no solo de los extremeños; estoy seguro que de todos los españoles, aunque no lo manifestemos expresamente). Mi sensación de miedo de que eso puede ocurrir no me la puede quitar nadie.

Ante esta circunstancia que creo de emergencia nacional no puedo por menos que pedir un gran debate general sobre el tema y la correspondiente toma de decisiones para evitar ese riesgo. Al Presidente de la Junta de Extremadura, a la de la Junta de Andalucía, al gobierno español, a los diputados y senadores de toda España les pido que se tomen en serio el problema y que pongan en marcha ese debate ya imprescindible que llegue a conclusiones prácticas que, puestas en práctica, paren este gran problema o al menos lo frenen un poco. No podemos seguir quemando nuestro país. Es demasiado grave.

Un español preocupado.

 

Estamos en la renovación del PSOE

El 16 de mayo incluí en el blog un artículo que titulé “Otra renovación en el PSOE”, antes de conocerse  el resultado de las primarias del 21 de mayo y el desarrollo del 39 congreso por lo que ahora estamos en la vorágine y convulsiones producidas por los resultados -sorprendentes para algunos, pero esperados por otros- de ambos acontecimientos. En cualquier caso, la conclusión es clara y quien no quiera verla es que tiene que ir al oculista. Ha ganado las primarias no ya Pedro Sánchez sino otra forma de ver el partido y han sido los militantes los que, con su voto, han desautorizado la forma de gobernar en el partido por parte de los llamados “barones” y demás dirigentes de sus entornos, con las manipulaciones a las que los militantes de base hemos estado sometidos demasiado tiempo. También  han orientado el giro a una izquierda que nunca debió abandonarse y marcado las pautas de funcionamiento interno que deben imponerse a partir de ahora. Si aún quedan dirigentes que no se han enterado ya saben aquello de “cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”. Los militantes –a cualquier nivel- han aprendido la lección y van a poner a cada cual en su sitio. Es solo cuestión de tiempo.

Al menos, así veo yo la situación. Y, sinceramente, me siento francamente contento de que así sea. Ya era hora de que los militantes fueran los que marcaran el paso en la organización.

Finalmente, un “aviso para navegantes”, como se dice en el código de abordaje de la marina:

“En caso de peligro, aminora, para o manda ciar”.

Tertulianos y comentaristas. De todo pero políticos y de futbol, más.

Es increíble. Saben todo de todo y de su “especialidad” no digamos.

Lo primero que yo me pregunto ante gente tan sabia es como los equipos de futbol no los contratan en lugar de los entrenadores tan torpes que todo lo hacen mal siempre; y en lo referente a los especialistas en política como no forman ellos un partido político y seguro que ganarían todas las elecciones que se les pongan por delante. Por lo menos que algún partido político les contrate como asesores.

El caso más sorprendente es uno (creo que se llama Indra o algo parecido) que le da con las dos piernas, es decir que es especialista en política, en futbol y en todo lo que le pongan por delante. En concreto, un día me mandaron un debate sobre energía en el que era también experto junto a otro que estaba siempre en posesión de la verdad; un tal Marhuenda que con sus afirmaciones ex cátedra me dejaba anonadado. Vamos, que después de 40 años que llevo dando clase de Termodinámica (ciencia de la energía) comprendí lo mal que lo he hecho todos estos años en mis clases; menos mal que mis alumnos no debieron ver el debate porque si llegan a escuchar a estos dos expertos hubieran pensado lo ignorante que era su profesor.

Lo que se me ocurre es que el gobierno los contrate como asesores para todo con lo cual los ministros estarían más relajados y se equivocarían menos. En definitiva con la participación de estas super personas ganaríamos todos.

Pero ahora resulta que algunos de ellos andan metidos en problemas desagradables con lo que sus posturas de dar clases de ética y moral quedan en entredicho.

Vamos, que ahora se entiende bien porque hay gente que sigue votando a partidos llenos de corruptos. ¡Con estos individuos creando opinión está claro! Pero ya se ve que las redes sociales está acabando con esta forma de comunicar y aunque sea de manera confusa puede llegarse a un equilibrio razonable y es el usuario el que decide lo que le parece bien y lo que le parece mal.

Estamos en una nueva era de la comunicación social. Bienvenida sea.