EL CAMBIO CLIMÁTICO ESTÁ CAMBIANDO A LA HUMANIDAD

Tengo que confesar que siempre he pensado que la Humanidad no cambiaría sus hábitos negativos para la naturaleza hasta que se produjera una catástrofe natural de gran escala. Para mi sorpresa, en la cumbre del cambio climático (COP22) que está teniendo lugar en Marrakech (Marruecos) he podido observar que los asistentes que allí exponen sus ideas y preocupaciones se toman en serio el asunto. Me refiero a asociaciones de todo tipo (sobre todo de mujeres, con lo que nos dan una lección a los hombres), escolares, empresarios, científicos, etc. están siendo muy beligerantes en la búsqueda de soluciones. Por el lado contrario, los gobernantes siguen “mareando la perdiz”, hablando mucho y haciendo muy poco. Eso es lo que he observado y me ha llamado la atención positivamente. Porque es evidente que los gobernantes terminarán tomándoselo también en serio aunque solo sea para no perder los votos que, cada día más, estarán influidos por lo que hagan para frenar el cambio climático. Da la impresión de que la sociedad civil se ha dado cuenta de lo verdaderamente importante: el cambio climático no solo no se está parando sino que se está acelerando y sus consecuencias ambientales están poniendo en riesgo la vida en nuestro planeta, empezando por las plantas y los animales y seguirá y afectará definitivamente a los seres humanos.

Como muestra de lo que digo, un dato de fondo:

El cambio climático es consecuencia de la diferencia entre la energía que entra en el planeta (radiación solar) y la que sale (radiación infrarroja que emite todo lo que existe en el planeta). Esa diferencia, llamada “forzamiento radiativo” era en el año 2005 de 1,6 W/m2 (IV informe del IPCC) y en el 2011 era de 2,3 W/m2 (VII informe del IPCC). Ese aumento en solo 6 años pone en evidencia que no hemos hecho nada efectivo para frenarlo; más bien hemos aumentado la causa y eso es lo preocupante. Que de los modelos de los especialistas sale que eso dará lugar a un aumento de la temperatura global del planeta en el año 2100 de 2ºC o de 1,5 ºC no me parece significativo; más que nada porque los módelos –como las encuestas de las elecciones- casi nunca aciertan y en este caso no creo que quedemos muchos para comprobarlo. Lo que es cierto es lo que acabo de comentar relativo al forzamiento radiativo que, aunque no es una medida directa, si es consecuencia de cálculos a partir de medidas concretas y, por tanto, mucho más fiable.

En consecuencia, y es solo una impresión subjetiva, la sociedad en su conjunto tiene que tomar decisiones operativas para poner las cosas en su sitio en este tema absolutamente prioritario para la vida en el planeta Tierra. Y eso es lo que he vislumbrado en Marrakech.

 

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El fondo del problema del PSOE

El fondo del problema del PSOE

Para mi modesta opinión en la situación actual del PSOE hay un momento coyuntural –este que estamos viviendo- y otro de fondo que viene de muy atrás; vamos, del 28 Congreso extraordinario (1978) en el que el ínclito y sabelotodo Felipe González dio un golpe de estado interno e inició la marcha derechista del partido. Lo siguiente ha sido seguir los pasos de “tan importante señor”. Hasta Zapatero, que en su primera legislatura, intentó un cambio en ese camino y, claro, en su segundo mandato, fue obligado –no se por quien- a retomar el que venía siendo el habitual. Para que hablar de los beneficios personales que muchos de esos protagonistas de la implantación práctica de la política oficial del partido, siempre vigilada por el citado Felipe-Dios en la Tierra, han recibido (puertas giratorias sobre todo).

A nivel autonómico se ha reproducido el proceso, calcándolo prácticamente. Véase el recorrido institucional y político de otro esperpento de la escena española, para mi consternación como extremeño, paisano mío que, después de mandar en Extremadura la ha dejado en el puesto en el que se la encontró, es decir, la última en renta “per cápita” de España y en los últimos puestos de Europa a pesar de los subsidios recibidos de esta última. ¡Y todavía sigue ladrando!

Con todo, lo importante, según mi modesta opinión es que el PSOE, dirigido por el susodicho Felipe ha ido declinando hacia posiciones de derechas y alejándose de la izquierda que ha dejado tantos militantes en la cuneta y, al día de hoy, ya no sabe si es de un lado o de otro con lo cual los votantes de izquierda se buscan otras referencias –hoy Podemos- y los de derechas menos radicales encuentran en Ciudadanos una alternativa diferente al PSOE con lo cual este pierde votos por un lado y por el otro.

Y ahora cuando un secretario general –votado por la militancia- intenta centrarse en una posición claramente diferenciada de la derecha, se encuentra con la oposición interna de los “barones” que gobiernan en varias comunidades autónomas, jaleados por el que inició el proceso de derechización. Curiosamente, varios de esos destacados dirigentes tienen abandonadas a sus comunidades y las tienen sumidas en el desconcierto por su ineficacia de gobierno. ¿Por qué no se dedican a gobernar sus territorios y dejan que el actual secretario general ejerza sus funciones?

El fondo del asunto no es específico del PSOE, es de todos los partidos en esta época que nos ha tocado vivir. Como decía mi abuela: “cuando el diablo no tiene que hacer, mata moscas con el rabo”; eso es lo que hacen casi todo el tiempo, “matar moscas con el rabo”. Aunque, en el fondo no es que no tengan que hacer; es que se han convencido de que lo único importante, lo que les da réditos políticos es conseguir el máximo posible de votos, olvidando la ideología de sus formaciones políticas y haciendo caso a los “expertos” en ganar elecciones a costa de lo que sea y mintiendo lo que haga falta y prometiendo lo que saben que no van a cumplir. Por supuesto, los votantes –creyéndolos- también tenemos nuestra responsabilidad. El resultado es que el PSOE ya no sabe si es de izquierdas o de derechas –Susana Diaz dixit-, el PP promete bajadas de impuestos, escamotea el debate del aborto, etc. etc. –propias de la izquierda-, Podemos se disfraza como puede y Ciudadanos juega a todas las bandas que las circunstancias les aconsejan. Y los ciudadanos hechos un lío.

En definitiva que el PSOE lo tiene muy difícil si no recupera la ideología perdida y eso es muy complicado porque la militancia que ha quedado está condicionada por los caprichos de los dirigentes que gobiernan a golpe de enchufismo en los ayuntamientos, diputaciones, gobiernos regionales. Desde aquí hago un llamamiento a los pocos que quedan de verdad independientes de los dirigentes para que alcemos la voz y manifestemos muestro hartazgo de tanta manipulación y demagogia.

 

Esto que sigue lo escribo al día siguiente de la defenestración de Pedro Sánchez como secretario general. Domingo 2 de octubre.

Han conseguido –una vez más- su objetivo de seguir derivando al partido hacia posturas derechistas. Mi opinión, sin embargo, es que lo han hecho –esta vez- de manera tan torpe y zafia que, a medio plazo, van a perder y se va a producir la reflexión interna –de los militantes, no de los “barones” y cuadros dirigentes- que debe llevar a recuperar la posición que no debimos abandonar en la izquierda sensata y razonable que nos ha caracterizado siempre.

Me preocupa que esta situación coyuntural permitirá a la derecha (PP) gobernar otros 4 años con las consecuencias que todos pensamos de pérdida de bienestar social, retroceso en la investigación, la sanidad, la educación, etc.

Sin embargo esto permitirá desenmascar a muchos vividores a costa del partido, inútiles administrativos que, objetivamente, colaboran con la derecha. Me estoy relamiendo pensando en el inevitable congreso que “ellos” han evitado por el momento pero que no podrán pararlo “per seculam seculorum”. Desde luego me pido estar allí, aunque solo sea de testigo.

Por último, una cuestión que me parece importante –a mi personalmente-: en el debate interno que ya ha empezado no podemos olvidarnos de defender la posición del partido en los temas ambientales con una clara perspectiva ecosocialista que nos ha sido hurtada en el pasado inmediato con la excepción del primer gobierno de Zapatero en el que Cristina Narbona encabezó –el tiempo que la dejaron- un proceso positivo.

Por supuesto tampoco podemos olvidar el cambio de estatutos para evitar lo que viene pasando: que los temas importantes vengan prácticamente impuestos desde “arriba”; deben ser los militantes los que tengan la última decisión.

Bueno, para terminar, decir que me siento fastidiado pero esperanzado ante la nueva etapa que veo puede empezar desde hoy.

 

 

El Plan PIVE, éxito para unas cosas, fracaso para otras

El plan PIVE es la muestra más evidente (hay otras) de las inconsistencias y contradicciones de las políticas energéticas y ambientales de nuestro país.

Todo el mundo jalea el que se hayan invertido 1115 millones de euros (solo entre 2012 y 2015) en favorecer a la industria del automóvil y que se han beneficiado más de un millón de españoles. Eso hay que contrastarlo con al menos dos circunstancias contrapuestas a los supuestos beneficios para la economía de nuestro país y los puestos de trabajo correspondientes.

Primero que nada, favorecer la compra de automóviles de combustión interna con carburantes de origen fósil (gasolinas y gasóleos aunque digan que son más eficientes y ambientalmente más respetuosos*) es seguir la senda de aumento de la emisión de gases de efecto invernadero contradiciendo claramente las ampulosas declaraciones de nuestros gobernantes de cumplimiento de los compromisos internacionales en relación con la mitigación del cambio climático (el último el reciente COP 21 de París).

Después y no menos importante, es que seguimos por el camino de consumir combustibles que tenemos que comprar a buen precio en el extranjero con lo que eso significa de dependencia energética y económica (60 000 millones de euros al año) mientras frenamos el desarrollo de las energías renovables que disminuyen la dependencia energética de nuestro país, mitigan el cambio climático y fomentan la industria nacional y los correspondientes puestos de trabajo.

Lo curioso es que no veo que nadie diga nada y da la impresión de que a todo el mundo le parece muy bien; sobre todo al que recibe la subvención que, por cierto, tiene trampa que la mayor parte de los beneficiarios no conoce y se siente muy sorprendido cuando la descubre. Resulta que si la subvención es de 1000 euros (creo que es 1500), por ejemplo, tiene que declararla como ingreso en su declaración de la renta y pagar por ello, digamos que 300 euros (creo que no me equivoco mucho en los números). Es evidente que el beneficiario se cree que el gobierno le ha regalado 1000 euros pero en realidad han sido 700; que tampoco está mal, dicho sea de paso.

La alternativa al plan PIVE es evidente: de ese dinero que el gobierno regala a la industria automovilística –supongo que no toda nacional- para que los españoles contaminemos más podría dedicar una parte a apoyar a los biocarburantes de origen nacional, los vehículos eléctricos fabricados en España o las instalaciones solares y de biomasa.

Es evidente que la industria automovilística sabe defenderse sola, por lo que no hace falta ayudarla y los desarrollos tecnológicos conseguidos en tanto tiempo gracias a cuantiosos apoyos públicos –directos e indirectos- le deberían permitir abaratar los precios. Pero –como otras grandes empresas- siempre quieren más y más (a costa de lo que sea) y resulta que el plan PIVE (programa de incentivos al vehículo eficiente) no cumple su finalidad de eficiencia por cuanto las empresas engañan en todo (y los gobiernos las dejan; caso Wolkswagen y otros). No se muy bien qué entiende el gobierno por “eficiente” ni como lo comprueban. Lo más probable es que le hagan caso a las empresas y ya se ve lo “honradas” que son.

Pero también me sorprende que muchos que se dicen ecologistas y que van presumiendo de practicar el “desarrollo sostenible”, la “economía verde” y zarandajas por el estilo ven bien y apoyan esta falacia que acentúa la insostenibilidad y la economía basura.

Pero,-eso si- las renovables reciben primas insostenibles y son las causantes de no sé cuántos males y los que invierten en ellas son “caza primas”. Los del plan PIVE, no.

Desde aquí reclamo un plan PIVE para las energías renovables Se podría llamar “Programa de Incentivos a las Energías Renovables” (PIER).

Desde luego pido que se haga sin trampas y con medidas de comprobación. Algo así como una ITV para instalaciones solares.

* Ya sabemos cómo engañan las grandes empresas automovilísticas a las que hay que, por visto, favorecer para que ganen más dinero todavía.

Experiencia de un incendio que no fue

Desde hace tiempo vengo pensando en los incendios y tenía sacadas algunas conclusiones y realizado algunas experiencias que por falta de dinero, solo se quedaron en un proyecto fin de carrera de un alumno de la Escuela de Ingenieros de Sevilla.

Una reciente experiencia (hace una semana) me ha hecho reflexionar de nuevo sobre el asunto y quiero compartir mis sencillas conclusiones, que son varias:

Lo más importante, obviamente, es que no se produzca el incendio y para que así sea hay que tomar todas las precauciones posibles. Y, si se produce que sea sofocado de inmediato. Enumero  algunas de las precauciones que se me ocurren y una concreta que viví el pasado 15 de julio.

  1. Un vehículo a motor circulando por un camino o cualquier lugar con mucho pasto seco siempre es un posible foco de incendio. El tubo de escape en contacto con el pasto, sobre todo si el vehículo se detiene encima del pasto representa un riesgo grande. Es evidente que si se protege el tubo de escape con alguna chapa, aunque sea muy ligera, disminuye fuertemente el riesgo. También es claro que si se siega el pasto y se deja muy corto también disminuye el riesgo.
  2. El uso de herramientas (motosierras, soldadoras, radial, etc.) en las proximidades del pasto es un riesgo muy grande.
  3. No digamos hacer fuego de cualquier tipo (barbacoas, etc.).
  4. Si, por accidente, se produce un incendio lo más importante es detectarlo enseguida y apagar el conato con prontitud. Un elemento esencial es tener a mano agua que se pueda aplicar lo más rápidamente posible. Una forma muy eficaz es por medio de una mochila de fumigación llena de agua y siempre dispuesta a ser utilizada paro lo cual es fundamental comprobar su buen funcionamiento al principio del verano.
  5. Por supuesto disponer de una buena manguera conectada a una bomba de extracción de agua (de un depósito, de un pozo o de una piscina puede ser también muy eficaz).

Por eso, mi propuesta práctica es pedir a todas las personas que viven en el campo que tengan una mochila como la que he comentado antes, siempre llena de agua y en buen funcionamiento. Como lo lógico es que tengan un pozo, piscina o depósito hay que pedirles que tengan siempre conectada una bomba lo más potente posible para que el chorro de agua pueda proyectarse suficientemente lejos.

Muy conveniente llevar un buen extintor (cargado a tope y comprobado su buen funcionamiento) y fácil de utilizar, sin demasiadas correas o elementos de sujeción que hagan engorroso utilizarlo.

Ya fuera del campo, las fuerzas de seguridad (guardia civil y policía local sobre todo que son los primeros que acuden al lugar del incendio) deben llevar siempre en su vehículo un buen extintor o cualquier elemento que pueda apagar un fuego.

Para las zonas boscosas se me ocurre que habría que diseñar un dron especial dotado de cámara de infrarrojos y de visible para detectar cualquier conato de incendio. Una vez detectado el dron podría disponer de agua suficiente para incidir verticalmente sobre el fuego y apagarlo de forma inmediata. Por supuesto con la cámara visible se puede observar el proceso y, si fuera necesario, acudir al lugar con los elementos de contraincendios que fueran necesarios.

Por otra parte, cuando se produce un incendio, se pierde una cantidad importante de energía que podría aprovecharse sustituyendo a combustibles fósiles que tenemos que comprar fuera y que producen gases de efecto invernadero.

En concreto, por cada hectárea de bosque que se quema se pierden 33 toneladas equivalentes de petróleo. Por eso una buena medida para evitar incendios forestales es aprovechar una parte de la biomasa que producen los bosques y los cultivos en general manteniéndolos siempre limpios. Otra medida práctica muy eficiente es la existencia de ganado sobre el terreno; el pastor es un buen agente contra incendios hoy con los móviles que tiene todo el mundo puede avisar muy rápidamente al servicio correspondiente.

*Era un planeador con un motor eléctrico, una batería y unas células fotovoltaicas que pretendíamos que albergara una cámara de termografía infrarroja y una cámara de video conectadas vía telemática a un centro de control. Evidentemente su objetivo era la vigilancia de incendios. Se puede decir que fue un antecedente del Impulse allá por 1987.

Dios en la Tierra

No se si se han dado cuenta pero tenemos un nuevo Dios. Obviamente es D. Felipe González; no creo que haya otro. Yo que soy agnóstico no tengo más remedio que rendirme a la evidencia. Este hombre se cree Dios. Opina de todo, sabe de todo, pontifica en todo. Si un día decide suicidarse lo tiene fácil: puede hacer como los catedráticos de universidad que se suben a su ego y se tiran. Él tampoco fallaría.

Lo que más me llamó siempre la atención de él (a lo mejor por mi deformación profesional) son sus conocimientos de energía. ¡Con que seguridad habla de energía! Claro que una gran empresa energética, Gas Natural Fenosa, se lo ha reconocido y lo nombró miembro de su consejo de administración, con un buen sueldo (dicen que más de 126 000 euros al año); aunque según ha dicho él mismo, se aburría en esos consejos por lo que dicen que lo ha dejado. Lo de que se aburría lo comprendo pero lo que no se si ha hecho ha sido devolver el dinero que ha cobrado por aburrirse; tengo la impresión de que no.

Este gran experto en energía dice tales inexactitudes que me dejan turulato viniendo de alguien que ha sido presidente del Gobierno de España 14 años y ha tenido la responsabilidad suprema del sistema energético español y por lo visto no se ha enterado todavía que Francia le vende a España una poquita de electricidad unos años y España le vende a Francia otra poquita otros años. Pero él (Dios) pontifica que los españoles consumimos la electricidad de procedencia nuclear que nos vende Francia y que gracias a esa electricidad de procedencia nuclear podemos abastecernos los españoles. Con datos nada sospechosos de inciertos de REE (Red Eléctrica de España y, por tanto, regulador del sistema eléctrico) se puede observar cómo España es exportador neto de electricidad la mayor parte de los años consecuencia en muchas ocasiones del exceso de capacidad de nuestro sistema y de las coyunturas en las fronteras respectivas. Desde luego todo lo contrario de lo que afirma nuestro Dios energético: que los españoles somos hipócritas porque nos alimentamos de la electricidad nuclear francesa y no queremos centrales nucleares en España.

¿Qué hizo él en sus 14 años de gobierno en los temas energéticos? Supongo que no estuvo mal porque, como he referido antes una empresa del sector de la electricidad contrató durante unos años; si no es por sus conocimientos en energía, a lo mejor fue por agradecerle algunos favores al sector.  O, peor aún, esperando que sus contactos en los gobiernos sucesivos, siguieran favoreciéndoles.

Pero es que ahora se permite decirle al Secretario General de su partido lo que tiene que hacer en el sentido de que no se alíe con partidos de izquierda (podría contaminarse) y seguir practicando políticas de derecha. Nunca he visto tanto cinismo político en alguien que es Dios en un partido que se define como de izquierdas.

Es curioso pero siempre he sostenido (y sigo haciéndolo) que ha sido el político español (después de Aznar y de Rajoy, claro) que más daño le ha hecho a las clases medias y bajas de este país. Si, porque fue él (Felipe Dios) el presidente que empezó a desmantelar el sistema público español privatizando bancos y grandes empresas que son las que ahora copan nuestro sistema económico y el gobierno respectivo no tiene capacidad para reaccionar de manera efectiva ante una crisis como la que llevamos soportando (los ricos no, claro) al no disponer de las herramientas que deben tener los estados.

Pues bien, este implacable corrector de opiniones de todos (incluidos los papanatas de su partido que le siguen adorando como a lo que es, un Dios).

Pero me apetece contar algo más, acerca de Dios, esta vez, de cuando era joven. Resulta que es de mi edad, coincidimos en la Universidad de Sevilla, como estudiantes –él de Derecho, yo de Ciencias- y en aquellos tiempos también coincidimos en la oposición a Franco pero aunque recuerdo a muchos amigos de aquella época en las manifestaciones con los “grises” alrededor como testigos, a él nunca lo vi. A lo mejor porque ya se estaba entrenando para ser Dios y era invisible o yo era tan torpe –no se si torpe pero catetillo de pueblo, seguro que si- que no me di cuenta nunca de tener en mi entorno a personas tan importantes como él y otros casi tan importante como él, como se ha demostrado después.

Es tremendo, cada vez que lo veo y le oigo en los medios (sobre todo en televisión) me causa una extraña sensación ante tal prepotencia verbal. ¿Por qué no nos deja ya tranquilos? Y sobre todo a sus sucesores y les permite equivocarse solos como se equivocó él en multitud de temas, me atrevo a decir que incluso más trascendentes que los de ahora.  Por supuesto igual que nos equivocamos todos.

Eso no quiere decir que yo no reconozca que hizo cosas positivas importantes por nuestro país pero me parece que se pasa en su “sabiduría” de todo lo que ocurre a su alrededor. Su conversión al liberalismo económico (aunque se disfrace de socialdemocracia) en el 28 Congreso Extraordinario del Partido Socialista Obrero Español en Septiembre de 1979 creo que es lo peor que le ha pasado a su partido y a nuestro país.

Estaría bien que alguien le dijera aquello que el Rey Juan Carlos acuñó con el ínclito Hugo Chaves: ¡porqué no te callas!

Los Indecisos

En un artículo anterior a este, “Harto de tanta demagogia”, escribía, al final del mismo, lo siguiente:

“Si el resultado es el mismo o parecido los votantes también tendrán su parte de responsabilidad. Y no vale echarle la culpa –como hacemos casi siempre- a los demás, incluidos los políticos”.

Naturalmente me refería a las elecciones del pasado 26 de junio y dado que, en efecto, el resultado ha sido parecido, me apetece hacer unas consideraciones en el mismo sentido que lo hacía en el citado artículo anterior.

Me parece poco sensato echar la culpas de todo a “los demás” sean estos quienes sean, políticos, médicos o policías locales. Y además, como en este caso, remacharlo continuamente como hacen los medios de comunicación –insisto, de comunicación- y los tertulianos al uso, auténticos “sabelotodo” que, normalmente, no asumen ni sus limitaciones de conocimiento ni sus errores de apreciación. Sigo esperando que alguno reconozca que, como los medios demoscópicos, se han equivocado –y mucho- en sus apreciaciones en las últimas elecciones. Tampoco estaría de más que reconocieran que con sus comentarios en los medios de comunicación influyen en las decisiones de los votantes y no siempre para bien. “Lo” del sorpaso ha sido de nota (suspenso, claro).

Pero entremos ya en el asunto.

Verán, muchos coinciden en que los políticos que tenemos en este momento en primera línea (Rajoy, Sánchez, Rivera, Iglesias, Soraya, Susana, Errejón, etc.) no están a la altura de las circunstancias. No soy lo suficientemente experto en el tema para estar de acuerdo o en desacuerdo aunque tengo mi propia opinión e incluso experiencia con alguno de ellos. En general pienso que no son ni mejores ni peores que otros anteriores que nos han gobernado o estado en la oposición.

Pero lo que quiero destacar es otra cosa.

Quiero reflexionar sobre los votantes (o no; es decir, los abstencionistas) y su papel y responsabilidad en la situación actual.

En general, los militantes de los partidos, tanto de los antiguos como de los nuevos lo tienen claro y votan a los representantes de sus partidos sin importarles nada, incluido el que amparen o hayan amparado (“Luis, nada es fácil, pero hacemos lo que podemos. Ánimo”) a delincuentes declarados y, en algunos casos, condenados en firme por la Justicia; vamos que han estado o están en la cárcel. O que hayan actuado (al margen de cómo se haya sabido) de manera claramente antidemocrática y dictatorial empleando los medios del Estado para sus propios fines partidistas (ministro del Interior actual). Eso sin entrar en matices; que los hay, muchos y significativos. No es lo mismo robar y malversar que un error administrativo aunque para confundir se le llama con una misma palabra a todo, “corrupción” con lo cual lo más grave queda un poco diluido en el “totum revolutum”. Tampoco se tiene en cuenta que cuando hay un corrupto, hay un corruptor y eso también es importante para entender lo que está pasando.

Nada de cuanto antedigo les libera de su responsabilidad en el resultado de las elecciones. Más bien, los hace más responsables y, en algunos casos, culpables. Me refiero a los militantes de los partidos.

En fin, que esos votantes no cuentan para el argumento que quiero sostener ahora en este artículo. Quiero referirme expresamente a los llamados “indecisos”. Supongamos que la palabra indeciso responde a lo que dice la RAE (en la segunda acepción): “Perplejo, irresoluto, que tiene dificultad para decidirse”.

Pues bien, esa persona que, supongamos, “tiene dificultad para decidirse” (parece ser que nada menos que un 32,4 % -según las irrefutables encuestas, unos días antes del 26 de junio) tiene también una gran responsabilidad cuando ¡al fin! se decide y va a votar.

No debo olvidar que, desde el punto de vista que aquí trato, el porcentaje de indecisos que he citado es el que dijeron las encuestas que había y, por supuesto, puede ser tan erróneo como los demás que daban todas ellas y, -divertido- coincidentes con lo cual eran infalibles, según los politólogos y demás especies demagógicas de los medios de comunicación. ¡Buenos científicos serían dando por exacto lo que solo son conjeturas! Es curioso observar cómo no se disculpan ante la opinión pública que les mantiene. Por decencia profesional deberían hacerlo individual y colectivamente, pero, que yo sepa, no lo han hecho y supongo que no lo harán. Es que son infalibles aunque se demuestre su error.

Los indecisos, ¿a quien han votado y porqué?¿cómo han decidido?¿qué influencias han pesado más en su decisión? ¿qué han tenido en cuenta a la hora de decidirse?

Contestar con fiabilidad a estas preguntas creo que hubiera sido de gran interés para todos los partidos y que en función de las respuestas que se ha dado cada uno, habrán montado su campaña y los debates correspondientes. Supongo que lo habrán pensado y que unos han acertado y otros no. Daré un repaso a cada uno de ellos, elucubrando, claro está.

Da igual el orden y referido el análisis solo a los cuatro partidos que han tenido mayor número de escaños.

Ciudadanos. Su líder (y supongo que su equipo más inmediato) puede que hayan pensado y así lo han transmitido insistentemente que ellos están “limpios” de corrupción y que son coherentes en sus propuestas de “centro” y que su equidistancia de los extremos les va a primar en la decisión de los indecisos. Parece que no ha sido del todo así. Por tanto, harían bien –para una próxima ocasión; cuando la haya- que tengan en cuenta que hay otros factores que influyen más que su propia convicción de honestidad y “limpieza”.

Unidos Podemos. Según parece, es una “coalición electoral conformada por Podemos, Izquierda Unida, Equo y otras formaciones de izquierdas” que se han presentado juntos, supongo que para evitar los efectos perversos de la llamada “Ley D’Hont” de asignación de escaños a partir de los votos correspondientes que tanto ha perjudicado en el pasado las expectativas electorales de IU, por ejemplo. Supongo que eso les entusiasmaba a los firmantes de la coalición y estaban tan seguros del resultado que ya daban por cierto conseguir el célebre “sorpaso” respecto al PSOE. Ahora le llaman, chistosamente, “tortaso”.

Parece ser que se han equivocado. A lo mejor porque esos extraordinarios profesionales de la política (según ellos mismos, claro) no han tenido en cuenta otras circunstancias que terminan pesando más en la decisión de los indecisos que sus propias teorías políticas.

¿Qué pienso yo que les ha pasado? Contesto con la ventaja de saber lo que dicen ellos. Según yo, no se han dado cuenta de que esa zona político –la de la izquierda, según todos ellos, más izquierda que ninguna- es algo muy dividido y que, con la mejor intención, cada uno es un mundo político en sí mismo y no se dejan manipular fácilmente. Esencialmente, cada cual es el “amo” de su rinconcito de la izquierda y lo antepone a todo. Ni mucho menos es igual un antiguo militante del partido comunista que un renegado de Greenpeace (Equo) o cualquier otro “descontento de todo” de los muchos que hay. Con razón o con menos razón pero así es la cosa. Si unimos a eso que, “aunque se vista de seda, la mona, mona se queda” despiertan miedo y desconfianza en muchos españoles y, claro, los contrarios (sobre todo el PP) que lo sabe muy bien, ha sabido despertar ese miedo “a la izquierda radical”. Por supuesto, al núcleo político de la coalición (Podemos) no le ayuda mucho el apoyo que han recibido (y no se si siguen recibiendo) del régimen de Venezuela.

En fin, que no han sabido captar a los indecisos y en vez de sumar –como ellos pensaban, con razón, en teoría- han restado y no han conseguido sus objetivos.

PSOE. A este partido lo conozco un poco mejor por lo que mi análisis puede ser más ajustado a la realidad. Vaya por delante que lo que voy a escribir ahora ya lo he dicho antes en bastantes ocasiones, en distintos foros. En primer lugar creo que, desde Felipe González (28º congreso), el PSOE, en aras de una mayor eficiencia electoral continuada, ha dejado atrás muchas de sus señas de identidad tradicionales. Y se ha convertido –cada vez un poco más- en una especie de “rueda de transmisión” del liberalismo económico al que hemos llegado y que asfixia a una gran mayoría de la sociedad española; a otros los beneficia, claro. Sin entrar en más matices, el PSOE ha dejado mucho espacio político a su izquierda y una gran cantidad de militantes antiguos se han despegado de él. Lógicamente, muchos nuevos militantes han acudido a sustituirlos mirando “al panal de rica miel” que era para ellos el partido que repartía cargos entre gente más o menos humilde y con la aspiración lógica de vivir mejor. Naturalmente, muchos de esos militantes no tienen los convencimientos de izquierda que son necesarios y están produciendo muchas ineficiencias en todo el partido y en las instituciones en las que gobierna.

¿Qué han hecho mal en esta ocasión coyuntural? En mi opinión, lo más importante ha sido la sensación de desunión y división interna a la cual han contribuido todos y que sigue. El PSOE tiene que arreglar ese asunto, con toda la democracia interna y los debates abiertos que sean oportunos pero defendiendo todos el resultado al que se llegue en las reuniones de los órganos de dirección correspondientes. Y en las agrupaciones locales.

Lo segundo en importancia es la vuelta a los orígenes y la recuperación de la ideología perdida y, de camino, a los militantes perdidos.

En cualquier caso, el PSOE tiene que reflexionar de manera abierta y buscar sus señas de identidad, mirando a la izquierda y no tanto al centro o al centro derecha.

 

  1. Desde el punto de vista de marketing electoral ha sido, sin duda, el que mejor lo ha hecho; de ahí los resultados razonables que han obtenido que, aunque no son suficientes para gobernar, le dan bastante ventaja. Es claro que tiene buenos asesores. Han sabido aprovechar el miedo a la izquierda “radical” de Unidos Podemos, y ha marcado las distancias con Ciudadanos y PSOE.

Lo mejor que han sabido hacer ha sido mantenerse “como un buzo bajo el agua” en lo tocante a la corrupción y resulta sorprendente que haya captado votos de esos indecisos en esta coyuntura tan escandalosa con muchos de sus líderes implicados en casos de corrupción auténtica; es decir, que se han llevado dinero de la gestión institucional e incluso que se han financiado –como partido- irregularmente (casos Bárcenas, Gurtel, Púnica y otros que ni siquiera se los nombres). No puedo entender a indecisos que se han decidido a votarlos a pesar de todo esto. Solo el miedo cerval a una izquierda radical que, hipotéticamente, iba a llevarnos al caos, lo puede justificar. Sinceramente, ha sido una obra de maestros de la manipulación mediática. Pero, bueno, así es la vida real. Desde luego, aquella estupidez de que “el pueblo nunca se equivoca” no se puede sostener en estas circunstancias.

De cara al futuro, creo que deben pensar que esta situación no se puede perpetuar y tienen que aprovechar la coyuntura para seguir gobernando. Por dos razones fundamentales:

Si siguen gobernando pueden seguir manejando muchos hilos de la justicia y de los medios de comunicación para tapar en lo posible los casos flagrantes de corrupción y evitar como puedan los nuevos casos que van a seguir saliendo. Me parece admirable e increíble la habilidad que tienen para soslayar estas circunstancias adversas.

Por eso, en esta coyuntura y, a pesar de lo que han ofendido a los demás partidos, no les queda más remedio que ceder en muchos aspectos fundamentales (reforma educativa, laboral, energética, seguridad ciudadana, etc.) que deberían haberles hecho perder las elecciones pero que si persisten en ellas ninguno de los otros partidos aceptaran sus propuestas de gobierno. Por tanto, no les queda más remedio que “bajarse los pantalones” y ceder en muchos de sus planteamientos pasados; aun a costa de perder apoyos por su derecha. Con el peligro, claro está, de que les salga un “grano” por ese lado. Eso sería definitivo.

Además de los “indecisos” tenemos los que no van a votar. Los que se abstienen. Sinceramente no los entiendo y me parecen los más irresponsables. Aunque ellos crean que, dada la situación política (de los partidos), está más que justificado no votar. Cuando alguien –como yo- que llegué a pensar que no participaría nunca en su vida en unas elecciones libres, observa a estos jovencitos que están todo el día quejándose y no hacen nada para cambiar las cosas y se permiten no votar, me dan ganas de proponer alguna medida de pérdida de alguno de los beneficios que les proporciona el sistema democrático actual, para los que no van a votar. A lo mejor lo que falta es un poco de “educación para la ciudadanía” para que estos chicos y chicas se sitúen históricamente y valoren lo que tienen.

Para terminar, me divierte pensar en una hipótesis que me parece sugerente:

¿Qué hubiera pasado si ese 32,4 % de indecisos se hubieran organizado (por ejemplo a través de las redes sociales) y hubieran configurado una candidatura –podría llamarse así, INDECISOS- que se hubiera presentado a las elecciones? Por supuesto habría cambiado radicalmente el resultado final.

Sin entrar en demasiadas elucubraciones hasta podrían haber ganado y tener la opción de formar gobierno. Si hubiera terceras elecciones habría que planteárselo y podríamos despejar las incógnitas actuales.

¡Ahí queda eso!

 

Harto de tanta demagogia

Es cierto que estamos en un momento crítico de la sociedad española, aunque no más que otras veces. Y siempre olvidamos de donde venimos, tanto en lo malo como en lo bueno.

Lo de crítico lo digo, más bien, por el aumento de demagogia con el que convivimos.

Cuando se trata de conceptos de los que no estoy muy seguro acudo –como supongo que hacen muchas otras personas- al diccionario de la lengua (RAE). En este caso me he encontrado con estas dos definiciones:

Demagogia.

  1. f. Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular.
  2. f. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.

La primera acepción me parece muy acertada excepto, -inicialmente- en la palabra política. Yo se la hubiera quitado porque creo que la demagogia se practica en todas las actividades del ser humano y no solo en la política. Hacen demagogia los que practican la educación, la medicina, el periodismo y cualquier actividad social. Pero, bueno, entendida en su contexto general consiste en “ganarse con halagos el favor popular”. Voy a quedarme con esa acepción sin especificar quien practica la demagogia.

La segunda acepción del diccionario de la lengua seguro que les parece bien a todo el mundo y no creo que tenga discusión. Aunque yo, aquí, si la voy a contradecir un poco, aceptándola, como todos, en su aplicación a los políticos (que ejercen y practican la política).

El objetivo de este escrito va en relación con la demagogia pero con un matiz que a mi me parece importante.

Según parece –todos están de acuerdo- los votantes siempre tienen razón y nunca se equivocan. Tal simpleza me parece pura demagogia en su sentido más amplio. Según entiendo quien hace esa afirmación –casi todos los españoles- está tratando de “ganarse con halagos el favor popular” y si eso no es demagogia ya me dirán qué es. Es obvio que quienes más abusan de esa afirmación son los periodistas y tertulianos de radio y televisión y no admiten que ellos son los que con esa y otras afirmaciones del mismo corte confunden a los españoles a los que dicen que sirven con sus opiniones. Otro “gallo cantaría” sin tanta opinión sesgada y representante de intereses de sectores concretos de la sociedad que buscan siempre “el favor popular”.

Me permito contradecir esa afirmación y decir que los votantes no tienen razón siempre y que, con el sentido de su voto intervienen –como debe ser- en política[1] y, por tanto, son el origen de muchos de los conflictos políticos que vivimos como, por ejemplo, los actuales. No podemos ser tan demagogos que les quitemos responsabilidad a los que la tienen, en el origen.

Con esa afirmación de que los votantes tienen responsabilidad en el resultado de sus votaciones no quiero quitarles responsabilidad a los representantes de los electores que, desde luego, tienen mucha pero tampoco se puede “pedir peras al olmo”. En el sentido sobre todo de que si esos “políticos”, delegados en definitiva de los votantes no hacen lo que los votantes quieren, serán criminalizados y no digamos, castigados en las siguientes elecciones. No se les puede echar toda la culpa a ellos. Imaginen lo que dirían los votantes del PP, por ejemplo, si sus dirigentes aceptaran las propuestas de Podemos; o, al revés, lo que iba a durar Podemos en las próximas elecciones si se hubiera puesto de acuerdo con el PP o con Ciudadanos. ¿Porqué Pedro Sánchez no ha aceptado la negociación total con Podemos ni con el PP? ¿Por qué Pedro Sánchez no se lleva bien con Rajoy o con Iglesias? ¿o porque sabe que sus votantes no se lo perdonarían?

En fin que estamos donde estamos porque el resultado de las elecciones del 20 de diciembre pasado fue el que fue y no otro. ¿Qué el 26 de Junio puede ser diferente? Yo espero que si y, desde luego, como no soy adivino ni experto en elecciones, no lo se con seguridad pero hago votos por que los votantes reflexionen y algunos –los que crean que se han equivocado- cambien el sentido de su voto. Eso, al menos, me parece lo sensato y espero que así sea. Si el resultado es el mismo o parecido los votantes también tendrán su parte de responsabilidad. Y no vale echarle la culpa –como hacemos casi siempre- a los demás, incluidos los políticos.

[1]Política. Ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas, especialmente de los estados. (RAE).

Que no es lo que se suele entender sin decirlo: “lo que practican los políticos”. Que no es lo mismo, lamentablemente.

 

El ex ministro Soria en los “papeles de la energía”

El caso reciente de José Manuel Soria me ha recordado de inmediato al de Alphonse Gabriel Capone por una razón muy sencilla. En el caso de Capone fue encarcelado por el Gobierno Federal de Estados Unidos por evasión de impuestos cuando era bien conocido como el gánster más buscado por el FBI americano por su actividad mafiosa en aquel país. Nuestro ya ex ministro de industria, Energía y Turismo ha dimitido por la presión mediática a propósito de sus actividades hace ya muchos años en temas empresariales detectadas a partir de los llamados “papeles de Panamá”.

No sabemos bien ni la magnitud ni la legalidad de sus negocios, parece que navieros. Pero parece seguro que sus actividades económicas las realizó en algún “paraíso fiscal” suponemos que para evadir los impuestos que hubiera tenido que pagar si sus actividades hubieran tenido su sede en España.

Lo que si sabemos sus administrados en temas de energía son sus tropelías en relación con las energías renovables a las que ha hundido en estos años que ha sido ministro del ramo. Y si no que se lo pregunten a los que invirtieron en instalaciones de renovables de todo tipo creyendo honestamente que las leyes son para cumplirlas y que no se pueden cambiar de la noche a la mañana modificando las condiciones según las que se han hecho las inversiones.

España perdió en ese tiempo la credibilidad internacional en algo tan consustancial con un estado de derecho como es la no retroactividad de las leyes. Y me da la impresión que por ese desaguisado no va a tener que responder salvo a través de su partido en las elecciones que se vayan produciendo de aquí en adelante. Lamentablemente, creo que no mucho porque ya estamos “pasando” de este tipo de tropelías.

Hay un comentario adicional que me apetece hacer a propósito del asunto. Al escuchar al ex ministro explicar las circunstancias del caso por el que ha tenido que dimitir da la impresión que a él le parece normal –como a otros muchos- burlar a la Hacienda pública española y que su ética social le permita gobernar como ministro teniendo en su debe esta circunstancia. ¿Cómo se puede pertenecer a un gobierno que exige a sus conciudadanos cumplir con sus obligaciones fiscales y uno de sus componentes más destacados no lo ha hecho hace tantos años?

Espero que la sociedad cambie algún día y utilice una vara de medir adecuada a cada caso y en el momento oportuno. Ni es de recibo que hayan pasado veinte años desde su “desafección” con la Hacienda española ni es lógico que la sociedad española no le pase recibo por su mala gestión del sistema energético de nuestro país.

Un modelo energético para España. Y para el mundo.

Primero hay que analizar el actual y ver cuales son los inconvenientes de que sea como es. Lo siguiente es fijar las condiciones que tiene que tener el de futuro. Finalmente habrá que definir las medidas necesarias para recorrer el camino desde el presente hasta el futuro.

El principal fallo del sistema actual es que la generación de las formas energéticas más extendidas (la electricidad y los combustibles) se hace en grandes instalaciones en lugares alejados de los centros de consumo donde este se realiza de forma distribuida. Eso orienta claramente hacia donde hay que caminar: generar de la manera distribuida en la que se produce el consumo. De esa manera el sistema será mucho más eficiente que el actual.

Inmediatamente después está el impacto ambiental negativo que se produce por las formas energéticas más abundantemente utilizadas: los combustibles de origen fósil y el uranio. Unos son los responsables directos del cambio climático y los residuos radiactivos los efectos de contaminación radiactiva con efectos de largo plazo.

Finalmente, hemos de considerar también que esas formas energéticas que vienen alimentando mayoritariamente nuestro sistema hay que comprarlas en el extranjero, con la correspondiente incidencia en nuestra balanza de pagos (en el entorno de los 50 000 millones de euros anuales). Por otro lado disponemos de los recursos y las tecnologías de las energías renovables en alguna de las cuales (termosolar) nuestro país es campeón del mundo con 2 300 MW en funcionamiento y nuestras empresas realizando las centrales en todos los países y nuestros centros de investigación siguen siendo la referencia mundial.

Si a eso unimos que las formas energéticas emergentes en el sistema, las renovables, están disponibles en nuestro territorio, no son contaminantes y se presentan de forma distribuida el planteamiento de base está muy claro: generación distribuida y energías renovables.

Pero en España no partimos de cero. A finales de 2015, teníamos 51 749 MW (47,8 %) en cuanto a capacidad de generación eléctrica con renovables del total de 108 299 MW de nuestro sistema eléctrico.

Cierto es que en otras formas de aprovechamiento de energías renovables estamos muy lejos de lo que sería deseable y razonable:

En agua caliente sanitaria solo tenemos 3 348 053 m2 instalados en nuestro país mientras que en Alemania –con la mitad de radiación solar que nosotros- tienen 19 560 000 m2.

Igual ocurre con el empleo de las biomasas comerciales (huesos de aceitunas, cáscaras de almendra, pellets, astillas, etc.) de los que tenemos muy buenos recursos y no acabamos de abastecer un número suficiente de estufas y calderas para la generación de calor en las viviendas y en los servicios de nuestro país.

Por lo que respecta a una de las mayores expectativas de avance en la consecución de un sistema energético razonable, la autoproducción de electricidad mediante la tecnología fotovoltaica, lamentablemente el gobierno actual no acaba de dar “luz verde” clara, nítida y sencilla a su desarrollo en nuestro país.

Además ni los biocarburantes ni los vehículos eléctricos acaban de aplicarse de forma masiva como sería de desear. Pero tienen que hacerlo.

El cambio necesario del sistema energético supone una importante reconversión económica y social que no puede hacerse sino de forma progresiva pero mantenida en el tiempo y afectando a todo el territorio español y a pequeñas y medianas empresas

Por otra parte, Europa camina de manera inequívoca hacia ese modelo de sistema energético basado mayormente en energías renovables y en la mejora de la eficiencia energética, con el célebre objetivo 20-20-20 que España cumple sobradamente por lo que respecta al subsistema eléctrico.

Así pues, y en plan resumen, vamos avanzando hacia un sistema energético sensato (con fuentes propias, no contaminantes y distribuidas) pero con poca velocidad y sin sacarle todo el rendimiento social que sería de desear. Es una pena el parón que se ha producido en el desarrollo de las energías renovables a partir del año 2011 que, espero se corrija en poco tiempo.

 

Sobre la cumbre del clima de Paris, inaugurada el 30 de noviembre de 2015

Me parece un momento adecuado para hacer algunos comentarios a propósito del cambio climático que hace poco era puesto en discusión por algunos “expertos de todo”, incluido el Sr. Presidente del Gobierno actual y su primo (colega mío por cierto en la Universidad de Sevilla).

Supongo que hoy no dirá lo que dijo entonces cuando puso en duda la existencia del cambio climático con palabras que deberían avergonzarle intelectualmente:

“Si nadie garantiza ni qué tiempo hará mañana en Sevilla ¿Cómo van a decir lo que va a pasar dentro de 300 años?”, manifestó el líder del PP en la SER el pasado 22/10/2007

Vayamos al grano. Primero voy a dar mi explicación sencilla del cambio climático y luego haré algunos comentarios sobre mi relación con el mismo.

Cambio climático, obviamente, es la forma de decir que estamos inmersos en una modificación del clima, independientemente de cual sea la razón. Del clima, que no de la meteorología del día a día. Se trata del largo plazo.

Hay quien dice que a lo largo de la existencia del planeta ha habido en algunas épocas pasadas otros cambios del clima; y, sin duda, así es, como está bien documentado. El problema principal de este que estamos viviendo es la velocidad con la que se está produciendo, consecuencia sobre todo de la modificación de la composición de la atmósfera en cuanto a gases de efecto invernadero que explicaré someramente enseguida.

Se llama “efecto invernadero” al proceso por el cual un sistema modifica selectivamente los intercambios de radiación con su entorno. Ese efecto lo producen muchas sustancias, en concreto todas las parcialmente transparentes, vidrios, plásticos, etc. En esos casos el fenómeno se puede explicar de manera muy simple.

Concretándola a un vidrio: La radiación solar (de onda corta, 0,2 a 3 micras) que incide sobre cualquier vidrio transparente lo atraviesa casi en el 100 %; es decir que casi toda la radiación solar que llega a un vidrio (de una ventana, por ejemplo) pasa al otro lado (por eso el vidrio “se ve” transparente).

Por el contrario, la radiación infrarroja (onda larga, de 10 a 14 micras) no atraviesa el vidrio; es decir la radiación infrarroja que llega a un vidrio es reflejada en su casi totalidad. En el caso concreto de una ventana, por ejemplo, la radiación solar entra en gran parte en la habitación y se absorbe en los muebles, las paredes, etc.; como consecuencia, estos elementos del interior de la habitación recogen esa radiación y se calientan. Esos elementos calientes emiten radiación infrarroja que se distribuye por toda la habitación, pero no puede salir de la misma toda vez que el vidrio de las ventanas, ya que es opaco a esas radiaciones. La consecuencia obvia es el calentamiento global del interior de la habitación y si la temperatura a la que se llega es inaceptable para nuestro confort térmico no queda más remedio que bajarla en base a equipos de refrigeración con el correspondiente consumo de energía que, a su vez, procede de alguna central eléctrica (de carbón, de gas natural, nuclear, solar, eólica, etc.) y, en muchos casos, produciendo gases de efecto invernadero y ahora veremos que importancia tiene ese hecho en el cambio climático.

Vayamos ya al efecto invernadero de la atmósfera. Es similar al que produce el vidrio aunque un poco más complejo.

En general, los gases que componen la atmósfera absorben, difunden y transmiten las radiaciones que les llegan, tanto la solar de onda corta como la infrarroja de onda larga. Pero tanto una como otra tienen comportamiento diferente dependiendo de la composición de la atmósfera.

De manera muy simplificada se puede decir que la atmósfera deja pasar la radiación solar en un porcentaje de aproximadamente el 50 % y no deja pasar (hacia afuera) la radiación infrarroja en su casi totalidad. Como consecuencia el intercambio de radiación a través de la atmósfera es selectivo en función de la composición de esta produciéndose un auténtico “efecto invernadero” que hace que el planeta en su conjunto mantenga una temperatura media que podemos cifrar en la actualidad en 15 ºC (288 K) y que si no hubiera atmósfera estaríamos en – 18 ºC. Lo malo es que el balance entrada salida que los expertos del clima (IPCC) llaman “forzamiento radiativo” cifraban en el año 2005 en 1,6 W/m2 (frente a los 1367 W/m2 que llegan procedentes del Sol) y que en el 2011 ha sido referenciado como de 2,3 W/m2 . Ese es el verdadero indicador del cambio climático porque explicita numéricamente la causa fundamental que no solo no ha descendido en los últimos años sino que ha aumentando a razón de 0,12 W/m2 cada año. Es la clave y los que negocian en París deberían tenerlo muy en cuenta.

Una vez claro lo esencial –el aumento sistemático del forzamiento radiativo- me parece conveniente hacer algunas consideraciones sobre las razones de fondo por las que esto ocurre.

Ya no duda nadie de que es el ser humano a través del sistema energético del que nos hemos dotado el principal causante del problema. Pero no todos los seres humanos contribuimos de la misma manera. De hecho, si medimos la intervención por las emisiones de gases de efecto invernadero medidas en cantidad de CO2 equivalente[1] por persona, resulta lo que todos pensamos:

Un estadounidense medio emite a la atmósfera 16,18 tCO2/año mientras que un africano (de Nigeria, Zambia o Senegal por poner ejemplos concretos) emiten del orden de 0,1 tCO2/año (menos que lo que emiten por el solo hecho de existir como animales (0,4 tCO2/año)). Como curiosidad, el sistema energético que tenemos los españoles da lugar a 5 tCO2 por persona; es decir que no somos los peores pero también contribuimos lo nuestro, que no es poco, frente a la media mundial de 4,52 tCO2 por persona al año. Por eso es muy injusto hablar de emisiones como un todo; hay que discriminar dejando claro quien emite más y quien menos.

Por el lado de las consecuencias si se puede decir que todos somos iguales ya que las catástrofes ambientales que se están produciendo y las que vienen van a afectar a todos, sin distinciones aunque, obviamente, a  unos les afectarán más y a otros menos.

Pero lo que quiero matizar algo más es cómo y porqué se producen las emisiones de gases de efecto invernadero y como se podrían evitar (mitigación) a fin de ir disminuyendo el ya citado forzamiento radiativo que debería ser el objetivo básico y absolutamente prioritario del conjunto de la humanidad.

Lo primero es entender cómo se producen los gases de efecto invernadero y en qué proporción. En el año 2010, el total fue de 49 GtCO2 equivalentes; desde 1975,  hasta el 2010 fue de 2000 GtCO2 equivalentes aproximadamente.

El más importante de todos es, sin duda, el dióxido de carbono; sobre todo por la cantidad que se emite por parte del sistema energético y la industria (32 Gt). El origen, como todo el mundo imagina, son las combustiones de sustancias que contienen carbono en su composición, incluidos los alimentos que utilizamos los animales para nuestra subsistencia. En concreto, un ser humano emite del orden de 1 kg de CO2 al día. Pero lo verdaderamente importante son las combustiones del carbón mineral que se emplea en las centrales termoeléctricas y en algunas industrias; a razón de 1 kg de CO2 por kWh producido. Por supuesto también producen mucho CO2 las combustiones de gasóleo y gasolina en los automóviles en cantidades entre 150 y 200 gramos por km recorrido lo cual supone que cada vez que utilizamos nuestro coche estamos emitiendo grandes cantidades de CO2. A pesar de su nombre –gas natural- este combustible fósil también emite CO2 cuando se emplea en una central eléctrica o en una cocina o un calentador de gas. Es verdad que en cantidades inferiores al carbón o a la gasolina pero ni mucho menos despreciables.

La otra sustancia gaseosa que da lugar al efecto invernadero de la atmósfera, de forma muy importante, es el metano (CH4) que es el principal componente del gas natural. En este caso la cantidad total es inferior al CO2 pero su “poder” de efecto invernadero es muy superior; de hecho 21 veces superior por lo que su efecto en el calentamiento global es muy significativo (7,84 GtCO2equivalentes) y no hay que olvidarlo. De ahí que las redes de suministro de gas natural y todo su proceso deberían ser muy controlados. Lamentablemente no es así y, probablemente, por su simpático nombre –natural- y su símbolo –una bonita mariposa- nos “cae” mejor que el carbón o el gasóleo tan negro uno y tan pringoso el otro. Pero, en definitiva, es tan pernicioso como los otros dos.

Por el otro lado, el de la disminución de CO2, me parece muy importante recordar algo que sabemos desde la escuela primaria. Las plantas son seres vivos que consumen CO2 y agua para producir hidratos de carbono con el carbono que extraen del CO2 y el hidrógeno que obtienen del agua; gracias a la fotosíntesis. Es obvio, por tanto, que la otra forma muy efectiva de mitigación es la proliferación de plantas. Yo diría que hasta recuperar el estado en que el ser humano se encontró el planeta que tenía el doble de bosques que ahora mismo. Así pues, está claro lo que hay que hacer:

EMITIR MENOS Y CAPTAR MAS

Es bien sencillo. Solo hay que hacerlo y ahí es donde está el problema: que hay seres humanos con mucho poder pero que el asunto no les interesa demasiado suponiendo, -erróneamente- que a ellos no les va a afectar porque tienen mucho dinero y/o mucho poder. Que no se equivoquen, nos va a afectar a todos, incluyendo los hijos y nietos de esos que se creen tan poderosos. Siempre que veo la foto de algunos de estos prebostes de la industria y de las energías contaminantes no puedo evitar acordarme de algunos animales que cuando se ven perdidos se suicidan. En este caso es peor porque ellos no se creen perdidos.

¿Cómo se hace lo que hay que hacer?

Lo de plantar árboles es bien sencillo y no vale la pena explicitarlo. Cualquier persona normal lo entiende. Y los que tienen la responsabilidad de gobernar saben bien qué hay que hacer.

En cuanto a lo de emitir menos hay que explicarlo un poco más, aunque tampoco es muy difícil: La solución es cambiar el sistema energético con las siguientes medidas, sencillas de explicar y algunas de ellas más difícil de hacer realidad por el egoísmo y la avaricia de algunos:

  1. Convencimiento de todos de que es perfectamente posible un sistema energético con un mínimo de emisiones netas de gases de efecto invernadero.
  2. Cada cual en su casa, en su empresa, en su coche, en su administración puede hacer mucho para disminuir sustancialmente las emisiones de GEI.
  3. Cada cual, en su casa, etc. puede ir sustituyendo la caldera de gasóleo, gas o cualquier otro combustible fósil por energía solar y/o biomasa.
  4. Cada cual en su casa, etc. puede generar electricidad con módulos fotovoltaicos, generadores eólicos, calderas de biomasa de cogeneración, etc.
  5. Cada cual puede tener un coche que contamine menos que el actual. En particular ya existen coches eléctricos y coches híbridos. Obviamente la electricidad que utilizan esos coches debe proceder de energías renovables en su mayor parte. No es difícil.
  6. Cada cual (todos) deberían calentar el agua con instalaciones solares térmicas y el complemento auxiliar para cuando no hay sol puede hacerse con una caldera de biomasa. Lo peor es calentar el agua con resistencias eléctricas.
  7. Las autoridades del sistema energético, tanto a nivel estatal como autonómico, deben favorecer (de verdad) que los usuarios puedan hacer eso que se dice más arriba.
  8. Las autoridades del sistema energético deben obligar a las compañías eléctricas y de combustibles a cumplir sus obligaciones con los usuarios sin “hacer trampas en el solitario (para ellas es un solitario)” como acaba de descubrir la CNMV que hace Iberdrola. Algo que muchos sospechábamos hace tiempo.
  9. Las empresas deben ir modificando sus formas de generar las energías intermedias (electricidad y combustibles) hacia formas con menos gases de efecto invernadero.
  10. Hay que cambiar el sistema de sanciones y beneficios de las energías imponiendo impuestos fuertes a los que producen GEIs y facilitando rebajas de impuestos a los que disminuyen las cantidades de GEI. Por ejemplo, impuestos a los que queman carbón y rebaja de impuestos a los que usan renovables y a los que plantan árboles.

 

Mi relación con el cambio climático

Allá por el año 1975 (un año después de leer mi tesis doctoral) tuve que ocuparme de impartir la asignatura de Termodinámica en la Escuela Superior de Ingenieros de la Universidad Politécnica de Valencia y todo lo que eso llevaba consigo desde el punto de vista de la investigación a la que dedicaría el resto de mi vida académica. Por aquellos tiempos estaban muy en candelero los temas energéticos como consecuencia de la guerra árabe israelí y el consiguiente embargo del petróleo árabe para el mundo occidental. Pero, como consecuencia, también empezaba a hablarse de las consecuencias ambientales del uso masivo de los combustibles fósiles.

Pues bien, yo estaba en un mar de dudas de si dedicarme a los temas ambientales o a la energía. Ganó esta última tendencia como ya es bien sabido, sobre todo porque la asignatura que tenía que impartir, la Termodinámica, es, en definitiva, la ciencia de la energía. Pero la opción que tomé, el estudio y el mejor conocimiento de los temas energéticos, me llevó de manera natural al impulso de un cambio de sistema energético hacia las energías renovables y, como consecuencia natural, a un modelo energético menos emisor de gases de efecto invernadero. Con el tiempo, aquel primer impulso me ha llevado a relacionarme –aunque de forma indirecta- con los temas de cambio climático y con los científicos que se dedican expresamente al tema.

Para colmo cuando Cristina Narbona fue ministra de Medio Ambiente me nombró representante del Ministerio en el Consejo Nacional del Clima, situación en la que sigo a pesar de los cambios en la titularidad del Ministerio. Por cierto, no me siento muy satisfecho de mi pertenencia al citado Consejo. Más que nada porque no han hecho mucho caso de mis “consejos”, ni con ministros o ministras del PSOE ni del PP. Mi conclusión es que esos órganos no son otra cosa que meras coberturas mediáticas.

Pues bien, en mi “campaña casi manía” de proponer e impulsar con mis pobres fuerzas un cambio del sistema energético y, como es natural, también me impliqué en la investigación y la docencia de las energías renovables, sobre todo en el ámbito de las transformaciones térmicas, como corresponde a una disciplina como la Termodinámica. Empezamos, allá por finales de la década de los setenta, por los temas relacionados con la radiación solar y su transformación en energía térmica (tanto calor como frío) y por ahí he seguido aunque, ya en Sevilla, me impliqué también en actividades “sociales” (creación de asociaciones, influencia en los políticos de turno, una alcaldía de pueblo, etc.) pero siempre sin dejar de buscar las mejores soluciones para el cambio de sistema energético.

No creo haber contribuido sustancialmente, pero tengo la impresión de que algún granito de arena sí que he puesto y me siento razonablemente satisfecho, por lo menos del ánimo y el esfuerzo que he puesto en ello, aunque los “encantadores” hayan frustrado el éxito (paráfrasis de un párrafo de nuestro ínclito Miguel de Cervantes). Es obvio que a nivel mundial no se ha avanzado mucho en el cambio de modelo energético pero también es cierto que en algunos lugares del mundo y con algunas tecnologías el avance es significativo. En concreto, en España y en Europa se ha avanzado bastante, sobre todo en el sistema eléctrico. Hasta el punto de que algunos de los que se dedican a vender kWh fuente de GEI y de residuos radiactivos ven a las renovables como enemigas de su negocio y las combaten que, como decía Gandhi -por otro asunto- es señal de que vamos ganando.

En fin, que ahí sigo, dando la lata y aunque no consiga mucho por lo menos tranquilizo mi conciencia y seguramente moriré pensando que he hecho lo que debía en beneficio de las generaciones futuras. Y también con la impresión de que queda mucho por hacer. Claro que eso tampoco está tan mal porque de esa manera nuestros sucesores no se aburrirán.

Para terminar quiero dejar claro un mensaje a los que negocian en París el futuro del clima del planeta Tierra:

Preocupándose tanto de los intereses inmediatos de sus países pueden conseguir que dentro de no mucho tiempo no haya países por los que preocuparse. Así pues, sean algo más inteligentes para decidir lo que es obvio y fundamental para todos los seres humanos (incluidos ellos mismos) que podamos seguir existiendo:

 DISMINUIR LAS EMISIONES DE GASES DE EFECTO INVERNADERO Y AUMENTAR LA CAPTACION A TRAVÉS DE LAS PLANTAS

[1] Efecto invernadero normalizado al correspondiente a la molécula de CO2