La subida de la “luz”

“Nadie nos ha explicado nada” acaba de decir en la tele una contertulia de “los desayunos de TVE”, Lucia Méndez. El problema es ese, que nadie ha explicado nada y, claro, ante un tema complejo como es el sistema eléctrico y la fijación del precio, los consumidores en general, no entienden casi nada, solo que es muy caro el kWh. Lo malo es que muchos periodistas y tertulianos que tratan el tema tampoco se enteran mucho. Como consecuencia lógica no pueden explicarlo bien y personas bien intencionadas como Lucía Méndez se dan cuenta pero no pueden transmitir lo fundamental del asunto.

Esa situación de desconocimiento es especialmente cierta desde la implantación de la ley 54/97 del sector eléctrico a finales de 1997. En ese momento se liberalizó –es un decir- el sistema eléctrico con la sana intención de que la competencia abaratara el producto; como puede observarse no ha sido así sino todo lo contrario, se ha encarecido. De ahí viene todo. Al final hay que entender que esa ley santificó el llamado “Protocolo Eléctrico” que fue el acuerdo entre el gobierno de ese momento con Aznar como presidente y Rato como superministro de Economía y las compañías eléctricas. Recogió parte de las directivas de la Unión europea, descafeinándolas; pero sobre todo recogió los intereses económicos de las empresas del sector.

Una cosa es lo que paga el consumidor, otra es lo que cuesta generarla y otra diferente lo que se paga a las empresas que generan esa electricidad. Lo que paga el consumidor es la suma del precio de mercado que se les paga a las empresas que generan la electricidad, los llamados peajes (todo lo que cuesta mantener el sistema para que la electricidad llegue a nuestras casas) y los impuestos.

La confusión empieza en entender cómo se forma el precio del mercado, es decir a cuanto se paga en el mercado “liberalizado” la electricidad que luego termina en las viviendas, comercios, hospitales, hoteles, industrias, etc. Es lo mismo que saber a cuánto compran la electricidad las empresas que la venden al consumidor. Esa parte es la que explica las subidas de la “luz” de estos últimos tiempos.

Una vez más voy a tratar de aclarar algo que parece que cuesta trabajo entender. Más que nada porque las informaciones que recibimos habitualmente se refieren al precio de la electricidad en lo que los especialistas llaman “en barra de central, b.c.” que es lo que el sistema paga al que genera la electricidad, en el lugar donde se genera, es decir, en la central nuclear, la de ciclo combinado, la planta fotovoltaica o el parque eólico. Eso es lo que el paasado, 6 de septiembre vale 71,04 €/MWh (7,1 céntimos de euro el kWh) y el día anterior, 5 de septiembre 7,458 c€/kWh. Con datos mensuales, en julio de 2017 la electricidad se pagó en el mercado a 48,63 €/MWh y en el mismo mes de 2018 a 61,88 €/MWh. Es decir la electricidad en barras de central se pagó un 27,92 % más en 2018 que en 2017 en el mismo mes; en otros meses es diferente. Pero eso no quiere decir que el consumidor pagara el kWh un 27,92 % más caro. En realidad, pagó un 5,9 % más (yo en mi casa; en otros casos será diferente pero no mucho.

Pero, siendo esto importante, lo que realmente llega al consumidor en el recibo que tiene que pagar es otra cosa. Lo anterior es solo el 29 % del recibo. El resto son, sobre todo, los llamados peajes que incluyen muchos conceptos y que, en general, se entiende que es lo que cuesta que la electricidad llegue a nuestras casas (transporte, distribución, comercialización, mantenimiento de las entidades que intervienen en el proceso, las primas al régimen especial (ahora régimen específico que engloba las primas a las renovables, pero no solo), etc.). Ese componente del precio final de la electricidad supone un 50 % aproximadamente de lo que pagamos al final. Y, finalmente, están los impuestos que suponen algo más del 21 % (21,32 % en mi recibo del pasado mes de agosto); es el llamado impuesto de la electricidad (5,11 %) y el IVA (21 %) que, para escándalo de muchos –mío también- se aplica a todo, incluido el anterior impuesto. Curiosidad: eso si que es un impuesto como es debido y no la falacia del mal llamado “impuesto al sol”.

Para entenderlo bien hay que recurrir el recibo de la electricidad que tenemos todos. Fíjense bien con el citado recibo en la mano, cualquiera que sea el tipo de contrato que cada cual tenga. Voy a referirme al que yo tengo que es bastante frecuente en los usuarios españoles, el 2.1 A con discriminación horaria. En mi caso con dos grupos, P1 y P2. Comparando agosto 2017 con agosto 2018 el resultado global es que el kWh que yo he consumido me costó 0,2023 € en 2017 y me ha costado 0,2143 € en 2018; por cierto que hoy, 14 de septiembre, observo que entre agosto y septiembre, me ha costado 0,2077 €/kWh. Es decir ha subido un 5,9 % del año pasado a este; aunque si consideramos el dato de hoy esa subida ha sido de un 3,9 %. Esa es la realidad para un consumidor normal como soy yo. Hay que entender que cada caso es diferente pero estoy convencido de que ninguno será muy diferente a este. Cada cual puede hacer esas cuentas con sus datos y sacar sus propias conclusiones.

Pero todo no acaba ahí. Para entenderlo todo un poco mejor hay que explicar más cosas que no se ven en el recibo. Traté de explicarlo en un articulito que puse hace poco en mi blog con el título “Valor y precio. De la electricidad”. Algunos de los argumentos voy a repetirlos aquí porque si no, no se entiende lo importante.

Lo que no se explica en el recibo y por eso poca gente entiende algo es que el precio de la electricidad se fija a partir de una especie de subasta diaria y horaria que da lugar a lo que todo el mundo dice que es el precio de la electricidad y es a lo que nos hemos referido antes como precio de mercado; a eso se le suman los peajes y los impuestos. A lo que se refieren las informaciones alarmantes que recibimos todos los días es solo a esta primera parte de esos conceptos. Eso es lo que, de acuerdo con la información que da OMIE, ha subido, de agosto de 2017 a agosto de 2018 un 27,92 %. El resto de los conceptos –peajes e impuestos- no han variado sustancialmente; algo si, sobre todo por la subida del precio del CO2 emitido que ha aumentado bastante en España. Por eso, en el cómputo global el resultado de la subida para el consumidor es del orden del 6 o del 4 %.

Pero terminemos esta breve exposición explicando porque se ha producido esa subida en el precio de mercado de la electricidad.

En lo que sigue me voy a apoyar en la gráfica de OMIE que expresa de manera sencilla el proceso. En la realidad es un poco más complejo.

Las empresas que generan ofertan la cantidad de electricidad que pueden proporcionar al sistema las 24 horas siguientes a la de la sesión de que se trate (curva roja). Algunas de estas ofertas son a 0 euros por diversas razones (la nuclear porque no paran las 24 horas y tienen que generar de manera continua; las renovables porque por ley entran las primeras en el sistema, las grandes hidráulicas porque les cuesta muy poco generar (CNE dice que a 3 €/MWh) y le siguen los otros ofertantes al precio que estiman que cubren sus gastos y los beneficios que pretenden obtener. Los últimos en ofrecer son los ciclos combinados de gas natural que son los más caros.

Por otro lado están los compradores, empezando por las comercializadoras que empiezan ofreciendo compras al máximo permitido (180,3 €/MWh) porque tienen que asegurarse que consiguen la electricidad que tienen que vender a sus clientes (curva azul fina). Ellos saben que la casación se producirá a mucho menor precio. Le siguen consumidores (industrias, etc.) que proponen precios más bajos acordes con sus capacidades y sus tácticas de compra.

 

Curvas representativas de la oferta y la demanda en las subastas de electricidad (Fuente, OMIE).

Cuando se cortan las dos curvas se tiene la casación que fija el precio para esa hora y que, dado que se sigue el modelo “marginalista” este precio es el que se paga a TODOS los que han ofertado (lo hayan hecho a cero euros o a más) y el que se cobra a todos los que compran la electricidad en el mercado (comercializadoras o no).

Si en una hora determinada de un día concreto la demanda se cubriera con la oferta a precio cero, ese sería el precio en esa hora; pero eso no quiere decir que eso es lo que vaya a pagar el consumidor. Esa circunstancia se ha dado en algunas ocasiones en que había mucha oferta de renovables (mucha generación eólica, solar y de biomasa) que junto con la nuclear cubrían la demanda esperada. Esto pasó en algunas horas con escándalo de muchos y eso hace pensar –sin entrar en detalles- que mientras más renovables haya en el sistema más barata será la electricidad en el mercado.

Lo que ha ocurrido en los últimos tiempos es que ha habido poco viento, la producción hidráulica no ha sido suficiente (o no se ha gestionado correctamente) y aunque la solar ha generado lo máximo que puede (mucha radiación en estos meses de verano) que no es demasiado porque el parque fotovoltaico y el termosolar fue frenado y no ha aumentado suficientemente desde el año 2011. En definitiva, hubo que generar con gas natural y con carbón que son las que han hecho subir el precio final. Amén de que las emisiones de CO2 también han aumentado y eso también penaliza el precio final.

La conclusión es clara: mientras más renovables haya en el sistema más barata es la electricidad y mientras más gas natural y carbón se utilice más cara es la electricidad.

En otro artículo explicitaré qué se puede hacer para abaratar –o, al menos, contener- lo que el consumidor final paga por la electricidad que utiliza. Para mi es obvio que es el gobierno el que tiene que intervenir.

Dadas las condiciones actuales del sistema está muy claro que el gobierno tiene que intervenir de manera efectiva ya que el anterior le dejó esta situación por su forma de entender el sistema. Y tiene varias formas de hacerlo.

La primera de todas en los impuestos. Si ha rebajado el IVA para los actos culturales que me parece muy bien, ¿por qué no puede hacerlo para la electricidad cuando este bien es ya una necesidad, no un lujo? Si hace unos años era el 18 % y ahora es el 21 % ¿por qué no puede volver a ser del 18 %, o del 10 % o del 4 %? Solo con eso el recibo de la electricidad bajaría en aproximadamente un 3 % (como mínimo). Luego está el impuesto a la electricidad (un 5,11 %) que viene de lejos. No entiendo por qué hay que poner un impuesto adicional al consumo de electricidad cuando ya todos los otros intervinientes en el sistema pagan impuestos importantes, incluidas las empresas generadoras, distribuidoras, comercializadoras, etc. No entiendo por qué no se puede suprimir ese impuesto.

Pero el aspecto en el cual creo que el gobierno tiene que intervenir ya es en los peajes. Me parece urgente una revisión a fondo de cada uno de sus componentes y que se ajusten a la realidad de lo que cada actor pone en el sistema y lo que cobra del mismo. El caso que me parece más escandaloso es el pago por la distribución con el abuso que las grandes empresas del sector han venido haciendo sin límite. Si alguien quiere hacer una línea tiene que pagarla y además ceder la propiedad a la compañía. No lo he entendido nunca. Me parece un abuso que, incluso creo que debe ir no solo contra el sentido común (si yo pago algo, ese algo es mío, no de otro) sino contra las leyes comerciales (¿cómo es que estoy obligado a regalar algo a alguien gratuitamente?). De verdad es que no lo entiendo. Pero en los peajes hay mucho más y el gobierno es quien tiene las competencias para regularlo.

En cualquier caso lo fundamental es cambiar la metodología (el llamado pool) para fijar los precios de la electricidad en barras de central. Sé que no es fácil ni inmediato pero no se puede dejar pasar la oportunidad. El método actual lo implementó un gobierno del PP (el primero de Aznar) y lo radicalizó otro de Rajoy mientras que los gobiernos de Zapatero no hicieron nada en ese sentido. Hay que cambiar un sistema que paga 60 €/MWh lo que cuesta producir 3 €/MWh.

En definitiva que el cierto sensacionalismo que existe sobre la “subida de la luz” está razonablemente justificado pero sería mejor que se explicara bien y se pusieran las cosas en su sitio. Es escandaloso el aumento del coste de la electricidad en barras de central (28 % de julio a julio) pero en el bolsillo del consumidor solo es un 6 o un 4 % que también me parece excesivo.

Finalmente no puedo dejar pasar la ocasión para explicar a qué se debe la subida de ese precio en origen. En realidad es consecuencia de que ha habido poco viento, poca hidráulica y, aunque el sol es abundante en nuestra tierra en esta época del año, la capacidad de generación que tenemos limitada desde hace ya unos años hace que no sea significativa su contribución; esto ya lo he dicho antes; pero lo repito para que se entienda bien. Al disminuir la cantidad de electricidad generada con energías renovables aumenta la generada con carbón y con gas natural que son las más caras. Así de sencillo. Ergo ….

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COMENTARIOS SOBRE LA DIMISIÓN DEL MINISTRO FRANCÉS DE TRANSICIÓN ECOLÓGICA, NICHOLAS HULOT.

Se dice en la prensa que “el ministro estrella renuncia ante la falta de avances en el medio ambiente”. No me extraña que sea verdad. Lo peor es que visto desde España eso mismo puede pasar con nuestra ministra equivalente (más o menos), mi buena amiga Teresa Ribera.

¿Cuál es el problema de fondo? Evidentemente no estoy en posesión de ninguna verdad por lo que solo daré mi opinión, seguramente discutible.

Creo que está muy bien que un presidente como el Sr. Macron o, en su día nuestro Rodriguez Zapatero y ahora Pedro Sánchez encarguen de los temas ambientales a personas como el Sr. Hulot, Cristina Narbona o Teresa Ribera que se toman en serio los temas ambientales y que son conscientes de la necesidad (urgencia muchas veces) de tomar medidas eficaces en algunos asuntos que afectan al presente y, sobre todo, al futuro de nuestro entorno natural.

Lo malo es que suele cumplirse aquello de que “no es lo mismo predicar que dar trigo” y estos ministros con su mejor intención y ganas se tropiezan con multitud de frenos –cuando no paradas en seco- por parte de fuerzas sociales y económicas que pueden más que ellos. Ante situaciones concretas estas personas tienen dos opciones: dimitir denunciando –más o menos- las dificultades que encuentran para hacer lo que creen que es necesario o bien aguantar el “tirón” y hacer lo que puedan que siempre es mejor que no hacer nada.

Pero es lamentable que tenga que ser así. Siempre tratamos de simplificar las explicaciones y –lo que es peor- tergiversar las realidades y manipular las informaciones; casi es lo mismo una cosa que otra. Con eso se confunde a los ciudadanos y se les quita su auténtica libertad de participar democráticamente en las decisiones globales. Lo peor de todo –es mi manía de los últimos tiempos- es que con la maraña de desinformaciones sobre los temas ambientales no se avanza en lo que de verdad importa que no es otra cosa que la toma de conciencia de todos los seres humanos frente a problemas tan graves y casi irreversibles que tenemos como es el cambio climático o el exceso del uso de plásticos que ya está amenazando con asfixiarnos. Como curiosidad comprobar que en los dos casos que he citado en el fondo está el mal uso de una materia prima –el petróleo- que es el objeto de deseo de muchos países y de muchas compañías multinacionales. En fin, que es muy difícil –por no decir imposible- que un ministro, de Francia o de cualquier país, pueda parar o como mínimo frenar el abuso que se hace de ese tremendo elemento de contaminación de todo el planeta. Para resolver esos problemas hace falta algo más que la acción de un ministro o ministra concienciado. Ya se ve.

Pero no quiero terminar sin hacer referencia a un caso de simplificación, tergiversación, manipulación o como quieran llamarle que protagonizó uno de nuestros más ilustres responsables políticos españoles de los últimos tiempos. Me refiero a la afirmación que en su día hizo nuestro ínclito ex presidente del gobierno, D. Felipe González a propósito de las centrales nucleares en España. Según parece, en un momento dado en el que salieron voces en España en contra de las nucleares, el presidente del gobierno -14 años- de aquel momento, nuestro ilustre Felipe, dijo algo así como que los españoles éramos muy hipócritas porque no queríamos las centrales nucleares y sin embargo la electricidad que utilizábamos venía de las centrales nucleares francesas. Esta afirmación siempre me escandalizó, sobre todo porque venía de una persona que tenía la obligación de saber que eso no era verdad. Con eso creó una opinión a favor de las nucleares que ha condicionado el futuro del sistema energético español y propició determinadas actitudes en la opinión pública que persisten hasta hoy.

Por concretar, el Sr. González, como presidente del gobierno de España entre 1982 y 1996 debería saber –web de Red Eléctrica de España y también la del ministerio- que los intercambios de electricidad de España con Francia no son consecuencia de que nos guste más o menos la electricidad de origen nuclear ni siquiera de la capacidad de generar electricidad en un país o en el otro. Son objeto del mercado puro y duro; es decir, de cuanto le cuesta esa electricidad a una empresa determinada para sacarle más o menos beneficios. Por eso intercambiamos electricidad con Francia, con Portugal y con Marruecos. Y no porque no podamos generar la electricidad que necesitamos. De hecho, en España puede generarse el doble de la electricidad que necesitamos porque nuestro sistema eléctrico está muy sobredimensionado. Precisamente entre 1992 y 1996 España exportó electricidad a sus vecinos. En cualquier caso en cantidades poco significativas para nuestro sistema. Del orden de 5 TWh (máximo exportado) frente a 30 TWh que es el número “gordo” del sistema eléctrico español; (262 TWh en 2017). D. Felipe González creó, con su declaración  una confusión en la opinión pública española que persiste hasta el día de hoy; muchos españoles siguen pensando que España consume electricidad de las centrales nucleares francesas, aunque no sea verdad.

Termino dejando clara mi posición, en este tema general del gobierno de las cuestiones ambientales. De optimista compulsivo que soy he terminado con un pesimismo existencial. Los seres humanos vamos caminando a marchas forzadas hacia la destrucción de la vida en el planeta Tierra, incluidos nosotros mismos, obviamente. Y ya se ve que ningún ministro o ministra puede hacer nada –o casi- para evitarlo. Lamentable y triste pero cierto.

VALOR Y PRECIO. De los combustibles.

El tema lo he comentado menos veces que lo referido a la electricidad pero pienso que el usuario normal no conoce bien el sistema y las consecuencias de su utilización, por lo que creo que vale la pena un intento de clarificación en varios de sus aspectos (económicos, ambientales, seguridad, etcétera).

Para comprender el valor de los combustibles sólo tenemos que pensar en la enorme cantidad de desplazamientos de personas y mercancías en todo el mundo. Por tierra, mar y aire. Sin combustibles es impensable el comercio, el turismo y hasta la agricultura y la ganadería modernas.

Un combustible, cualquiera que sea su origen, es una sustancia que, al reaccionar con el oxígeno (normalmente el del aire) da lugar a otras sustancias (gases de la combustión) y energía térmica.  La energía térmica obtenida (calor de combustión) tiene una calidad energética (exergía) que depende de la temperatura a la que se llegue en el proceso de combustión; a mayor temperatura, más exergía (calidad).

Ese calor de la combustión es el efecto práctico que se busca.

Para su análisis inicial voy a distinguir entre combustibles de origen fósil y los procedentes de la biomasa. Los primeros, el carbón mineral, el petróleo y el gas natural. Las biomasas tienen muchas variantes: desde las maderas de todo tipo hasta los biocarburantes y el biogás.

Los precios también son muy variados y no es fácil dar un criterio de comparación teniendo en cuenta la calidad energética. Lo que nos queda como criterio es el calor de combustión (también se usa el término poder calorífico, aunque el nombre correcto es “entalpía de combustión”). Hay que distinguir entre “poder calorífico superior” (PCS) y “poder calorífico inferior” (PCI), que es el que se emplea en los cálculos porque aunque el superior es el que se mide en los aparatos correspondientes (bombas calorimétricas y calorímetros de flujo) el que realmente se aprovecha es el inferior, ya que es el superior restándole el calor que se necesita para evaporar el agua que se forma en la combustión.

En general los combustibles fósiles tienen valores del orden de 10000 kcal/kg, mientras que las biomasas se quedan por debajo de 5000 kcal/kg. Así pues la comparación en precios la haremos en relación con la cantidad de energía térmica que puede obtenerse realmente en una combustión. Podemos utilizar la kcal pero emplearemos el kWh, ya que tenemos una clara relación y referencia con la electricidad (1 kWh = 860 kcal). En los ámbitos profesionales se utiliza mucho como unidad la termia = 1000 kcal que se aproxima bastante al kWh. Los precios en el mercado al día de hoy son, aproximadamente, los siguientes:

Gasolina, 16,35 c€/kWh

Gasóleo, 12,539 c€/kWh

Butano, 9,869 c€/kWh

Gas natural, de 10,57 c€/kWh (cliente concreto de bajo consumo) a 5,7 c€/kWh (cliente de mayor consumo)

Biomasas sólidas:

Hueso de aceituna, 4,09 c€/kWh

Pellets, 5,44 c€/kWh

Astillas (a granel), 2,47 c€/kWh

 

Electricidad, 20 c€/kWh

 

Es obvio que esos precios están normalizados a un kWh de energía térmica producida. Se puede observar cómo los combustibles obtenidos a partir de biomasas sólidas son mucho más baratos que los procedentes de combustibles fósiles. Una cuestión sugerente y de interés para los consumidores: la misma cantidad de energía térmica obtenida con combustibles siempre es más barata que si se obtiene directamente a partir de electricidad, por medio de una resistencia (en un brasero eléctrico, por ejemplo); de hecho debería ser tres veces más barata pero, como se puede observar por los datos, no es del todo así como consecuencia de la distorsión que introducen los impuestos.

Los combustibles que usamos en las diferentes aplicaciones son, en realidad, sustancias derivadas de las materias primas originales, en unos casos mediante procesos bastante complicados y en otros, mucho más simples.

En este repaso introductorio creo conveniente aclarar que un aspecto de los combustibles que no se puede olvidar es que en las combustiones se generan gases de distinto tipo pero aquí sólo nos fijaremos en el dióxido de carbono (CO2), principal gas de efecto invernadero. Normalmente es muy sencillo calcular la cantidad de CO2 que se produce en una combustión. De hecho daremos luego los datos correspondientes a los combustibles más habituales.

Para terminar esta introducción a este tema tan complejo conviene no olvidar que en las combustiones se producen, además, otros gases que, en general, son contaminantes y provocan efectos indeseables para la salud humana.

 

Procesos por los que los combustibles llegan al consumidor

 

El primer paso es, obviamente, obtener la materia prima. Paso no siempre sencillo y, muy a menudo acompañado de fuerte contaminación en el lugar donde se extrae. Previamente se requieren trabajos de detección de las sustancias correspondientes (carbón, petróleo, gas natural). Es evidente que en unos casos las exploraciones son más complejas y difíciles que en otros; la contaminación siempre es muy alta. Dado el objetivo de este trabajo no voy a detenerme en explicar ningún caso concreto.

Una vez obtenida la materia prima (carbón, petróleo crudo, gas natural, madera, etc.) hay que transportarla al lugar donde se procesa (refinería, planta de gasificación, peletizadora, etc.), en la mayor parte de los casos a muchos kilómetros de distancia y por distintos medios (barcos, conductos, camiones).

Una vez en la “fábrica” se procede a su transformación en la sustancia que se vende en el mercado. El caso más importante en cuanto a cantidad procesada es el petróleo crudo para obtener los gases combustibles (butano, propano), las gasolinas, los gasóleos, el fuel. Se trata de grandes instalaciones industriales llamadas refinerías. La disponibilidad de refinerías de petróleo ha sido una clave muy importante en el desarrollo económico de los países. Puede darse el caso que países que no tienen petróleo (España por ejemplo) tienen muchas refinerías por lo que venden combustibles ya procesados a otros países.

Otro paso importante en el sistema de combustibles es la distribución de los productos finales. Desde flotas de camiones, gasoductos, oleoductos, hasta estaciones de servicio de combustibles adonde acuden los consumidores para adquirirlos. Todo un dispositivo muy complejo que hay que mantener económicamente, igual que en el sistema eléctrico.

Demos ya el paso al consumo de esos productos esenciales en la vida de los seres humanos actuales.

Uno de los usos más importantes es para el desplazamiento de personas y mercancías mediante vehículos propulsados por motores de combustión interna. Sin duda es la principal forma de consumo y también de contaminación e interacción negativa con la naturaleza. Al día de hoy el consumo de estos llamados “derivados del petróleo” constituye el 52,4 % del consumo de combustibles en todo el mundo (3847,4 Mtep) y todos los combustibles (7338,2 Mtep) suponen el 78,2 % de la suma de los combustibles, electricidad y renovables directas (solar térmica y biomasa de calefacción). En España esos porcentajes también son muy elevados: 41266 ktep (67,5 %) los derivados del petróleo frente a todos los combustibles, y todos ellos (61124 Mtep) un 75 % de la suma de combustibles, electricidad y renovables directas.

Le sigue en importancia numérica el uso de combustibles de todo tipo para producir energía térmica (calor le llama casi todo el mundo, aunque no es exactamente eso; yo prefiero llamarle “energía térmica” que es más preciso). Las formas y dispositivos concretos son muy diversos. Desde calderas de todo tipo y combustibles hasta cocinas y otros dispositivos para procesar alimentos, aclimatar espacios, hasta aporte térmico a procesos industriales. En casi todos los casos el rendimiento es muy elevado (por encima del 60 %) porque se transforma energía de bastante alta calidad en otra de menor calidad energética.

 

Economía de los combustibles

Entro ahora en un breve repaso a los aspectos económicos ligados a los combustibles.

Como veremos el establecimiento de los precios en los combustibles principales sigue el mismo esquema que los de la electricidad:

  • Coste del combustible en sí mismo, sea este producido en las instalaciones españolas (refinerías sobre todo) o comprado en el extranjero (el crudo y/o los productos).
  • Pagos por transporte y, sobre todo, distribución.
  • Finalmente, impuestos. En el caso de los combustibles es superior incluso a los de la electricidad.

Empecemos por los carburantes, sobre todo gasolina y gasóleo. ¿Cómo se forma el precio de esta auténtica droga del sistema económico? Vaya de entrada que considero que es igual de confuso e injusto que la electricidad.

Al día de hoy (julio de 2018), un litro de gasolina de 95 octanos cuesta a un consumidor normal 1,349 €. Si es gasóleo ordinario, 1,249 € el litro. Traducido a un lenguaje energético eso significa 16,35 c€/kWh para la gasolina y 12,539 c€/kWh que podemos comparar con la electricidad (del orden de 20 c€/kWh). Esa comparación me sugiere algunos comentarios que creo de interés para muchos. En realidad, la electricidad debería costar tres veces más que cualquier combustible (una unidad de electricidad cuesta producirla tres unidades de energía térmica). No es así en el mercado actual porque el Estado modifica los precios a fin de obtener los mayores ingresos posibles. Cierto es que los impuestos son importantes en todos los productos energéticos pero donde más cantidad se pone en juego es en los combustibles.

Precio de los carburantes en Europa en los que se aprecia bien lo que digo y en todos los países, no solo en España:

Pondremos sólo unos cuantos países más representativos, empezando por España para que nos sirva como referencia.  Como puede observarse no es el país europeo donde son más caros los carburantes. (PAI es “precio antes de impuestos”).

 

País PAI gasolina Impuestos Total PAI gasóleo Impuestos Total
España 0,634 0,691 1,326 0,648 0,581 1,229
Alemania 0,571 0,887 1,458 0,602 0,674 1,276
Bulgaria 0,581 0,552 1,133 0,609 0,518 1,127
Finlandia 0,589 0,977 1,566 0,670 0,731 1,401
Francia 0,585 0,947 1,532 0,598 0,851 1,449
Holanda 0,590 1,076 1,666 0,631 0,735 1,366
Italia 0,610 1,023 1,633 0,622 0,890 1,512
Portugal 0,625 0,954 1,579 0,635 0,726 1,361

 

Algunos detalles “curiosos”:

  • Los carburantes derivados del petróleo en España no son los más caros de Europa.
  • Tampoco en España se gravan más las gasolinas y los gasóleos que en otros países europeos; donde más, en Italia (gasóleo) y en Holanda (gasolina).
  • En todos los casos los impuestos a las gasolinas son superiores a los de los gasóleos. Supongo que eso va a cambiar muy pronto. En España estaría muy justificado.

El que los gasóleos tengan impuestos menores (en términos relativos) que los de las gasolinas tiene una explicación. En un momento determinado se decidió promover el uso de vehículos propulsados con motores de combustión Diesel aunque no entiendo muy bien la razón termodinámica de tal decisión. Eso propició que se difundiera por los consumidores aquello de que “cuando se hacen muchos kilómetros resulta mucho más barato el diésel que el de gasolina” y se cumplió lo que se pretendía: que se vendieran más vehículos diésel que de gasolina. Pero dio lugar (en concreto en España) que las refinerías no pudieran producir todo el gasóleo necesario y sobrara gasolina. Esa es la razón por la que España compra gasóleo en el extranjero y vende gasolina. Es decir que sin tener petróleo vendemos mucha gasolina.

Un detalle significativo es que cuando se adquiere una cantidad de carburante se paga y nos llevamos los litros que sean en nuestro vehículo y ahí acabó la relación comercial. Igual que ocurre con las bombonas de butano o de propano.

No es así con el gas natural, que a esos efectos de precio se comporta de forma más parecida a la electricidad. Tiene un componente fijo dependiendo de la potencia (cantidad disponible) que se paga se consuma o no. Un caso concreto es 0,140712 €/día

El componente de consumo se paga a 0,0151215 €/kWh. Estos datos son para un consumidor pequeño (< a 5000 kWh/año) También hay que pagar el alquiler del equipo de medida (como en la electricidad) y el IVA, que también aquí es el 21 %.

En el caso del gas natural hay una “curiosidad” más. En las estadísticas las cantidades de gas se daban en m3 normales; es decir en volumen ocupado cuando la temperatura y la presión son las “normales” (0ºC y 1 atm[i])[1].

En definitiva se copia el mismo sistema que en la electricidad,  aunque realmente es diferente porque el gas natural se puede almacenar (como el propano o el butano) pero no se contempla esa opción, que sería más ventajosa para el consumidor, sobre todo el mediano y gran consumidor.

Los biocarburantes son un caso aparte. Lo normal y lo legal en España y en Europa es que se exija una mezcla con los carburantes normales. De hecho, en España el etanol y el bioetanol entra en la composición de la gasolina, y el biodiesel, en el gasóleo normal.

Los gases licuados del petróleo (butano y propano) se venden en “botellas” a alta presión para que estén en estado líquido y ocupen menos volumen. A título de curiosidad, en una bombona normal de butano hay del orden de 12,5 kg de butano. El consumidor adquiere la bombona a un precio determinado (del orden de 14 €) que varía según el mercado y que lleva incluidos los costes de todo tipo y los impuestos. El consumidor normal no se pregunta nada y adquiere el servicio que, en este caso, tiene la ventaja de que utiliza el combustible cuando quiere y si no lo consume lo guarda para cuando lo necesita. Ese hecho me parece muy importante.

Un detalle curioso que puede ser de interés en un futuro inmediato con los combustibles almacenables (todos en principio) es que se podrían utilizar para generar electricidad e incorporarla al consumo de manera complementaria con electricidad generada con módulos fotovoltaicos, por ejemplo. Eso haría a ese consumidor autosuficiente. No es tan simple como parece pero tampoco es imposible. Con eso un consumidor normal podría realizar su sueño, acariciado durante mucho tiempo, de independizarse de la red eléctrica general. Claro que, teniendo en cuenta el rendimiento de transformación de un generador normal, el kWh generado le saldría por 60 céntimos de euro (al 50 % de capacidad que tomo como valor medio); es decir, el triple de lo que le cuesta el kWh comprado a la red.

 

Interacción ambiental

Los aspectos ambientales del uso de combustibles son muy delicados y –de nuevo- complejos. Lo primero que hay que entender es que un combustible de origen fósil fue generado hace cientos de millones de años y el carbono que contiene en sus moléculas fue almacenado durante mucho tiempo y se ha mantenido en el pozo de petróleo, en el yacimiento de gas o en la mina de carbón  y con el proceso de combustión liberamos ese carbono en forma de dióxido de carbono en muy poco tiempo.

Ese es el origen del problema: un dióxido de carbono (principal gas de efecto invernadero) que se ha ido acumulando lentamente a través de las plantas de hace cientos de millones de años ahora lo liberamos en demasiado poco tiempo, con lo cual vuelve a la atmósfera en cantidades muy grandes, modifica su composición de manera excesivamente rápida y da lugar al llamado “efecto invernadero” de la atmósfera y, como consecuencia, modifica la temperatura media del planeta, origen fundamental del cambio climático.

Por otro lado los combustibles procedentes de la biomasa también producen CO2 pero en unos periodos de tiempo tan próximos como un año o similar con lo cual se mantiene el equilibrio entre el CO2 que emiten cuando se queman y el que absorbió la planta cuando se produjo la madera (o el hueso de aceituna o la materia de que se trate).

En definitiva en el caso de los biocombustibles se produce el llamado “balance cero” en un corto periodo de tiempo mientras que en los combustibles fósiles estamos mandando a la atmósfera CO2 que se absorbió hace cientos de millones de años.

Ya en lo concreto y dado que la composición de todos los combustibles no es la misma, las emisiones tampoco lo son. Sin entrar en muchos detalles refiero a continuación las emisiones de algunos combustibles (se puede dar el dato en diferentes unidades; en este caso prefiero darlo por unidad de energía, es decir, en kgCO”/kWh:

  • Carbón, 0,256 kgCO2/kWht (kilogramo de CO2 equivalente por cada kilovatio hora térmico producido)
  • Gasóleo, 0,257 kgCO2/kWht
  • Gasolina, 0,263 kgCO2/kWht
  • Gas natural, 0,204 kgCO2/kWht
  • Butano, 0,238 kgCO2/kWht
  • Propano, 0,229 kgCO2/kWht

Los datos de partida están tomados de organismos oficiales (IDAE, Ministerio de Transición Ecológica, etc.).

Queda en evidencia algo que todo el mundo ya sabe: el combustible fósil que menos gases de efecto invernadero produce es el gas natural, seguido de los gases procedentes del petróleo (butano y propano).

En cualquier caso los efectos ambientales negativos más importantes son los gases de escape de los vehículos a motor. A título de curiosidad es bueno saber cuánto emitimos con nuestro vehículo particular y una aproximación a lo que emiten todos los vehículos de un país (España por ejemplo).

De los 335,662 millones de toneladas de CO2 equivalentes que se emitieron en España en el año 2015, 83,386  Mt CO2 fueron emitidos por el sistema de transporte (vehículos de motor de combustión interna). 63,861 Mt CO2 fueron responsabilidad de los vehículos diésel y 13,872 Mt CO2 de los de gasolina.

A nivel individual, en un vehículo diésel que consuma 6 litros a los 100 km genera 156,6 gramos de CO2 cada km. Es decir en un viaje de 100 km emitiría 15,66 kg de CO2.

Uno de gasolina, con el mismo consumo de 6 litros/100 km emitiría 138 gCO2/km con lo que a los 100 km produciría 13,8 kg de CO2.

Como ya se ha dicho, el gas natural es el combustible fósil que menos gases de efecto invernadero produce. Siguiendo con el mismo ejemplo de antes, un vehículo alimentado por gas natural licuado (GNL) produciría 9,78 kgCO2/100 km.

Estos datos, por otra parte bien conocidos, sugieren que si se quiere contribuir a la mitigación del cambio climático disminuir el número de vehículos diésel tiene su importancia. Es obvio que si en vez de ser sustituidos por vehículos de gasolina o de GNL lo fuera por un vehículo eléctrico o híbrido sería mucho mejor. Porque la electricidad que alimenta a los vehículos eléctricos en España aunque procediera de la red eléctrica general, al día de hoy emitirían mucho menos CO2 ya que la red eléctrica general en España tiene un porcentaje importante de renovables en su composición. Por supuesto si los coches eléctricos se alimentan de electricidad renovables las emisiones serían nulas.

En este apartado de medio ambiente en relación con los combustibles es necesario decir que no es solo CO2 el efecto ambiental negativo que producen. En la combustión de algunos de ellos también se producen gases de azufre relacionado con la lluvia ácida, óxidos de nitrógeno (precursor del ozono troposférico), partículas, etc.

También hay que recordar que en los diferentes procesos hasta que el combustible correspondiente llega al consumidor se producen diferentes “accidentes”: emisiones de metano en los pozos y en los oleoductos y gasoductos, tanto de gas natural como de petróleo, derrames y vertidos producidos por desastres en el mar o en tierra y un largo etc. a los que nos hemos acostumbrado y ya no son noticia.

 

CONCLUSION

Los combustibles, tanto de origen fósil como natural, son muy importantes para el bienestar de los seres humanos pero su uso implica procesos complicados y con grandes impactos ambientales que están llevando a una situación de riesgo excesivo.

Eso nos debe hacer recapacitar y buscar –rápidamente- soluciones alternativas, que no pueden ser otras que prescindir de los combustibles fósiles y recurrir a fuentes renovables de energía, incluidos los combustibles biomásicos, que tienen un impacto neto cero e, incluso negativo si cuidamos los detalles de su u

[1] En mis tiempos de estudiante cuando se decía esto, algún gracioso puntualizaba “serán normales para los esquimales”.

Comentarios a propósito de la corrupción

Me he decidido a escribir algo sobre la corrupción sin la más mínima pretensión de “sentar cátedra” sino solo manifestando mis opiniones que, seguramente, no serán muy acertadas.

Veamos, entiendo que para que se dé un caso de corrupción tienen que concurrir una serie de condiciones:

  • Que haya un corruptor. Es decir alguien (o más de uno) que tenga interés en conseguir algo y esté dispuesto a pagar por conseguirlo, sin tener en cuenta las leyes, normas o incluso la moral y la ética.
  • Que haya un posible corrupto. Es decir, alguien que esté dispuesto a aceptar un beneficio (económico o de otro tipo) a cambio de conceder un favor (de cualquier tipo) aunque sea saltándose las normas, las leyes, la ética o la moral.
  • Que el corrupto tenga el poder suficiente para conseguir lo que se le pide. La mayor parte de las veces eso no es fácil e implica que el corrupto esté ayudado por otros que terminan siendo sus cómplices.

En la multitud de debates en radio, TV, redes sociales, etc. he constatado que si el corrupto no es un político el asunto no merece atención. Cuando se da el caso (el político es el corrupto) no se le da importancia al corruptor y, casi nunca se tienen en cuenta las circunstancias colaterales de ese corruptor para conseguir su objetivo.

Pongo un caso ficticio en relación con un ayuntamiento y un tema urbanístico, muy habitual por cierto. Supongamos que el corruptor, un hombre de negocios del sector de la construcción quiere conseguir un “favor urbanístico” y para eso inicia el proceso de corrupción con el alcalde y/o el concejal de urbanismo. De la manera que sea consigue que el alcalde y/o el concejal acepten ayudarle a conseguir su pretensión. O yo no conozco como funciona un ayuntamiento o el asunto tiene que pasar por un pleno municipal con todos los concejales presentes, tiene que ser presentado e informado por el técnico municipal (arquitecto, aparejador, etc.) y, desde luego, el secretario tiene que informar sobre la legalidad de lo aprobado en el pleno y certificar lo que se haya aprobado. Eso, además de toda una serie de trámites en los que, lo más probable, tengan que intervenir otros técnicos y funcionarios (incluido un interventor que para eso está, para intervenir en el proceso). Una vez conseguido todo, el corruptor entra en posesión de su objetivo (una licencia de obras, un cambio de uso del suelo, en fin, lo que sea) y paga su “peaje” de la forma que sea procurando –claro está- que no se sepa.

En fin, la conclusión simple que saco es que para que una corrupción se consolide es prácticamente inevitable que haya una auténtica trama en la que necesariamente tienen que intervenir muchas personas (políticos, funcionarios, técnicos, etc.). Por eso –es una idea- casi todas las corrupciones terminan siendo conocidas y detectadas y, supongo yo, acaban en los tribunales que, también en la mayor parte de los casos, hacen su trabajo y sancionan a quien corresponda. No tengo datos concretos pero –de nuevo supongo- esas sanciones alcanzarán a todos los actores, incluido el corruptor.

A VUELTAS CON EL IMPUESTO AL SOL

Ya se sabe aquello de que “cuando un tonto coge una vereda, se acaba la vereda y sigue el tonto”. El Real Decreto 900/2015 de regulación del autoconsumo tiene muchas cosas que no son razonables; sobre todo el exceso de complejidad pero decir que pone un “impuesto al sol” estoy harto de decir que es mentira. Así de sencillo. Sin embargo todo el mundo se refiere a ese supuesto impuesto. Pues bien, por mucha gente que lo repita, no es verdad. Solo hay que leer el citado real decreto.

Cuestión aparte es que fija un “peaje” por el uso de la red eléctrica general que –nos parezca bien o no- es propiedad de una empresa privada (la empresa distribuidora, sea esta la que sea). He dicho infinidad de veces que a mi no parece razonable ese peaje por razones que he explicado en muchas ocasiones. Pero si el RD lo establece el célebre peaje (transformado por arte del sensacionalismo galopante que nos invade en “impuesto al sol”) es legal, con todas sus consecuencias. Hay que matizar que ese peaje no aplica a las instalaciones de menos de 10 kW, es decir a la inmensa mayoría de las que se pueden realizar. Lamentablemente la tremenda difusión de la idea del “impuesto al sol” ha disuadido a multitud de posibles interesados en hacer una instalación con lo cual al llevado a la ruina a muchas pequeñas empresas instaladoras. Ese es el resultado irresponsable del citado “invento periodístico”.

¿Qué el actual gobierno con personas convencidas de la necesidad de impulsar el autoconsumo y demás medidas en favor de las energías renovables va a derogar –sin más- el citado RD? Sinceramente no lo se porque no me lo han dicho pero el sentido común me dice que lo lógico es cambiarlo para hacer posible mayoritariamente esas instalaciones. De hecho hubo una propuesta de ley aprobada en el Congreso y presentada por todos los partidos menos el PP que orienta en el sentido que digo. Supongo –pensar otra cosa no tiene sentido- que el partido que impulsó esa propuesta de ley tratará de aplicar lo que en ella se dice. Por cierto aquella propuesta de ley aprobada por la mayoría del Congreso fue frenada por el gobierno de aquel momento con el apoyo de Ciudadanos.

Todo eso para dejar los cosas en claro.

Vayamos ahora a los “huertos solares” que también necesita alguna aclaración, gusten o no gusten mis explicaciones. Lo que ocurre es que cuando alguien tiene unos intereses y unas expectativas determinadas y no sale lo que esperaba (lo del cuento de la lechera en este caso) no le gusta que se lo expliquen.

Verán, señores, la “cosa” viene de la ley 54/97 y del RD 2818/98 que fue seguido por el 436/04 y el 661/2007.

La citada ley 54/97 (Ley del Sector Eléctrico) estableció el llamado Régimen Especial (renovables y cogeneración) y se autorizaba al gobierno (¿se acuerdan quien era el superministro de Economía y quien era el presidente?) a apoyar al Régimen Especial con una sobrevaloración de la electricidad generada (vulgarmente primas) para compensar el beneficio que producían al medio ambiente. El gobierno de aquel momento no le prestó mucha atención a las renovables, entonces muy incipientes y solo pensó en la cogeneración que era un buen negocio para algunas empresas (refinerías sobre todo; también hubo otros sectores que se beneficiaron bastante (léase purines de la industria del cerdo estabulado, en Cataluña y Aragón sobre todo). Bueno, esa autorización expresa de la ley (artículo 30.4) le permitió al gobierno de aquel momento sacar el RD 2818 y establecer esas “primas”:

  • Para la fotovoltaica se fijaron en 60 PTA/kWh para instalaciones de menos de 5 kW que se suponía eran las de las viviendas individuales. Y 30 PTA/kWh para instalaciones de más de 5 kW que se suponía que eran las instalaciones grandes, es decir, las de los negocios. Pues bien, algún listo (por cierto del norte de España, que no del sur) se “inventó” el concepto de “huerto solar” que consistía en lo siguiente: un inversor (o similar) muy inteligente que quería hacer una instalación –por ejemplo- de 1 MW (200 huertos de 5 kW) reunía a 200 “interesados en las energías renovables”, iban a un notario (también interesado en las energías renovables) y por arte de birlibirloque la instalación de 1 MW (> de 5 kW, 30 PTA/kWh) se transformaba en 200 instalaciones de menos de 5 kW (60 PTA/kWh). No creo que sean necesarios más comentarios. Ese auténtico fraude de ley es el origen de los famosos huertos solares que todo el mundo ha dado como legales y fabuloso negocio.
  • Pues bien, unos años después (marzo de 2004, dos días antes de las elecciones que perdió el Sr. Aznar) sacaron el RD 436/04 que mejoraba las cantidades y las condiciones para los interesados en las energías renovables (no hablo aquí de la eólica que tampoco está mal). Eso lo hizo el secretario de estado de entonces, Sr. Folgado (hasta hace unos días presidente de Red Eléctrica Española) con el Sr. Rato de ministro. Naturalmente los entusiastas de los huertos solares no se quejaron porque seguían obteniendo buenos beneficios económicos. Por supuesto estaban encantados de lo bien que ayudaban al medio ambiente.
  • Cuando –gracias a esa legislación espléndida con las energías renovables- se extendieron las instalaciones eólica, fotovoltaicas y termosolares, el gobierno del Sr. Rodriguez Zapatero intentó poner algo de orden en el asunto (todo lo contrario de lo que ahora se dice que lo ponen como el impulsor de las renovables; lo cual no es cierto, solo trató de regular algo lo que había heredado) con el RD 661/2007 pero –la verdad- no salió muy bien porque había derechos adquiridos que no se podían modificar, de acuerdo con la ley (ya se ve lo que está pasando con los laudos internacionales). Con ese RD se quiso poner un poco de freno al “chollo” de los huertos solares y demás instalaciones de renovables. Pero no fue suficiente y las “primas” seguían subiendo año tras año, gracias al “invento” de los huertos solares y a las condiciones que establecieron los gobiernos del Sr. Aznar y que Zapatero no supo frenar suficientemente.
  • Como ya el Sr. Rato se había inventado aquello de “déficit de tarifa” la cosa fue clara. Ya se sabe “todos los pájaros comen trigo pero las culpas al gorrión”. Y, evidente, la culpa del déficit de tarifa eran de las “primas” a las renovables (sin separarlas de la cogeneración con gas natural que también participaban del banquete). Por ese tiempo, las grandes empresas eléctricas recibieron 18739 millones de euros entre 2006 y 2010 como “beneficios caídos del cielo” (windfall profit) por las nucleares y las grandes hidráulicas; pero, -obvio-, esas cantidades no tenían nada que ver con el déficit de tarifa; eso estaba santificado por otro lado.
  • El “asunto” no termina ahí. Los que pusieron en marcha en 1997 todo esto, de nuevo en el gobierno, corrigieron la ley 54/97 y le llamaron “Ley de Reforma del Sector Eléctrico” en noviembre de 2013 con la que pudieron poner orden en todo esto. Ni que decir tiene que no solo no pusieron orden sino que la “liaron” más. Salvo con las renovables que quitaron todas las primas lo cual demuestra que para ese momento ya se consideran rentables sin primas consecuencia de que habían recorrido con éxito la llamada “curva de aprendizaje (auténtica senda de la competencia)” (en realidad es otro el nombre, luego me acordaré). En realidad se dieron diversas circunstancias; la principal de todas es que los módulos fotovoltaicos “chinos” arrasaron con todas las fábricas europeas (incluida la española ISOFOTON y todas las alemanas) poniendo el vatio pico de 0,3 a 0,5 € cuando solo cinco años antes costaba de 3 a 5 €/Wp.
  • Bueno, pues, a pesar de todo, ha llegado el momento clave para el desarrollo de la autogeneración con fotovoltaica sobre todo y para las grandes centrales fotovoltaicas y termosolares rentables sin primas. Y eso no lo puede parar nadie. Supongo y espero que este gobierno –como ha dicho la ministra- lo promoverá. Y, gracias a eso, no nos quedaremos atrás en estos desarrollo como nos quedado atrás en otros parecidos. En esto hemos sido pioneros y, a pesar de todo, seguimos siendo campeones del mundo en termosolar con 2300 MW en funcionamiento.

Y “colorin, colorado” este cuento se ha acabado.

El molino nº 15 de los de Gargallón en Higuera la Real (Badajoz), el 4 de agosto de 2018

Valor y precio. De la electricidad

El tema lo he comentado muchas veces pero dada la insistencia de muchos en decir que la electricidad es cara creo que conviene hacer algunas puntualizaciones.

Veamos primero el valor.

Quiero empezar dejando claro, de una vez por todas, que la electricidad es una forma energética de muy alta calidad (la mejor) pero que tiene algunos pequeños inconvenientes que se van solucionando poco a poco y de muy diversas maneras. No se pueden simplificar demasiado estas cuestiones por lo que lo explicaré en otro lugar. Ahora sólo quiero destacar para qué sirve un kilovatio hora (kWh; multiplicado por hora, no dividido).

Pues bien, un kWh de electricidad sirve –por ejemplo- para accionar el motor de un ascensor que suba 76 veces a una persona de 80 kg hasta el cuerpo de campanas (60,45 metros) de la Giralda. Y eso cuesta a un usuario normal del orden de 20 céntimos de euro. Creo que sobran los comentarios. La electricidad sirve para muchas más cosas: dar luz, accionar un equipo de aire acondicionado para producir calor o frío, que funcione un frigorífico, una lavadora, un lavavajillas, el televisor, el ordenador y un largo etcétera que todos conocemos. Eso es el valor.

Veamos ahora el precio.

En España, según todo el mundo, es muy caro. Ya he dicho que del orden de 20 céntimos de euro el kWh. Eso ¿es mucho o poco? Para el que paga siempre es mucho; para el que cobra es probable que  le parezca poco. Quizás influya en la apreciación el hecho de que quien paga siempre es uno solo y los que cobran son varios: el que transporta, procesa y vende la materia prima, el que genera la electricidad, el que la transporta, el que la distribuye, el que la comercializa, el que la gestiona, el estado que cobra los impuestos; en fin muchos agentes y muy diversos.

Cuestión aparte es que el precio final sea justo. De la misma manera que un kilo de tomates no le cuesta al comprador final ni lo que vale ni lo que le ha costado al agricultor producirlo. Algo parecido pasa con los combustibles. En el caso de la electricidad es relativamente similar. Para entenderlo bien empecemos por describir –someramente, claro- cómo se forma el precio que paga el usuario.

Primero ¿cuánto cuesta generar ese kWh de electricidad? Por supuesto, depende de la forma energética y la tecnología que empleemos para ello. Si es con una gran central hidroeléctrica, del orden de 0,3 céntimos de euro el kWh; si es con una central nuclear, del orden de 1,8 c€/kWh (hay que pagar el combustible nuclear); si es con una instalación fotovoltaica, prácticamente cero, lo mismo que si procede de un parque eólico. Tratar el asunto en toda su complejidad no es nada fácil pero para que se entienda el sentido de lo que quiero decir, reproduzco un párrafo de un informe de la CNE (Comisión Nacional de la Energía) del año 2008:

“… la apertura de una importante brecha entre los precios que determina el mercado para la generación de la electricidad y los costes de generar esa misma electricidad.”

En los dos casos que he citado he supuesto que las instalaciones correspondientes están ya amortizadas, circunstancia que ocurre de manera muy diferente en cada caso. Pero no entro de momento en los detalles. Si la central eléctrica se alimenta con carbón o con gas natural el coste del kWh es muy superior (6,893 céntimos de euro el ciclo combinado con gas natural, 5,816 c€ las de carbón) como consecuencia sobre todo de que hay que pagar el combustible al precio que esté en el mercado. Aparte del mayor coste hay que tener en cuenta el nivel de contaminación que producen y que hay que pagar aparte (15,38 €/tCO2  en julio de 2018).

En el fondo eso que he comentado no es lo más importante en el precio que tiene que pagar el consumidor. Lamentablemente, en el sistema eléctrico español cada kWh que entra en el sistema se paga a la empresa que lo produce el precio del más caro, aproximadamente 6 céntimos de euro, que es el generado en una central de gas natural.

En todos esos números no podemos olvidarnos del que he dado como referencia: los aproximadamente 20 céntimos de euro que le cuesta al usuario. Es decir el kWh entra en el mercado a 6 céntimos y llega al consumidor a 20.

¿Por qué ocurre eso? Hay razones más o menos justificadas y otras que no lo son tanto.

Este aberrante sistema de valoración es obvio que habría que cambiarlo aproximándonos al sistema anterior a la ley 54/97 que introdujo el primer gobierno de Aznar. Aquel sistema anterior a esa ley del sector eléctrico se llamaba “marco legal estable”, según el cual era el Gobierno el que fijaba el precio del kWh pagando a cada productor lo que se establecía que le costaba producirlo amén de un beneficio razonable y teniendo en cuenta también la amortización de las inversiones.

El sistema de valoración actual es el que permite los llamados “windfall profit” o beneficios “caídos del cielo” que suponen del orden de 3800 millones de euros cada año para las nucleares y las grandes hidroeléctricas (18739 millones de euros entre 2006 y 2010 según la CNE). De nuevo la CNE, en el mismo informe citado antes,  dice a este propósito:

Es obvio que si no hubiera esos beneficios ilógicos no habría el llamado déficit de tarifa. De hecho, la CNE en su referido informe de 2008 dice textualmente en sus conclusiones:

“Esta diferencia o margen entre ingresos y costes se distribuye de manera desigual, correspondiendo la mayor parte (entre 550 y 110 millones de euros) a las tecnologías nuclear e hidroeléctrica”.

“Se señala que el monto de todas las primas del régimen especial supondrá, en el mismo 3er trimestre de 2008, 600 millones de euros, cifra muy inferior a la diferencia estimada entre precios y costes de la generación del régimen ordinario”. Es evidente lo que vengo diciendo hace mucho tiempo: que la responsabilidad del déficit de tarifa no son las primas del régimen especial sino los sobrebeneficios de la nuclear y las grandes hidroeléctricas.

Pero vamos a lo que es más importante para el precio final de la electricidad, los llamados peajes (en realidad peajes de acceso más otros pagos regulados), que incluyen muchas cosas. Aunque sin entrar en demasiados detalles, esos “costes” del sistema se trasladan al recibo y suponen del orden del 50 % del total de la factura. En el año 2017 supusieron 17.967.980 millones de euros que, si los dividimos por los 29.060.973 consumidores de baja y alta tensión, supone que los pagamos a razón de 618,285 euros de media al año por esos conceptos.

Los peajes de acceso están regulados por el Gobierno y en la factura que pagamos los consumidores están incluidos en los términos de potencia y en los de energía, por lo cual no nos damos cuenta muy bien de qué son y cuánto significan. Voy a intentar aclarar algo, siendo muy consciente de lo difícil que es por la opacidad del sistema (a pesar del esfuerzo de la CNMC), que es lo primero que habría que resolver aunque me temo que eso va a ser muy difícil de conseguir.

Bueno, vamos al “grano” (todos los datos se han obtenido de los informes correspondientes de la CNMC):

  • El transporte. Que la electricidad generada en una central normalmente alejada de los centros de consumo hay que hacerla llegar al consumidor es una obviedad. ¿Cuánto cuesta eso? En el año 2017 se pagaron por ese concepto 1735 millones de euros y no varía mucho con los años.

Pero yo me pregunto: ¿es que las líneas y demás instalaciones de transporte no se amortizan nunca? Me suena a cuento chino para mantener a REE, entidad que, por otra parte, está muy bien y hace un trabajo imprescindible. Creo, sin embargo, que una comisión de expertos independientes debería revisar periódicamente las cuentas y hacernos saber de manera clara cuándo se amortizan esas inversiones.

  • La distribución. ¿Que las redes que hacen que la electricidad llegue finalmente a mi casa tiene un valor y su mantenimiento un coste? Es evidente. Pero habría que preguntarse ¿de quién son esas redes?¿quién las ha pagado? ¿las empresas que tienen hoy día la propiedad? Por favor. ¿A quién no le suena eso de “la acometida”?¿quién las pagaba”. Las instalaciones se hacen en buena parte a cargo de los usuarios y la empresa distribuidora es la que se apunta la propiedad. La verdad es que me parece uno de los mayores “tongos” del sistema y que también debería revisarse. Al día de hoy el sistema de distribución debería ser propiedad del Estado porque, de hecho, lo hemos pagado entre todos; y si no en este momento, habría que hacer unas previsiones claras. Ese coste debería reducirse casi a cero. Sin embargo, en 2017 por ese concepto pagamos 5158 millones de euros; y así desde hace muchos años.
  • Retribución específica RECORE (REnovables, COgeneración, REsiduos). 6987 millones de euros en 2017 Este apartado incluye las “primas” a la generación con energías renovables (5610,553 millones de euros), con residuos y por cogeneración. Parece necesario que se diga que ese sistema lo estableció el primer gobierno de Aznar con el RD 2818/98 y lo acentuó con el RD 436/04, y no lo hizo un gobierno de Rodriguez Zapatero como habitualmente todo el mundo repite de manera automática aunque no sea verdad. Este asunto de las primas merece comentarios más detallados que ya he hecho en otras ocasiones. Por el momento sólo me quedo en la cantidad, por otra parte variable de un año a otro, puesto que depende de muchas circunstancias. Hay que decir que las instalaciones de renovables ya no reciben primas del sistema desde el año 2012 y que el Reino de España está recibiendo sentencias de los laudos internacionales por el mal gobierno que ha hecho de las primas por los que tiene que pagar cantidades importantes que –supongo- pagaremos los consumidores.

Tampoco está de más decir que si esa cantidad que se paga por el sistema para compensar sus beneficios ambientales entraran en el coste de generación los números finales se entenderían algo mejor.

  • El tema del déficit también requiere un comentario más detallado. Por el momento me conformo con dar la cantidad, 2838 millones de euros en 2017. Y un breve recordatorio “histórico”. Este célebre déficit es, en realidad, un aplazamiento sistemático de una “deuda” de los consumidores con el sistema eléctrico que implantó el superministro de Economía de aquellos tiempos (año de elecciones, 2000) para no repercutir en la factura de la electricidad la subida de los costes de aquel momento, consecuencia del aumento de precios de los combustibles fósiles que alimentaban las centrales eléctricas de forma mayoritaria. En definitiva, esa cantidad (2838 millones de euros) es lo que los consumidores pagamos en 2017 para ir absorbiendo esa deuda que nos endosó el señor Rato.
  • Retribución específica a sistemas no peninsulares (740,632 millones de euros en 2017) es la cantidad que pagamos los consumidores “peninsulares” porque la electricidad que ellos utilizan cuesta más cara que la de la península. En realidad es algo que nunca he entendido. Ya sé que es porque en las islas se genera una parte importante de la electricidad con grupos electrógenos alimentados con gasóleo y fuel. Pero lo que no entiendo es que teniendo recursos solares y eólicos en cantidades importantes no los utilicen. De la geotermia (la de verdad, en Lanzarote, por ejemplo) mejor no hablar. También infrautilizada.
  • Servicio de interrumpibilidad. Son las cantidades que se pagan a ciertas empresas grandes consumidoras por admitir que no se les suministre electricidad en determinados momentos como consecuencia de desajustes del sistema. Personalmente me parece absurdo puesto que el sistema eléctrico español está muy sobredimensionado y no entiendo que pueda pasar lo que se dice. Pienso que son subvenciones encubiertas a esas empresas.
  • Pagos por capacidad. 686,7 M€. Son pagos con los que se compensa a ciertas tecnologías (ciclos combinados sobre todo; pero no sólo) por tener disponibilidad de generar en momentos determinados en los que fallan otras formas de generación. Se justifica por la aleatoriedad de algunas renovables (eólica y fotovoltaica; la termosolar tiene cierta capacidad de almacenamiento, por lo que contribuye a la gestionabilidad del sistema).
  • Retribución del operador del mercado (OMIE) y del operador del sistema (REE). Son cantidades de otro orden de magnitud y que están claramente justificadas.

LOS IMPUESTOS

A la suma del coste de la electricidad que entra en el sistema y a los peajes de acceso hay que sumar los impuestos, que no son poca cosa. De hecho, el llamado “impuesto a la electricidad” es el 5,11 %, y a la suma de todo se le aplica el IVA que, en estos tiempos, es el 21 %. En total, en el año 2017 fueron 8390 millones de euros.

RESUMEN y CONCLUSIONES

El resumen evidente es que el sistema eléctrico es bastante complejo pero su gestión lo es mucho más. Pero, sobre todo, es muy opaco y confuso.

Pero hay un aspecto que destaca. Se dice que el sistema está liberalizado y que favorece la competitividad, como viene exigiendo la Unión Europea. Pues bien, los números dicen otra cosa: en números redondos, el coste de generar la electricidad es una cosa aunque no sabemos con seguridad cuánto es; lo que esa electricidad cuesta a los consumidores es otra (39258 millones de euros en 2017); los peajes de acceso son 17968 millones de euros y los impuestos, 8390 millones; la diferencia, 12900 millones de euros, es el valor de la electricidad en el mercado; lo que cuesta producirla es un misterio; todos los números corresponden a datos de 2017 aunque muchos de los cálculos los he hecho con información de otros años; eso sí, todos obtenidos de la CNMC. Creo que se ha entendido que el gobierno controla directamente los dos últimos apartados (peajes e impuestos) e indirectamente el primero. Por tanto, es una falacia decir que el sistema está liberalizado, ya que la parte “regulada” (es decir, controlada directamente por el gobierno) es algo más de un 70 %.

Las conclusiones son muy sencillas:

  • Si el gobierno quiere puede reducir sustancialmente el precio de la electricidad. Es fácil y a cualquiera se le ocurre.
  • Es imprescindible ya un estudio en profundidad de costes y gastos del sistema para fijar un precio razonable que también tenga en cuenta el valor del producto.
  • Hay que pagar todos los gastos, una vez conocidos y certificados por un comité de expertos independientes de las empresas implicadas. Y hay que cargar esos gastos en el recibo pero puede hacerse recuperando en parte el concepto de servicio público que siempre tuvo la electricidad para evitar situaciones como las de pobreza energética y otras similares. Por supuesto las grandes empresas que tanto se benefician del sistema deben pagar lo que cuesta la electricidad que utilizan con un sobre cargo para compensar el servicio público que hay que atender desde el Estado.
  • Así pues, está claro que:

LA ELECTRICIDAD ES DEMASIADO CARA EN RELACIÓN CON LO QUE CUESTA PRODUCIRLA PERO ES MUY BARATA EN RELACIÓN CON EL SERVICIO QUE NOS PRESTA.

EGOISMO Y MEZQUINDAD (II)

He decidido seguir escribiendo sobre el asunto que, hoy por hoy, creo que ha llegado a unos límites muy elevados de urgencia social y humana.

Así pues, sigo con mis comentarios empezando por resaltar el que me parece más escandaloso: el cinismo de las autoridades europeas que me parece que no representan el sentir de la mayoría de los europeos; desde luego no el mío. Supongo que a muchos europeos, que han recibido –y siguen recibiendo- buenos beneficios, a nivel personal y colectivo, gracias a las materias primas que vienen de Africa debe darles vergüenza que no se sea más generosos con las personas que ahora están viniendo de allí, huyendo de su situación sin futuro a pesar de los grandes recursos de que disponen en sus países de origen.

Parece que las autoridades europeas está planeando el “recibir” a los emigrantes en grandes instalaciones de recepción (en realidad serán auténticos campos de concentración) para filtrar allí a los que pueden entrar en Europa y a los que no. Eso es parecido a lo que podrían –y deberían- hacer en sus países con las personas y empresas europeas que quieran ir a hacer negocios a los países africanos. Por supuesto esas auténticas cárceles –aunque sean transitorias- no estarán en suelo europeo. ¿Dónde entonces? ¿en suelo africano?, ¿en Túnez, Marruecos, Argelia, Libia, etc.? Pues, ya puestos a negociar ese tipo de instalaciones en esos países se me ocurre que podrían negociar otras cuestiones. Como ejemplo se me ocurren algunas que relaciono a continuación:

  • Poner en marcha en los países de origen de los refugiados programas de promoción de empleo y asistencia social que mejoren la calidad de vida de muchas personas de esos lugares. Evidentemente hay que empezar por las zonas de donde proceden los migrantes mayoritarios y también hay que tener muy en cuenta a los gobernantes del lugar para que no se queden con los fondos y lleguen a donde de verdad tienen que llegar.
  • Hacer convenios con los gobiernos respectivos para conseguir una auténtica democratización. Es obvio que eso no se consigue de un día para otro pero en algún momento hay que empezar. Pienso en una especie de “Plan Marshall” para Africa desde la Unión europea. Ya se que –como siempre- muchos dirán que ese plan es también necesario en muchos países europeos. Yo creo que una cosa no quita la otra. También creo que los países que deben poner más en esos planes deben ser los que más beneficios han sacado de Africa.
  • A los refugiados que ya están en Europa hay que ofrecerles condiciones de vida digna con trabajos no degradantes como, de hecho, está ocurriendo en muchos sitios (por no decir en la mayoría). Creo que no es difícil. En el anterior artículo cité lo de recuperar zonas y pueblos que se están quedando despoblados. Seguro que a muchas personas se les ocurrirán soluciones mejores que la que he propuesto.
  • Para contrarrestar las barbaridades de Trump y de Hungría yo propondría una ley que obligue a reunir a los hijos con sus padres y castigar a los que menosprecien y traten mal a los refugiados.
  • Luchar –con la ayuda de las autoridades de los países de origen- contra las mafias de tratas de personas. Pero hacerlo de verdad, creyéndoselo y poniendo los medios para hacerlo realidad.

 

Bueno, por hoy ya vale.

EGOISMO Y MEZQUINDAD DE LOS PAÍSES RICOS EN RELACION CON LAS MIGRACIONES

La situación de desprecio a los valores de solidaridad con los seres humanos más desgraciados que está viviendo en los últimos tiempos me incita a escribir lo que sigue. Desde una visión parcial (la mía) y un desconocimiento profesional del tema; pero abrumado por la mezquindad de los países ricos del planeta.

Creo que la primera reflexión que hay que hacerse es averiguar y saber cómo se han hecho ricos los países ricos. En el caso concreto al que, específicamente, voy a hacer referencia, Europa frente a países africanos, el asunto me parece escandaloso. ¿Cuántas materias primas de alto valor han sacado -seguramente siguen sacando- Bélgica, Holanda, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y también España del continente africano? ¿Cuánto dinero vale lo que han sacado? ¿Compensaría las limosnas que le estamos racaneando a los pobres africanos que exponen su vida para buscar otra mejor en nuestro continente opulento? Para mí que no habría que hacerse esas preguntas. Bastaría con tener algo de corazón y sentido humanitario para atender a estas personas que nos miran con tanta admiración como esperanza de que les ayudemos a vivir mejor. Aunque también deberíamos preguntarnos algo más. ¿Qué futuro tienen sociedades como las nuestras con tan bajas tasas de natalidad? ¿Por qué se están abandonando pueblos enteros en el interior de la península ibérica? Y supongo que pasará algo parecido en otros países europeos. ¿Cómo no se les ocurre a nuestros gobiernos ofrecer a estas personas que se ocupen de recuperar esos pueblos y zonas agrícolas abandonadas? ¿No sería mejor que dejarlos medio abandonados en nuestras opulentas ciudades malviviendo y sintiendo que se han equivocado viniendo aquí?

En fin, que estoy abrumado por tanta miseria humana colectiva de países egoístas y con un grado de humanismo tan bajo que roza lo peor de la raza humana.

Pero lo que me saca de quicio es “lo” de Estados Unidos –el país más rico del mundo- separando a los hijos de los padres en un acto tan inhumano que debería incluirse en los delitos de genocidio. ¿Cómo un ser humano –el tan denostado Trump- tiene tan duro el corazón que le quita sus hijos a esos padres desesperados? Supongo que esos padres se rebelarán ante esa situación y si pudieran harían lo que fuera con tal de recuperar a sus hijos. Sinceramente, no puedo situarme en su pellejo y en su alma.

En fin que –para compensar- pienso en otros seres humanos que se agrupan de asociaciones humanitarias y ONGs para paliar un poco todo este desastre humano. Pero me temo –como se está viendo- que son una gota de agua en un océano de miseria y mezquindad.

Solo veo una solución. Aunque, lamentablemente, no sea a corto plazo: que los seres humanos de esos países que dejan morir –física y moralmente- a tantos seres humanos dejen de votar a esos líderes que son capaces de semejante atrocidad.

Bueno, la verdad, que empecé a escribir esto porque no puedo más con tanta vergüenza como ser humano y me siento despreciable por no hacer nada para evitar este desastre.

A vueltas con la publicidad engañosa

El pasado viernes, 23 de febrero en el diario ABC se incluía un suplemento que titulaban “GLP Y GNC, Una alternativa limpia y barata” y como subtítulo “el gas licuado y el gas comprimido, opciones ecológicas, económicas y prácticas al coche eléctrico, al diésel y a la gasolina”.

Cualquiera que lea el titular y el subtítulo, ambos tan rotundos piensa que va a encontrar una buena alternativa a los coches actuales, tanto de diésel como de gasolina, más limpia y más barata. Incluso mejor que el coche eléctrico.

Al margen de la falsedad relativa del título y el subtítulo, como luego explicaré, cuando se entra en el suplemento resulta que de las 17 páginas solo dos se dedican al tema que se publicita. El resto es pura publicidad de coches convencionales. Para colmo en las dos páginas que dedican al tema, uno de los artículos, firmado por un doctor en Química que titula “propiedades del GLP y del GNC” que lo termina diciendo que el GNC tiene un poder calorífico de 50.200 kcal/kg y que el del GLP es 46.000 kcal/kg. Por supuesto se trata de una errata, lamentablemente muy habitual cuando en los periódicos sale algún dato en temas energéticos. En realidad, a un lector normal le da igual el número porque no tiene elemento de comparación. Creo que vale la pena aclarar algo en ese sentido. Al día de hoy, con tanto información en internet es fácil saber que la madera tiene un poder calorífico de aproximadamente 5000 kcal/kg, es decir que un kilogramo de madera da lugar a 5000 kcal. Por otro lado los combustibles fósiles (petróleo, gas natural) tienen un poder calorífico del orden de 10000 kcal/kg (el gas natural algo más) y el carbón mineral más energético tiene un poder calorífico de 7000 kcal/kg. La unidad oficial para todos estos valores es el kilojulio (kJ) que se corresponde con la kilocaloría de acuerdo con la siguiente relación, 1 kcal = 4,2 kJ. Así pues la errata antes citada es que la unidad eran kJ/kg en vez de kcal/kg.

Dicho eso que no tiene mayor importancia hago referencia a otro detalle que tampoco es demasiado significativo: licuado y comprimido vienen a ser lo mismo, tanto en un caso como en el otro la sustancia (gases licuados del petróleo y gas natural comprimido) son gases a presión y temperatura ambiente pero que tienen un al desplazarnosalmacenen deberían ser muy grandes y, por tanto, muy costosos. Para licuar un gas hay que comprimirlo hasta la presión a la cual la sustancia llega al estado líquido en el que el volumen específico es lo suficientemente bajo para que el depósito tenga el tamaño manejable al que estamos acostumbrados (pensemos en la bombona de butano). En  fin, que licuado y comprimido vienen a significar lo mismo, alta presión y estado líquido.

Pero lo que me ha llevado a escribir esto es lo de “alternativa limpia y barata”. Un artículo en esas dos hojas deja claro lo de barata. Según el autor con un coche con GLP se ahorra 30 euros cada 1000 km y le cuesta 1314 euros más. Sin comentarios.

Pero el colmo y es la razón de fondo para escribir esto es lo de “limpia”. Esto si que hay que aclararlo de una vez por todas. Cierto es que al quemar gas natural o gas licuado del petróleo se producen menos gases de efecto invernadero que si quemamos gasolina o gasóleo. Y no digamos que carbón. Por lo cual es cierto que esos vehículos son más limpios que los de gasolina o de gasóleo. Pero de ahí a decir que es una alternativa limpia hay mucho que discutir. En realidad nada de lo que hacen los seres humanos para desplazarse es limpio, ni siquiera si lo hacemos a pie, en bicicleta o a caballo puesto que los seres humanos y los animales emitimos CO2 por el solo hecho de existir. Cuestión aparte es el coche eléctrico. Al margen de que sus elementos de construcción y las baterías sobre todo incorporan elementos contaminantes la electricidad que alimenta las baterías si se obtiene de la red eléctrica general también ha sido obtenida con emisiones de gases de efecto invernadero, excepto si la instalación es de energías renovables, sea solar, eólica, hidráulica e incluso biomasa.

Así pues y en conclusión no es nada claro que un coche de GLP o de GNC sea “una alternativa limpia y barata”.

Las naranjas amargas de Sevilla

Las naranjas amargas de Sevilla.

Estoy viendo estos días (mediados del mes de enero de 2018) las calles de Sevilla (y de los pueblos de alrededor, incluido Mairena del Aljarafe) con grandes cantidades de naranjas en el suelo, machacadas por los coches y los peatones que circulan por ellas.

Me produce un gran escándalo ver que no se recogen porque pienso que esas naranjas tienen, además de valor económico, valor energético que se está dilapidando. Y, la verdad, no entiendo por qué. Supongo que es porque alguien que otros años las recogía y las comercializaba ya no lo hace por razones que desconozco. Pero entiendo que son un bien público y que los responsables de ese bien deberían ocuparse de recogerlas y sacarles el máximo beneficio económico y social (algunos puestos de trabajo dará el recogerlas; digo yo). Todavía recuerdo de mi época de alcalde de Mairena (1987-1991) que días antes de las navidades Pepe “el municipal” (el policía local más antiguo y querido de Mairena, D. José Olivar) me decía: “¿recogemos las naranjas?, porque si no los muchachos se las tiran unos a otros en las fiestas y ponen perdidas las calles”. Obviamente, él se ocupaba de todo y se aprovechaban aquellas naranjas, supongo yo que –al final- para hacer las célebres mermeladas de naranja amarga, no se si en Inglaterra o en otro sitio. Lo cierto y verdad es que no estaban por el suelo y se les sacaba un beneficio, incluido el económico.

Supongo que esas naranjas tienen bastantes aprovechamientos, incluido el citado de las mermeladas pero también como residuo energético que podría ser bien empleado.

Solo falta que alguien se preocupe y ocupe del asunto como hacía en Mairena mi recordado y querido Pepe.