Extremadura, energéticamente autosuficiente

Extremadura es una región interior de España, parte y fundamento de su historia. En el sistema energético, también compartimos con el resto de los españoles todas sus circunstancias, incluida la dependencia externa en energías primarias (petróleo, carbón, gas y uranio), superior al 90 por ciento y compartiendo sus riesgos y sus compromisos.

En términos energéticos, como en otros, es una de las regiones de España (y de Europa) que han sido tratadas peor y más injustamente. Produce 4,27 veces más energía eléctrica que la consumida: de los 17 147 GWh generados en el año 2008, solo consumió 4 020 GWh. Por el lado contrario, Madrid generó 507 GWh y consumió 31 823 GWh, osea 63 veces más que lo producido. De verdad que me parece escandaloso; generamos 34 veces más que Madrid y consumimos 8 veces menos. Naturalmente, eso es consecuencia, sobre todo, de la ubicación en nuestro territorio de la mayor central nuclear de España, la de Almaraz, con sus 2 000 MW de potencia generando electricidad sin parar (16 098 GWh en 2008); para los madrileños, claro.

 

 

En cuanto a combustibles, somos –por ahora- como los demás. No hay recursos convencionales en el territorio; no tenemos, carbón, petróleo ni gas natural y lo  tenemos que comprar fuera de España,.

En cambio, en Extremadura, estamos bastante bien situados en cuanto a recursos energéticos renovables. De hecho, tenemos bastante sol, de biomasa no estamos mal, la hidráulica también funciona convenientemente en esta región, y hasta el viento no nos falta.

De cara al futuro , qué capacidad que tenemos en Extremadura para autoabastecernos de electricidad con energías renovables, y cómo hacerlo.

Lo primero de todo es utilizar eficientemente la energía disponible, incluida la natural, con edificios correctamente diseñados y construidos para aprovechar las energías naturales, sol, viento, temperatura ambiente, radiación nocturna, etc. Y, cuando no quede más remedio, usar la electricidad o los combustibles con el mayor rendimiento posible. No es difícil; ya hay en el mercado dispositivos (frigoríficos, lavadoras, lámparas, etc.) de alto rendimiento que permiten hacer lo que proponemos.

Pero podemos hacer más; en nuestras casas y en nuestros negocios y empresas:

Calentar el agua con energía solar es tan evidente que no debería ser necesario decirlo. Sin embargo, no lo hacemos suficientemente; en toda España.

Generar electricidad a nivel particular es, en España, un magnífico negocio; algo parecido a un plan de pensiones. Lo puede hacer todo el mundo; solo es necesario tener algo ahorrado de dinero y armarse de paciencia con las dificultades administrativas.

En cuanto al sistema eléctrico general, Extremadura se está convirtiendo en la segunda región de España en instalaciones solares de generación de electricidad a partir de la concentración de la componente directa de la radiación que nos manda el sol todos los días. En la web de la asociación PROTERMOSOLAR (www.protermosolar.com) pueden consultarse de forma actualizada las plantas solares termoeléctricas en funcionamiento y en construcción.

El viernes pasado (13 de Noviembre) el Gobierno ha aprobado 2 339 MW de nuevas plantas de este tipo, de las cuales 19 se ubican en tierras extremeñas. Es una buena noticia. Eso significa que en un año o algo más habrá en Extremadura 950 MW de electricidad solar térmica (el equivalente en potencia a una central nuclear), generando 1 500 GWh al año que no está nada mal. Entiendo que todas estas plantas en construcción se harán realidad y funcionarán correctamente durante, al menos cuarenta años.

Un ejemplo mundial: autosuficiencia eléctrica sin contaminación

Extremadura puede convertirse en la primera región española y europea que genere con sus propios recursos toda la electricidad que utilizan sus ciudadanos. Sobre todo si se consigue la complicidad necesaria para que utilicen solamente la electricidad imprescindible para satisfacer sus auténticas necesidades.

Al día de hoy,  los 4 020 GWh de electricidad que se emplean en Extremadura se pueden conseguir con 2 100 MW de solar termoeléctrica y la administración autonómica ya ha previsto conexiones por 3 500 MW. Evidentemente si contribuye también la fotovoltaica, la eólica, la hidráulica y la biomasa se puede formar un mix razonable de todas las renovables con los correspondientes niveles de hibridación y almacenamiento que permitirían a Extremadura autoabastecerse de electricidad solo con renovables, incluso generar más y venderla a otras comunidades autónomas españolas e incluso a otros países europeos. Como ahora mismo se hace con la nuclear y no se si con los beneficios que serían lógicos aunque nuestro presidente parece ser que lo está intentando.

En definitiva, que si Extremadura toma la sabia decisión de ir dependiendo cada vez menos de las energías foráneas y contaminantes y apuesta decididamente por las renovables tendrá una salida segura a su economía.

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Ruta al mix energético del futuro

Para alcanzar en las próximas décadas un sistema energético basado mayoritariamente en renovables propongo.

 

1. Tomar conciencia. La única manera de conseguir un sistema energético sostenible pasa por la concienciación de todos: usuarios, gobernantes y empresas. Ello requiere buena información sobre la situación real de los sistemas y sobre los costes –tanto dinerarios como ambientales y sociales– y buena formación, desde la escuela y hasta la profesional de más alto nivel. Es fundamental asimismo la formación de buenos profesionales de la información. Por eso propongo realizar potentes campañas de difusión y marketing sobre este asunto.

 

2. No confundir valor y precio. La energía que el ser humano emplea para hacer más cómoda su existencia tiene un precio; aunque no siempre esté acorde con su valor.

Las energías renovables son gratis; sin embargo, para convertir esas formas energéticas primarias en energías de uso (calor, frío, electricidad, combustibles, etcétera) suelen ser necesarios dispositivos que sí tienen un precio.

Las energías convencionales son excesivamente baratas y sus precios están muy lejos de su verdadero valor. Para generar un kWh en el sistema eléctrico español actual, podemos quemar por ejemplo 360 gramos de carbón traído de una mina a cielo abierto de Colombia. El coste para el “fabricante” será inferior a los 0,14 euros que le cuesta al usuario. Cualquiera puede entender que algo raro está pasando y que no se están pagando todos los costes de ese kWh.

Por eso propongo un estudio que calcule el verdadero valor de la electricidad y de los combustibles y ponga ese valor como precio básico al que habría que sumar los beneficios de las empresas que intervienen y los costes ambientales correspondientes.

3. Superar las inercias del pasado. La Comisión Europea, el Ministerio de Industria –que es el organismo que le pone el precio a la energía en España–, las comunidades autónomas y los ayuntamientos hacen continuamente declaraciones e incluso documentos legislativos que luego no cumplen. Es preciso que todos estén a la altura de las circunstancias del presente y que dejen de actuar como rehenes de la situación heredada. Las empresas deben ser conscientes, también, de que es absurdo mantener el statu quo del sistema con manejos de todo tipo. Por fin, el usuario debe ser consciente de que su actitud puede condicionar todo lo demás. Por todo ello propongo la elaboración de un plan de futuro energético con propuestas de acción concretas, con plazos, y con objetivos. ¿Un plan general de cambio del sistema energético?

4. Aprovechar primero las energías naturales y, solo cuando sea imprescindible, recurrir a las artificiales. Los seres humanos debemos ser conscientes de que podemos aprovechar la luz natural, la temperatura, la humedad y demás variables ambientales para satisfacer muchas de nuestras necesidades energéticas más inmediatas.

Debemos ser conscientes también de que hay que usar eficientemente, y solo cuando sea imprescindible, la electricidad, pues es una forma energética de muy alta calidad, pero difícil de obtener, transportar y almacenar.

Y debemos ser conscientes, por fin, de que podemos emplear el urbanismo y otras herramientas para minimizar la necesidad de desplazamiento de personas y mercancías, fomentar sistemas de transporte apoyados en energía eléctrica de origen renovable y priorizar el uso de biocombustibles. Todo ello, con el fin de evitar el uso de los combustibles de origen fósil.

Así, propongo una Ley de Calidad de la Energía que fomente la satisfacción de nuestras necesidades de manera eficiente y con el mínimo impacto ambiental, y que incluya, entre otras directrices, un urbanismo y una arquitectura que tengan en cuenta la radiación solar, la temperatura ambiente, los vientos dominantes… Y propongo un gravamen económico a la producción y uso de las energías de origen fósil que revierta en inversiones en las renovables hasta conseguir que estas se “crucen” en costes con las convencionales (grid parity).

5. Un sistema energético mayoritariamente renovable.

Producir calor, frío o electricidad a partir de la radiación solar, el viento, las mareas, etcétera, no es difícil. Las energías renovables pueden aportar el 100% de la energía primaria que necesitamos.

Por eso propongo producir agua caliente, calor, frío… a partir de la radiación solar y la biomasa en sistemas híbridos e integrados; producir electricidad a partir de la radiación solar, el viento, la biomasa, las corrientes de agua, etcétera; y producir biocarburantes que sustituyan a los de origen fósil. La Ley de las Energías Renovables que se está redactando es una buena ocasión para continuar con el proceso hasta lograr esos objetivos.

6. Generación distribuida y gestión de la demanda.

Son la clave. Y perfectamente posibles hoy con sistemas de energías renovables.

Por eso propongo ir sustituyendo el sistema centralizado de generación y transporte (a través de largas redes de distribución en las que hay importantes pérdidas) por un sistema de generación distribuida donde el consumidor pueda ser también productor; implantar sistemas de gestión de la demanda y dar facilidades para que el ciudadano pueda elegir la energía que consume.

En líneas generales estas son las medidas que creo habría que aplicar con contundencia para caminar a buen ritmo hacia un sistema energético de futuro.

Alejandro Bonet – Miércoles, Febrero 23, 2011 at 10:59Los biocombustibles son como la nuclear: Una engañifa para seguir manteniendo el control de la
energia ultraconcentrado en pocas manos.

Un simple analisis demuestra que la potencia constante de los biocombustibles es de menos de
un vatio por metro cuadrado:

http://www.sinpetroleo.org/hectareas.htm

Usted que es pionero en energia solar de concentracion debería tenerlo en cuenta.

Yo tambien “soy pionero” solo que a otra escala:

http://www.sinpetroleo.org/parabola.htm

internete
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PD: Enhorabuena por su blog, por su trayectoria y por sus ideales y proyectos, que muchos compartimos al 100%.

PD2: A ver si salimos ya de la era fosil y nuclear y entramos en la era renovable de una vez… 

Las Energías Renovables en la Edificación y el Urbanismo

En el sistema energético se ha iniciado ya un imprescindible periodo de transición hacia un sistema más eficiente, responsable y abastecido por energías renovables. Es evidente que todavía estamos muy al principio y que queda mucho camino por recorrer pero no cabe duda de que ya ha comenzado el proceso.

Los organismos internacionales hacen hincapié en la necesidad de incorporar masivamente las energías renovables al sistema energético y tanto la Unión Europea como las instituciones españolas, tanto de nivel estatal como regional, han apostado (al menos en las declaraciones programáticas) por las energías renovables.

Dada la naturaleza de estas fuentes primarias de energía, muy distribuidas espacialmente y de baja densidad superficial, es en las aplicaciones domésticas y ligadas al territorio, donde tienen su más evidente ámbito de desarrollo. La verdad es que hasta ahora no ha sido así, con algunas excepciones. Las “asignaturas pendientes” son varias y vamos a tratar de explicitarlas:

  • LEGISLACION Y NORMATIVA. Sobre todo falta una Ley de derecho al Sol. No se puede entender que un ciudadano cualquiera que realiza una instalación de energía solar o incluso que ha diseñado y construido su vivienda de acuerdo con criterios de arquitectura solar pasiva, no pueda exigir que no le pongan otro edificio delante del suyo que le impida la recepción de la fuente energética necesaria para el funcionamiento energético de su edificio o su instalación. Máxime cuando, además de beneficiarse él particularmente está haciendo un beneficio para el conjunto de la sociedad. Casos particulares hay muchos.
  • DIFUSION, INFORMACION Y FORMACION. En este ámbito el asunto es incluso más grave. El ciudadano medio está poco y mal informado. A pesar de la buena voluntad de algunos (profesionales de la información y docentes). Esta misma revista es un ejemplo positivo pero no siempre es así.

No faltan aparatosas y engañosas campañas publicitarias de grandes empresas energéticas que fomentan el derroche energético de fuentes agotables y contaminantes y nadie dice nada. A título de ejemplo recuerdo una de una marca de automóvil (que no compraré en mi vida) en la que, para ensalzar la potencia, dice que el tal modelo es “una fuente de energía”, cuando todo el mundo debe saber que cualquier vehículo de motor es en realidad “un sumidero de energía” y, como fuente, si acaso es “una fuente de contaminación”. Esto último no se dice.

El colmo de la desinformación y el engaño lo perpetran las grandes compañías eléctricas y petroleras que, con sus grandes medios (obtenidos de todos nosotros), apabullan a la opinión pública. El de una Cía eléctrica muy próxima a nosotros es particularmente irritante sobre todo porque el pretexto que emplean es particularmente “sibilino”: se trata de convencer al usuario de electricidad para que caliente el agua con energía eléctrica en horas nocturnas, en las que “es más barata” porque “producirla es más barato” y, claro, interesa a todos. Lo que no dicen es que transformar la energía eléctrica en “calor” es esencialmente y altamente ineficiente y no es más barato que otra forma de calentar el agua, por ejemplo con energía solar e incluso con butano aunque yo me inclino, por diversas razones, por la energía solar. La mayor parte de los ciudadanos se creen todo lo que dicen la televisión, la radio y los periódicos, máxime si procede de grandes empresas.

Habría que compensar estas publicidades engañosas.

  • PROMOCION Y APOYOS INSTITUCIONALES. Hay programas de apoyo a las energías renovables pero no se extienden a todas las formas de aprovechar las energías renovables ni contemplan los aspectos que serían de desear.

El Gobierno español en su planteamiento de promoción de las ER (Ley del Sector Eléctrico, Plan de Fomento de las Energías Renovables en España) contempla subvenciones y “primas” pero no avanza en la imposición de tasas e internalización de las externalidades de las energías convencionales que dejarían claro a la opinión pública del hecho cierto de que son muy nocivas para el medio ambiente. No se dice que las energías convencionales siguen recibiendo subsidios directos e indirectos cuantiosos y que el Estado corre con los gastos que ocasiona su utilización. Algún día llegará en que alguien reclamará por los daños para la salud  que ocasionan las energías convencionales. Desde aquí sugiero al Presidente Chaves que haga con la energía del carbón lo mismo que con las tabaqueras. Puede que al principio no tenga éxito pero se va creando opinión. Sorprende que nadie se extrañe de que se hagan por el Estado las infraestructuras gasista, del petróleo y eléctricas (cuando no son rentables) y les extrañen las ayudas al uso de la energía solar por ejemplo.

El fallo más grave, en este orden de cosas, está en que no hay ningún programa que apoye el empleo de la arquitectura solar pasiva y la integración arquitectónica de las instalaciones de energía solar o de la eólica.

Por el lado positivo, el programa PROSOL de la Junta de Andalucía es un ejemplo a seguir y a perfeccionar. No obstante, sería mucho mejor que todas las administraciones se pusieran de acuerdo y pusieran en práctica programas unificados de  promoción de las ER.

  • TECNOLOGIA. Aunque tecnológicamente las ER están suficientemente desarrolladas hay campos específicos en los que es necesario profundizar en el esfuerzo de I+D. En el terreno que hoy nos ocupa, la mejora de sistemas de producción pasiva y activa de frío a partir de energía solar, la integración arquitectónica, nuevos materiales en la construcción, la valorización precisa del recurso, la mejora de las metodologías de evaluación del comportamiento energético de edificios y un largo etc. son temas de I+D en los que vale la pena insistir. La certificación energética de edificios sigue siendo un campo de necesario desarrollo.

 

¿CÓMO SE PUEDEN APLICAR LAS ER EN LA EDIFICACIÓN Y EL URBANISMO?

 

En primer lugar, la planificación urbanística, que no puede olvidar la importancia de un recurso local como es la energía solar distribuyendo adecuadamente el territorio para exigir el uso adecuado de la orientación de las edificaciones, teniendo también presente los vientos dominantes que son muy útiles sobre todo desde el punto de vista de la refrigeración pasiva. La exigencia de las separaciones adecuadas entre los edificios para que no se den sombras unos a otros y criterios semejantes son medidas ya imprescindibles. Por lo que respecta a los edificios en sí el asesoramiento a los usuarios y la exigencia de la normativa existente (incluyendo la certificación energética) debería ser práctica habitual y no excepción como ocurre ahora. Es sorprendente que un ciudadano actual que mira con meticulosidad las características de un coche, una lavadora, un frigorífico o cualquier otro utensilio, le presta tan poca atención y sea tan poco exigente cuando adquiere una vivienda que absorbe los ahorros de casi toda su vida y origina gastos continuos muy considerables. La verdad es que es extraño este comportamiento de los seres humanos.

Las técnicas concretas de aprovechamiento de las ER en la edificación son múltiples y diversas:

  • Arquitectura bioclimática. Aunque el nombre no acaba de gustarme, representa bien el paso más significativo en el aprovechamiento energético en los edificios. Básicamente consiste en diseñar, proyectar y construir teniendo en cuenta la posición del sol, los vientos dominantes, las variaciones de temperatura ambiente del lugar asicomo el uso de los materiales y los aislamientos térmicos más adecuados a un lugar determinado. Evidentemente un buen arquitecto ya tiene en cuenta estas circunstancias. Se trata de hacerlo de una manera más consciente y cuidadosa. Por supuesto la integración arquitectónica de las instalaciones de carácter activo también es necesaria.
  • Instalaciones solares de agua caliente. Son las más populares, aunque en España todavía estemos muy por debajo de países como Grecia, Israel e incluso Alemania y Austria con muchos más metros cuadrados de instalación totales y por mil habitantes.

Estas instalaciones consisten básicamente en unos captadores solares térmicos que están formados por una placa metálica absorbedora (tratada superficialmente de forma adecuada) por el interior de la cual circula un fluido (normalmente agua). Por la cara anterior tienen un vidrio que produce el efecto invernadero, origen del calentamiento de la placa absorbedora y, por ende, del fluido caloportador. El conjunto se cierra con un marco (metálico o no) que incorpora además los aislamientos correspondientes. El conjunto puede incluirse en la cubierta (es lo deseable) integrándose en ella. La instalación necesita acumulación del agua caliente producida en un depósito aislado térmicamente que permite utilizar el agua caliente producida cuando más le interese al usuario.

Los sistemas más difundidos son los llamados “compactos” que consisten en un conjunto montado en fábrica con todos los elementos ya incorporados y que se instalan incluyéndolos en la instalación de agua caliente de la vivienda, normalmente en una terraza o similar orientados convenientemente al sur. Lo que hay que potenciar especialmente son sistemas “partidos” con los paneles integrados en la cubierta y el depósito acumulador en algún lugar de la vivienda (trastero o similar) donde no se vea desde el exterior.

Un aspecto energético a destacar es que estas instalaciones incorporan normalmente un calentador auxiliar para calentar el agua aquellos pocos días del año en los que por falta de radiación o exceso de consumo el agua “solar” no esté suficientemente caliente. Este calentador auxiliar nunca debe ser una resistencia eléctrica incorporada en el acumulador como muchos instaladores y usuarios se empeñan en hacer. La razón fundamental es que la conversión de energía eléctrica en energía térmica es altamente ineficiente y resulta un contrasentido en una instalación solar. Por otro lado, con una resistencia eléctrica en el acumulador, normalmente automatizada, se mantiene siempre la temperatura en el acumulador con lo cual la parte solar funciona poco tiempo y mal (el captador tiene menor rendimiento cuanto a mayor temperatura funciona) y si, como es bastante frecuente, el usuario hace uso del agua caliente por la tarde o por la noche, al consumir el agua caliente, el depósito se enfría y entra a funcionar la resistencia manteniendo caliente el depósito toda la noche y a la salida del sol la instalación ya se encuentra caliente y no hace falta la energía solar. En definitiva una resistencia eléctrica en el acumulador solar es un auténtico fraude al usuario de energía solar y un buen negocio para la empresa eléctrica.

  • Instalaciones fotovoltáicas. Si se trata de edificios aislados de la red eléctrica general es bien clara su conveniencia. En este caso hay que contar con la necesidad de baterías para acumular en forma de energía química la energía producida en horas de bajo consumo (por el día) para producir energía eléctrica en horas de consumo (por la noche). Las instalaciones actuales incorporan ya un inversor de corriente continua a corriente alterna, a 220 voltios (como la de la red general) con lo cual el usuario dispone de un alto nivel de confort.

Se ve venir un fuerte impulso en instalaciones fotovoltáicas conectadas a la red. Por un lado, la UE con el Libro Blanco de las ER propone medio millón de estas instalaciones hasta el año 2010 (sería curioso comprobar cuantas hay hoy) y, por otro, el Plan de Fomento de las ER en España plantea MW del mismo tipo de instalaciones (en coherencia con el Libro Blanco). Lamentablemente todavía no es una realidad en España a pesar del citado Plan de Fomento y de la Ley del Sector Eléctrico y el RD correspondiente. Esperamos que en unos meses sea posible.

Desde el punto de vista técnico estas instalaciones son muy interesantes. Se trata de instalaciones del orden de 1 a 5 kW que inyectan a la red la electricidad producida (variable según el nivel de la radiación solar incidente sobre los paneles) y mediante un contador convencional miden los kWh producidos en un periodo de tiempo determinado (un mes por ejemplo) y pueden facturar a la Cía eléctrica correspondiente a un valor de 66 pta/kWh (de acuerdo con el RD 2818/98). El consumo de ese usuario sigue su mecanismo habitual a su coste normal (~23 pta/kWh). Obviamente no se necesitan baterías y sí un inversor corriente continua-corriente alterna de muy buen nivel de precisión de la onda senoidal correspondiente (en muchos casos de mejor nivel que la propia corriente general).

En resumen, queda todavía mucho por hacer para incorporar masivamente las ER, sobre todo la solar, en el Urbanismo y en las Edificaciones. Pero no son solo (aunque también) las instituciones quienes tienen que dar ejemplo. Es necesario que los ciudadanos tomemos conciencia de nuestra responsabilidad con la conservación de nuestro medio natural y exijamos en nuestros edificios estas instalaciones de energías renovables.

Realidad y perspectivas de las Energías Renovables en la Unión Europea

Realidad y perspectivas de las Energías Renovables en la Unión Europea

Valeriano Ruiz HernándezArtículo publicado en la Revista TEMAS.2010

1. Sistema energético europeo. Las cuentas muy mal hechas

La Unión Europea tiene 27 sistemas energéticos de los 27 Estados que la componen. Cada uno con sus particularidades y todos muy diferentes.

Lo único que hay común son las estadísticas y tienen un defecto de base que hace dificil comprender las bondades o perversidades de cada caso. En la gráfica 1 se puede observar como a pesar de que el consumo de energía no ha disminuido (ha aumentado algo), la intensidad energética ha disminuido entre 1990 y 2007 (de 232,7 a 169,3 tep/M€) lo cual demuestra que las políticas de ahorro y eficiencia van teniendo éxito (en España solo en los últimos tiempos); las políticas de mejora ambiental del sistema no acaban de despegar con disminuciones muy leves de las eficiencias en GEI (gases de efecto invernadero representados por la tonelada de dióxido de carbono equivalente) que han pasado de 2,75 a 2,49 tCO2/tep entre 1990 y 2007 y de 9,305 a 9,066 tCO2/habitante en el mismo periodo de tiempo. Pero mejor es que disminuyan poco a que no lo hagan o incluso aumenten.

 

 

 

 

Gráfica 1. Evolución de los principales indicadores del “sistema energético europeo”.

 

Uno de los aspectos más negativos del tratamiento de los temas energéticos y que confunde más es el manejo de los datos estadísticos cuando no valoran de la misma manera formas energéticas iguales (electricidad) y hacen depender su valor de la forma de generar la electricidad. Es un auténtico sinsentido que voy a explicar con algo de detalle, en dos casos concretos.

 

Uno, el de España, claro. El otro va a ser Alemania. Son dos países que se están distinguiendo en su apoyo a las renovables pero ya verán cómo eso aparece reflejado en las estadísticas oficiales.

 

El caso de España lo tengo bien documentado con datos nacionales desde hace tiempo pero nadie se da por aludido; es muy sorprendente cuando los argumentos son incontrovertibles. Veamos, con datos oficiales de la DG TREN de la UE.

·        España (año 2007; tengo también lo mismo del 2008 y del 2009 pero con datos nacionales y el resultado es el mismo)

Energía Primaria del año 2007,

Nuclear, 14,2 Mtep

Renovables, 10,3 Mtep

Pero si nos vamos a las tablas de la generación de electricidad resulta que ese año se produjeron en las centrales nucleares españolas, 55,1 TWh (= 4,74 Mtep) que, con buen criterio termodinámico se convierten en 14,2 Mtep cuando se hace una valoración en energía primaria. Como digo es lógico porque se ha calculado la cantidad de un combustible fósil de referencia (por ejemplo, petróleo) que haría falta para generar esa misma cantidad de electricidad.

Con las renovables es muy “curioso” lo que se hace:

Ese año se generaron en España 59,4 TWh (más que con nuclear) con hidráulica, eólica, solar y geotermia (por cierto, se han olvidado de la electricidad generada con biomasa) y, además 5,394 Mtep de energía térmica que, para evaluar la energía primaria que abasteció ese año al sistema energético español habría que sumar a la energía primaria equivalente a la electricidad generada. Pues, ya se ha visto el resultado: una cantidad de electricidad de renovables superior a la de procedencia nuclear sumada a las renovables térmicas (no despreciable) al evaluarla en energía primaria resulta ser inferior a la nuclear. ¡Misterios de la estadística! Que no tiene en cuenta –claro- a la Termodinámica y considera que la electricidad tiene diferente valor dependiendo de cual es la fuente primaria de la que procede. Ese tratamiento es cuando menos sorprendente si no fuera porque es causa de muchas confusiones como iré poniendo de manifiesto.

 

Igualmente ocurre con los datos que se aportan del sistema alemán. Los sistemas energéticos de todos los países tienen entre ellos aproximadamente los mismos fallos y muy pocas virtudes comunes. Destacaré unos y otras.

El principal fallo de todos los sistemas es que los beneficiarios del mismo –los consumidores- no son conscientes de su responsabilidad en las consecuencias negativas de su consumo y el resultado es que no se sienten actores del cambio que necesariamente tendrá que producirse para llegar a un sistema razonable por más eficiente y menos contaminante. La Unión Europea puede ser un buen acicate para que el ciudadano haga avanzar el status quo de su país en estas cuestiones energéticas.

 

Pero es que Europa como conjunto de cerca de 500 millones de personas vive bajo la “espada de Damocles” de una fuerte dependencia energética que –por cierto- se tergiversa también en las estadísticas oficiales poniendo como autoproducción la electricidad nuclear cuando una parte importante de la materia prima (el uranio) se compra fuera de la Unión; su actividad económica subsiste con los sobresaltos que causa el precio del petróleo (crisis de los 70, 80 y la reciente de 2008), si le retiran o no el gas que llega a través de Ucrania, a raíz del conflicto con Rusia, que puso en riesgo el suministro a toda Europa. No digamos el riesgo de conflicto –siempre latente- entre el mundo árabe e Israel en el que no se puede descartar nada, incluida una conflagración nuclear.

 

 

 

2.   Las ER ahora. Repaso global

Habría que preguntarse ¿Qué recursos energéticos tiene Europa para pensar en la estabilidad de futuro?

BBBLa dependencia energética reconocida es del 53 % en el año 2007 y se acepta que aumentando. Es mayor ya que una parte del uranio que utilizan las centrales nucleares europeas se compra en el exterior de la Unión. No se comprende que no se acepte oficialmente que el uranio se compra fuera.

Para el petróleo las reservas probadas están alrededor de 1 Gtep en el año 2006. Cuando el año 2007 se consumieron cerca de 700 Mtep se comprende la precariedad europea en este recurso energético.

El gas natural está en el rango de 2,2 a 2,4 Gtep para el conjunto de la EU en el año 2006 que comparado con el consumo del año 2007 (432,4 Mtep) supone una relación reservas/extracción de 5,6 años lo que tampoco es para “tirar cohetes”

En el carbón las reservas probadas de acuerdo con el World Energy Council, a finales de 2005 se estimaban en aproximadamente 16,5 Gtep que no está mal salvo que tengamos en cuenta que la mayor parte son lignitos de bajo poder calorífico. El consumo del año 2007 fue de 331,2 Mtep lo que da una relación R/E de 49 años.

Las fuentes identificadas de uranio de coste inferior a130 $/kgU son del orden de 105500 toneladas de U representando solo el 1,9% de las reservas identificadas en el mundo en Enero de 2007.

 

Los mapas de radiación solar y de eólica dan un orden de magnitud de las fuentes energéticas renovables.

 

 

 

 

 

 

 

Gráfica 2. Mapa de irradiación global horizontal de Europa (Meteonorm)

 

Puede observarse en el de radiación que hay zonas de Europa (el sur) donde por cada metro cuadrado de suelo se reciben cerca de 2000 kWh al año mientras que en el norte apenas se llega a 1000 kWh/m2.año.

La distribución del potencial energético del viento es más irregular, tanto en el espacio como en el tiempo. Las zonas costeras son las de mayores recursos eólicos por lo que la eólica marina presenta unas buenas características para el futuro del sistema energético europeo.

 

Al hablar de renovables en Europa hay que matizar más.

Lo más destacable, al día de hoy, es la hidroeléctrica con un 59 % de toda la electricidad de origen renovable, siendo Noruega el país europeo que más electricidad (135 TWh en 2007) genera con esta fuente energética renovable.

Le sigue en importancia la biomasa con Alemania en cabeza, con 22,1 Mtep en total en el año 2007 y 2,6 Mtep de electricidad. En España esos mismos datos son: total, 5,4 Mtep y electricidad procedente de la biomasa, 0,313 Mtep.

La eólica empieza a ser importante con Alemania encabezando el ranking europeo con 3,4 Mtep de electricidad ese año, seguida de España con 2,366 Mtep el mismo año.

La solar todavia incipiente pero con buenas realidades ya en Alemania y España en la generación de electricidad. Los datos del 2007 son: Alemania, 264 ktep de electricidad y España 43,8 ktep. La curiosidad es que Alemania tiene la mitad de radiación solar que España.

Otra circunstancia es que hay países que siguen una senda creciente en su participación de las renovables aunque los datos que presento (extraidos de la DG TREN) en porcentaje de la energía primaria adolecen del defecto que he denunciado antes. Aún asi, indican lo que está pasando.

Alemania ha pasado del 2,8 % en el año 2000 al 8,3 % en el 2007. España, del 5,7 % en el año 2000 al 7 % en 2007. Por el lado contrario, países con un porcentaje elevado tradicionalmente han bajado en los últimos años. Latvia ha pasado en el mismo periodo de tiempo de un 31,8 % en el 2000 a un 29,7 % en el 2007 y Suecia del 31,4 al 30,9 %. El conjunto de la Unión Europea ha pasado del 5,8 % en 2000 al 7,8 en 2007. Claramente insuficiente todo.

En resumen, las fuentes renovables en Europa no son nada despreciables sobre todo si tenemos en cuenta que no solo son útiles para generar electricidad sino también calor y carburantes de origen biológico inmediato. Pueden ser muy atractivas para regular un sistema energético tan complejo como el actual y más que lo será el del futuro, gracias a su capacidad de integración, almacenamiento e hibridación.

 

Europa no puede ser motor de nada si no tiene su propia energía, al menos en un alto porcentaje. Pero tiene que regular el mercado y cambiar en profundidad el modelo, basado en formar a ciudadanos responsables, y en una generación de la energía en manos de la mediana y pequeña empresa, si no del mismo ciudadano usuario.

 

 

 

1.   Futuro del sistema energético europeo (¿?)

 

Si no hay sistema energético europeo, no hay política energética común y los sistemas particulares de los estados no están interconectados, no hay perspectivas reales de futuro y hay que mostrar un escepticismo profundo, en este caso en forma de interrogantes. Para que Europa tuviera futuro energético razonable lo primero que hay que cambiar es la inercia mental de los principales actores que gobiernan estos asuntos porque ya lo decía Einstein con una frase que no por muy conocida deja de ser oportuna: “si quieres que algo cambie, no hagas siempre lo mismo”.

 

Transición desde la situación actual.

Es posible pasar de la situación actual, altamente derrochadora y contaminante a otra más eficiente y limpia. El esquema que acompaño (figura 3) permite comentar el proceso en el que pienso desde hace tiempo.

En el esquema se representa el sistema actual, con abastecimiento de combustibles fósiles, por el gas natural que abastece los consumos directos en viviendas, hoteles, hospitales, edificios de oficinas, etc.

También se sitúa en el esquema una central nuclear que genera electricidad.

No se oculta que apuesto porque las centrales convencionales (incluidas las nucleares) se sitúen próximas a los centros

principales de consumo; no solo para evitar pérdidas sino también para que los consumidores sean conscientes de que la electricidad y demás comodidades energéticas de que disfrutan tienen su reflejo en instalaciones concretas con el correspondiente nivel de molestias y de riesgo.

·        Como elemento más importante del sistema de futuro se

esquematiza que todos los edificios incorporen instalaciones de generación de electricidad y de calor y/o frio a partir sobre todo de la radiación solar.

·        También aparecen unas líneas de conexión (naranja en el dibujo). Representan las redes de distribución de electricidad y de combustibles y calor o frio que comunica a unos consumidores y generadores con otros dentro de su mismo entorno geográfico (pueblo, ciudad, zona industrial o comercial, etc.)-

·Aparecen otro tipo de instalaciones con energías renovables, situadas en el entorno del núcleo de población: desde centrales eólicas –terrestres y marinas- solares termoeléctricas, fotovoltaicas , hidroeléctricas –medianas, pequeñas y muy pequeñas-, de biomasa para generación de calor y/o frio o de electricidad, preferiblemente en hibridación con solar de media y alta temperatura cuando esto sea posible.

·        Es representar una de las ideas que me parecen más importantes: los edificios tienen que incorporar diseños que aprovechen al máximo la luz natural, que el calor o el frio ambiente excesivos influya lo menos posible en el interior, con la accesibilidad correcta y un largo etc.

·        Se han incorporado las bicicletas y los desplazamientos a pié y también se ha pretendido hacer aparecer vehículos eléctricos cuyas baterías serían cargadas en instalaciones alimentadas por energías renovables.

 

No me cabe duda que a muchos esta propuesta les parecerá utópica y falta de realismo y que le pondrán el célebre latiguillo “y eso, quién lo paga; porque es mucho más caro que lo actual”.

 

 

5. Resumen-conclusión: Cambio de sistema-interconexiones. Mucho ruido y pocas nueces.

 

Termino en plan conclusión con una frase que a propósito de la política energética de la Unión Europea escribí allá por el año 2006 en mi primer libro sobre estos temas, “El Reto Energético”:

“En resumen, aunque no hay política energética común en la Unión Europea, es indudable que hay una orientación claramente definida y solo falta que, en algún momento, alguien (¿el Parlamento Europeo?) proponga una agrupación de todas las iniciativas y las concentre en una Directiva Energética Global que podría llamarse algo así como “hacia un sistema energético europeo de calidad”. Lo de calidad en el doble sentido de calidad energética en sí misma –Segundo Principio de la Termodinámica– y en el de que los europeos dispongan de energía para cubrir sus necesidades en las cantidades y calidades más convenientes.”

En realidad, mucho ruido y pocas nueces.

La política energética, en España

No existe. Brilla por su ausencia, ni sabemos de dónde venimos ni sabemos a dónde vamos.  A unos les gustaría que todo siguiera igual. Otros pensamos que casi no hay tiempo para cambiar el sistema energético. En cualquier caso, el cambio ya se está produciendo.

En el pasado reciente ningún Presidente del Gobierno se ha ocupado de este asunto más que para apagar fuegos coyunturales (crisis del 73), la mayor parte de las veces tarde y mal. Y ahí tenemos el resultado: un sistema energético fuertemente dependiente (90%) del exterior, alto riesgo en el suministro de materias primas, fuerte influencia de los precios en nuestra economía, incumplimiento de nuestros compromisos internacionales en relación con el cambio climático, etc.

Tengo que decir que el Presidente del Gobierno actual si ha intentado saber algo sobre el sistema energético y su posible evolución. Al menos en tres ocasiones –que yo sepa-; creo que más y, -también que yo sepa- no lo ha conseguido. Lo explicaré brevemente, porque he intervenido –es un decir- en todas ellas (en realidad solo estuve allí y no me hicieron mucho caso).

La primera fue a requerimiento del Congreso de los Diputados con motivo de una llamada “Mesa de diálogo sobre la evolución de la energía nuclear en España” (1). En ese debate (www.mityc.es) intervinieron muchas personas e instituciones y después de muchas  reuniones en el Ministerio presididos por el entonces Secretario General de la Energía no se llegó a ninguna conclusión clara. Como siempre ocurre en estos casos (ya voy siendo un experto) el que lo dirige impone su metodología y nunca se entra en el fondo del asunto.  La segunda ocasión, fue la llamada “Prospectiva energética 2030” con un grupo asesor del que también formé parte. Nadie sabe cuál fue el resultado de aquellas reuniones (de cuatro horas, un día al mes durante al menos dos años). Yo me quedé más frustrado aún, porque el objetivo era el correcto; valorar las opciones de futuro de nuestro sistema energético. La tercera ocasión se apoyó en la Fundación IDEAS de su partido.

Con un atrevimiento rayano en la osadía, me voy a permitir esbozar las líneas por donde debiera ir la evolución futura del sistema energético. Conceptualmente, claro.

Los españoles vivimos muy bien gracias a la disponibilidad de energía en cantidad y calidad adecuadas para disponer  de los bienes y servicios de los que disfrutamos. Necesitamos luz (artificial o natural), frío y calor (artificial o natural), desplazamientos (a pié, en bicicleta, en moto, en coche, en tren, en avión, etc.), sonido (de viva voz, por teléfono, con un equipo de música, etc.) y toda una serie de formas energéticas que son a las que considero realmente “energías finales”.

Muchos de estos bienes los obtenemos en parte empleando electricidad o combustibles (“energías intermedias”); muchas veces, de manera innecesaria porque podíamos beneficiarnos de la energía directa que nos provee la naturaleza, por ejemplo, utilizando la luz natural. En cualquier caso, la obtención de electricidad y de combustibles se ha hecho imprescindible y en eso se centran todos los esfuerzos de los dirigentes y de los gestores del sistema.

Para obtenerlas  se emplean grandes instalaciones; básicamente centrales eléctricas, refinerías de petróleo y plantas regasificadoras, situadas en los lugares más alejados de los centros de utilización (grandes ciudades). Son poco eficientes.  Además, al estar esas instalaciones “fuera de la vista” de los usuarios no valoran su necesidad ni el impacto y contaminación que llevan asociadas. Creen que la electricidad llega a sus casas inocua,  limpia, milagrosa en cualquier instante y en cantidad. Por cierto a precios irrisorios (la electricidad que se utiliza en un hogar medio español en un día cuesta lo mismo que una caña de cerveza). Sin embargo, según parece, el sistema no puede poner los precios de la electricidad ni siquiera a su coste por aquello de la “alarma social” y más en estos momentos de crisis que, según parece, se vería acentuada.

Y llegamos al final del sistema, a las energías primarias. En España, el 90 % proviene del extranjero, con lo que eso implica de dependencia estratégica y económica. Se trata de petróleo crudo, gas natural, carbón y uranio (también lo compramos en el exterior). Recientemente están apareciendo las llamadas –con toda precisión lingüística- energías renovables de las que la hidráulica ha sido utilizada desde siempre. Esas son las únicas energías propias de las que disponemos, algunas de ellas en abundancia  y muy distribuidas por todo el territorio, incluidos los lugares donde se utilizan sus formas energéticas derivadas. Hay muchos aspectos colaterales de las energías primarias (contaminación e impacto, riesgos de suministro, compromisos internacionales, etc.) a tener en cuenta; pero no  es esta la ocasión.

De cara a establecer un sistema energético de futuro sostenible  y lo más limpio posible, hay que tener en cuenta los siguientes factores:

Los usuarios deben hacerse cómplices del cambio de paradigma. Por supuesto, los gestores, políticos, empresas y demás intervinientes en el sistema, también.  ¿Qué significa eso? Que cada cual asuma y cumpla su responsabilidad. Los primeros empleando las cantidades de energías intermedias realmente necesarias para satisfacer sus necesidades de desplazamiento, calor, frío, luz, etc. después de haber agotado las posibilidades de las energías naturales (luz natural, calor o frío ambiente, caminar, ir en bicicleta, etc.). Le sigue en importancia la utilización, en la mayor proporción posible, de energías renovables.

La electricidad se puede obtener a partir del viento o del sol directamente en dispositivos ya bien conocidos (aerogeneradores y células fotovoltaicas) que funcionan de manera fiable y duradera; a partir de biomasa y del sol en centrales termoeléctricas diseñadas “ad hoc” con la posibilidad de ser de cogeneración y conseguir adicionalmente calor y/o frío. También las corrientes marinas, las olas, las mareas y, como siempre, las corrientes de agua de los ríos en dispositivos muy eficientes.

En un periodo de transición –en el que ya estamos- no hay que despreciar el uso de gas natural complementario con las renovables en instalaciones híbridas. Los ciclos combinados actuales podrían incorporar solar térmica de alta temperatura de manera muy eficiente; es el concepto SOL-GAS que acuñé hace ya veinte años.

Y todo ello utilizando los dispositivos tecnológicos más eficientes y menos contaminantes. Por ejemplo, frigoríficos, lavadoras, lavavajillas, lámparas de iluminación equipos de calefacción y aire acondicionado de alta eficiencia ya catalogados. Más importante aún es el diseño del sistema de transformación de energías primarias a intermedias con el máximo rendimiento. En este aspecto hay un detalle de suma importancia; la cogeneración frente a las  grandes centrales termoeléctricas que aprovecha el calor que toda máquina térmica tiene que ceder a un foco frío. No es muy difícil; solo hay que diseñarlas adecuadamente para conseguir ese efecto. Con ello se puede pasar de rendimientos totales de un 30 – 40 % de los generadores normales (incluidas las grandes centrales termoeléctricas) a un 70-80 % de cualquier máquina o instalación de cogeneración.

Pero no voy a obviar el problema más importante, energética y medioambientalmente hablando: el transporte de personas y mercancías.

El transporte representa las dos terceras partes del  total (73 millones de toneladas equivalentes de petróleo en 2008) mientras que la electricidad supuso 22. ¿Cómo sustituir esas grandes cantidades de combustibles de origen fósil por energías renovables?  La introducción de un sistema de transportes más inteligente es fundamental. Los biocombustibles pueden ser una transición razonable pero la solución que veo más definitiva son los vehículos eléctricos con la consiguiente modificación del sistema eléctrico, más basado en fuentes renovables y en criterios de eficiencia. Esta transición será para lo malo (aumento del consumo) y para lo bueno (aumento del almacenamiento en el sistema que mejora la gestión y permite aumentar la participación de renovables fluyentes). El proceso será lento y paulatino empezando por la iniciativa del actual ministro de impulsar los automóviles eléctricos en España. No basta, pero hay que empezar por algún sitio.

No cabe duda de que algunos “caminos” ya están recorriéndose pero lo hacen a un ritmo demasiado lento y con “total inseguridad”. En sentido positivo van los programas de ahorro y eficiencia energética, el código técnico de la edificación y, desde luego, los planes de fomento de las energías renovables. En sentido negativo, el auge de los ciclos combinados de gas natural que mantienen el esquema de las grandes centrales termoeléctricas (bien es verdad que más eficientes y  menos contaminantes) en lugares muy alejados de los centros de consumo.

La alternativa que no acaba de cuajar es la implementación masiva de instalaciones de auténtica cogeneración y  de energía solar en los lugares de consumo de calor y/o frío (viviendas, edificios de oficinas y de servicios e incluso en las naves industriales). Se deben propiciar los sistemas de generación distribuida con una gestión inteligente (smart grid) de esos entornos de generación y consumo. Las grandes redes actuales pueden servir para canalizar los intercambios entre estos subsistemas distribuidos y los sistemas vecinos (en el caso de España, Francia, Portugal y Marruecos a quienes vendimos 11 TWh el año 2008). Con ello, el sistema eléctrico español podría ayudar a los sistemas de otros países que no dispusieran de la abundancia de recursos energéticos renovables de los que disponemos nosotros.

En ese contexto es donde la electricidad solar térmica (y las demás renovables) tiene todo el sentido. No solo no presenta problemas, sino que ayuda a resolver todas las dificultades de estos momentos.

Con el sistema actual, no podremos disminuir nuestra dependencia energética, seguirán aumentando las emisiones de gases de efecto invernadero y nuestra industria energética dependerá cada vez más del exterior.

Es ahora cuando hay que tomar decisiones y actuar. No aplazar la acción al 2020, 2030 o 2050. Cómo estemos en esos años depende de lo que hagamos ahora. Los intereses privados del viejo sistema energético no pueden ni deben sepultar lo nuevo, que es el futuro de todos.

Ante la situación a la que se está llegando no me queda más remedio que dirigirme otra vez al Presidente del Gobierno (¿a quién, si no?) y pedirle que siga insistiendo a ver si algún día le dice alguien lo que hay que hacer para tener en 2030, 40 o 50 un sistema energético razonable. Me apetece poner aquí un comentario de actualidad.

Potencial energético de Andalucía

Potencial energético de Andalucía

Valeriano Ruiz Hernández

  1. INTRODUCCION

Andalucía –como otros muchos lugares del planeta- dispone de grandes recursos energéticos; sobre todo de radiación solar, biomasa y viento. Pero con solo tener recursos no basta. Si analizamos el sistema en su conjunto se llega a la conclusión de que el mayor potencial energético está en que los usuarios del sistema, en este caso, los andaluces, tomen conciencia de su papel fundamental en la solución de los problemas ambientales y, muy en particular, de los energéticos.

En efecto, en Andalucía, como en el resto de España, de Europa y de todo el llamado primer mundo se derrochan energías intermedias (electricidad y combustibles) de una forma absolutamente irresponsable. Más del 97 % de la energía primaria que se pone en juego en el sistema energético actual no se aprovecha para conseguir los efectos energéticos que pretendemos que no son otros que luz, calor, frío, desplazamientos de personas y de mercancias, telecomunicaciones, etc. sino que se pierden en los procesos que tienen lugar en el total del sistema energético, desde que se busca la materia prima (petróleo, carbón, gas natural o uranio) se extrae, se transporta, se transforma en energías intermedias, se llevan estas a los centros de consumo y allí se emplean de forma fuertemente ineficiente (figura 1. Esquema del sistema energético actual).

El potencial energético de Andalucía es muy grande, más que suficiente para satisfacer todas sus posibles demandas, y es indudable que no deberíamos tener problemas de futuro. Solo hay que llegar a consolidar un sistema energético sensato por eficiente y poco contaminante.

Desde luego, un componente esencial para hacer realidad lo que digo es un fuerte desarrollo tecnológico del que ya disponemos en buena parte gracias a la labor de I+D que se ha venido desarrollando en los últimos cuarenta años; sobre todo en lo referido a energías renovables.

Estamos en un momento de gran confusión y convulsión en los temas energéticos, consecuencia sobre todo de la ignorancia de los que informan sobre estas cuestiones, amplificada esta situación por la precipitación y falta de reflexión de las medidas legislativas y el miedo de las grandes empresas energéticas a perder mercado y sus tradicionales prerrogativas de control del sistema que les lleva a atacar a todo lo que va en contra de sus intereses.

Por otro lado, el sistema energético al que hemos llegado es particularmente complejo por lo que siempre que se escribe sobre energía hay que ser muy cuidadosos para no añadir más complejidad y confusión con las explicaciones incorrectas. De ahí que mi primera preocupación en esta contribución sea la de aclarar algunas ideas previas que, lógicamente, están tratadas con mayor nivel de detalle en los libros que he ido publicando a lo largo de los últimos años. Son ideas sencillas y, a algunos les parecerán elementales.

A título de curiosidad y de ejemplificación pensemos que cuando un ser humano de nuestro entorno (supongamos que de 80 kg) se desplaza él solo en su coche (de más de 1000 kilogramos casi siempre; no digamos si es un todoterreno) el rendimiento real es de solo un 1,5 % donde hemos entendido que el rendimiento es el trabajo de desplazamiento de esa persona dividido por la energía contenida en el gasóleo o la gasolina que ha empleado el coche. Y piensen cuantas personas hacen eso tan habitual en nuestra sociedad, y cómo la publicidad de la industria automovilística fomenta esos hábitos perniciosos.

Igual ocurre con el suministro eléctrico. La electricidad se trae desde grandes centrales que causan múltiples problemas; entre los más evidentes, los que afectan al territorio y al ambiente. Este modelo de grandes instalaciones energéticas es una de las fuentes de ineficiencia más importantes; cuando ya existen tecnologías a partir de las cuales los ciudadanos podemos producir la electricidad que necesitamos en las viviendas, y emplear el concepto de cogeneración, que es el más eficiente cuando se utilizan combustibles para generar electricidad.

Pero volviendo al planteamiento principal y resumiéndolo:

El principio de la solución es la complicidad de todos los andaluces en la buena gestión de sus recursos naturales para satisfacer sus auténticas necesidades.

Por todo ello, la primera cuestión a plantearse debería ser:

  1. ¿Cuánta energía necesitamos realmente?

No es nada fácil contestar con detalle a esa pregunta. Cualquiera lo haría, en una primera aproximación –como hacen los que planifican estas cuestiones- conociendo cual ha sido el consumo en los últimos años y estableciendo un porcentaje medio del crecimiento en esos años que se aplicaría a los siguientes, y así se pretende saber qué cantidades de energías intermedias se necesitan en el futuro más o menos inmediato. Pero estas proyecciones de crecimiento continuo no tienen por qué cumplirse, de hecho así ha ocurrido en estos últimos años al bajar la demanda del consumo eléctrico a consecuencia de la crisis económica.

 

 

La demanda eléctrica ha bajado en España contra todo pronóstico

 

Se establecen posibles escenarios con nombres más o menos sugerentes (eficiente, sostenible, verde, etc.) pero siempre en el entorno de un crecimiento continuo que los especialistas en estos temas de planificación llaman BAU (business as usual; negocios como siempre) y que en España se ha cifrado en los últimos tiempos en un 3,2 % anual. Claro que no siempre ocurre ese crecimiento y entonces se vienen abajo todas las previsiones y los negocios montados en torno a ellas. Solo tenemos que pensar en la fiebre de los ciclos combinados que se montaron hace pocos años –y se siguen queriendo instalar todavía- o las centrales nucleares, sin reparar en los costes, en su momento y que ahora sobran en buena parte –unos y otras- poniendo en dificultades un desarrollo de las tecnologías renovables de generación de electricidad muchísimo más interesantes para el conjunto de nuestro país.

Lo que está ocurriendo ahora mismo es que el consumo de electricidad no aumenta como se había pensado (figura 2) y planificado y los que se sienten perjudicados por el hecho de que pierden “mercado” y sus beneficios esperados no son tan cuantiosos como habían previsto le echan la culpa a las renovables. En parte con razón porque la electricidad que entra al sistema procedente de plantas –grandes, medianas y pequeñas- alimentadas con energías renovables (hidráulica, eólica, biomasa, solar) no hay que generarla con carbón, gas natural o fuel oil; aunque hay otras razones más importantes aún como que con la crisis se consume menos y hasta puede que los programas de ahorro y eficiencia vayan cumpliéndose.

Pero pienso con sinceridad que si se han equivocado en sus previsiones de consumo supongo que deberían aceptarse estos fallos como parte del riesgo empresarial que siempre acompaña a cualquier inversión.

Tampoco hay que olvidar que el exceso de potencia instalada actual es una consecuencia de una planificación errónea y de una falta de control del sistema de regulación que se ha dejado en manos del sacrosanto “mercado”.

Lo comentado antes se refiere al total de España. Pero es obvio que en Andalucía pasa algo parecido (gráfica 2) aunque un poco menos evidente. Sin olvidar que Andalucía no tiene un sistema energético independiente del correspondiente al conjunto del país.

 

 

 

Para contestar a la pregunta que encabeza este apartado –y que de alguna forma todos debemos hacernos-: ¿cuánta energía realmente necesitamos?, voy a partir de los datos oficiales actuales que nos indican cuántas energías (electricidad y combustibles) venimos gastando, y a partir de ahí proponer estratégias para que los habitantes de un determinado territorio –Andalucía, España…- puedan reducir ese consumo, al tiempo que se construye un sistema más eficiente y no contaminante que no suponga renunciar a  la calidad de vida alcanzada, ni impida que el resto de sociedades que no lo disfruten puedan aspirar a estos modos de vida más desarrollada.

La primera aproximación, por tanto, es conocer la situación actual, qué cantidades concretas de energías intermedias gastamos, cuánto se pierde por ineficiencia del sistema y de los usuarios, y los porcentajes de procedencia según las fuentes primarias (fósiles o renovables).

Tenemos la suerte de contar con una información muy fiable y precisa que nos dan los organismos oficiales (sobre todo Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, www.mityc.es y la Junta de Andalucía,www.agenciaandaluzadelaenergia.es) correspondientes. No voy a reproducir esa información y solo entresacaré la que me parezca imprescindible.

Los datos consolidados del año 2009 para el conjunto de España son los siguientes:

La electricidad generada en las centrales eléctricas españolas durante el 2009 fue de 296,5 TWh (25,5 Mtep) brutos (5,87 % menos que el año anterior). La electricidad empleada por los consumidores fue 21 Mtep (un 5,7 % menos que el año anterior). Si restamos la diferencia entre la generada y la empleada por los usuarios (4,5 Mtep; 17,6 %) obtenemos la cifra de las pérdidas en el sistema de transporte y distribución que antes comentábamos. A eso hay que sumar las pérdidas en la generación térmica (algo menos de 25 Mtep, prácticamente igual que toda la electricidad generada) y las pérdidas en la extracción y en el transporte de las materias primas que no podemos cuantificar con detalle.

La electricidad equivalente que correspondió a cada español fue de 477 tep/año = 5547 kWh/(persona.año) y si cada uno de nosotros quisiera contribuir por su cuenta a solucionar el problema esa cantidad es la que tendría que generar, y lo podría hacer sin dificultad mediante  una instalación fotovoltaica –en su vivienda o en la nave de su industria- de 4,5 kW por persona habría suficiente.

En Andalucía el sector eléctrico está representado por 3134,9 ktep (36,5 TWh) empleados en las diferentes utilizaciones (en los hogares, servicios, industrias, etc.). Por tanto, correspondió a cada andaluz una electricidad equivalente a 4400 kWh/(persona.año) (21 % menos que la media española) y podría haber sido generada a razón de una instalación fotovoltaica de 3,5 kW  (por persona)lo cual es perfectamente alcanzable sobre todo si pensamos que en las naves industriales hay capacidad de espacio más que suficiente para hacerlo.

Teniendo en cuenta que yo tengo en mi casa una instalación fotovoltaica fija de 8 kW se comprende que el objetivo antes planteado no es imposible de conseguir.

Procedencia de la electricidad

La electricidad generada en España con energías renovables ese año de 2009 fue de 75,6 TWh (25,5 % de la generación bruta) -la mayor parte procedente del viento y del agua como el año anterior aunque ya la de procedencia solar tuvo alguna importancia-, y la cogeneración con combustibles fósiles supuso 38 TWh (13 %). Si sumamos los porcentajes de las renovables y la cogeneración en todo el país se alcanza el 38,5 % del total, un 8,3 % más que el año anterior.

Este resultado me parece muy significativo porque es una muestra de que vamos avanzando hacia un sistema eléctrico más distribuido, eficiente y menos contaminante, además de menos dependiente del exterior.

En el caso de Andalucía la electricidad generada en el año 2008 por su procedencia es la siguiente:

Renovables, 4386,9 GWh (12 % del total empleado en Andalucía)

Por cogeneración con gas natural, petróleo y carbón se obtuvieron ese año 2008 en Andalucía, 4866,9 GWh (13,3%)

Las dos cifras anteriores sumadas nos indican que el 25,3 % de la electricidad utilizada por los andaluces se generó en instalaciones que se parecen mucho a las que serían deseables para el futuro sistema eléctrico que debe ser predominante en el futuro.

Generación en centrales de carbón, 7781,2 GWh (21,3 %)

Ciclos combinados de gas natural, 21361,5 GWh (58,5 %)

Es decir, con combustibles fósiles en centrales de carbón y de ciclos combinados alimentados con gas natural, se generó en Andalucía casi un 80 % de la energía eléctrica consumida en nuestra región. El que la suma de todas las cantidades de electricidad supere el 100 % nos indica, como antes en el total de España, que en el proceso de transporte y distribución hay pérdidas aparte de que Andalucía no está aislada eléctricamente del resto de España y hay intercambios en ambos sentidos, desde las centrales ubicadas en Andalucía hacia el resto de España y en sentido contrario.

Con nuclear no se produjo electricidad en Andalucía por la sencilla razón de que no hay centrales nucleares como consecuencia de su nivel de sismicidad pero una parte de la electricidad que se emplea en Andalucía procede de la central nuclear de Almaraz, en Extremadura.

El negocio eléctrico

La parte especialmente negativa del subsistema eléctrico para los que tienen sus negocios económicos y financieros en las energías convencionales es que, en el total de España, perdieron un 5,3 % de “su” mercado eléctrico en lo referente a los combustibles fósiles y un 1 % en nuclear; en relación al negocio del año 2009. Pero el asunto es más dramático para “ellos”. Además de que vendieron menos electricidad, sus empresas distribuidoras y comercializadoras ganaron menos por “culpa” de las renovables toda vez que el precio “pool” (valor de la casación entre la oferta y la demanda) bajó también como consecuencia del crecimiento de la electricidad renovable (de 6,961 centavos de euro el kWh en el 2008 a 4,263 c€/kWh en el 2009). Y ese es un proceso que no parece que vaya a pararse por más esfuerzos de desprestigio de las renovables que están haciendo. Y eso a pesar de que “ellos” también están en las renovables. En definitiva, estamos ante un problema de difícil solución en el que las previsiones de los grandes economistas prospectores que tienen las grandes compañías eléctricas están fallando estrepitosamente consecuencia sobretodo –según mi opinión- de su arrogancia y prepotencia profesional que me atrevo a decir que solo sirve para ocultar su ignorancia de los temas energéticos que les hace aceptar poco menos que como “ley de la naturaleza” que se va a mantener eternamente lo que ellos llaman en su jerga profesional el BAU (business as usual). Como he señalado antes planifican según esa supuesta ley y se equivocan radicalmente; en estos últimos años como consecuencia de la crisis financiera pero también de que las previsiones de crecimiento de las renovables se van cumpliendo inexorablemente. En fin, otro desastre a añadir a sus pobres cuentas que no siguen acumulando los beneficios a los que están acostumbrados.

Los orígenes del combustible

Por lo que respecta a los combustibles, la situación del mismo año 2009 a nivel de toda España fue la siguiente:

Carbón, 1608 ktep (un 22,7 % menos que el año anterior de 2008)

Gas natural, 15462 ktep (un 10,4 % menos que en 2008)

Productos petrolíferos, 55302 ktep ( un 7,2 % menos que en 2008)

Las renovables no eléctricas (calor procedente de la biomasa y biocarburantes sobre todo) supusieron 4746 ktep (un 7,1 % más que en 2008).

También en el subsector de los combustibles, las energías convencionales están perdiendo peso -con respecto a otros años-consecuencia sobre todo –como en el caso de la electricidad- de la crisis económica.

Conviene aclarar que las cantidades de los combustibles referidas no incluyen las dedicadas a la generación de electricidad. Por otro lado, las renovables eléctricas están incluidas en la cantidad de electricidad referenciada más arriba, de aproximadamente 21 Mtep.

El subsistema de combustibles en Andalucía estuvo constituido por las siguientes cantidades:

Carbón, 31,6 ktep

Gas natural, 2403,1 ktep

Productos petrolíferos, 8893,7 ktep

Renovables no eléctricas, 750,6 ktep

Se puede observar que en Andalucía el carbón de uso directo es muy poco significativo y la biomasa –por ejemplo- incluida en las renovables no eléctricas le superan con creces.

Consumir menos para vivir mejor

Por otro lado, es evidente -con las cifras antes citadas- que no es sencillo sustituir el actual consumo de carburantes derivados del petróleo, ni tampoco sustituir al gas natural y los gases licuados procedentes del petróleo (butano y propano fundamentalmente).

Pero sí es posible con el cambio de modelo energético que vengo proponiendo hace tiempo. Esos datos anteriores pueden ser la referencia inicial para nuestro argumento básico de que, si nos lo proponemos, se puede conseguir un sistema energético autóctono y autosuficiente.

Por otro lado también hay que preguntarse ( y responder):

¿Podemos seguir teniendo el mismo nivel y calidad de vida con menos cantidad de electricidad y de combustibles? Es decir, ¿podemos disminuir sustancialmente las cantidades que necesitamos de electricidad y combustibles sin merma de nuestra calidad de vida?

Mi respuesta es clara y rotunda: Sí, y con mucho menos y ese es, sin duda, el punto de partida básico para conseguir otro sistema energético algo más sensato que el actual. Claro que para conseguirlo tenemos que olvidarnos de la estructura actual y de los intereses de muchos de los actuales protagonistas principales (grandes empresas de los diferentes sectores) que solo ven en el sistema energético su propio negocio y no el interés de la colectividad.

No soy capaz en estos momentos de especificar hasta qué cantidades se podrían rebajar en el consumo sin mermar las capacidades de calidad de vida y de competitividad de la sociedad andaluza, pero se puede hacer alguna hipótesis razonable. Por ejemplo que esa reducción puede llegar a ser de un 30, 40 o incluso del 50 %. Con ello tendríamos claro lo que hay que hacer y las necesidades que hay que cubrir con energías renovables que son las únicas verdaderamente disponibles en Andalucía. Es obvio que el proceso no sería nada fácil y que hay que recurrir a la complicidad de la mayor parte de la sociedad que, creo, se puede conseguir sin más que explicándoles la situación y requiriendo su participación en la solución del problema. Mi experiencia en un cargo institucional (alcalde de Mairena del Aljarafe) me hace ser optimista en ese sentido. Pero, eso si, hay que explicarlo bien y marcar convenientemente el procedimiento de participación.

En estos momentos las cosas se hacen justo al revés de lo que vengo proponiendo. El razonamiento actual podría resumirse así:

Tengo tal capacidad de generar electricidad y combustibles y voy a ver cómo, y en qué cantidades se utiliza y cuánto negocio genera, sin tener en cuenta las cuestiones ambientales de las que luego se habla tanto hipócritamente, ni siquiera cuánto nos cuesta comprar en el exterior las energías primarias tradicionales que abastecen el sistema actual.

Si supiéramos cuanta energía intermedia se necesita a partir de las auténticas necesidades de energías finales para tener una vida confortable y el nivel de competitividad adecuado y una vez valoradas las capacidades de las energías naturales (luz, calor y/o frio ambiente, capacidades energéticas de los seres humanos, etc.) para abastecer muchas de las necesidades, se puede hacer una valoración de las cantidades de estas formas energéticas intermedias que habría que obtener y, en ese momento, estariamos en disposición de saber si con las fuentes energéticas propias (incluidas las pocas convencionales que tenemos) podríamos abastecer ese nuevo sistema energético.

Pero hay que tener sentido de la realidad:

Ni Andalucia es independiente energéticamente del estado español ni se pueden cambiar las estructuras energéticas de la noche a la mañana despreciando los costes que han tenido y los derechos de sus propietarios.

Es algo más complejo todo. Pero no imposible de cambiar; sobre todo si nos lo proponemos todos juntos. Lo importante es saber hacia dónde queremos ir y trabajar por un futuro mejor para la sociedad humana.

Esbozaré como veo yo que se puede pasar del sistema actual a otro con esas premisas que hemos apuntado antes (gráfica 3).

Estoy suponiendo –como es lógico- que hay que hacer un

  1. Cambio de sistema energético

Que hay que cambiar el sistema energético ya no lo discute nadie. Y las razones tampoco.  Pero a veces se confunden unas con otras. Ahora parece que lo más importante en el cambio de paradigma energético es mitigar el cambio climático en base a emitir menos gases de efecto invernadero. Si eso fuera lo único importante el planteamiento sería bastante claro: sustituir paulatina pero continuamente los combustibles fósiles por fuentes energéticas que no impliquen combustión de sustancias con carbono en su composición. Pero, si, como es el caso de España y de la Unión Europea en su conjunto, tenemos el problema adicional de la fuerte dependencia energética del exterior y la repercusión que ese hecho tiene en nuestra balanza de pagos, el planteamiento debe ser otro, en cierta parte coincidente con lo anterior pero no del todo. En primera aproximación sigue siendo evidente que hay que cambiar sustancialmente el sistema energético absurdo –sobre todo por ineficiente- al que hemos llegado.

Haré primero una somera incursión en la forma en la que, según entiendo,  hay que modificar el sistema energético, simplificando mucho la explicación como corresponde a un trabajo de este tipo.

Las características generales básicas del sistema energético sostenible al que debemos aspirar los andaluces y los españoles (y todos los seres humanos) es que sea más eficiente –mucho más- que el actual, y mucho menos contaminante –mucho menos-, entendidas estas condiciones en un sentido muy amplio pero concreto. Por eso, ese planteamiento se traduce a las siguientes condiciones básicas:

  • Primero de todo hay que exigir, a todos, mayor responsabilidad en el consumo que es el punto de partida básico en el que vengo concretando mi apuesta energética. Lo cual se traduce en la aplicación de medidas de ahorro y eficiencia energética y la implantación de control riguroso de los servicios energéticos. Partiendo siempre de que los consumidores sean conscientes de su papel y conseguir con ello su complicidad en la solución del problema.

Sin eso es imposible un cambio verdaderamente importante. No se puede olvidar que hay grandes cantidades de energía libres de costes a nuestra disposición para cubrir nuestras auténticas necesidades energéticas; que no son otras que tener luz, desplazarnos –nosotros mismos o mercancías-, frío, calor, sonido, etc. y que una buena parte se puede obtener sin más que concienciarnos de que se puede ir, en muchos casos, a pie o en bicicleta de un lugar a otro, que la luz natural puede ser más que suficiente muchas veces, que el frio o el calor se pueden combatir en muchas ocasiones sin encender equipos de aire acondicionado o braseros eléctricos. Y un largo etc. que todos podemos comprender a poco que lo pensemos.

En la sociedad actual estamos demasiado acostumbrados –hasta niveles de irresponsabilidad- a usar las fuentes energéticas intermedias artificiales (electricidad y combustibles) sin tasa, consecuencia, algunas veces, de la ignorancia de la repercusión sobre el ambiente de su obtención y, siempre, porque el precio final es demasiado bajo; muy lejos de su verdadero coste y, desde luego, de su valor. Es obvio que muchas veces es imprescindible su utilización para tener los niveles de confort a los que ya nos hemos habituado pero se puede hacer con mucha más eficiencia y responsabilidad para minimizar las cantidades a usar; sin pensar ni tener en cuenta si hay quienes ven perjudicada su cuenta de resultados y sus beneficios. Esto debe estar supeditado al interés general que ya se ha en puesto en riesgo con el sistema al que hemos llegado.

  • Por lo que se refiere al subsistema eléctrico tenemos que cambiar sustancialmente el actual. No digo que de manera inmediata. Pero no se puede dejar pasar mucho tiempo sin iniciar el cambio ya imprescindible. No se puede aceptar que generemos la electricidad masivamente con rendimientos del orden del 25 % -como en las centrales nucleares- y que el 75% restante que no se aprovecha se tire al mar, a un rio o al aire. Es imprescindible pasar a sistemas de generación distribuida y descentralizada con la cogeneración como pauta básica para conseguir rendimientos de transformación mucho más elevados (del orden del 80 %). Como se ha indicado antes ya estamos en ello con el 38,5 % entre renovables y cogeneración en el año 2009 a nivel de toda España y un 24,1 % en Andalucía; que no es suficiente pero no está mal; son datos esperanzadores de que se puede conseguir.
  • El peor de los problemas está relacionado con el transporte de personas y mercancías. Aquí va a ser muy difícil conseguir algo efectivo. Pero, al menos, hay que ser conscientes del problema e intentar resolverlo. Como mínimo hay que tener claro cuáles son las repercusiones de todo tipo que tiene el abusar de los transportes para situaciones que no lo hacen necesario. Volvemos a la idea de responsabilidad. El utilizar vehículos de tara desproporcionada respecto del peso de lo transportado da lugar a rendimientos excesivamente bajos; inferiores a un 2 % en muchos casos como en el caso antes referenciado de cuando un automóvil (> 1000 kg) es utilizado por una sola persona. Y no es infrecuente el caso. No digamos cuando la gestión del territorio en un país como España y en una región como Andalucía lleva a desplazamientos continuos de grandes distancias sin importar nada. En cualquier ciudad medianamente grande se dan circunstancias de este tipo verdaderamente escandalosas. Pensemos, por ejemplo, cuantas personas viven en Sevilla y trabajan en Huelva o al revés y hacen todos los días los aproximadamente 100 km –dos veces- que separan a Huelva de Sevilla. Y eso ocurre en muchos sitios; y continuamente.
  • Las fuentes primarias que abastezcan el sistema de generación de electricidad y de combustibles tienen que ser menos contaminantes por lo que, a medio y largo plazo, hay que sustituir los combustibles fósiles y el uranio por renovables con las convenientes dosis de hibridación y almacenamiento y la gestión inteligente de cada conjunto distribuido y de los sistemas generales.

Creo que tenemos que caminar decididamente en esa dirección y sentido.

En la gráfica 3 se presenta el esquema de un sistema energético en el que se apunta en esa dirección sin ocultar la situación actual pero pensando en el futuro con las siguientes propuestas concretas que nos permitan caminar hacia ese futuro energético razonable:

  • Partimos del sistema actual con abastecimiento de combustibles fósiles, en el esquema representados por el gas natural que abastece los consumos directos en viviendas, hoteles, hospitales, edificios de oficinas, etc. y, en el caso del petróleo, las correspondientes estaciones de servicios de carburantes, etc.; los indirectos en las centrales eléctricas de ciclo combinado, de carbón e incluso de gas-oil.

También se sitúa en el esquema una central nuclear que genera electricidad. Es una realidad indiscutible a nivel de toda España pero que en Andalucía no sería válida ya que no hay centrales nucleares y no son necesarias.

Con todo ello se representa bastante bien el sistema actual en el que no se oculta que apuesto porque las centrales convencionales (incluidas las nucleares) se sitúen muy próximas a los centros principales de consumo; no solo para evitar pérdidas sino también para que los consumidores sean conscientes fidedignamente de que la electricidad y demás comodidades energéticas de que disfrutan tienen su reflejo en instalaciones concretas con el correspondiente nivel de molestias y de riesgo. Es la forma de conseguir su complicidad en la solución de futuro.

  • Como elemento más importante del sistema de futuro se esquematiza que todos los edificios incorporen instalaciones de generación de electricidad y de calor y/o frio a partir sobre todo de la radiación solar. Con eso se disminuye sustancialmente la cantidad de electricidad y de combustibles que es necesario aportar desde el “exterior” de esos centros de consumo. Incluso podría ocurrir que, a determinadas horas del día, hubiera un exceso de generación que sería necesario aportar a otros subsistemas de consumo que no pudieran generar a esas horas o bien hacer el almacenamiento correspondiente para el uso en otros momentos del día en el que no haya generación.
  • En el esquema también aparecen unas líneas de conexión (naranja en el dibujo) que tienen gran importancia. Representan las redes de distribución de electricidad y de combustibles y calor o frio que comunica a unos consumidores y generadores con otros dentro de su mismo entorno geográfico (pueblo, ciudad, zona industrial o comercial, etc.) que debe incluir también los sistemas de almacenamiento y gestión inteligente oportunos. Obviamente estas líneas pueden estar conectadas con otras ya existentes de transporte para el intercambio a otro nivel con otros núcleos de consumo (otros pueblos, ciudades, e incluso otros países).
  • En la gráfica también aparecen otro tipo de instalaciones con energías renovables, situadas en el entorno del núcleo de población: desde centrales eólicas –terrestres y marinas- solares termoeléctricas, fotovoltaicas[1] , hidroeléctricas –medianas, pequeñas y muy pequeñas-, de biomasa para generación de calor y/o frio o de electricidad, preferiblemente en hibridación con solar de media y alta temperatura. Estas instalaciones pueden y deben tener un sentido económico para sus promotores y dueños además de estar ligadas al desarrollo industrial de la zona con el correspondiente nivel de empleo en todas sus fases.
  • Falta en el dibujo de manera más expresa la aplicación del concepto de cogeneración a partir de cualquier combustible disponible y que nos permitirá pasar paulatinamente del sistema actual al de futuro incorporando el concepto –como ya se está haciendo tímidamente- a los núcleos de consumo.
  • También falta de manera explícita –es difícil- la representación de una de las ideas que me parecen más importantes: los edificios tienen que incorporar diseños que aprovechen al máximo la luz natural, que el calor o el frio ambiente excesivos influya lo menos posible en el interior, con la accesibilidad correcta y un largo etc. que los arquitectos especialistas conocen bien.
  • Lo que no ha sido difícil incorporar son las bicicletas y una representación de los desplazamientos a pié y también se ha pretendido hacer aparecer vehículos eléctricos cuyas baterías serían cargadas en instalaciones alimentadas por energías renovables.

No me cabe duda que a muchos esta propuesta les parecerá utópica y falta de realismo y que le pondrán el célebre latiguillo “y eso, quién lo paga; porque es mucho más caro que lo actual”. Se olvidan de que esto ya está en marcha y resulta no solo posible sino económicamente mejor que lo actual; sobre todo si tenemos en cuenta todos los costes, como ya se empieza a hacer. Lo puedo certificar con mi propia casa en la que tengo tanto una instalación solar de agua caliente y otra fotovoltaica, además de otros sistemas energéticos más novedosos (calentamiento y enfriamiento pasivo de un muro mediante el control de lamas móviles y calentamiento y enfriamiento de mi despacho con un sistema de módulos Peltier alimentados con electricidad fotovoltaica).

 

  1. La solar termoeléctrica, ¿alternativa a los combustibles fósiles y a la nuclear?

En Andalucía las opciones de generación de electricidad con energías renovables son evidentes y ya se están aprovechando de forma muy sugerente y con unas grandes expectativas de todo tipo incluidas las de mejora de nuestra capacidad industrial. Desde luego son la fotovoltaica y la solar térmica de agua caliente sanitaria las que mejor simbolizan el cambio de mentalidad energética que es necesario hacer realidad.

La verdadera alternativa al sistema energético actual son las renovables en plan masivo. El asunto requiere muchas matizaciones y siempre me ha parecido que cualquier planteamiento pasa por los puntos que he explicado antes el primero de los cuales es, sin duda, conseguir la complicidad real de todos los actores para tener los niveles de responsabilidad en el consumo que empiezan a ser imprescindibles.

En este apartado solo me ceñiré a las tecnologías solares termoeléctricas como una alternativa real a la generación de electricidad con combustibles fósiles y con nuclear. Figura 4, Foto de PS10, etc.

Veamos, en primer lugar, las capacidades de estas tecnologías para generar electricidad de manera gestionable (gobernable) lo cual me parece clave de cara a un sistema eléctrico sostenible.

A título de mera curiosidad y casi como anécdota relaciono a continuación la potencia de plantas solares que serían necesarias para generar la misma cantidad de electricidad que generan las plantas nucleares y qué reparto se podría establecer haciendo intervenir a otras renovables. No puedo dejar de insistir en la idea de que las plantas termosolares pueden ser (de hecho lo son muchas de las actuales) totalmente gestionables mientras que las nucleares no lo son (baste solo decir que el funcionamiento de un reactor nuclear no puede pararse con la facilidad que requiere la gestión eléctrica, lo cual genera problemas en el sistema).

  • A nivel de toda España con 27750 MW de plantas solares termoeléctricas se podrían generar los 52,7 TWh que generaron las nucleares el año 2009 y con un mejor ajuste al consumo.
  • Si las plantas fueran eólicas serían necesarios 28250 MW en este caso con la dificultad de la aleatoriedad de la eólica que requeriría el uso de plantas hidráulicas reversibles para almacenamiento o bien tener disponible la potencia necesaria alternativa y segura cuando no haya generación eólica. Esto último es lo que está pasando ahora mismo y no me parece razonable; desde luego no se debe ocultar.
  • Con fotovoltaica necesitaríamos 42000 MW con menos aleatoriedad que la eólica pero menos gobernabilidad que la termosolar.

Por supuesto se podría proponer un mix de las tres tecnologías del tipo siguiente:

13500 MW de solar termoeléctrica, 9000 de eólica (ya tenemos 19000) y 7000 de fotovoltaica (ya hay 3000). Con esa potencia (29500 MW) renovable en el sistema eléctrico se podría conseguir el mismo efecto que la generación con nucleares por lo que estas no me parecen necesarias.

Mi apuesta personal es ir sustituyendo las nucleares por esta solución a medida que se vayan cerrando cuando cumplan su ciclo de vida. Es muy probable que el avance de las renovables haga innecesario este programa que se impondrá por si solo si no se le ponen dificultades. Como matiz importante es necesario ser conscientes de que la mejor solución incluiría la generación adicional o en hibridación con biomasa que reduciría las cifras antes referenciadas de potencia instalada de las otras renovables y se ganaría en gestionabilidad.

De todas formas me parece más urgente la sustitución de las centrales de carbón, de fuel oil y de gas natural, además de ir incorporando paulatinamente pequeñas plantas de cogeneración como las ya existentes (del orden de 6000 MW en la actualidad) alimentadas con este tipo de formas energéticas de origen fósil pero, al tener mucho mayor rendimiento se contribuiría a disminuir el nivel de emisiones de gases de efecto invernadero.

El caso del carbón, con 36,6 TWh de electricidad generada en el 2009 requeriría la siguiente potencia por tecnologías renovables:

  • Solar termoeléctrica, 17500 MW
  • Si consideramos la sustitución con eólica serían necesarios 19650 MW
  • En el caso de la fotovoltaica la potencia que se necesitaría sería 29300 MW
  • Pero es obvio que lo que puede ocurrir es un mix de todas ellas como el siguiente:

o   11000 MW de solar termoeléctrica, 5000 MW de eólica y 3000 de FV.

 

El fuel oil podría ser totalmente sustituido con solo:

  • 6500 MW de STE
  • 7000 de eólica ó
  • 11000 de fotovoltaica

Y mejor aun con un mix del tipo siguiente:

o   3000 MW de solar termoeléctrica, 2600 de eólica y 1600 de fotovoltaica.

 

Para el gas natural que es la forma energética convencional que más electricidad genera en el sistema español (79,5 TWh en 2009) resultan las siguientes potencias:

  • 38000 MW de solar termoeléctrica,
  • 42600 de eólica o
  • 63600 de fotovoltaica

Si planteáramos un mix:

o   21500 MW de solar termoeléctrica, 12800 de eólica y 9000 de fotovoltaica.

Estas opciones que apunto en lo anterior no se van a convertir en realidad solo por plantearlas y, en cualquier caso, serían realidad de manera paulatina. Lo que si queda claro es que no es ninguna utopía pensar en este tipo de soluciones y que ni los combustibles fósiles ni la nuclear son imprescindibles en un sistema eléctrico de futuro que puede ser perfectamente alimentado por energías renovables.

A efectos comparativos, la electricidad que se consume por los andaluces se puede obtener con las siguientes instalaciones de energías renovables:

Por todo ello el cambio de sistema en profundidad se ha hecho ya imprescindible y urgente y se está produciendo aunque con excesiva lentitud.

Potencial

Volvemos a la idea de que Andalucia no es independiente de España sino parte consustancial de ella y que los recursos energéticos renovables con los que cuenta son enormes.

Empezando por la energía solar, el conjunto del territorio andaluz con sus 87000 km2 recibe al año del orden de 435 TWh en un día medio y al año 159000 TWh (equivalentes a más de 13600 Gtep;  683000 veces el consumo total actual de energía primaria y más de cuatro millones de veces más que el consumo de electricidad). Eso quiere decir que solo con la radiación solar podemos abastecer el sistema energético actual de manera sobrada. No digamos si hiciéramos lo que hay que hacer que es utilizar las energías artificiales (electricidad y combustibles) estrictamente necesarias una vez se han agotado las posibilidades de uso de las energías naturales a su disposición. Y todo ello para tener la calidad de vida que se corresponde con estos tiempos.

Pero también hay eólica, hidráulica (no está toda aprovechada y es muy interesante por su contribución a la gestionabilidad del conjunto) y la biomasa actualmente la más utilizada sobre todo e inicialmente en forma de residuos de la industria del aceite (orujillo).

De las energías fósiles no vale la pena hacer ningún comentario salvo que no tenemos recursos dignos de mención y lo poco que tenemos (algo de carbón) deja claro que, en los tiempos que corren, no debemos ni siquiera pensar en ellos.

Por todo lo anterior, tenemos que pensar en un sistema energético autóctono; es decir basado en fuentes y recursos energéticos propios que, como se ha indicado brevemente, son muy abundantes.

Referencias

Ruiz Hernández, Valeriano. El Reto Energético. 1ª ed. Córdoba: Almuzara. 2006. 352 pp. ISBN: 84-88586-34-5.

Ruiz Hernández, Valeriano; Lillo Bravo, Isidoro; Silva Pérez, Manuel . La electricidad solar termoeléctrica: tan lejos, tan cerca. 1ª ed. Barcelona: Fundación Gas Natural. 2009. 192 pp.ISBN: 978-84-613-0406-6

Ruiz Hernández, Valeriano (coordinador): La electricidad solar termoeléctrica: historia de éxito de la investigación. Bilingüe español-inglés. 1ª ed. Sevilla: Protermosolar: 2010. 551 pp. ISBN: 978-84-614-0778-1.

www.mityc.es (Ministerio de Industria, Turismo y Comercio).

www.agenciaandaluzadelaenergia.es (Agencia Andaluza de la Energía (Junta de Andalucía) )

 

[1] Sin la fraudulenta y nefasta idea de los huertos solares